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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del sábado, 25 de abril de 1998
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Torrestrella, sin trapío, mansos y sosos. De justa presentación

Diestros: 

  • Curro Romero. Estocada corta y rueda de peones (pitos); media muy baja, descabello y se echa el toro (aplausos y saludos).
  • Joselito. Estocada y rueda de peones (palmas y pitos también en el saludo); pinchazo y bajonazo (silencio).
  • Rivera Ordóñez. Estocada corta caída, rueda insistente de peones, cinco descabellos y se echa el toro (aplausos y saludos); estocada baja (oreja).

Picador que destacó -

Banderilleros que saludaron:

Presidente: Fernando Carrasco

Incidencias:  -

Entrada: Lleno

Tiempo: So y calurosol

Crónicas de la prensa: El Correo de Andalucía, El Mundo, El Mundo de Andalucía, El País, ABC


El Correo de Andalucía. José Enrique Moreno, Sevilla. Edición del 26 de abril´98. Solo Rivera justifico el llenazo

Cuando una plaza se llena a reventar, como ayer se lleno la Maestranza, es preciso un triunfo que justifique tanto interés. Como el triunfo lo consiguió Rivera Ordóñez al cortar una oreja al sexto, solo este torero justifico el llenazo. Que algunos creyeran ver torear a Curro Romero cuando Curro, en realidad, no toreo, es otra historia que contaremos luego.

Primero, lo primero. No se deje llevar por los que le digan que la oreja de Rivera fue discutible porque seguramente serán de los que corearon los medios, que digo medios, cuartos de pase que dio Curro Romero al cuarto de la tarde. Comparado con Romero ayer, Rivera estuvo cumbre. Si no se le compara con nadie estuvo bien, como tiene que estar una figura del toreo en Sevilla, con ganas de triunfo, con ambiciones, con ilusión y entrega.

Por el conjunto de su tarde y por el talante mostrado, creo que el trofeo que corto Rivera no admite discusión. Y me explico:
Rivera Ordóñez apostó fuerte desde el primer momento. Se fue a portagayola en el tercero y aguanto imperterrito cuando el toro predio las manos y estuvo a punto de arrollarlo. Como si no hubiera pasado nada, Rivera demostró que su pulso -al menos el de las muñecas- no estaba alterado al torear con suavidad y belleza a la verónica con una rodilla en tierra. La plaza estallo de emoción como ya no volvería a hacerlo mas en toda la tarde.

El camino estaba allanado para el triunfo, pero resulto que el colorao ojoperdiz de Torrestrella llevaba por dentro malas intenciones. Tanto es así que la faena consistió en jugarse los muslos con un toro tan peligroso que, a las primeras de cambio, ponía los pitones en la barbilla del torero. La firmeza de Rivera confirmaba una vez mas que a este hombre se le sale el valor del cuerpo porque le sobra.

Sentadas estas bases en cuanto a disposición, Rivera se encontró con que el sexto embistió con cierta claridad en los primeros tercios. Tanto es así que hasta Curro se puso delante para sumar en un quite tres enganchones mas a su cuenta particular de la tarde. Pero el toro, que se movía, no se entrego nunca y siempre fue con la cara alta. Rivera lo entendió muy bien, aprendió en un par de enganchones iniciales que debía bajar la mano y sacar la muleta por debajo de la pala, y lo hizo. La faena tuvo la virtud de la firmeza y en ella destacaron un par de series al natural que acabaron de crear el ambiente de triunfo. Como la estocada hizo efecto pronto por desprendida, la oreja cayo y solo cinco la protestaron. Tanta exigencia con unos y tan poca con otros...

Con Curro, sin ir mas lejos. A quien este a–o se le permite no ya que de medio muletazo, sino que se quede en un cuarto. "Es igual, el resto lo ponemos nosotros", que dicen los curristas. Pues muy bien, pero a mi que no me vendan historias. Curro ayer no hizo ni la décima parte de lo que recientemente ha hecho en esta misma plaza. Siendo benévolos en el recibo de capa al cuarto hubo un par de lances estimables. Y con la muleta, nada, ni un pase. Lo justo para la foto: embarcar, ponerse bonito y, antes de tirar del toro, sufrir el enganchón. Y todo con el toro mas noble de la corrida al que se cargo en el caballo para luego hacer como el que se cruzaba y arrimaba. Pura fantasía, un cuento que todavía se traga la gente. Y en el primero, en plan Curro, que con eso esta dicho todo.

