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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
FERIA DE ABRIL
Tarde del viernes, 28 de abril del 2000
Corrida de toros

Crónicas de la prensa

Imágenes del festejo

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de  Torrestrella tres terciados, los otros con trapío; flojos los primeros y 6º; 4º y 5º, enterizos, encastados y nobles; manejables en general.

Diestros: 

Banderilleros que saludaron: José Antonio Carretero de la cuadrilla de Manuel Caballero.

Entrada: lleno con huecos.

Presidente: Francisco Teja

Tiempo: nublado y sol.

Crónicas de la prensa: El Pais, El Mundo, ABC, La Razon


El País. JOAQUÍN VIDAL. Una oreja, aleluya

Manuel Caballero le lio dos tandas de naturales al quinto toro, lo mató de una estocada, le concedieron una oreja y la gente salió muy contenta por eso.

Una no es ninguna. Una oreja justifica la tarde perdida en el graderío de laMaestranza. Ver una oreja peluda alegra los corazones, provoca algarabías y hace creer en dios, aleluya, aleluya.

Contentísima salía la gente de la Maestranza por la oreja peluda vista. La orejapeluda redimía las muchas carencias y despropósitos que se produjeron a lo largo del festejo, abocándolo al gran tostón.

Los naturales que dio Manuel Caballero no es que fueran la flor de la maravilla (antes semejaban producto de huerta que de jardín) pero al menos los ligó. Y este es un estimable mérito, más relevante cuando se produce en una época de pegapases corretones, especialistas en componer posturas e incapaces de ligar las suertes.

Antes había instrumentado Caballero derechazos de fábrica en dos oscuras tandas bien rematadas mediante los cambios de mano, sin apercibirse -entonces- de que la embestida excelente la traía el toro por el pitón izquierdo. En cambio, al echarse la muleta a la izquierda, pudo darse por enterado. Lo que es la ciencia.

La anterior faena de Manuel Caballero careció de fuste. No cabría reprocharle que lo hiciera mal sino que le faltaba gusto, aroma, lo que llaman torería. Y, lo que es peor: con semejantes formas, el público ni siquiera podía pedirle la oreja peluda.

La actuación de Manuel Caballero, de todas formas, resultó harto exitosa. Todo es relativo en la vida y el universo cambia de aspecto según el ángulo con que se le mire y los astros que entren en el campo visual del observador. Esto ya lo averiguó Einstein, sin haber ido a los toros ni nada. Aunque de haber ido a los toros lo habría descubierto antes. Porque en los toros un torero puede ser en la misma tarde maestro o maletilla, en dependencia de cómo se comporten sus compañeros de terna. Y el comportamiento de los compañeros de terna de Manuel Caballero, que debían de estar en horas bajas, fue un dolor.

Especialmente doloroso el de Emilio Muñoz, cuya actuación rayó en lo catastrófico. Nadie ha de negar las cualidades toreras de este veterano diestro trianero, pues permanecía en la memoria de los aficionados la exquisita faena que en la feria del pasado año le hizo a un bravo toro de Zalduendo. Sin embargo la apatía y la desconfianza con que llegó a la presente no eran de recibo. No se puede ir a plaza alguna, aún menos a la feria de Sevilla, con esa disposición.

Toreó desconfiado de capa Emilio Muñoz, permitió que a sus toros los tundiera con saña carnicera la acorazada de picar y con la muleta ni siquiera toreó. A su primero le amagó algunos muletazos en muy breve espacio de tiempo. A su segundo, que tenía trapío y sacó casta, lo macheteó durante medio minuto y montó un sainete de pinchazos apuntando a los bajos hasta que logró abatirlo de infamante bajonazo.

El Cordobés, que resolvió en barullo sus lances a la verónica, y entró a quitar por chicuelinas ofendiendo -involuntariamente, sin duda- las más elementales reglas del arte, muleteó con la mano alta pues la debilidad de sus toros le impedía bajarla. La técnica no estaba mal traída, incluso podría considerarse la adecuada, mas no justificaba el trazado de los pases, que reducía a la mitad, ni la destemplanza de su ejecución, ni los enganchones y trapazos que resultó de aquel mejunje.

