GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
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3º festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del lunes, 20 de abril de 1998
Corrida de toros

Crónicas de la Prensa

Ganadería: toros de Sánchez Ybargüen (uno devuelto por descoordinado), sin trapío y anovillados excepto 1º, inválidos, descastados. Y el 2º bis de Gabriel Rojas, anovillado, flojo, encastado

Diestros: 

  • José Antonio Campuzano. Estocada entera, algo caída, saludos desde el tercio; 2 pinchazos, estocada caída, ovación con saludos desde el tercio. De verde botella y oro.
  • Fernando Cepeda. Brindis al público, estocada entera, 6 descabellos, silencio; media estocada, descabello, puntilla. Silencio.De rosa palo y oro.
  • Pedrito de Portugal. 4 pinchazos y 1 estocada que le hace rodar sin puntilla, palmas; más de media estocada, puntilla, silencio.

Picador que destacó

Presidente: Gabriel Fernández Rey

Incidencias: 

  • El banderillero de la cuadrilla de Fernando Cepeda, Vicente Yagüe "El Chano" resultó cogido con puntada. Parte médico: "herido por asta de toro, en región glutea izquierda, con orificio de entrada y salida, con un trayecto de 10 centímetros. Pronóstico: Leve, salvo complicación.

Entrada: menos de tres cuartos

Tiempo: soleado

Crónicas de la Prensa: El Mundo, ABC, El País, El Correo de Andalucía


El País. JOAQUÍN VIDAL, Sevilla. Matar de aburrimiento

Menudo tostón. A alguno hasta le dio fiebre. A juzgar por lo que viene sucediendo en la mal llamada fiesta nacional, el deliberado propósito de los taurinos es matar de aburrimiento a la afición.  Un aficionado, para la perspectiva mezquina y présbita de los taurinos, es un enemigo en potencia. A las pruebas se remiten: un aficionado es el que reclama toros y denuncia inválidos; un aficionado es el que distingue un toro de una mona; un aficionado es el que va a todas, prueba y compara.

Salen, sin ir mas lejos, los toros de Sánchez Ibargüen que se lidiaron en la tercera corrida ferial, y, en cuanto los ve, va el aficionado y afirma que esos no son toros, pues son monas. En cambio al público de aluvión, al que acude un día por ser feria y ni se le ocurre volver, le da lo mismo el toro que la burra de Balaam. Es probable, incluso, que no distinga un toro de la burra de Balaam.

Por cierto: la burra de Balaam infundía mayor respeto que los toros de Ramón Sánchez Ibargüen lidiados en esta corrida ferial.  El primer toro, que sacó cuajo y hechuras, pecho badanudo y cornamenta buida, hacía cosas raras. El segundo, que parecía el hijo del anterior, pegaba volteretas.

El segundo salió al galope, se paró de súbito, se revolcó por el redondel y al levantarse -vacilante, crepuscular, perdido de albero- se puso a bailar la yenka. Lo devolvieron al corral, supuestamente por la descoordinación de sus movimientos. Un aficionado aseguró que era por drogadicto, y dio que pensar. Lo llega a oír un taurino y llama a los guardias.  Toros con pinta de novillos. Toros -con pinta de novillos- tullidos, vacilantes, crepusculares, perdidos de albero, quién sabe si también drogadictos. Y unostoreros plúmbeos intentando pegarlos derechazos, sin apenas posibilidades reales de consumar sus intenciones, pues a toro que vacila, que se duerme, que claudica, no sería capaz de darle un pase ni el mismísimo Domingo Ortega.

José Antonio Campuzano, que reaparecía tras una breve retirada, dejó patente su categoría de buen capotero y muletero, con técnica sobrada para obligar y reunir. Fernando Cepeda esbozó su reconocida finura en la interpretación de las verónicas y sin embargo se le fue sin torear el segundo toro-novillo de la tarde. Se trataba, precisamente, del sobrero de Gabriel Rojas, único que exhibió la casta propia del verdadero toro de lidia. Planteando la faena perfilero y al hilo del pitón, era difícil ejecutar el toreo auténtico; el que emociona y hace patria.

