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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 26 de abril de 1998
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Cuatro toros de Joaquín Núñez, de escaso trapío, flojos, media casta. Dos de Antonio Ordóñez: devueltos 4º, por partirse un cuerno, y 6º, por inválido; sobreros del mismo hierro, discretos de presencia, poca fuerza, descastados.
Diestros: 

  • El Litri: estocada trasera (silencio); pinchazo, otro hondo, rueda de peones y dos descabellos (silencio). De azul marino y oro
  • Jesulín de Ubrique: estocada levemente desprendida (saludó desde el tercio). En el quinto, pinchazo hondo y un descabello. Escuchó un aviso (silencio). De blanco y oro
  • Vicente Barrera: pinchazo, estocada corta baja, rueda de peones y dos descabellos (silencio); media estocada (palmas). De grana y oro

Picador que destacó -

Banderilleros que saludaron: Curro Molina y Emilio Fernández en el quinto de la tarde

Presidente: Juan Murillo

Incidencias:  -

Entrada: Casi lleno

Tiempo: sol

Crónicas de la prensa: El Correo de Andalucía, ABC, El Mundo, El País


El Correo de Andalucía. José Enrique Moreno. Edición del 27 de abril´98. De mal en peor

Sólo hubo un toro bueno que permitió a Jesulín templarse en una faena que se vino abajo al final

Esto va de mal en peor. Otra tarde m‡s sin triunfo, el combustible que alimenta el motor de la fiesta de los toros. Es una pena, pero el pesimismo comienza a extenderse entre los aficionados. Y es que son muchos toros ya sin que pasen cosas emocionantes, sin que ocurra prácticamente nada. Ayer la plaza casi se llenó y la gente volvió a irse decepcionada, triste, porque apenas había tenido algún contenido que alimentara su afición. Fallaron otra vez -y van...- los toros porque sólo hubo uno de seis. Los demás padecieron alguno de los muchos males endémicos del toro actual: poca fuerza, poca raza, mansedumbre o genio. Y así poco se puede hacer.

Ahora que lo pensamos, sólo hubo una faena, entendiendo como tal una obra que tiene planteamiento, nudo y desenlace. El resto fueron intentos siempre baldíos. La œnica faena la hizo Jesul’n y estuvo bien en el planteamiento, contó con temple en el nudo y se vino abajo en el desenlace. De estar Jesul’n al cien por cien seguro que no se le hubiera escapado, al menos, la oreja de este toro. Pero esto no quiere decir que el torero estuviera mal: Jesulín se templó y dio muletazos buenos y largos, llevando el engaño a escasos centímetros de los pitones. Quizás el toro y la faena hubieran lucido más en los medios, pero eso es algo que no sabremos porque el torero no quiso pisar ese terreno. Lo cierto, es que la obra se apagó un poco al final, motivando un desenlace menos brillante que el desarrollo de la faena. Por eso no hubo oreja.

Un triunfo hubiera proporcionado una perspectiva distinta a la tarde. Al no producirse, la corrida entró en un bache del que no logró salir. No la sacaron ni el propio Jesulín, que hizo una faena inconsistente al quinto, un toro terciado que nunca se empleó y con el que era difícil templarse, ni Litri, ni Vicente Barrera, que en el sexto encendió una llamita de esperanza al quedarse quieto e intentar esa peculiar ligazón de los muletazos que practica el valenciano.

En su primero, Barrera se mosqueó bastante. De salida ya tuvo que coger el olivo porque el toro le pegó un varetazo en la pierna izquierda a las primeras de cambio. El ensabanao salpicado era tan bonito por fuera como malo por dentro, condición que cantó definitivamente en la muleta, donde también dio un susto tremendo a Barrera por el derecho. El valenciano, viendo que lo mejor que hacía el toro era rebañar, se fue pronto a por la espada.

Con el sexto estuvo más animoso y confiado. Después de la devolución por flojo de unos de los toros de Ordóñez que remendaron la corrida de Cuvillo, salió un sobrero también de Ordóñez que fue manso, pero que metió la cara en la primera serie. Como Barrera compuso la figura y ligó los muletazos, la gente se hizo ilusiones. Pero las expectativas quedaron frustradas cuando en la segunda serie el toro se rajaba. Por mucho que quiso Barrera romperle la querencia y bloquear la huida, la mansedumbre del toro pudo más y se cargó el final de fiesta (es un decir, porque fiesta no hubo en ningœn momento).

Litri también mató uno de cada, sin encontrar el gusto en la variedad. Con el toro que abrió plaza, Litri estuvo más bien brusco, dio toques abajo y algunos tirones cuando el toro, que estaba muy medido de fuerza, necesitaba todo lo contrario: suavidad y hasta mimo en su manejo. En consecuencia, el de Núñez del Cuvillo, que fue noble, perdió las manos muchas veces, empezó a defenderse y la faena resultó muy deslucida.

