GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
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Corrida 39ª
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
25ª de abono
  2ª de la feria de San Miguel
Tarde del 28 de septiembre de 1997

Ficha técnica de la corrida Crónica de El País Crónica de EFE

Ficha Técnica

Ganadería: 5 primeras reses de Gavira (mansos y faltos de fuerza), el 6º del conde de la Maza (manso pero noble). El 1º fue sustituido por claudicación del tercio posterior, saliendo el sobrero, del conde de la Maza, manso)

Diestros:

  • Miguel Rodríguez (2 pinchazos sin soltar, estocada, palmas; pinchazo profundo, intento de descabello, descabello, ovación y vuelta)
  • Martín Pareja-Obregón (pinchazo en el espacio intervertebral, palmas; pinchazo, estocada tendida, silencio)
  • Umbreteño (2 medias estocadas caídas, silencio; 2 pinchazos, estocada caída y delatantera, 1 aviso, descabello y silencio)

Picador que destacó: -

Banderilleros que saludaron: Miguel Arco, de la cuadrilla de Umbreteño, y el diestro Miguel Rodríguez, que se las puso a sus lotes, por su actuación en el segundo

Presidente: Paco Teja

Incidencias:  Los delegados de la autoridad proponen sanción para

Entrada: más de media plaza

Tiempo: Nublado. Chispeó 


El País. Antonio Lorca.- Un desastre de corrida

Miguel Rodríguez demostró que tiene valor y que es un mal banderillero. Pareja-Obregón guarda en un tarrito así de pequeñito una gotita casi imperceptible de pellizco artístico, y el Umbreteño derrochó ganas, pero no pudo pasar de una inútil porfía. Entre ellos y los toros, la Feria de San Miguel se cerró con un desastre de corrida.

En gran parte, no en toda, la culpa fue de los toros, que compusieron un conjunto de auténtica birria por su mansedumbre, su falta de casta, su invalidez y su aspereza; todos miraban con aviesas intenciones, casi todos huyeron del castigo, y ni uno embistió con franquía.

Así fueron los de Gavira, pero con peor estilo se comportaron los del Conde, especialmente el sobrero, que se hizo acreedor de todos los premios que a la mansedumbre pudieran concederse. Fue un animal incierto y áspero que se aculó en tablas a las primeras de cambio y puso en apuros a todo el que pretendía acercársele.

Rodríguez tuvo un gesto de vergüenza torera, y después de que un subalterno intentara sin éxito colocar el primer par de banderillas, tomó los palos y despejó el ruedo. El toro no colaboró -eso ya se sabía-, y el diestro hizo el ridículo porque dos de los pares colgaron de los costillares de aquella manera; de donde se deduce que para ese viaje no se necesitaban alforjas. Mejor dicho, que el maestro que toma los palos es para lucirse y no para quitar un mal rato a la cuadrilla. En la muleta, el manso no tuvo un pase.

El cuarto era de ganadería distinta, pero parecía hermano del anterior. Rodríguez realizó un quite por chicuelinas ejecutado con lentitud y armonía. Fue lo mejor de su tarde. Volvió a banderillear y dejó claro que esa suerte no es su suerte. Después, se envalentonó y aguantó estoico tarascadas variadas de un toro difícil. La faena careció de ligazón, no hubo lucimiento, pero sí la emoción del peligro.

Pareja-Obregón no quiere o no puede despegar. Él sabrá descifrar el misterio. Lo cierto es que el empresario sevillano dijo en su día que lo contrataría hasta el año 2000 -para eso es amigo de la familia- y ahí siguen ambos con la promesa, sin motivo ni razón taurina, cerrando el paso a otros toreros. Pero así es la vida: quien tiene padrino se bautiza, y Martín lleva los pelos mojados desde que tomó la alternativa. La verdad es que no decepciona, pero tampoco arrebata. Así se puede llevar toda la vida. Es torero que guarda una gotita de esencia, pero es muy tacaño a la hora de esparcirla. Tiene personalidad, traza los muletazos con gusto, pero se queda siempre a medio gas, en un inexplicable conformismo que a nada bueno conduce fuera de Sevilla, donde no tiene padrino. En su primero consiguió derechazos aceptables y detalles de artista: un cambio de manos, una trincherilla, un molinete..., pero su labor no fue maciza ni ligada. Se justificó en el quinto, un toro parado y más descastado aún.

Umbreteño se las vio y deseó con un lote inservible. A su primero, un dechado de genio y aspereza, parecía imposible torearlo, y se le notó que le falta la experiencia que ofrecen las corridas. Le sobra voluntad, valor y entrega, que no son malas compañías. El último tampoco era fácil y se peleó de verdad. Su embestida era bronca pero el torero se la jugó sin éxito, a sabiendas de que su único padrino es el de la pila bautismal. 


EFE.- MIGUEL RODRIGUEZ, UNICA VUELTA FERIA SAN MIGUEL SEVILLA

Sevilla, 28 sep El diestro Miguel Rodríguez ha dado la única vuelta al ruedo en la corrida de la feria de San Miguel celebrada hoy en el coso de la Real Maestranza de Sevilla.

Se lidiaron cuatro toros de Antonio Gavira y dos -el sobrero primero y el sexto- de Conde de la Maza. Desiguales de presentación y juego, altones salvo el primero y deslucidos en conjunto. El sexto tuvo genio.

Miguel Rodríguez: pinchazo y estocada (silencio); pinchazo hondo y dos descabellos (vuelta al ruedo con algunas protestas). Martín Pareja Obregón: pinchazo delantero que descordó al toro (silencio); dos pinchazos y estocada desprendida (silencio). Francisco Miguel "Umbreteño": pinchazo trasero y pinchazo hondo (silencio); dos pinchazos, estocada tendida y descabello (silencio tras aviso). Miguel Arcos se desmonteró en banderillas tras banderillear al tercero.

La plaza registró mas de media entrada, en tarde nublada con lluvia en segundo.

Miguel Rodríguez tuvo un ejemplar flojo y manso. En banderillas puso más voluntad que lucimiento y abrevió con la muleta, ya que el toro se echó dos veces antes de que entrara a matar. En el cuarto, un cinqueño de impresionantes hechuras, mejoró en banderillas y aguantó las dudas del toro en la muleta. Se metió entre los pitones y terminó acobardando a su enemigo.

Martín Pareja Obregón estuvo por encima de su primer toro, un ejemplar altón, noble aunque muy soso. En el quinto, que también pecó de sosería y embistió con la cara por las nubes, el torero insistió de manera infructuosa.

Francisco Miguel "Umbreteño" puso voluntad ante el tercero, un toro que no humillaba y que terminó orientándose por ambos pitones. El torero estuvo incluso temerario. En el sexto le costó templarse ante el punto de genio que tuvo la embestida del toro.

 

 

 

 
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