El quinto toro pegó un volteretón tremendo a El Chano, y pues el subalterno, que resultó ileso, había hecho la suerte de banderillear asomándose al balcón, con el riesgo que provocó la cogida, el público, puesto en pie, le dedicó una ovación cerrada.

Fue la ovación de la tarde. Ni antes ni después había tenido motivos el público para aplaudir tanto. El toro del volteretón se reveló ovejuno y Cepeda lo pasaportó pronto. Los del lote de Pedrito de Portugal también resultaron ovejunos y las monótonas faenas que pretendía aplicarles el diestro agravaban la situación.
La gravedad de la situación consistía en el aburrimiento mortal.

Cuando rodó el último vacilante, crepuscular e inválido novillo de Sánchez   Ibargüen, la afición dejó de sufrir, se sintió liberado el público y salieron todos huyendo. Los pacíficos transeúntes que pasaban por allí debieron creer que dentro de la Maestranza se había declarado un incendio. 


ABC. Vicente ZABALA DE LA SERNA, Sevilla. El peso de la veteranía de José Antonio Campuzano, único soporte de la tarde

El peso de la veteranía de José Antonio Campuzano soportó la  tarde, maltratada por la deslucida y mal presentada corrida de Ramón Sánchez-Ybargüen. Fue el único clavo donde asirse junto con el capote de Fernando Cepeda, a quien se le escapóvivito y coleando un noble sobrero de Gabriel Rojas. El  público, que cubría más de media plaza, salió resignadamente insatisfecho. Desde luego, la cosa no fue para menos.

Reaparecía José Antonio Campuzano, tras un año de inactividad, para celebrar su vigésimo quinto aniversario de alternativa. De buenas a primeras, se encontró con un «tío» de Sánchez-Ybargüen, reservón desde su salida. Sólo consintiéndole en la llegada y mandando mucho la embestida, obtuvo las poderosas verónicas de recibo. Abrochó la media ya en los medios, donde escuchó la merecida ovación.

Derribó el serio toro en la primera acometida al caballo, más de manso que de bravo. En el segundo encuentro, se empleó el piquero a modo.  Las reservas iniciales del cuajado animal se transformaron en parada y fonda definitiva en elÞúltimo tercio. Campuzano anduvo firme y sobrio durante el trasteo y también en la ejecución del volapié, aunque la espada se desprendiera levemente. Por todo, saludó desde el tercio.

El peso de la veteranía, de una grata madurez, del mayor de los Campuzano se impuso al deslucido y vareado cuarto. Derrochó temple el matador y torería. De sus muñecas brotaron pases ralentizados y largos, especialmente los obligados de pecho, de soberbio empaque.

Gustó mucho el quehacer de José Antonio, muy por encima de su enemigo. Falló, sin embargo, lo que son las cosas, con la espada, que siempre ha sido su seguro de vida. Tras dos pinchazos, el peso de la veteranía marcó también la estocada caída. Premió el respetable al torero de Écija con una sonora ovación.

Se estrenaron los cabestros para recoger al segundo de la tarde, que se había lesionado en las primeras arrancadas. Y se les notó la falta de entrenamiento. Diría más, hasta de preparación. Hasta que se acercaban al toro, todo bien. Después, se le quedaban mirando, acongojados, con sus caras infantiles, preguntándose qué hacer. Los cabestreros, desde la distancia, tampoco daban respuesta. Al final, tras casi veinte minutos de espera, a punta de capote tuvo que ser y no sin esfuerzo, como si el animal presintiera lo que le esperaba dentro.

Destellos a la verónica

Del paréntesis soporífero nos sacaron las verónicas de Cepeda, una  cadena de lances, espléndidos algunos, para recibir al noble sobrero de Gabriel Rojas. Pero ninguno alcanzó la calidad de la cadenciosa verónica del quite posterior y de la torerísima media.

Parecía que iba a haber faena. Hasta hubo brindis esperanzador al público. Ambiente a favor, toro noble de cara amable y justa presencia. ¿Qué más se podía pedir?