Joselito empezó muy bien, toreando con soltura en el saludo de capa y rematando de excelente media en el segundo. Luego quito por chicuelinas y Rivera le contesto por verónicas, pero todo lo que el toro embistió de mas en el capote, lo hizo de menos en la muleta. Con un toro mas bien aplomado, Joselito baso su faena en la colocación y toreo en unidades. Hubo muletazos de buen trazo y corrección, pero falto emoción, salvo en el excelente volapie con el que remato la obra. En el quinto, un torrestrella muy montado que nunca humillo, no pudo superar la sosería de un toro que tenia sus problemas.


El País. JOAQUÍN VIDAL, Sevilla. Una orejita

Hubo una oreja para  conformidad del público orejista. Se la dieron a Rivera Ordóñez y, concedida, se oyeron discrepancias por eltendido. Una oreja: qué más   dará, a estas alturas de la película. El nuevo público de los toros quiere ver orejas. Le enseñan una oreja peluda y se le saltan las lágrimas. A veces se la implora al presidente con voz lastimera, mientras flamea el pañuelo: «Aunque sólo sea una orejita, ande, porfa«. Y lo normal es que elpresidente vaya y la otorgue. 

Los presidentes también son muy orejistas de suyo. Luego se justifican: «Por mí   no la habría dado, pero me vi obligado a darla porque la pedían«. Lo que no dice es la cuantía de la petición. Así, a ojo, quienes pidieron la orejita - porfa- para Rivera Ordóñez no debían de ocupar ni un cuarto de plaza. El resto se limitaba a contemplar atónito la alborotada manifestación del orejismo contumaz.

No es que el público, orejista o de distinto bando, fuera riverista militante. El público era de todo el mundo; quiere decirse, de la terna. Quien menos -y un servidor no tendría por qué excluirse- llevaba la ilusión de asistir a una de esas mágicas recreaciones artísticas de Curro Romero, a las magistrales enseñanzas de Joselito, a la generosa entrega de Rivera Ordóñez en la ejecución del toreo clásico.

Pero una cosa es el vuelo de la fantasía y otra la cruda realidad. Y resultó que ni a Curro le venía el estro, ni a Joselito la ciencia, ni Rivera Ordóñez resolvía con clasicismo sus valerosas porfías. Y nos quedamos sin ver torear.

No precisamente por culpa de los toros. Los toros no se comían a nadie. Los toros no tenían presencia, tampoco potencia, y en su mayor parte desarrollaron la suficiente boyantía para poderlos torear sin excesivas complicaciones.

El toreo convertido en rutina, las suertes de la tauromaquia en adefesio: eso   ocurrió. Mal camino lleva la fiesta si tres figuras son incapaces de ofrecer una muestra del arte de torear. Curro Romero lo intentaba mas no lo conseguía. Curro Romeroensayó repetidas veces la verónica sin reunirse en los lances; a su segundo toro le amagaba insistentemente el  derechazo, que le salía un churro, yfinalmente le pegó la puñalá poniendo pies en polvorosa. Al primero apenas lo tocó de capa y con la muleta lo macheteó desastrado, en franca huida.

Lo de Curro no constituyó sorpresa alguna: ya viene de años, quizá de siglos. Lo de Curro tenía perdón, pues así está convenido, y le ovacionaron largamente. Los aficionados saben que a Curro no se le puede reprochar nada porque en el momento menos pensado le viene el estro y acaba con el cuadro.

Distinto es el caso de Joselito, que va de maestro por la vida, y no sería demasiado pedir que diera pruebas de su maestría. Tampoco habría sido para herniarse si se faja con sus toros, los domina, les da un buen morir. Y, sin embargo, hizo todo locontrario: en las verónicas, medios lances; en la brega,  vulgaridad; en las suertes de muleta, distanciamiento y desánimo; en la de matar, sartenazo.

