GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE PAMPLONA
NAVARRA

Tarde del sábado, 6 de julio de 2002
Corrida de rejones
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Murube,  despuntados para el rejoneo: con brío todos, mansos 3º bis, 4º y 5º, algunos faltos de fuerza, como el 3º, que fue devuelto.

Caballeros rejoneadores:

Incidencias: Pablo Hermoso de Mendoza despidió en Pamplona al caballo Cagancho.

Entrada:  Lleno.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. JOSÉ LUIS MERINO  Adiós, 'Cagancho', maravilla

Se despedía del toreo en Pamplona el fabuloso caballo llamado Cagancho. Fue emocionante y apoteósica su labor y la de sus compañeros de cuadra Roncal, Danubio y Mariachi. La despedida de Cagancho acontecía en el tercero de la tarde, primero que le correspondía al rejoneador navarro Pablo Hermoso de Mendoza. En ese toro abrió actuación el caballo Roncal en la serie de rejones, haciéndolo de frente, como es el toreo a caballo, repetimos, de f-r-e-n-t-e. Después, cuando salió Cagancho fue recibido con una gran ovación. No era para menos, porque en la suerte de banderillas, citando al toro de frente, a muy pocos metros, de pronto el jinete hizo que Cagancho se parara, tensara sus orejas y sus patas delanteras para crear una tensión emocional instantánea. En cada cite y su correspondiente colocación de banderillas, Cagancho salía de la suerte con una limpieza y una valentía asombrosas. Luego Danubio subrayó la tarde con más banderillas, dándole al toro el pecho, y culminó esa faena el caballo Mariachi, con banderillas cortas al estribo, para dejar un rejón en todo lo alto.

Ahí estuvo el momento grande de la tarde. No importa que en su segundo toro, sexto de la corrida, Hermoso de Mendoza cortara dos orejas y rabo. Lo que pasó es que ese toro era blando de las manos y por eso todo lo que hicieron con los rejones del primer tercio y las cabriolas que cimentara Fusilero no bastaban para calentar al público. Sí hubo cierto calentamiento cuando Batista, caballo al modo de Cagancho, puso ardor en la actuación. Y al final Mariachi sí enardeció a los espectadores cuando el caballero colocó dos rosas a dos manos, aunque hiciera anteriormente una entrada en falso. El rejón caído hizo un efecto instantáneo y murió el toro. El presidente le dio las dos orejas y rabo. Sin embargo, el momento culminante, como decimos, se forjó en el tercer toro de la tarde y justamente con la aparición de Cagancho. Y fue enormemente emotivo que en ese toro diera su dueño la vuelta al ruedo quitándole la silla y dejándole como vino al mundo para que recibiera los apoteósicos aplausos de los espectadores. Sin duda, Cagancho es uno de los pocos caballos elegidos para poder probar algún día las hierbas saladas del paraíso.

Queremos advertir algo fundamental que dijo en una ocasión Hermoso de Mendoza: 'Cagancho es un caballo sumamente miedoso, y al público ese miedo le enardece, porque el caballo es como si estuviera explicando a quien le mira que tiene miedo y que se está jugando la vida al enfrentarse al toro'.

De Fermín Bohórquez y Luis Domecq se podía decir tal vez una frase algo lapidaria: caballos iguales, torero distinto. Ésa es la diferencia de Pablo Hermoso de Mendoza con los demás rejoneadores del escalafón. Fermín Bohórquez estuvo toda la tarde bastante tensionado, provocando excesivos galopes, exhibiendo bastante circo.

Luis Domecq resolvió la papeleta bastante bien en su primer toro, especialmente en banderillas. Falló con los rejones, mas su toreo tuvo cierta dignidad, cosa que no ocurrió en el quinto de la tarde, pese a que le otorgó una oreja el presidente, ya que los rejones del primer tercio los puso dos de ellos uno en cada paletilla. Bien con banderillas.

Ayer parece ser que gracias a Cagancho hubo dos atardeceres.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Y Hermoso de Mendoza salió a hombros con «Cagancho»

A Hermoso de Mendoza lo esperaban como la madre al hijo en el clásico anuncio navideño de turrones, vuelve a casa, vuelve, y en ese plan. Apareció al toque de clarines y rugió la plaza. Su vuelta a Pamplona significaba también la despedida de «Cagancho» en su tierra, aunque «Cagancho», por su condición de mito, ya es universal.

Y no defraudó una vez más. Sus galopadas a dos pistas derrocharon todo el temple del mundo para no cometer ninguna brusquedad con el flojo sobrero que había reemplazado a un hermano impresentable. Hermoso y «Cagancho», «Cagancho» y Hermoso, dominaron con suavidad a la bestia, venida a menos tras saltar al callejón. Cites en corto, un recorte por los adentros inverosímil, distancias reducidas a la mínima expresión, en definitiva, toda la escuela mendocista concentrada. Tres banderillas, tres, como una docena de naturales, y los tendidos que se caían. Ya entonces había cortado las orejas, que aferró con el toreo inmaculado de «Danubio», que ofrece los pechos a los toros con una torería pasmosa, y con los alardes telefónicos de «Mariachi», en la más pura línea arrucista. Un rejonazo trasero y contrario, afeado por el derrame del toro, condujo a la enésima apoteosis de «Cagancho» en esta temporada de su despedida. Paseó el anillo de la mano del jinete navarro, y se asustó más de los mozos que le querían colocar el tradicional pañuelico sanferminero que de las astas de los muchos toros lidiados en su vida. En esta ocasión, Pablo optó por liberarlo de la montura y el cabezal en lugar de cortarle un mechón de crines. Mejor, porque si no, a ese ritmo de tijeretazos, en octubre, «Cagancho» se nos retira calvo como Rafael «El Gallo».

Blando y sin fuerza, el sexto fue un caramelo en las magistrales manos de Hermoso de Mendoza, que midió de nuevo el castigo con un solo hierro y se empapó de las masas durante una faena en la que puso la emoción de la que carecía el enemigo. La cumbre de un impresionante par a dos manos con las rosas, espectacular, inolvidable y perfecto de ejecución, y el desplante agarrado a la testuz desataron aún más la euforia, que desembocó en la concesión amigable de un rabo. Cobrados los trofeos, enfiló a hombros de «Cagancho» la puerta grande. El resto fue otra historia.

Fermín Bohórquez desarrolló una labor notable con el murube que estrenó la tarde. Bohórquez lo desengañó de las querencias, y engrandeció la faena en banderillas, en los mismos medios. Cobró un rejonazo mortal a la primera y se le entregó una oreja de tardía solicitud. Recorrió otra vez el ruedo a la muerte del cuarto, toro que pasó más inadvertido por ser la hora del bocadillo. Lidió el jerezano con oficio y certero manejo de los palos.

A Luis Domecq se le escapó el extraordinario segundo con las orejas puestas. Ortodoxo pero lineal, elegante y demasiado plano, nunca apuró las suertes ni las condiciones del bravo murube, que desde la salida marcó su encastada embestida. Domecq se conformó con la oreja del quinto, premio de consolación para una actuación mediocre.

 

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