El diestro de Gines se cargó las expectativas con cuatro o cinco dobladas por bajo, absurdas e innecesarias, que quebraron al animal. Y se acabó la historia. ¿No había visto aún Cepeda al toro o fue la rutina de seguir el canon del toreo actual? Se le escapó una oportunidad de oro.

Fernando Cepeda nada pudo hacer con el incierto y alto quinto. Al último tercio, llegamos todos con el corazón en un puño, tras la espectacular voltereta sufrida por El Chano, que se la jugó sin cuentos con los palos. Afortunadamente, el percance no fue más   allá de un puntazo en la zona glútea.

La lidia del pequeño y acapachado tercero se hizo tediosa y larga. Después del interminable primer puyazo, surgió la nada con cuerpo y alma de Pedrito de Portugal.

Apuntó el de Sánchez-Ybargüen por el pitón derecho, llegado elÞúltimo tercio;mas de apunte no pasó la cosa. El desproporcionado tercio de varas reventó al toro. Ni siquiera con la espada anduvo acertado el luso, que lo único destacable que dejó fue un quite por chicuelinas al primera de Cepeda.

El bizco sexto puso la guinda a la mal presentada corrida de Sánchez-Ybargüen, una auténtica escalera de saldo. Contra él se estrelló Pedrito. A la muleta había llegado muy parado y midiendo siempre al torero, quien, por lo menos, atinó a matar en el primer encuentro.

Queda mucha Feria por delante y hay que esperarla con la doble esperanza de que las corridas venideras den, por supuesto, mejor juego que la de ayer, y, como mínimo, que su presentación sea más pareja y digna. 


El Correo de Andalucía. José Enrique Moreno, Sevilla. Capotes y un gesto torero entre el tedio

No hubo triunfo porque los toros no embistieron, pero sucedieron otras cosas a las que fue necesario agarrarse como a un clavo ardiendo para justificar una tarde de toros. Ya sé que para muchos no tiene justificación que pasen tan pocas cosas en una corrida de toros, y muy cierto es que enfada tan poca raza como sacó una corrida muy desigual Ðauténtica escaleraÐ de S‡nchez YbargŸen, pero no queremos caer en el pesimismo después de probar los dos primeros platos de la temporada en cuanto a corridas de toros.

Prefiero el clavo ardiendo y a él me aferro con fuerza para no caer en el desaliento. Prefiero contarles que ayer vi en Sevilla buen toreo de capote, un gesto torero a cargo de un banderillero Ðde esos que no ganan millones en una corridaÐ y disposición en un hombre que quiere decir sus œltimas palabras en el toreo. Sí, me gustaron dos recibos a la verónica. El primero, de José Antonio Campuzano al toro que abrió plaza, fue algo recio si se le compara con el de Cepeda al segundo de la tarde, pero tuvo temple y mando, verdad en definitiva. El de Cepeda fue amplio en cantidad y calidad: un buen racimo de verónicas como Dios manda: ganado terreno, cimbreando la cintura, volc‡ndose en la embestida del enemigo, toreando con todo el cuerpo, consiguiendo más profundidad cada vez. Y luego un quite con mejores lances por el pitón derecho.

También Pedrito de Portugal se sumó al despliegue capotero y aprovechó la buena condición del sobrero de Rojas Ðque tuvo nobleza y recorridoÐ para hacer un bonito y bien escenificado quite por chicuelinas en el que incluso aguantó apreturas.
Todo esto, que no fue mucho, pero que ya era algo, hizo que las expectativas se mantuvieran intactas hasta la muerte del segundo, minadas quiz‡s por el hecho de que los dos primeros toros se vinieron abajo y no permitieron faenas de muleta ni a Campuzano ni a Cepeda. La de éste al sobrero de Gabriel Rojas Ðpor cierto, más de un cuarto de hora transcurrió para la devolución del titularÐ tuvo más contenido porque el toro, aunque justo de fuerza, duró m‡s. De cualquier modo, el animal no transmitió nada con su embestida y la faena no pudo remontar vuelo. Cepeda estuvo correcto, pero al conjunto le faltó la chispa de la bravura.