El público se disgustó mucho. Por una vez que salían los toros bien presentados (algunos, se quiere decir) dos de los toreros no daban la talla. Y no es que echara en falta, precisamente, ni el bien torear ni las vibraciones que producen en el alma las manifestaciones artísticas sino que con semejantes trazas resultaba imposible pedir la oreja.

Afortunadamente fue Manuel Caballero, instrumentó unos naturales ligados, cobró una estocada y dio motivos suficientes para pedir la oreja peluda por aclamación, al presidente para concederla encantado, y al torero para irse complacido; ya que la Maestranza, donde triunfó sin paliativos de novillero, parecía que de matador se le resistía -el año pasado sufrió una cornada en esta plaza- y, al fin, consiguió llevarse en el esportón el anhelado trofeo. Y hubo hosannas y aleluyas. O sea, que muy bien. Y hasta otra.

 

DANIEL GIL, Caballero, feliz
Manuel Caballero traía a Sevilla muchas ganas. Y con razón. Tras su desgraciada presentación el año pasado, ante los victorinos, en la que sufrió una grave cornada, el manchego venía dispuesto a resarcirse.

Y, pese a los toros, vaya si lo hizo. Andaba Caballero feliz con la oreja cortada al quinto de la tarde. "Es muy importante para mí, sobre todo después de lo del año pasado", afirmaba tras la corrida.

"Es una pena que el ganado no haya colaborado más. Incluso el quinto ha sido un toro muy fiero, con muy mala embestida. De ahí la brevedad de la faena", dijo.

Caballero cree que ésta puede ser su temporada. Ha triunfado ya en América, Valencia y, ahora, convence a la afición sevillana. "Estoy muy preparado este año, pero no quiero echar las campanas al vuelo todavía", afirmó prudente el matador.

Por otra parte, la empresa Pagés comunicó ayer que el sustituto de Espartaco en la corrida del próximo lunes será Eduardo Dávila Miura, que compartirá cartel con Curro Romero y Morante de la Puebla.

De otro lado, en Huelva, el matador retirado Antonio Borrero, Chamaco, de 58 años, apuñaló ayer en el cuello a Gumersindo Salas Limón, de 60, su ex administrador, que ahora trabajaba para Miguel Báez, Litri.


El Mundo. JAVIER VILLAN, La madurez de Manuel Caballero

SEVILLA.- La Maestranza ovacionó a Caballero y se puso de uñas con Emilio Muñoz. En los dos casos, con razón. ¡Los sinsabores que uno ha tenido que pasar por defender a Emilio Muñoz! Incluso amigos de buena ley han llegado casi a retirarme la palabra, sobre todo en Valencia y en Madrid. Que si tiene mala leche, que si saca mucho el culo, que si es un camelo trianero. De ayer, ni siquiera sus defectos se pueden reseñar. No es que Emilio Muñoz estuviera mal; es que no estuvo. Difícilmente se puede estar, ni bien ni mal, con un cadáver como el primero. Parte de culpa en esa muerte prematura la tuvo el durísimo puyazo. Pero, naturalmente, la culpa de ese puyazo sólo la tuvo Emilio Muñoz. Algunos de los toros de Torrestrella eran propensos a hacer el pino, como el primero y el segundo, hincando las astas en la arena. Del trance salían con las finísimas agujas de los pitones milagrosamente florecidas.Otros no necesitaban de acrobacias y salían ya deslomados tras la refriega con los picadores.

El cuarto, en cambio, llegó demasiado vivo a la muleta. No sé qué le vería el trianero al desdichado animal pues le sometió a un frenético y breve macheteo que lo dejó perplejo y para el arrastre. Siete veces pinchó Emilio y la última fue un infame bajonazo que originóabundantísima hemorragia. Así, claro, es difícil defender a Emilio Muñoz ni a nadie. El público ovacionó al torrestrella en el arrastre, imaginándose sagazmente ! presuntas virtudes que la inhibición del trianero habría dilapidado.