Joselito se dobló con su primer toro y sufrió varios enganchones y un desarme. Luego se puso a dar vueltas. Llevaba tres minutos y aún no había empezado la faena. Cuando se decidió lo hizo con la técnica de los pegapases. Citaba fuera de  cacho, daba medio muletazo, rectificaba terrenos, iniciaba otro... Su segunda faena poseyó similar corte, ahora le silbaban lo que antes le habían aplaudido, y la coronó perpetrando un infamante bajonazo.

De rodillas, a porta gayola, recibió Rivera Ordóñez a su primer toro. Cayó el toro al salir, al incorporarse embistió incierto y estuvo a punto de arrollar a Rivera cuando le tiraba la larga. La emoción del lance continuó en las apretadas verónicas rodillaen tierra que dio Rivera y puso en pie la Maestranza. El toro acabó probón y Rivera intentó sacarle partido, sin éxito, pese a sus valerosas porfías. Al sexto, de mejor embestida, le aplicó una dilatada faena por derechazos  y naturales, en la que se amalgamaron a partes iguales el pundonor y la mediocridad. Y cayó la orejita. ¡Albricias!

Los orejistas se intercambiaban parabienes comentando que, al menos, habían visto una orejita. Bien mirada era sanguinolenta y peluda. Pero tampoco hace faltaentrar en detalles. 


El Mundo. JAVIER VILLAN, Sevilla. Corrida breve, calurosa y mala

Romero estuvo breve. Y yo lo celebro. Aunque no me  atrevo a extraer de ello conclusiones definitivas. Tan discutible me parece que lo bueno, por breve, sea doblemente bueno, como todo lo contrario: que lo malo duplique su maldad en proporción a su brevedad.

Curro, en el primero, estuvo breve y mal; breve a secas; y mal a secas. Abanicó al toro. Y como La Maestranza era un horno, elabaniqueo de Curro por una y otra oreja, por uno y otro costado, a lo mejor fue cosa del calor: un acto de misericordia para aliviar al desfalleciente torrestrella de los rigores de la canícula. Le quitó las moscas, que dice la jerga taurina cuando la muleta, sin arte ni concierto, revuela por la testuz del toro. A lo peor, fue cosa también de las moscas, que las moscas son cosa delcalor   tórrido y ayer debía de haber muchas en La Maestranza. Romero estuvo breve incluso matando.

Pero en el cuarto le sonó la música interior, enmudecieron los  clarines del miedo y Curro Romero buscó la purificación en el éxtasis colectivo. Bastaron unos esbozos de verónicas inconclusas para que se armara el alboroto; bastó verlo acercarse marchoso a la cara del terciado torrestrella para que a las buenasgentes de la taurofilia racial se les ablandaran los sesos, como  al buen quijano cervantino al que inundaban cuajada y requesón de la bacía del barbero, y creía que un yelmo le había derretido la sesera. El brindis a la madre del Rey debió de ser muy elocuente; mas la muleta de Romero estuvo muda y un poco trapacera. O tartamuda, que es peor.

Joselito tampoco estuvo bien. No estuvo ni bien ni mal; templado y solemne en las verónicas. Y nada más. Ni bien ni mal, ni breve ni largo. No veo forma de aplicarle al madrileño este refrán citado arriba. Además, el refranero es una filosofía barata de la que tiranmucho en los pueblos aldeanos; y yo, que soy de aldea y de Palencia, hace tiempo que estoy harto de esa sapiencia de manual costrumbrista. Aplicada a los toros, resulta insufrible; e insufrible fue la lidia del quinto, y eso ya no es cosa del refranero, sino de los toros. Y de los toreros. Mas por traidor que fuera el torrestrella, nada justifica el alevoso bajonazo que le atizó Joselito. También estuvo breve el madrileño y atendió, cortésmente, los requerimientos para que nos aliviara del trance.   Rivera Ordóñez estuvo hecho un jabato, aguantando el parón del tercero cuando lo recibía hincado de rodillas ante toriles. Se frenó  el animal, dudó Rivera si quedarse o lanzarse y, al fin, largó trapo y el bicho le pasó rozando la montera: como una bomba de espoleta retardada; una mina unipersonal que podía reventarle encualquier momento a Rivera bajo los pies era el  torrestrella.

