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Festejo de abono FICHA TÉCNICA Ganadería: Toros de Torrealta (Bravos, difíciles, con casta y muy nobles; el 2º, devuelto porque se partió el pitó derecho al derrotar contra el burladero al salir al ruedo). Diestros:
Banderillero que saludó:
José Antonio Carretero, de la cuadrilla de Manuel Caballero, en el 4º. Incidencias: - Entrada: hasta la bandera. Tiempo: nubes y sol El País. JOAQUÍN VIDAL. La tarde amable Fue la tarde amable de la feria. De repente todo el mundo era bueno. Y eso que se trataba de la corrida número 13 (lagarto, lagarto). Para que luego digan. A la que hacía 13 (toca madera Pepeluí, toca madera Pepeluí), atronaban los olés, se pedían las orejas, se cortaron cuatro. Si no hubo más (las 12, por ejemplo), no se debió a falta de ganas. Ganas del público, se quiere decir. Las orejas rebosaban los tejadillos. Sólo que los toreros (algunos) no estaban por la labor. Si Miguel Abellán y El Juli no cortaron orejas en sus primeros toros nadie tiene la culpa, ni siquiera los toros. Un servidor tampoco. La culpa se les debe achacar a ambos coletudos, que estuvieron fatal. Vaya forma de torear... Vaya manera de meter pico y destemplar y rectificar terrenos corriendo por allí, como si estuvieran jugando al escondite. Y los toros, mientras tanto, encastaditos, noblotes, aguardando que alguien les presentara adelante y plana la pañosa, les embarcara con dulzura -el almíbar ya lo aportaban ellos-, rematara limpio y ligara las suertes, poniendo en la cumbre el arte de torear. Pero que si quieres arroz... El desquite se lo tomarían los mencionados coletudos en los últimos toros. Y si es cierto que perdieron, por su mala cabeza, la oportunidad de ganar la puerta del Príncipe, más vale tarde que nunca. A fin de cuentas, una oreja no es ninguna. La espoleta la prendió Manuel Caballero, que ese sí tuvo la puerta del Príncipe en la punta de los dedos. No porque elevara el arte de torear a la cumbre (arte es precisamente lo que le faltó) sino porque muleteó voluntarioso, se ganó al público y cada pase que daba se lo coreaban con un ¡ole! encendido, de esos que llevan aire de jipío. ¡Ole! Y el ¡ole! venía de que Manuel Caballero estaba dando un derechazo. No se pregunte cómo. Cuesta recordar... "¿Usted recuerda la faena de Caballero al primer toro?", preguntó un espectador a su vecino de localidad cuando lidiaban el tercero, y ni el vecino, ni nadie en torno, supo contestar. Un servidor llevaba ventaja. Había tomado apuntes y constaba en ellos que toreó por derechazos y naturales con uso del pico, en tanto el toro, que estaba inválido, se pegaba batacazos. El cuarto toro también estaba inválido y Manuel Caballero le instrumentó larga faena, por la izquierda un poco ful, por la derecha no tanto, aunque ligaba poco y la mayoría de los pases los remataba por arriba, que no es modo ortodoxo de rematar. Pero ¡ole! Y cuando en el mismísimo platillo cobró la estocada le pidieron la oreja, luego la otra, que el presidente no concedió y se ganó una bronca. Visto el triunfo y oídos los oles Miguel Abellán se dirigió a la puerta de chiqueros a recibir al quinto toro y de paso acabar con el cuadro. Y tiró dos largas cambiadasespeluznantes, ciñó verónicas, intercaló chicuelinas, remató, sonó la música en su honor y dejó convertida la plaza en un manicomio. Quitó por chicuelinas, que le enganchó el toro (de los tirones se cayó al suelo), y en la faena de muleta se entretuvo en bordar el toreo. No por naturales, que intentó apenas y sin acierto, sino por derechazos de temple exquisito e intachable ligazón. Mató, y tuvo el premio de la oreja. ¿Iba a ser menos El Juli? Pues no iba a ser menos. Y se arrodilló a porta gayola, y tiró la larga cambiada, y veroniqueó de cine, e intercaló una chicuelina de rodillas. Aún bullía el entusiasmo en el graderío cuando floreó un quite de serpentinas, cambios y recortes que dejó alucinada a la afición. Banderilleó con la misma vulgaridad con que lo hicera en su turno anterior (el del fracaso) y le construyó al toro, tardo e inválido, una faena emocionante, valentísima, intensa, a base de naturales ceñidos hasta la temeridad, en media docena de tandas abrochadas mediante el de pecho, o por bajo, con el mismo gusto y pasión. Y pues pinchó antes de la estocada se quedó en una oreja el premio que iba para dos. Cuatro orejas, y en la corrida número 13 (12 más 1 queremos decir). Y en la Maestranza. ¡Ay, Maestranza, quién te ha visto y quién te ve!
