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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del martes, 1 de mayo del 2001
El Comentario

PortalTaurinoMANUEL VIERAFrío, demasiado frío

Aún con la resaca de la tarde de los 'josé y tomás', expectante y espectacular, incómoda e interminable, emocionante y exitosa, y hasta con un halo de decepción en el epílogo de la corrida. Hoy, con menos bulla, y mucho menos acento castellano, la plaza pareció volver a la normalidad de una tarde de Feria. Pero hay gente, las de por aquí abajo, que tienen sentimiento morantista, como podría tener el de sevillista o bético, y... esperan. Así que finalizó un acontecimiento, y ya hay otro en escena para ocupar la atención de quien llena los tendidos. Porque ver a Morante en la Maestranza es el deseo unánime de Sevilla. Verlo hacer su toreo sin extraños merodeos, sin demasiados zig-zag que sólo sirven para crear demasiada frustración y disolver en mínimas percepciones su auténtica tauromaquia. Sean cuales sean las causas, Morante no está bien. Su predisposición engaña, se diluyen sus ganas ante la impotencia de ver cómo se le va una Feria, que no una temporada, sin el triunfo que él, y Sevilla, deseaba. Vean si no, porque hay algo inquietante en el comportamiento del torero, cuya ambición puede ser
desmesurada, pero la pista se puede rastrear desde su primer muletazo.
Su enorme esfuerzo final por intentar resolver o imposible no bastó, y sólo queda seguir esperando. Y así pasó la tarde, fría en la climatología y helada en el ruedo, porque cuando se tienen demasiadas precauciones se torea con la muleta retrasada, faltan recursos y sólo se arriesga con raza de torero en el saludo vibrante de una portagayola, el triunfo se difumina y todo se olvida con puntual unanimidad. No ha sido la Feria de Rivera Ordóñez, ni mucho menos. Y espero ver torear a Jesulín. Frío, demasiado frío, en el ruedo y los tendidos. 


PortalTaurino. Juan Moreno.   Día del trabajo, va por ustedes

Va por los empleados de la plaza de toros de Sevilla, por todos los que sufrieron ayer y hoy ese baile de corrales. Va por usted, ese único periodista que día a día presencia los reconocimientos. Ayer,
probablemente, haya sido yo el único que ha devuelto su entrada. De mí se cachondean -probablemente muchas veces- cuando no me doy cuenta. No es nada serio que en una plaza como la de Sevilla se tenga que, no ya completar, sino componer una corrida a base de dos ganaderías. ¿Qué he conseguido? Pues nada, lo mismo que escribiendo en este medio de comunicación. Devolviendo la entrada, ser consecuente; y escribiendo aquí -muchas gracias- utilizar toda la libertad que me conceden. Salvo el periodista que ha presenciado los reconocimientos, los demás no tienen derecho ni a buscar responsables. Esta mañana, una persona que echó los dientes en torero abogaba por la autodeterminación a la francesa, y yo le doy la razón porque me da la impresión de que los intereses de los aficionados, del público, de los clientes, como no los defiendan ellos, los demás lo harán, como mucho y con buena voluntad, a medias. Con los clientes se queda hasta la autoridad. Discúlpeme, empiezo a narrarles la corrida que no vi y quizá usted sí. Cuando comenzó la corrida estaba en la puerta por la que el doctor Leal Castaño y después el doctor Vila padre colaba a dos o tres ancianos e incluso a algún niño aficionado. Estaba en la calle. En el primero de la tarde, Jesulín, probablemente, no pudiera sacar partido de su oponente. En el segundo, según la cadencia de aplausos y olés, debió estar entonado. Rivera, en su primero, casi seguro que se fue a chiqueros a juzgar por cómo aplaudió el público; no había olés pro sí aplausos de verdad. En el quinto, algún torero debió parear bien, pues hubo fuerte ovación. Y el matador debió andar con ganas de agradar. Morante, en su primer toro, seguramente dio algún muletazo con clase, probablemente por la derecha, porque, salvo que el toro tuviese un pitón izquierdo muy claro, lo
normal es que empezara por la derecha. En el sexto, Morante pienso que toreó bie con el capote. En banderillas, no ya imagino, sino que afirmo que ni fú ni fá. Con la muleta escuché olés y murmullos. La faena no debió ser la por todos soñada, e incluso debió pasarse de faena porque oyó un aviso. Hoy, cuando usted me lee, probablemente vaya camino de devolver mi entrada -¡la pago yo!- por los mismos motivos de ayer. ¡Por rebeldía! No obstante, le digo que volveré, que se me quitará el mosqueo y, como esto es una fiesta, según dicen los taurinos,... ¡Que aprendan todos los que deben velar por los intereses de alguien! En la última
corrida que mató José Tomás en esta Feria, hasta el noveno sobrero ¿lo había? era de Juan Pedro Domecq. Autoridades competentes: ¡autodeterminación! Esto, si como plantean alguno, es meramente una fiesta, el próximo día me compro un clavel.

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