PROCLAMAS BELICAS.- Esto le pasa por su afición a las proclamas bélicas, por querer ponerles bombas de dinamita bajo el culo a los espectadores discrepantes. El animal rebañaba, le ponía a Rivera los cuernos en el corbatín; le daba igual al toropechera que taleguilla. Lo que quería era hacer carne. Y con un  banderillero, por poco lo consigue.

Tan decidido estaba Rivera Ordóñez, que pareció que iba a redimir la tarde en el sexto. Y algunos así lo creyeron. Estuvo valiente, se impuso a la media embestida del toro, aguantó y tragó. Una tanda de naturales tuvo mando y más recorrido que la embestida del torrestrella.

Mató a la primera y le dieron una oreja de tómbola y beneficio: ligerísimas protestas. Al fin y al cabo, la oreja carecía de importancia; mas justificaba el sufrimiento del calor, el coste de la entrada y la autoestima ficticia de aquellos sufridores a los que la realidad defrauda cada día. Otra oreja en La Maestranza que no pasará a la historia.

Los toros de Torrestrella tampoco pasarán a la historia: sin hechuras, sin remate y escasos de pitones. La corrida fue breve y, pese a la oreja in extremis, mala.  No me atrevo a decir que, por breve, dos veces mala; pero tampoco afirmo que, por lo mismo, fuera menos catastrófica. 


ABC. Vicente Zabala de la Serna.  La dignidad y el valor de Rivera, premiados con una oreja, salvaron la tarde 

Los lectores de la crónica taurina y abecedaria de ayer se emborracharon de cava en lugar de Caba, Antonio, estupendo peón. Gajes del oficio mío y retransmitido vía telefónica más que escrito. Como gajes del oficio de los criadores de toros bravos es que no sean tan bravos como se pretende y salgan como los «torrestrellas» que protagonizaron la séptima corrida del ciclo abrileño.

Nada me hubiera gustado más que ofrecerle y dedicarle a Álvaro Domecq padre una buena crítica en estos momentos tan delicados para su salud, pero la verdad es que sus pupilos distaron mucho desus hermanos lidiados en la pasada y aún reciente  Feria de Fallas.Otra vez será, porque tiempo hay para ello, ya lo verá usted, don 
Álvaro.  Respecto a los toreros quedó patente que Joselito aún no ha recuperado, de momento, el sitio que una vez tuvo; que Romero sigue poseyendo un valor importante para su edad y para estar en la misma cara de los toros de los que compañeroscon casi medio siglo menos también se ponen delante, y también que la dignidad y  el valor de Rivera Ordóñez para defender su condición de figura salvaron la tarde.

De menos a más

Romero se desentendió de su terciado primer enemigo desde un principio. Había sacado el «torrestrella» muchos pies. Ahora, que para pies, los de Curro. El Faraón de facultades y aspecto anda formidable.  No bastaron dos puyazos largos para frenar y atemperar la movilidad del animal, que iba y venía incansable. Joselito intentó el quite a laverónica. La cosa quedó en intento.   Apenas comprendí al toro en la muleta. Aún no sé si sacó genio o es que se cabreó ante los continuos cortes que el camero le daba a los viajes sobre las piernas. Y qué piernas. Ni Pepe Legrá, el Puma de Maracoa, en sus tiempos gloriosos. Acertó hábil con la estocada delantera y desprendida. Y todos, tan contentos.  Sin embargo, Curro pidió árnica y la enmienda ante el cuarto, ypronto se plantó a pararlo. Poco a poco, tras breves lances de tanteo, se estiró todo su empaque pinturero, que a la verónica fue hilvanando apuntes y apuntes que sólo se convirtieron en obras  completas una o dos veces. 