Manuel Caballero, en cambio, mantuvo toda la tarde una actitud torera. A base de mando y de poder hizo que sus toros parecieran mucho mejor de lo que eran. Logró que el segundo atemperara sus perversos instintos, aunque lo que verdaderamente lo suavizó fue la progresiva e implacable pérdida de fuerzas. Antonio Carretero clavó muy bien y tuvo que saludar. Y también saludó Paco Peña, de la cuadrilla del Cordobés, que ha completado dos tardesmuy buenas, tanto con los palos como con el capote. La estocada de Caballero asu primero fue más espectacular que perfecta; y precisó del descabello.

Si las verónicas que dio Manuel Caballero en el quinto hubieran sido con la pata alante en vez de con la pata atrás, podrían ser reputadas de excelentes. Mal estilo inicial del torrestrella. En el último tercio cambió totalmente el panorama y el toro acabó bueno y entregado. Cuandoeso ocurre el mérito es, indudablemente, de la pericia del torero. El torrestrella era complicado y cambiante, y Caballero lo entendió enseguida. El torrestrella acabó claro y transparente como agua de manantial. El torero deAlbacete empezó doblándose por bajo muy toreramente. Y, en la raya, lo pasó por la derecha y luego por la izquierda en un remate muy bello. Está Caballeroen un momento envidiable de madurez y de técnica lidiadora. Las dos tandas de naturales, en muy poco espacio, ligando impecablemente y sacando la muleta porbajo, pueden ser, hasta ahora, lo mejorcito de la feria. Y la estocada, hasta los gavilanes y muy bien ejecutada, le acredita como uno de los mejores matadores del momento. Quizá el mejor.

El tercero se frenaba a mitad del pase y no por capricho sinocon intención de herir. Arduo dilema se le presentaba a Manuel Díaz: si le bajaba la mano, el torrestrella se le iba al santo suelo; si la subía, se le paraba a la altura del pecho y calamocheaba. Lo mejor, la media estocada mortal.El sexto era otro difunto que pedía a gritos el pasaporte parael m! ás allá; el mundo de las sombras,el limbo de los toros mansos, vulgares y deslucidos. Los loables intentos del Cordobés por hacer las cosas bien se quedaron en una tersa y lenta tanda de redondos muy suaves.


La Razon. BARQUERITO. Destellos de Manzanares con un lote desfavorable y sólo gotas de Pepe Luis


A un toro bravo de Álvaro Domecq le cortó Manuel Caballero la oreja más carade lo que en Sevilla va de feria. Un arrogante toro burraco que no dio ni los500 kilos pero que tuvo el trapío común a la corrida entera. Trapío ytemperamento. Trapío tuvieron los seis. Temperamento, tan sólo tres. Y dos de ellos entraron en el lote de Caballero. Distintas clases de temperamento. El del quinto, mucho menos celoso y bastante más claro que el de los otros dos. Portemperamental, por agresivo, no fue toro sencillo. Pesó mucho. El toro galopócon estilo y de largo a la primera vara y se empleó con fijeza en otras dostomadas más en corto.
   
En los primeros compases de faena, el toro, además, desparramó la vista, embistió pronto pero sin entregarse y no llegó a descolgar todavía. La decisiónde Caballero, puesto por el pitón derecho y enganchando al toro por fuera paramedir al toro, resultó fundamental. Caballero resolvió rematando por arriba los cuartos muletazos de cada una de las dos tandas primeras con la diestra.
   
