|
|
|
Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 30 de septiembre del 2001
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Gavira, el
primero sobrero del mismo hierro, manso; segundo, manso integral; tercero
también manso, aunque noblote por el pitón derecho; cuarto, soso y
parado; quinto, manso de solemnidad y sexto, peligroso.
Diestros:
Entrada: tres cuartos de entrada.
Tiempo: calor sofocante.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
Diario
de Sevilla, El País, ABC
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. Triunfó la casta, la torera claro
De vez en cuando a uno le entran ganas de
darle una palmada en el lomo, para no molestarlos demasiados, a estos
animales inmóviles para que galopen fijos en el engaño. El toro parado
manda en la Fiesta. El encastado con tranco de bravo casi no existe, y es
un milagro que aparezca alguna vez por la puerta de chiqueros. Así que
corrida al uso con el prototipo del toro de hoy. Mansos que huyen, sosos,
parados en el último tercio, que topan más que embisten y que transmiten
desgana al que se pone delante para después cansar y aburrir
con las interminables
probaturas, los intentos de medios pases con la muleta atrás que sólo
sirven para demostrar
un interés por agradar a todas luces ficticio.
Y
con este ganado de serias cabezas y astifinos pitones, pero desinflados en
su comportamiento y vacíos por dentro, se estrellaron Finito y Caballero.
Juan Serrano, apático y con demasiadas prisas, desistió con urgencia con
el manso y complicado primero lidiado como sobrero. Con el cuarto, se
apresuró con igual decisión a tirar de la apagada embestida. No lo
conseguiría. Fue por la espada para terminar cuanto antes con tanta
mansedumbre, pero no le hizo falta, el serio toro, cansado y moribundo, sé
echaría sin necesidad de la estocada. Y con parecidas maneras actuó
Manuel Caballero, que contrariado por semejante mansada se justificó con
intentos baldíos para templar el molesto cabeceo del segundo. Y optó, rápido
y veloz, por coger el acero después del épico ataque del picador, que
cabalgando tras el descastado quinto, quiso atemperar y frenar el
constante y perdido deambular de semejante bicho por la plaza.
Menos mal que, ante tanto sopor, Víctor
Puerto anuló el triste protagonismo del toro, y fue él, sólo él, el
que cambió una tarde otra vez abocada al fracaso. Puerto, seguro de sí
mismo, muy dispuesto y con perfecta técnica fue capaz de conseguir el
deseado toreo en la última corrida de
la temporada en la Maestranza. Sin prisas supo aliviar carencias,
guiar las cortas embestidas, alargar los viajes, anular cabeceos y...
templar. Adelantó la tela, bajó la mano y ligó muletazos con la diestra
despaciosos y rítmicos al noblote tercero. Los redondos fueron
interminables y los de pechos perfectos. Muy quieto, con las zapatillas
ancladas, remató una faena que firmaría con una buena estocada.
Con el sexto, huidizo y después parado, se quedó impávido en un
palmo de terreno. Quieto y entre los pitones le sacó pases inverosímiles.
Se la jugó con verdad y aunque la espada calló baja para él el triunfo
de una feria con demasiadas y preocupantes sombras.
Diario de Sevilla.
LUIS NIETO. Puerto de primera categoría
Terminaba ayer la vuelta a España con la victoria de
Ángel Casero y, en una de las últimas escaladas fuertes que restaban en
la temporada taurina, San Miguel, Víctor Puerto ha puntuado con
suficiencia. Vimos a un Puerto de primera categoría, que se impuso en el
festejo con autoridad, gracias a su entrega, valor y disposición.