Pero el verdadero mérito, más que en la culminación de cada capotazo, residía en el valor de caminar con la mirada puesta en la boca de riego y andar hacia ella. Hubo oles y palmas de celebración que no tuvieron continuidad en un quite posterior del decano delescalafón y otro de Joselito. Marcó en ambos el «torrestrella» un cambio a peor.   

No fue óbice el empeoramiento para que Romero brindara a la Condesa de Barcelona, fiel seguidora suya. Le ofreció la muerte de su enemigo y un valor honrado y el esfuerzo de querer encontrar agua en un pozo seco de bravura. Ponía Curro tanto afán que hasta pegaba zapatillazos, algo tan contrario a su estilo, para sólo recibir respuestas defensivas que terminaban en enganchones. De la apostura del quite y de toda la voluntad desplegada únicamente brilló un medio pase, flor perenne de un día. Volvió a prevalecer el valor, un valor que nunca ha sido en él a la hora de matar, como así ocurrió.  Desde la media «espantá» por los adentros, rápida y fugaz, extendió el brazo para dejar una estocada caída y delantera, mortal y  definitiva. Un instante después, cuando el toro dobló, la sonrisa se esbozó en el rostro del torero, que recogió la montera de manos de  Doña María y una fuerte ovación desde el tercio.       Joselito fue una mentira desde las verónicas de recibo, pasando por las chicuelinas del quite posterior, a la faena vulgar. Y eso que hubo toro, terciadito pero bueno.
El diestro de Madrid, el torero del alcalde capitalino, José María Álvarez del Manzano, no se cruzó ni una sola vez ni adelantó la franela nunca ni enganchó a su enemigo ni toreó. Pura farsa todo. La única verdad fue la estocada que parió un estupendo volapié.

La gente aplaudió, quizá el espadazo, y le guió al tercio con generosidad y agrado.
La historia tuvo continuidad en el descastado e incierto quinto, mas esta vez ni siquiera hubo una estocada redentora. Joselito, ante las   adversidades, expuso lo justo y necesario, o tal vez menos. No le importó tirarse a los bajos después de que en el primer envite en la suerte suprema el toro se le viniera al pecho.

En éste, por malo, y en el anterior, por bueno, el madrileño estuvo como La Chata. Dos meses de inactividad por la lesión de la mano podrían haber sido la causa o que el negro bache de la temporada anterior aún no ha pasado. El tiempo lo dirá.

Frente a la negra boca de la puerta de toriles se postró de rodillas Rivera, con dos bemoles. Se cortaba el aire, silencioso y espeso. El rayo «colorao» que salió exhalado del túnel de chiqueros se paró frente al torero, sorprendido por la deslumbrante luz y su presencia. Aguantó el parón el joven matador y también la reverencia que el «torrestrella» le hizo medio metro escaso por delante. Surgió, por fin, la anhelada larga que cambió el viaje, y volvió el aire a la Maestranza en forma de ole. Un aire que   brotó de golpe y porrazo de los  pulmones de la masa y que fue encadenando oles y oles a las verónicas rodilla en tierra que sobre el mismo terreno construíaRivera. Remató con media a pies juntos, y la plaza se volcó  entregada a su capote.

No hubo luego ni un cante más, porque las aviesas intenciones del toro y el valor de Francisco lo cambiaron por golpes de voces que transformaban el miedo en temerosos ayes. No hubo manera de que surgiera el toreo ante este toro de desarrollado sentido.

Se tiró a matar con fe y verdad sobre la pobre cara de la enemistad con cuernos que era aquello; pero se desprendió la espada, atravesada sin llegar a ser estocada entera. A pesar de que marró cinco veces con el verduguillo, recogió en el tercio una merecida ovación de recompensa.
Rivera defendió la tarde con una más que loable dignidad, y, otra vez, sobre un valor sereno. De nuevo, relumbró su capote a la  verónica y una estupenda media. 