D.G, "Me habéis puesto a
200" Los matadores brindaron cuatro de los seis toros que lidiaron, y todos fueron brindis muy relacionados con la fiesta El Juli dedicó su primer toro a Álvaro Domecq, que, como siempre, asistía a la corrida en su barrera del tendido uno con un sombrero cordobés calado hasta las cejas. Manuel Caballero, en el cuarto de la tarde, se dirigió a Paco Camino, que estaba en el tendido siete, para brindarle la faena, y Miguel Abellán dedicó al público su emocionante faena al quinto. El momento más curioso llegó, sin embargo, cuando El Juli se disponía a torear al sexto. Sacó del callejón a sus compañeros y les dijo: "Me habéis puesto a 200, os admiro mucho. Ahora tengo yo que estar a la misma altura". El Mundo. JAVIER VILLAN, El
capote de Abellán borró al del Juli
SEVILLA.- Andaban levantiscos ayer los tendidos y los toreros
los aplacaron. Poco a poco. No sé si eran comandos venidos en el AVE o
directamente del Real de la Feria. Da igual; vana querella proclamar en pleno
año 2000 folclóricas autarquías. Los toros, y España, aunque a veces
salten chispas de racismo, han sido siempre cuestión de mestizaje. Otra cosa
es que, por súbitos apasionamientos o rencillas, con unos toreros se ejerza
cruel saña o indiferencia. Verbigracia, contra Emilio Muñoz en Las Ventas o
contra Curro Vázquez en La Maestranza.
Manuel Caballero está en esa zona neutra que no produce más sentimentalismos que aquéllos que emanan de su muleta. Se percibe que en Caballero no hay carismas extratoreros y artificiosos. Todo emanaba ayer de la seriedad de su muleta, sus naturales bajando la mano, por ejemplo, en el primero. Y la colocación. Hallando el sitio, los muletazos surgen limpios y claros; y la decisión para matar arriba, aunque perdió la muleta. Daba la sensación de que esta segunda tarde Caballero transmitía menos intensidad en La Maestranza. Como si estuviera pisando de puntillas por el rubio albero; parecía, incluso, que tardaba en apercibirse de las condiciones del cuarto, de la templanza y bondad del pitón izquierdo, de la fijeza del derecho. Fue una faena callada, in crescendo, hasta una tanda de naturales que elevó la temperatura. Permaneció siempre la sensación de seriedad, de economía de gestos, de clasicismo sin aspavient! os. Dos redondos y el obligado de pecho marcaron el cenit de una faena sorda y sin preciosismos; silenciosa como si no hubiera público y estuviese toreando entre amigos. Con el cuidado, además, de que el toro no se le derrumbase. Pero sí había público y, tras la estocada, éste estalló pidiendo las dos orejas. El señor Murillo impuso la cordura y lo dejó en una. Abellán presentó sus credenciales en un quite por gaoneras en el primer toro de Caballero: entre las astas del torrealta y la anatomía de Abellán no cabía un papel de fumar. A partir de ahí el capote de la tarde fue claramente el de Miguel Abellán. Dos largas cambiadas de rodillas, en chiqueros, con el toro como un obús; verónicas ceñidísimas, chicuelinas y tres largas preciosistas y valentísimas, en el platillo, cambiándose el capote de mano por detrás; galleó