Con el sobrero de Ordóñez que sustituyó al cuarto -un toro de ese mismo hierro que se partió un pitón al rematar en el burladero de matadores-, Litri intentó faena ante un animal manso sin entrega ni fijeza. No hubo faena, por consiguiente.
Otra vez la gente tuvo que mirarse y encogerse de hombros al final como diciendo que "otra vez será". Ojalá que sea pronto. Esta misma tarde, porque si no, la Feria tocará fondo muy pronto, ¿o lo ha tocado ya?


El País. JOAQUÍN VIDAL, Sevilla. Horribilis

El año horribilis que decía la reina de Inglaterra lo están sufriendo los aficionados a la fiesta. Qué temporada llevamos. Vaya racha.  La corrida de la Maestranza fue una representación cabal de lo que está siendo la fiesta de los toros. Y se resume así: ni toros ni toreros.

Los que mangonean la fiesta han conseguido institucionalizar la razón de la sinrazón, el discurso de la nada, el timo de la estampita.

No ha sido de repente. Estas cosas no suceden en un día ni porque sí. Llevaban años intentándolo: el toro no debía de ser toro; ni el toreo, toreo. El toro, que fuera una mona; el toreo, pegar mantazos.
A los toros aborregados, crepusculares e inválidos que se dejaban pegar mantazos, los llamaban «de vacas«; es decir, el idóneo para ostentar el título de semental, beneficiarse a las inocentes vaquitas por el morro y darlas hijos tanaborregados, crepusculares e inválidos como su padre. Al torero que pegaba mantazos corriendo por ahí, figura.   Y, degenerando, degenerando, han logrado llegar a la corrida de toros sin toros; a la erradicación, quién sabe si definitiva, del arte de torear; al aburrimiento absoluto.

Los borregos de Joaquín Núñez y los de Antonio Ordóñez no eran peores que los anteriores de esta misma feria, y de las fallas de Valencia, ni tampoco de muchas que seguirán. Únicamente les faltó que los tomara un habilidoso pegapases, unafigura con tablas experta en darles derechazos a los toros de Guisando, y entonces los taurinos habrían podido volver a decir que  eran toros de vacas.

Salían los animalitos de Joaquín Núñez y de Antonio Ordóñez y se ponían a hacer el burro.  Salió el Litri y les pagaba unos mantazos tan horribilis como el propio estado dela fiesta. 

Salió Jesulín de Ubrique a medirse con dos torillos de buen conformar y la emprendió a derechazos y naturales, la pierna contraria atrás, el pico adelante. Y se lo reprocharon. Muchos hacían menosprecio, algunos silbaban.  Es muy curiosa esta actitud del público con Jesulín. Hace bien poco le aclamaban por lo mismo. A otros toreros que la emprendían igualmente a derechazos y  naturales con la pierna contraria atrás y el pico adelante, les coreaban olés, les dedicaban encendidas ovaciones.  La pública opinión es veleidosa y la fama esquiva, no cabe duda.

Vicente Barrera cayó de bruces al recibir de capa a su primero y se salvó tomando precipitadamente el olivo. Con la muleta sufrió dos serias coladas. El mulo se mostraba incierto y lo pasaportó pronto. Al segundo sobrero, que hacíasexto, le embarcó templado y estoico en unos cuantos derechazos, pero no pudo haber más pues este mulo era de la variedad de los  uerenciosos y prefería pacer al abrigo de las tablas.

Los toros de Joaquín Núñez no tenían trapío, ni fuerza, ni bravura. En el reconocimiento rechazaron seis y habría sido de agradecer que los rechazaran todos. Los sustitutos, hierro Antonio Ordóñez, tenían mejor presencia y sin embargo no se lidióninguno. También es casualidad. El que iba para cuarto, que lucía buena cornamenta, se la rompió al derrotar contra un burladero. El que iba para sexto padecía lastimosa invalidez. Los sobreros, de la misma ganadería, sacaron el comportamiento   propio de los bueyes de carreta.

Anochecía cuando acabó aquella horrorosa función. Y la banda se puso a tocar un pasodoble, quizá para disimular. Pero más apropiado habría sido que entonara el oficio de tinieblas.    La fiesta navega por Internet


El Mundo. JAVIER VILLAN, Sevilla. Otra tarde de pesadilla en La Maestranza

El desastre ganadero, con reses de Núñez del Cuvillo y Ordóñez, lleva al ciclo abrileño a tocar fondo

Empezó la corrida con cierto aire de cansancio en los tendidos de La Maestranza por el churro de anteayer, que ni siquiera las notas del himno nacional aliviaron. Está visto: lo único que puede levantar los ánimos deprimidos en una plaza de toros no son himnos patrióticos, ni orejas de beneficio; es el toro bravo de lidia.