Pero cuando el de Albacete se echó la muleta a la izquierda, llegó la sorpresamejor de esa faena. Por esa mano, el toro hizo algo que no había hecho por laotra: humillar. De modo que Caballero empezó a redondear cuando se puso a torear al natural. Más sitio al toro, la muleta por delante, temple en la muñeca,golpes de puro ritmo. Dos tandas ligadas en un palmo de terreno. Muy toreros los muletazos en los que, por mor del viento, Caballero no tuvo otro remedio que ayudarse con la espada. Alternaron los pases a pies juntos y los de compás abierto; los de dar el medio pecho y los de perfil. Despampanante al final,cuando el toro, es decir, su temperamento, quedó sometido. Un toro bien toreadoa lo largo de una breve pero densa faena de clamores crecientes. Se midió altorero en función de las dificultades del toro.  

Estoconazo

Eso fue lo que dio al triunfo todo el peso que tuvo. Eso, y una estocada extraordinaria, cruzando despacio el fielato y saliendo conimponente limpieza del embroque con la muleta amarrada y enredada en la manoderecha. El toro se fue a morir a las tablas y ahí fue cuando se rindió deltodo. Caballero no perdió su sonrisa natural ni un momento. Y no derramó niuna gota de sudor. Eso, que fue una de las cosas más difíciles de esta difícil faena, lo percibió todo el mundo.
   
El toro de Torrestrella que mató Caballero por delante fue otro hueso. Violentoen el caballo, semidesarmó al torero en el saludo y se acostó mucho por el pitón izquierdo. Bravo en el caballo, arreó en banderillas y protestó mucho en la muleta. Los apretones por el pitón izquierdo fueron ahora todavía más notorios que en el saludo. Por el otro pitón, muy pegajoso, el toro se revolvióen un palmo y, por corto de cuello, no humilló nunca. Midió mucho al torero.Caballero no volvió la cara. También fue tensa esta faena que pareciómascarse tramo a tramo. Especialmente, cuando Caballero optó por la corta distancia, por el cuerpo a cuerpo y por el toreo de abajo arriba, el único que aceptaba la correa de este toro tan encogido en el fondo. La estocada fueexcelente. La gente reconoció la sangre fría y la buena cabeza del torero.
   
La renuncia de Emilio Muñoz con sus dos toros y la honradez y a ratos la facilidad de El Cordobés con un lote de muy diferentes características fueron las otras notas de la corrida. El primero de Muñoz cobró lo indecible en una larguísima primera vara, se resintió de una vuelta de campana completa y se paró en la muleta. El cuarto dio la impresión de ser toro manejable, pero Muñozmacheteó de pitón a pitón sin contemplaciones antes de fallar mucho a espadas.
   
El primero de El Cordobés fue el más complicado de los seis. De temperamento violento, con genio incluso, pegó muchos cabezazos, se revolvió, se defendió. Muy sereno El Cordobés hasta que el toro se vino abajo. El inmenso sexto,zurrado en el caballo, llegó a la muleta suavón pero trompicándose mucho. Exánime,no pudo con los kilos. Digno y dispuesto el trasteo de El Cordobés, abierto enlos medios con relajo. Pero trasteo sin brillo y sólo a media altura.


ABC . Vicente ZABALA DE LA SERNA. Caballero deja otra muestra de su gran momento

Una avalancha de turistas se presiente para los próximos días en Sevilla; la Feria arranca el domingo, para arañarle unas horas al mes de abril, y el puente de fiestas da pie a la escapada de la ciudad. Todavía se respiraba tranquilidad en la mañana de ayer. Una tertulia sana y afable se formó en «El Albero» con el matador Manolo Carmona y Almensilla y el recuerdo de El Vito, que no andaba por el centro. Hombres de plata con calidad de oro, tanto profesional como humana.

Pensaba en ellos cuando Carretero se destocó en el segundo tras dos pares de banderillas traserísimos, ovacionados a rabiar; Paco Peña también se desmonteró ligero, sin ni siquiera solicitar el permiso de su matador, por una actuación escasamente reunida y de pies fáciles. Igualito que aquellos fenómenos, aunque son estos cabales peones, habituales en las reseñas por sus más que dignas labores.