con garbo por rogerinas y estuvo a punto de un serio percance al iniciar otro quite por chicuelinas. Variedad, a la carta; torería, a raudales; valor, a espuertas. Lo mejor que se ha hecho hasta el momento con el capote. Y si algo faltaba, un recorte de rodillas a una mano para poner al toro en suerte. Abrió faena con estatuarios de infarto, en tablas, mirando al suelo. Por redondos, una sinfonía: largos, con resonancia de órgano. Estaba Abellán en estado de gracia, como los ángeles rebeldes. Era faena para matar arriba y no en los blandos. En ese clima difícil de remontar, El Juli demostró su pasta yéndose a la puerta de chiqueros: larga cambiada y, ya de pie, verónicas rudas. Y luego, el relámpago florido y personal de las lopecinas, híbrido de serpentina, revolera y chicuelina. Ya se sabe que la muleta no es su fuerte, aunque se superó a sí mismo en dos tandas de naturales. Después, con el toro muerto en pie, se pegó el arrimón y dejó que los pitones le acariciaran las pantorrillas. Necesitaba El Juli este calentón, pues la tarde se le había marchado, incluso en banderillas; clavando, mejor Antonio Carretero. Dudas del Juli, mecanicismo frío en su primero; sin la frescura infantil de! otras temporadas, el toro lepunteaba la muleta: literalmente, Julián López un poco espeso. Mas, al final, le salió la casta y se pegó el tan celebrado calentón cuando el toro estaba pidiendo a gritos las mulillas y el desolladero. Nada se había perdido en La Maestranza: ni siquiera el honor. La Razon. BARQUERITO. Con notables «torrealtas», sapientísimo El Juli, poderoso Caballero y a revientacalderas Abellán. Corrida grande, espectáculo soberbio. Triunfo de los tres toreros, éxito de la ganadería, caliente la gente. Corrida de dos mitades: el único superviviente de la primera fue, con el toro más completo de Torrealta, Manuel Caballero. El viento, la pegajosidad del áspero segundo y un público muy cicatero fueron obstáculo serio para un Miguel Abellán muy firme. El Juli expuso sin eco y con viento ante un tercero a la defensiva que se frenó y lo midió mucho. Ni la estocada excepcional de El Juli conmovió. Lo estaban ya midiendo como quien es y por lo que es. La faena de Caballero al primero, toro de menos a más, fue de idéntico calibre: la apertura, sin terminar de estirarse el torero de Albacete, estuvo entre el sí y el no, pero la cosa rompió cuando Caballero se echó la muleta a la izquierda. Caballero lo enganchó por delante, se lo trajo toreado y ligó tres tandas majestuosas, templadas a cámara lenta. Buen toreo para adentro, la gente metida de lleno en el asunto, incluso cuando Caballero pecó de pasarse de faena y una estocada casi fulminante. En esa primera mitad Abellán pecó de testarudo pero no volvió la cara al hilo celoso de un toro nada sencillo al que mató a base de agallas. A partir del cuarto La euforia rampante vino a vivirse a partir del cuarto toro.
Los tres espadas se rompieron sin reservas. Con la cabeza fría El Julio salió a morir en el sexto. Pero con la cabeza fría.
A porta gayola, como había hecho Abellán, y a lancear después con temple.