Puerto tuvo el lote menos malo, ya que le cayó en suerte como primero
el único toro que tragó por uno de los pitones, el derecho. Ante su
primero, el tercero del encierro, un colorao de buenas hechuras y
cornidelantero, se estiró en tres preciosas verónicas rematadas con dos
medias. El manso toro recibió dos puyazos al relance y, al salir del
segundo, a punto estuvo de coger a Osuna. Puerto, con la franela, estuvo
torero en un comienzo mandón y de aguante. Ahí ya se impuso con claridad
al astado. Luego, en las rayas, cuajó dos tandas notables con la diestra,
bajando mucho la mano. Con la izquierda, con el bicho reticente, no pudo
sacar nada. Intercaló circulares de espaldas. Y acabó en un arrimón. Y
rubricó su pétrea y sólida faena con una estocada hasta la bola para
ganar una merecidísima oreja, pues sólo la estocada era para ese premio.
Con el sexto, un toro al que le faltaban cinco kilos para los
seiscientos, tuvo el mérito de levantar nuevamente la corrida, de llegar
con capacidad y oxígeno a la meta. Y no porque el toro fuera un bombón,
ni mucho menos. El astado huyó en varas, cortó en banderillas y miró lo
suyo en la faena de muleta. Puerto tragó tela. De nuevo, libró una
especie de lucha pugilística, en la que expuso sin miramientos ante el
mirón animal, metiéndose en los mismos pitones e invadiendo el terreno
del astado, en una especie de cuerpo a cuerpo, que cortaba la respiración
en el tendido. Estas, fueron, por lógica, tandas cortísimas, muy
vibrantes, de las que saltaron chispas, con parte del público puesto en
pie. El torero se tiró de verdad, con fe, y aunque cayó baja la espada,
le pidieron mayoritariamente la segunda oreja, pasaporte que la
presidencia concedió para salir a hombros.
El resto tuvo poca historia, lotes imposibles para Finito y Caballero,
que no pedalearon con fe.
Finito aguantó el chaparrón en los lances de recibo por parte de su
primero, de embestida descompuesta. Un toro que desparramaba la vista y
atacó con genio al picador. El de Córdoba, en los medios, sufrió un
hachazo escalofriante en el primer cite de muleta. El regalito se hizo
fuerte en tablas y el diestro lo despachó sin más.
Con el cuarto la cosa fue peor y más breve. Finito, desdibujado con el
capote, se limitó a un trasteo insulso al aplomadísimo cornúpeta. Dañado
en varas, el descastado animal se echó por su cuenta y un banderillero lo
apuntilló al segundo golpe.
Caballero no pudo estirarse en los lances de recibo ante el segundo y
se limitó a fijarle. Tras picar al manso, con tendencia a chiqueros,
Puerto, omnipresente toda la tarde, tragó en un meritorio quite por
ajustadas navarras. Caballero, en las afueras, intentó una faena que quedó
frustrada por las malas intenciones del astado: mirón, escarbador, tardo
y a la defensiva.
El quinto hizo emplearse lo suyo a los dos picadores -el de turno y el
de puerta-. Huía como alma que lleva al diablo. Esperó en banderillas y
buscó el abrigo de tablas. Caballero salió con la espada de verdad y,
sin prueba alguna, lo tumbó de una estocada.
La tarde fue para un Puerto de primera categoría, que alcanzó la meta
de San Miguel con fuerza, valor y sitio.
El País.
ANTONIO LORCA.
Puerto, la excepción
Con la honrosa excepción de Víctor Puerto, visto lo de ayer da la
impresión de que en esta historia están los papeles perdidos. De lo
contrario, no se comprende tanta inutilidad e incompetencia.
Puerto fue el único que estuvo en su sitio, que se comportó como un
torero con mayúsculas, el único que se sobrepuso a las dificultades y,
como es lógico, triunfó. Su primero fue noble, el único que humilló, y
lo aprovechó con una entrega total. Su toreo, vistoso siempre, a veces
hondo y otras superficial, llegó con facilidad a los tendidos. No hubo
faena maciza, pero sí voluntad, decisión y dos largos naturales. La gran
estocada final corroboró su buena disposición. Tampoco perdió los
papeles en el sexto, en el que ofreció todo un recital de valor frío e
inteligente. El toro no embestía y el torero se metió entre los pitones,
aguantó lo indecible y se pasó muy cerca al animal en un palmo de
terreno. No hubo toreo al uso, pero sí la emoción de un torero
dominador.