Y no sé por qué nos maliciábamos en los prolegómenos que una nueva fechoría nos acechaba desde toriles; un cargamento de desechos y escombros esperaba en el interior de los chiqueros.Repetía en esta feria el hierro de Núñez del Cuvillo, y aún nos   estamos preguntando por qué.  Salió el primero, y el mal presagio se cumplió. Allí no había fuerzas, allí no había toro: un novillejo postrado y claudicante. Con aquel adefesio de toro, baldado e inconsistente, no era posible la gracia, la emoción ni el clasicismo. Claro que, de gracia y clasicismo, a Litri cierto es que no le sobra mucho. Tumbó al simulacro de toro de un espadazo.  Vano derroche de espada con estos animalitos. Bastaría con dejarles a su aire para que se murieran solos. Pero, a los que no salen muertos, tratan de crucificarlos en varas. Verbi gratia, al segundo de Núñez del Cuvillo.  Este toro aún tuvo fuelle y poder para permitirle a Jesulín largas, monótonas y deslavazadas series de derechazos sin ángel ni música, aunque la banda se empeñara en enaltecer aquellas vulgaridades. Jesús Janeiro lo fulminó de un estoconazo y al pobre toro, tan dócil y tan sacrificado, se le puso cara de angustia y de sorpresa; más sorpresa debió de darle verse en el trance de la muerte con las dos orejas intactas, salvo por las agresiones de una muleta inhábil.

INDULGENCIA.- En el quinto, Jesús Janeiro, más de lo mismo. Sea usted indulgente, me decía un forofo de Jesulín a la salida del hotel. Y a mí, ingenuo y piadoso por naturaleza, su súplica me recordó aquellas palabras de Rubén Darío con las que el nicaragüense imploraba la indulgencia del agrio Unamuno que, en un arrebato del que luego se arrepintió, le había llamado indio emplumado: «Benevolencia para mis esfuerzos de cultura». Bien quisiera yo parecerme a Unamuno, incluso en su indulgencia. Pero es que, por más que lo miro y lo remiro, el  toreo de Janeiro no me parece un esfuerzo de cultura.  Lo de Vicente Barrera sí puede ser «un esfuerzo de cultura»; y un esfuerzo de valor y de serenidad.  

La poca movilidad que tuvo el ensabanao-salpicao-botinero la empleó en tratar de cazar al valenciano: una vez en los lances decapa y dos en los de muleta. Esquivó Barrera, sereno, los  navajazos como pudo. Bien podría aplicársele aquella máximasenequista y ejemplar del estoico: «Aunque el mundo salte hecho astillas, yo permaneceré impávido».  Quienes no permanecen impávidos son los toros baldados, afeitados, novillejos de mala muerte. Ni impávidos debieran permanecer tampoco los aficionados.  

BUEN CRITERIO PRESIDENCIAL.- Se rompió por la cepa un cuerno el primer remiendo de Ordóñez y el presidente lo devolvió con buen criterio. La emprendió a cornadas contra los cabestros;  el desgraciado animal embestía a todo lo que se movía. El sobrero del mismo hierro tropezaba, se arrodillaba, andaba al trote cochinero sin entusiasmo y sin convicción; el segundo era un novillo absolutamente inválido. Si éstos eran los que habían sustituido a los de Núñez, cómo serían los rechazados. 

Cuando Barrera le había enganchado en una serie de redondos,  un topetazo del manso huidizo le rompió el estaquillador. Y eso fue todo: el toro huyendo y Barrera intentando un imposible: fijarlo. Mal la feria, malísimos los toros. Y la Feria de Abril bajo mínimos, como la cabaña brava. Peste de toros.  El noveno festejo de la feria, esta tarde, anuncia toros de la ganadería de Manolo González para Joselito, Enrique Ponce y Rivera Ordóñez.     


ABC. Vicente Zabala de la Serna.  A pesar de todo, más toros que toreros

Ser aficionado a la Fiesta es, cada día más, un ejercicio de masoquismo puro y duro, de no ser porque luego los buenos momentos hacen olvidar los más amargos. Rara vez responde en estos tiempos el ganado, y cuando lo hace resulta que los toreros no lo aprovechan como debieran. Ayer salieron toros, de Joaquín Núñez por segunda vez en la feria, que no debieron irse al desolladero con todas sus orejas. Ni la entonada primera faena de Jesulín sirvió de consuelo. 

Al Mangui le contaron los capotazos desde el tendido hasta alcanzar la infinidad, que ya son capotazos. Cada vez que había  que poner al blando y «colorao» primero en suerte para el compañero que acudía con los palos, dos o tres telonazos le caían por castigo. No le faltaba otra cosa al flojito pero noble «nuñezdelcuvillo».