Después, más de lo mismo. El primero de Pedrito se paró, pero en este caso era lógico que se parara después de la caña que le dio el picador. En el cuarto embistió más José Antonio Campuzano Ðde ah’ lo de la disposición que dec’amos antesÐ que el toro. O dicho de otra forma, fue el temple del torero Ðno hubo enganchonesÐ y sus ganas las que le hicieron sacar algunos muletazos a un toro basto sin convicción en su embestida.

En la lidia del quinto llegó el primer gran susto de la Feria. El toro fue alto y destartalado y se portó como un manso de salida. Cumplió en el caballo y en banderillas cogió limpiamente al banderillero Vicente YagŸe El Chano. Lo volteó cuando se asomaba al balcón Ðhabía clavado ya un excelente primer parÐ y luego lo buscó en el suelo, infiriéndole una cornada en el glœteo. Chano se levantó sin mirarse y no sólo eso, sino que aguantó en el ruedo hasta que su matador, Cepeda, acabó con un toro que acusó en la muleta el haber hecho presa. Fue el gesto de pundonor y valor de la tarde porque nadie, ni él mismo, sab’a el alcance de la cornada. Y una cornada es una cornada.

La tarde, como no podía ser de otra forma, acabó muy mal. El sexto, muy bizco del pitón derecho, fue el otro toro complicado de la corrida y Pedrito no estuvo para alardes, sino más bien precavido. El epílogo no elevó el tono de escasa brillantez que se extendió por la corrida. Nuevamente se vio en los rostros la imagen de la decepción.


El Mundo de Andalucía. Carlos Crivell. El Toreo a caballo sigue en evolución

El mundo del rejoneo se divide en dos: Bohórquez y Hermoso de Mendoza y los demás. Se puede decir de otra forma, a un lado Cagancho y Triunfador; al otro, el resto de la cabaña equina torera....
Los caballos citados levantaron al público de la plaza con clara ventaja a favor del cuatralbo del caballero navarro. El hijo de Nilo, un famoso semental portugués, está en plenitud. Sus carreras a dos pistas junto a las tablas, siempre templando la embestida del toro, para acabar recortando y metiéndose por los adentros, no dejaron a nadie sentado en el tendido...
Fue el momento cumbre de una corrida que tiene otras historias y argumentos. Por ejemplo, el enfado de Fermín Bohórquez cuando acabó su actuación en solitario. Fermín tuvo una actuación intermitente, sacó muy pronto a Triunfador, no pudo mantener el tono con otros caballos y al matar de un metisaca se encontró con una pobre petición de oreja. El presidente Teja escuchó improperios, pero acertó en su decisión...
Los rejoneadores modernos parece que quieren imponer el golletazo metisaca para matar los toros. Dejan un rejonazo trasero y bajo que no clavan, logrando de esta forma que nadie se percate por dónde ha penetrado el acero...El error es que se olvidaron que estaban en la Maestranza.
Los hermanos Domecq no están en su mejor momento. Luis salió peor parado. Falló el primer rejón de castigo, mejoró con esa maravilla de tordo vinoso que se llama Jerez, pero a su actuación le faltó ritmo y le sobraron desaciertos en los rejones de muerte...
En una barrera del callejón de la zona de sol estaba Manuel Vidrié, gloria del toreo a caballo, ahora apoderado de los hermanos jerezanos.
Faltaba en el mismo sitio Alvaro Domecq Romero, que estaría en Jerez cerca del patriarca de la familia, que está luchando contra una herida del corazón que ha venido con mucho 'malage'. Es posible que los hermanos rejoneadores no estuvieran centrados ante ausencias tan notables...
La tarde acabó con el toreo a caballo por colleras. No tiene sentido esta suerte. Hace algún tiempo, los rejoneadores abusaban del toro en una pelea desigual. Los mismos toreros a caballo se han percatado y tratan de dignificar este encuentro, pero lo que se ha logrado es que dos rejoneadores, que parece que ni se conocen, entren de forma alternativa sin poder expresar su verdadera personalidad.


 

 


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