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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE SANTANDER
Tarde del domingo, 21 de julio de 2002
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Felipe
Bartolomé, desiguales de juego.
Caballeros:
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa:
Diario de Sevilla
Diario de Sevilla.
EFE. El rejoneador
Hermoso de Mendoza sale a hombros
El rejoneador Pablo Hermoso de
Mendoza inauguró ayer la Puerta Grande de la Feria de Santiago en una
corrida en la que también cortaron una oreja Leonardo Hernández y Andy
Cartagena.
Hernández abrió plaza con un ejemplar mansurrón y poco
colaborador, al que le costó encelar con los rejones de castigo. Se
esforzó intentando que el toro embistiera y fue muy aplaudido en un par
a dos manos por los adentros. Mató mal y recibió una ovación.
No tuvo tantos problemas con el segundo de su lote, un sobrero que
sustituyó al titular, devuelto por flojo, y que embestía con fijeza al
caballo. Se lució en las banderillas al quiebro y con las rosas con las
que acabó la faena. Fue premiado con una oreja a pesar de que no acertó
con los dos primeros rejones de muerte.
Hermoso de Mendoza perdió los trofeos después de fallar con el
acero tras la lidia de su primero, al que llevó toreado ya desde el
caballo de salida. Animó al público con las piruetas en la cara de la
res de Chicuelo y con los galopes de costado de Danubio, que toreó de
cara al animal, con lo que alcanzó los momentos de mayor intensidad de
la tarde.
El quinto salió con muchos pies y se fue rajando a lo largo de una
faena que, a pesar de no llegar al nivel de la anterior, fue premiada
con dos orejas por el afán de Hermoso de Mendoza de provocar las
embestidas y lucir a sus monturas en galope de costado.
Cartagena tuvo como primer oponente a un mansurrón noble con el que
estuvo ajustado en los embroques y al que colocó las banderillas en
buen sitio. Mató con un rejón bajo al segundo intento y escuchó
palmas.
El alicantino entusiasmó al público con banderillas al violín, al
pitón contrario y con pasadas por los adentros para colocar banderillas
cortas, en una de las cuales no encontró salida y el toro lo embistió,
sin consecuencias, contra el burladero. Los espectadores se enfriaron
después de que tuviera que entrar a matar en cuatro ocasiones y el
premio a su labor quedó en una oreja.
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