Si desacertado se mostró el peón sanluqueño, no mucho mejor anduvo Litri, su jefe de filas. De entrada, se situó mal el matador a la derecha del caballo durante el tercio de varas. Después destemplócon la franela por tirones cualquier atisbo de  embestida. Y el toro, claro, ante tanta violencia, doblaba las manos.

El único motivo de agradecimiento para con Litri residió en la brevedad del trasteo y del manejo de la espada.  Se despitorró el cuarto, que era de Ordóñez, contra un burladero de salida, y el presidente sacó el pañuelo verde. Apuntó, el tiempo que estuvo en el ruedo, ser poseedor de sangre brava y encastada, además de buen tranco. El numerito de los cabestros, una vez más, lamentable. La cuadrilla de Litri se encargó de suplir su papel a punta de capote, claro.  El sobrero, también de Ordóñez, resultó manso de solemnidad. Litri brindó con mejores intenciones que buen diagnóstico de su enemigo a la Condesa deBarcelona. Después anduvo precavido y voluntarioso para, al fin y al cabo, no obtener nada más que, aproximadamente, medio centenar de banderazos. Puso el punto y  final a su actuación al segundo descabello.

Curro Molina, bien

Cuando se ve correr a un toro a una mano como lo hizo Curro Molina con el astifino y «colorao» segundo, se le encienden a uno lascampanillas de la afición. Cuando se ve, por contra, a un matador   con el bagaje de Jesulín situado a la grupa delequino parapetado, se apagan de inmediato.

Ahora, que las cosas como son:enmendó el espigado diestro de Ubrique la plana con la mano diestra, que enganchaba y templaba y mandaba con largura al buen toro de Joaquín Núñez. Surgieron muletazos extraordinarios. A veces la gente acudea la plaza con la crónica mental prefabricada, y no acierta a valorar como debiera algunas tardes. Uno, que no es sospechoso de entregarse al toreo de Jesulín, afirma que los muletazos de ayer han sido de los mejores que se han dado en lo que llevamos de feria. Otra cuestión es que debía haber cortado, por lo menos, una oreja que por hache o por be no cortó.  La faena bajó de tono al natural, y más cuando el torero volvió a intentarlo en una segunda serie, después de que ya había comprobado que el pitón soberbio era el contrario. No subió la conexión por los tendidos ni tras la estocada levemente desprendida.  Las palmas sonaron de nuevo para Molina en el quinto, esta vez por el manejo de los palos, esta vez con generosidad, porque clavó a toro pasado.

Aparte de ver la ejecución en directo, si se tiene alguna  duda respecto a la cuestión, no hay más que fijarse en lo trasero que cayó su segundo par. Es imposible que si la reunión se hace en la cara, los garapullos se hundan casi en mitad del toro. Por física pura.  Pues el quinto se vació de bravura en dos mediopuyazos, y quedó    así como descastado, pero sin el  como. Devolvió Jesulín la buena crítica del anterior de su lote con una carga de tauromaquia vulgar y pegapasística hasta que sonó un aviso. Murió el noblote animal de  un pinchazo hondo y un descabello.  Descentrado  Perdió pie Vicente Barrera durante la salutación al precioso, manso y encastado tercero. Si alcanzó con torpeza el callejón, fue porque el cuatreño hizo por el abandonado capote en vez de por él. Hay que estar más ágil, torero.  El incidente y la colada del arranque de faena  descentraron al valenciano, que nunca adelantó la muleta para mandar en su enemigo. Parecía que el manso se desplazaba, pero el virginal engaño de Vicente impidió que lo comprobáramos.   

Daba la impresión de que el toro era incierto porque iba sin torear; pero de los que dan importancia a todo lo que se le haga, siempre y cuando se le haga bien. No pareció Barrera un matador que lleva toreadas el número de corridas que guarda su currículum. Tampoco la espada le respondió y necesitó del  verduguillo en dos ocasiones.   Devolvió la presidencia también al sexto, que pertenecía al hierro de Antonio Ordóñez, por inválido. En su lugar salió el segundo sobrero, de la misma divisa, de bastas hechuras y manso comportamiento.

Barrera pareció recuperar la noción de dónde estaba toreando y se vino arriba. Instrumentó un par de series de derechazos sellados  por  la quietud y la verticalidad que caracterizan su toreo. Pero el toro, rajado, acabó por ir a su aire, haciendo caso omiso del  engaño. Estos breves apuntes apenas iluminaron el oscuro tedio en el que se  había sumido la Maestranza. Tras dejar media estocada en su sitio, saludó el valenciano desde el tercio, como cierre más agradable para la triste tarde. 

 

 
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