Papeles perdidos
A pesar de todo, tienen los papeles perdidos los que crían los toros,
que han conseguido degenerarlos hasta extremos vergonzosos. La ganadería
de ayer, por ejemplo, procede de Raso Portillo, considerada la más
antigua y cuyas reses tenían el privilegio de abrir las corridas reales.
Ha cambiado varias veces de dueño y cada cual ha eliminado todo lo
anterior. El actual propietario la formó con reses de El Torero. Lo lógico
es que, después de lo de ayer, también elimine lo que tiene e invierta
en otro negocio. Sus toros ruborizaron al más pintado: mansos, blandos y
descastados hasta la desesperación. Tiene los papeles perdidos la empresa
de Sevilla y a pesar de tanto fracaso, insiste en el error ganadero año
tras año.
El público es cada vez más tolerante y bullidor, aguanta resignado el
fraude continuo y aplaude con fervor cualquier detalle para la galería.
Por cierto, la música de La Maestranza no tiene ya ni papeles. Cuando el
director atisba que un señor de luces medio se coloca en postura
aflamencada se arranca con brío para animar a la concurrencia.
Y los toreros... Los toreros han perdido el más mínimo sentido de la
lidia. Sálvese quien pueda se dirán unos a otros y todos corren
despavoridos ante el manso sin fijeza. La lidia del quinto, que huía de
un punto a otro de la plaza en el tercio de picadores, fue un espectáculo
verbenero impropio de esta plaza.
Después todos están tan tristes que parece que acuden a un funeral.
Tal es el caso de Finito y Caballero, dos figuras modernas que no tuvieron
suerte con sus toros y anduvieron por allí como almas en pena, sin norte,
sin entrega, con resignación y sin recursos.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA.
Justicia
para Víctor Puerto
Sevilla se apaga en los albores del otoño entre atardeceres tenues,
bajo un sol lejano que asoma su rostro tras las nubes. La temporada se va.
Luces y sombras, sombras y más sombras que luces. Víctor Puerto 2001,
como si no existiese para la gran masa feriante que abarrota las plazas.
Ayer, se reivindicó en la Maestranza, tras un año herrado por la
regularidad, después de un 2000 de resurrección. Mas con altibajos
perdonables. Porque a Puerto no le pasan que se le vaya un pie -no hay
«casa» fuerte detrás-, y eso debe de generar una tensión difícil de
mantener tarde a tarde.
Puerto sabe torear. Suena liviano, pero no lo es. Arrancó con fuerza
arrolladora en Fallas con una gran corrida de Torrestrella, que ha sido el
hierro que ha marcado su año. Y después ha sabido mantenerse, aunque en
ocasiones aquí le hemos señalado una carencia subsanable de ritmo en sus
faenas, derivada de absurdos espacios muertos, paréntesis y lagunas
innecesarios.
En conjunto, el personal no parece justo con Víctor Puerto, a quien
ningunean en los balances finales, quizá por falta de cierto carisma.
Pero es mejor torero de lo que parece o de lo que transmite. Con el
capote, por ejemplo, pocos hay. Y lo demostró en el saludo al tercero,
firme como en toda su actuación.
Los compases iniciales elevaron un pase del desprecio de categoría.
Por cierto, que el toro manseó como sus cinco hermanos, aunque se dejó
hacer más. Ligó el diestro, manchego/sevillano, nacido en tierra de
nadie, derechazos auténticos con un soberano obligado de pecho. Y así
construyó faena sobre la mano derecha, hasta desembocar en circulares
invertidos y eso. Cabe como falta reprocharle la tardanza en coger la
zurda y la ligereza de su uso. Mató por derecho y cortó la primera oreja
de su actuación.
