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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE PAMPLONA
NAVARRA
Tarde del martes, 9 de julio de 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Santiago
Domecq, nobles y flojos. El tercero devuelto por inválido, sustituido
por un sobrero de Millares que fue apuntillado y sustituido por un segundo
sobrero del mismo hierro.
Diestros:
-
Dávila Miura,
silencio tras aviso, vuelta y ovación, en el que mató por Antonio
Barrera.
-
Antonio
Barrera, vuelta
al ruedo en el único que mató.
-
Miguel Abellán,
vuelta al ruedo tras petición minoritaria y
silencio.
Entrada: Lleno.
Incidencias: El parte difundido por el equipo médico de
la plaza de Pamplona indica que Antonio Barrera sufre "una herida contusa
por asta de toro en la cara posterior interna del muslo derecho, con una
trayectoria de doce centímetros, y un puntazo en el pene. Pronóstico
grave".
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
El País.
JOSÉ LUIS MERINO. El robo del siglo XXI
Tuvo que pasar Antonio Barreda a la enfermería después de matar su
toro para que la cogida que sufrió hiciera de escudo ante uno de los
atracos más flagrantes del siglo XXI. La corrida de Santiago Domecq tiene
muchos calificativos en su contra. Se puede hablar de fraude, además de
la enorme trampa de la fiesta y del timo del tocomocho. Los toros enviados
a Pamplona rozan el atraco perfecto con unos pitones muy ofensivos, sin
embargo los toros no tenían fuerza alguna para moverse por la arena.
Fueron auténticos mulotauros. Toda la tarde estuvieron rodando por
los suelos y continuamente genuflexos. Caían al suelo como ovillos de
lana poco virgen. Se devolvieron dos toros, uno del propio Santiago Domecq
y otro de Manuel Ángel Millares, pero se pudieron haber devuelto todos, y
decimos todos y no quitamos una coma de lo dicho.
Parece mentira que la Feria de Pamplona sea llamada la Feria del Toro y
sin embargo los toros no han aparecido por ningún sitio. Ante esto cabe
hacerse la pregunta más sencilla del mundo: toro, ¿dónde estás?
Por mucho que Eduardo Dávila Miura toreara a su primer ejemplar con
suavidad en las series de derechazos, corriendo bien la mano, incluso que
fueron muletazos largos, por tener delante suyo un animal inválido su
labor careció de interés, de emoción y de importancia. Lo mismo
aconteció en su segundo toro que instrumentó en especial con largura sus
derechazos, además de realizar un pase de pecho muy hondo y dos ayudados
por alto muy templados. Si no hay toro enfrente todo lo que hiciera carecía
de interés. Sí tuvo cierto mérito lo realizado al sexto de la tarde,
que fue el toro con el que sustituyó a Antonio Barreda. Lo decimos porque
ante un toro de embestida descompuesta, posiblemente por su falta de
fuerza, hizo un toreo a base de derechazos sobre todo y naturales, lo que
viene a llamarse toreo campero: esto es, toreo de piernas, con giros de muñeca
rápidos, y en ocasiones macheteándole por los dos pitones.
De igual modo hay que juzgar la labor de Miguel Abellán. A sus dos
toros trató de torearlos con cierto gusto, mas los pases no cobraban
demasiado valor porque volvía a tener un toro blandísimo. Tanto en su
primero como en su segundo. Era espantoso, o busquemos algo más duro,
daba pena contemplar algunos toros con enormes cabezas pero sin fuerza en
el cuerpo y nada de nada.
Que hubo un par de toros babosillos, que embestían bien y todo lo que
se quiera decir, pues sí, empero hay que volver a decir que estábamos
ante animales sin lo que tiene que tener un toro bravo: fuerza, raza,
acometividad y prestancia en aquello que califica a un toro verdadero de
lidia. Eso que decía Hemingway: 'Un verdadero toro de lidia no tiene
miedo a nada ni a nadie y, en mi opinión, es el animal más hermoso que
pueda verse, ya sea en movimiento o en reposo'. La cita en este contexto
resulta una broma de alondra hiperestésica.
Antonio Barreda trató de torear al segundo sobrero de la tarde con
suavidad, con templanza, pero también ese toro no tenía fuerza... Salvo
para dar una cornada en primera instancia, y luego otro achuchón fuerte
al ir a entrar a matar. Se notó que es un torero de raza, porque antes de
pasar a la enfermería todavía tuvo arrestos para dar la vuelta al ruedo.