El sexto de la corrida de Torrestrella fue el más serio de la misma, aunque de casta anduvo justito. Romero, que vio la obediencia del toro en el capote de su joven compañero, quiso replicarle en un quite a la verónica en los mismos medios, más voluntarioso que acertado.  La faena postrera del festejo resultó la más destacada. Se puso el  hijo del inolvidable Paquirri a torear en redondo, con más temple a partir de la segunda serie. Al «torrestrella» le costaba un mundo humillar, y en cuanto podía salía de cada muletazo con la cara por encima del palillo. Al natural, consiguió llevarlo largo, con la figura un tanto forzada en un par de tandas, estéticamente pobres, más mandonas y poderosas, tal vez. El público, ayuno de materia plausible, se agarró a la dignidad, a la voluntad y al valor de Rivera  para justificar la tarde. Y la justificó con una oreja, tras la definitiva estocada desprendida.


El Mundo de Andalucía. Carlos Crivell. Edición del 26 de abril´98. El toro de hoy no está para ferias

Lo que está ocurriendo con el toro de lidia no merece ningún alarde. Es como si una exposición intentara difundir las cualidades de un producto, pero que todo lo que vendieran saliera averiado. El toro está veriado en lo más profundo. Torrestrella está bajo mínimos. El mejor ejemplo de la falta de raza de los astados de hoy es la corida de ayer. Cinco toros huecos contra uno noble. El problema está en el fondo. Salen parados de los chiqueros, no hay quien les pueda dar tres lances seguidos, apenas se les pica y llegan a la muleta como bultos inmóviles con la boca abierta queriendo morirse. Este toro no está para ferias...

La condesa de Barcelona llegó tarde y se perdió uno de los momentos más hemosos de la tarde. El paseíllo fue glorioso. Los alguacilillos retrasaron la llegada a la puerta de cuadrillas, mientras los espadas se hacían los remolones, es posible que esperando que apareciera la ilustre dama en el Palco. No tuvuieron más remedio que salir Curro, José y Francisco. el camino hasta la Puerta del Príncipe fue un arrebato de belleza. Tres toreros sobre el redondel bajo un cielo luminoso. los tendidos hervían de calor ambiental y humano. Cuando las cuadrillas rompieron, al tiempo que sonaba el pasodoble Real Maestranza, apareció la condesa de Barcelona.

En el último minuto se concedió una oreja que no le da prestigio a la Maestranza. Había estado Rivera valiente, como está siempre en Sevilla, pero los muletazos por la derecha no tenían calor. Sólo las dos tandas con la zurda fueron interesante, precisamente porque se produjo la ligazón. ¿Oreja? Si hubiera matado bien. Pero un espadazo tendido y caído no puede justificar trofeos en Sevilla.

Joselito se pone un guante de goam dura en su mano derecha para matar. Queda la duda si este artilugio le ha restado calidad a su faceta de  excelente estoqueador. La que recetó al tercero fue buena, pero el pinchazo y el bajonazo al quinto fueron lamentables... La llegada de Joselito cambia la esencia del tendido maestrante. Desde Madrid acuden muchos partidarios a presenciar sus tardes en Sevilla ¿No será que es más fácil ver a este buen torero en su mayor esplendor sobre el albero sevillano que en las tardes grises de Las Ventas?

No había pasado nada en el que abrió plaza. El cuarto salió al ruedo y Romero no se lo pensó. Salió con su pqueño capote con esa forma de caminar que indica que tiene muy claro que habrá firesta grande en los lances. Las verónicas fueron desiguales, algunas majestuosas, otras enganchadas, también tuvo que corregir la posición en otro momento, pero Curro tenía esa arrogancia del que sabe que unas gotas de lo 'suyo' pone a los presentes en estado de alta emoción.

La gente estaba feliz, no se sabe si por lo vivido o por lo que presagiaba que podía llegar. Esa felicidad del que paga no tiene precio...  Hablarán de ensoñación o de histerismo; la realidad es que cuando el Faraón se siente, Sevilla se estremece. Fue todo breve, el toro rehuyó la pelea, pero el martes vuelve de nuevo. Sólo se puede pedir que los toros no sean como los desechos de Torrestrella, que parecían que venían de la Feria del Polígono Aeropuerto. Es decir, a dormir después de una juerga. Eso es lo que hicieron.

 

 

 

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