Manseó todo y más el sexto. Víctor Puerto realizó una labor seria,
en las distancias cortas, muy valiente, en el área chica de los pitones.
La interrupción de un desarme no rompió el hilo de una obra que creció
más hasta el final, puesto el hilván por bandera. Mereció la recompensa
del segundo trofeo, con la duda de la estocada caída de por medio. Buen
empujón en Sevilla de cara a la próxima temporada. Merecido y justo.
Porque no debe pasar desapercibido que Puerto hizo el paseíllo con los
puntos puestos sobre la fresca cornada de Logroño. Que no pase sin
mención ni aplauso.
El resto de tarde transcurrió gris, marcada por la masedumbre de los
armados pupilos de Gavira. No gustó a los muy pocos aficionados de la
Maestranza que los caballos giraran por el ruedo en sentido de las agujas
de un reloj, como en el quinto, contrariamente a lo establecido en el
Reglamento y en la costumbre, a veces más importante que la ley. Pero
calla la gente, por pasotismo o ignorancia. Aquí y en Madrid. Lástima.
Finito de Córdoba y Manuel Caballero resolvieron con brevedad en sus
descastados lotes, sin despeinarse ni derrochar ambición.
La opinión de la terna: Finito de Córdoba, Manuel
Caballero , Víctor Puerto.
Por Emilio
Trigo.
Finito
de Córdoba. “La corrida ha sido nula”
¿Cómo has visto la corrida?
La corrida ha sido pésima y para mi concepto como torero ha sido nula.
La tónica ha sido la mensedumbre.
Sí, mansos y complicados. Ha habido toros difíciles, el mio segundo
estaba muy bien pero se ha parado, creo que estaba enfermo el toro. El mio
primero, el segundo de Manuel y el lote de Víctor no ha sido fácil. El
tercero si ha sido bueno pero el sexto no ha sido nada fácil, bastante
complicado diría yo.
Habrá que esperar al año que viene.
A ver si embisten el año que viene si Dios quiere porque lo que ha
sido hoy, para nada.
Manuel
Caballero. “Venía en un buen momento pero
las cosas no han salido”
¿Cómo has visto a tus toros?
Ha sido imposible, imposible, no ha valido para nada. El primero se ha
quedado parado y el segundo de los peores de esta temporada, se venía
cruzado, al pecho, muy manso... así no puede ser, desde luego.
Muchas ilusiones pero no ha podido ser.
Sí, uno viene con toda las esperanzas, ilusiones y responsabilidad
pero con una corrida así, tan mansa, se rompen todas. Venía en un buen
momento y quería acabar la temporada con un triunfo en Sevilla, pero las
cosas no han salido.
Habrá que esperar a la Feria del año que viene.
Si Dios quiere, vamos a ver si salen bien las cosas en Abril.
Víctor
Puerto.
“He forzado la máquina pero
todo ha salido bien”
Ha sido una tarde redonda.
Ha sido una de esas tardes más maravillosas que he tenido en Sevilla,
de esas que uno recuerda por muchas cosas. Lo fundamental es que el
sábado pasado había un toro que me había quitado de disfrutar de dos
fechas importantes, especialmente y personalmente como eran Pozoblanco y
Sevilla, y ahora afortunadamente la recuperación ha sido óptima. He
forzado la máquina pero todo ha salido bien.
Se te ha visto cojear al dar la vuelta al ruedo, ¿te has resentido
de la cornada?
Uno se resiente sobre todo después de la faena tan dura que he tenido
que realizar, es lógico. La verdad es que también he procurado que no se
me notara mucho el dolor que tenía en la pierna, mientras estaba en el
ruedo.
Tienes un matrimonio con Sevilla que parece que no se rompe.
Por supuesto, es un matrimonio que espero que no se romperá nunca. Es
la forma más bonita de refrendar una buena temporada repitiendo un
triunfo importante al igual que el conseguí el año pasado en esta plaza.
|
|
|
 |
|

|
|

|
Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
|
|
|