Galleo hasta el caballo y quite frustrado por lopecinas porque el toro, sin fuerzas, no tuvo gas para venirse y se distrajo en las salidas. Un tercio de
banderillas vibrante: dos grandes pares de poder a poder en los medios y otro
de dentro afuera perfecto. Brindis a Manuel Caballero y Miguel Abellán y, en las rayas -porque el viento no dejó abrirse- una angelical faena de mano izquierda, temple del caro, haciendo al toro ser lo que nadie imaginaba. Cruzado al pitón contario El Juli. Naturales a cámara lenta engarzados. Un
toreo bien dicho. Primor puro. Un pinchazo y una estocada insuperable. Ardió Troya. ABC. ZABALA
DE LA SERNA. La Maestranza se
entrega a Manuel Caballero en una gran tarde de toros Cuando se lo cuente al Gitano de Oro no se lo cree, después de tantas malas noticias. Para romper la rutina, la respuesta a su diaria pregunta sobre la corrida será positiva. Y es que la tarde transcurrió sobrela solidez y el momento inmenso de Manuel Caballero, que espoleó a sus jóvenes rivales a quitarse la modorra , y la franca corrida de Torrealta, muy completa. A Félix Aguirre, seguidor televisivo de la Feria y defensor siempre del hierro de Paloma Eulate, la alegría le debe haber colmado el vasodel gozo más que si Ponce hubiera abierto la Puerta del Príncipe. Pero quien apunto estuvo de descerrajarla fue Caballero. Desde Valencia, cuando se enfundó el vestido de maestro, o quizá fuera en el invernal México, viene marcando un ritmo y una seriedad magníficos. Ha adquirido una madurez sobria, tras ahondar en una técnica depurada y un valor férreo, que ya se lo cantábamos en su anterior comparecencia sevillana. E incluso ha depurado las formas. Ahora mismo se trata del profesional más riguroso que hay, y lo digo sin temor a pillarme los dedos. La faena al cuarto toro, por encima de exquisiteces ycursiladas, se cimentó sobre un planteamiento perfecto, así de claro. Porque no crean que el torrealta destacaba por su entrega o sus ideas claras. El albaceteño hizo todo muy bien, muy despacio, consintiéndole mucho al toro. Y de un principio a media altura, sin afán de molestar, tras una serie de tránsito y de sobarle con la muleta, tomó el engaño en la izquierda y toreó. Torear va más allá de ponerse bonito, pinturero o flamencón o del denominado «pellizco», argumento básico de los neoaficionados. Torear además del arte, o si me apuran por encima del mismo, es dominar. O sea que Caballero dominó. Vuelta a la derecha, remató con una tanda que arrastró definitivamente a los tendidos, que poco a poco, como el toro, se entregaron en las poderosas manos del torero. Ligó dos de pecho con las zapatillas ancladas,y marchó a por la espada. Hasta los medios, hasta la mismísima boca de riego, condujo a su enemigo, lo cuadró y lo crujió de un espadazo. POR CONTRASTE A estas alturas de la Feria, con algunas orejas que se han regalado, aunque sólo fuera por contraste, la cosa podría haber merecido un segundo trofeo que el presidente, como fiel guardián de la Puerta del Príncipe, se reservó para una mejor ocasión que sin duda surgirá, torero. Caballero ya había cortado una oreja al buen primero, cortitoy más serio por delante que por detrás, que poseía un pitón izquierdo de escándalo.Derrochó entonces el diestro albaceteño suavidad y templanza en tres series alnatural. Sobró la cuarta, que desentonó del conjunto. Otro efectivo volapié activó la pañolada. Miguel Abellán y El Juli habían estado a la luna de Valencia en sus primeros toros, adocenados ambos y conformistas. El panorama cambió después del rotundo éxito de Caballero. Abellán se fue a portagayola con el noble quinto y le tiródos largas cambiadas. A pies juntos, lanceó con emotividad, en un auténtico alboroto que continuó cuando puso al toro en suerte con otra larga de rodillas.Se fajó con la muleta, como antes en unas chicuelinas, y, sobre la derecha fundamentalmente, templó. Sólo algunos enganchones y la baja colocación del estoque enturbiaron la oreja concedida. Así la cosas, El Juli acudió también a la puerta de toriles para recibir al muy largo sexto. Las verónicas, las chicuelinas al paso, elquite por zaponinas (lopecinas para algunos o quite del ventilador para otros),las banderillas (sólo un par de poder a poder contuvo más autenticidad) preparon el camino del éxito. La justeza de fuerzas del noblón bruto, justo también de bravura, provocó el acertado planteamiento casi al unipase, con fenomenales pasajes al natural en el tercio. También Julián López obtuvo surecompensa tras un pinchazo.
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