La Feria inicia su semana grande con el alma encogida aún, pese a que ayer Manuel Caballero elevó unos grados la temperatura con una muestra excelente del buen momento por el que atraviesa. Se ha convertido el albaceteño poco a poco en una figura del panorama taurino, paladares aparte. Sutoreo va a más desde una sólida técnica y un férreo valor; desde un temple magnífico y un poderío nada desdeñable.

Cuando sale al albero maestrante un matador de toros con el oficio aprendido de pe a pa, con el afán de hacer las cosas bien, de ligar el toreo y dar la cara, los tendidos saben valorarlo, olvidándose de los cursis que le quieren poner a Sevilla un sello que no es. Si además el coletudo de turno maneja la mano izquierda como ayer Caballero ante el quinto, hilvana los muletazos uno tras otro, sobre el sustento del ánimo intacto, y para colmo dibuja un cambio de mano de soberano trazo, esa Maestranza se viene arriba y seentrega sin mirar carnés de identidad. Sí, al que le regaban con oles su toreo era de Albacete, y qué; y al que le alimentaron días pasados el espíritu venía de un pequeño pueblo de Toledo; y a ambos se les recompensó su verdad y su hacer.

SIN DUDAS

Al penúltimo toro de Torrestrella, o sea el quinto,Caballero le quitó una oreja por dos series de naturales y una estocada para elrecuerdo, un fabuloso zambombazo que quebrantó la vida del astado. El diestro de Albacete no le dudó en los albores de la faena por el pitón derecho. Dosseries así, y en un cambio de mano por delante el torrestrella cantó su mejorcondición por el pitón izquierdo. Vinieron las mencionadas tandas, abrochadas con sus respectivos pases de pecho sin rectificación de terrenos. Volvió a ladiestra con el enemigo ya entregado por el lado más conflictivo, pero con el viaje corto. Hubo quien pensó en que una serie más al natural... Pero el que quiera más que vuelva mañana, que decía el Pasmo. Una docena de naturales señeros y un volapié como la Giralda bastaron. En tiempos de faenas interminables, una gloria.

Había lucido su valor anteriormente Caballero con el segundo, un toro corto, apretado de carnes, violentito y sin cuello. Un mundo le costabahumillar. Además manseó, y mantuvo la tónica desigual de la corrida de ÁlvaroDomecq. Midió otra vez el trasteo y, de nuevo, mató con eficacia de unespadazo con leve travesía, por lo que tuvo que descabellar. Una ovación cerrada recogió desde los medios, y eso que no cuajó ayer con el capote uno desus mejores días. Y sin embargo apuntó dos verónicas y una revolera en elprimer toro de Muñoz; y unos lances genuflexos y poderosos en el saludo alquinto.

Si a Caballero y a su pulcra actuación cabe ponerle un pero, éste es por quedarse a la derecha del caballo en el segundo de su lote. Hay que estar siempre bien colocado, torero.

A Emilio Muñoz no le funcionó el corazón. Todavía la faena del año anterior a un toro de Zalduendo en este mismo albero, en esta santaplaza, merece el recuerdo. Pero ayer el trianero fracasó estrepitosamente. Masacró en el caballo al noble y precioso primero. El animal alcanzó el últimotercio desinflado por el duro castigo. Para colmo, hubo de sufrir los sablazosde Muñoz.

Repitió actitud y mitin con el cuarto. Ni siquiera lo intentó, y pronto se metió por los cuellos, tocándole los costados. La gente se calentó,y con razón, con otro escandaloso y lamentable número con la tizona. Terminó con un bajonazo alevoso.

A El Cordobés Chico uno le aprecia por su simpatía, sudesparpajo con la gente, por su voluntad de agradar, por su voluntad de quedar bien, y eso. Lo único que sólo a base de voluntad, como sólo con pan, se hace duro el camino de aquí a octubre. El terciado tercero cabeceaba de forma incómoday se sucedieron los enganchones; al más hecho sexto, noble y flojo, lo toreó amedia altura sobre la derecha con escaso garbo y emoción, que la emoción la puso y la agotó un caballero de Albacete. Y Sevilla que lo vio y lo valoró. Como a todo el que viene de veras.

 

 

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