Al final de la corrida estuvimos con su apoderado Óscar Chopera y nos
pudo dar un parte más o menos oficial que lo argumentó con estas
palabras: 'Tiene una cornada muy profunda en el muslo, que no atañe a
ningún órgano vital, además de un destrozo en el escroto y un desgarro
en un testículo'. Como en ese momento todavía estaban operándole, las
palabras de Chopera, improvisadas al acabar la corrida son el testimonio
que ofrecemos a una hora muy tardía de la noche.
Sin duda, los toros inválidos también pegan cornadas. Al respecto decía
el maestro Antonio Ordóñez: 'A mí lo raro no es que me cornee un toro,
lo raro es que me pille un tren'.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. La sangre y el
gesto de Barrera no redimen un flojo espectáculo
Antonio Barrera aguantó en pie con el muslo roto.
La sangre manaba por el grave boquete de la pierna derecha hasta empapar
la taleguilla y la media, pero Barrera se negó a retirarse a la enfermería
hasta acabar con el toro. Admitió el corbatín de Abellán como
torniquete, y envió a cuadrillas y compañeros al callejón. Su gesto de
hombría, de torero macho, concluyó con una estocada y otra voltereta,
esta vez sin mayores consecuencias que la taleguilla atravesada a la
altura de la cadera.Todavía tuvo fuerzas para pasear el anillo entre la
admiración general.
La faena había transcurrido marcada por el escaso potencial del
animal, segundo sobrero de Millares, cuyos pitones, lo que son las cosas,
se mostraban cornigordos y deshilachados en astillas. No fue la mejor idea
empezar el tercio último de rodillas, pues el toro se postró también
penitente. Mas después usó la mano derecha con largura y temple en tres
tandas. Por el pitón izquierdo no tenía un pase y buscaba hacer carne.
Creímos a Antonio Barrera a salvo en el regreso a la mano diestra, y mire
usted por dónde cayó herido.
Su esfuerzo no redimió el resto de la tarde, un espectáculo flojo y
tedioso. La corrida de Santiago Domecq, sin carnes y con muchos pitones,
blandeó en exceso, quizá como consecuencia del largo y complicado
encierro matinal. Como excusa viene al pelo, desde luego. Otra historia es
si toros así, vareados y estrechos, sin remate, sólo salvados por la
cara, son dignos de Pamplona.
Dávila Miura disfrutó del lote más óptimo para el triunfo, que
nunca llegó. Al noble toro que abrió plaza lo saludó con una larga
cambiada. Su escasez de fuerza obligó a un principio de faena a media
altura. Tomaba el domecq la muleta al paso, mientras Dávila lo esperaba
para guiarlo largo. Los pases, sin embargo, no calaban en los tendidos,
mucho menos los naturales, por donde el animal se resistía a desplazarse.
El uso desafortunado de la espada no ayudó a remontar.
El cuarto fue un manso que huyó del caballo y que luego se dejó
torear con recorrido. Hubo muletazos buenos, básicamente por la derecha,
recios y fornidos, como las propias hechuras del intérprete, y un tanto
despegados. Asumió un atragantón al natural que le hizo desistir. La
estocada, perfecta de colocación aun perdiendo la muleta en el embroque,
motivó una pañolada que el presidente no estimó. Paseó el anillo con
fuerza, aunque debía haber aferrado el éxito.
Apechó también con el montado, largo y angosto sexto, que embestía
rebrincado, con la cara arriba. El matador sevillano citó en largo y tragó
con más valor y voluntad que acierto. La obra se desarrolló acelerada,
precipitada, movida. Se descubrió mucho con la franela en la izquierda,
error que le costó un arreón. De nuevo marró con el acero.
Miguel Abellán no cuajó el saludo a la verónica y arrancó las
palmas en un quite posterior por navarras. El pitón derecho del bizco y más
cuajado toro del conjunto imponía. Apenas fue picado, como todos sus
hermanos, estrategia que sirvió de poco: continuó perdiendo las manos
con reiteración. La faena fue de más a menos, con alguna fase ligada,
pero condicionada por el defecto del bruto de sacar la cabeza alta en el
final de los muletazos, vicio que fue in crescendo. Sobre la izquierda sólo
hubo enganchones. Como mató de una se le solicitó la oreja con el mismo
resorte mecánico con que toreó. Dio la vuelta al ruedo.
No repitió suerte con el inválido y chorreado quinto, inútil de los
cuartos traseros. La tres largas cambiadas del recibimiento se olvidaron
durante un trapacero trasteo. Otra triste tarde más que vio toda España.
Parte facultativo: Antonio Barrera sufre «una cornada en la cara
posterior interna del muslo derecho, de 12 centímetros, que contunde
musculatura adductora hasta cara posterior del fémur, y otra herida en
base del pene que interesa sólo a la piel. Pronóstico grave».
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