|
|
|
Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del sábado, 6 abril de 2002
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Herederos
Celestino Cuadri, muy bien presentados, serios y
con cuajo, de juego desigual. Bravo y encastado el tercero; violento el
cuarto y con escaso fuelle los demás.
Diestros:
- Luis de
Pauloba, dos pinchazos y estocada
(silencio); pinchazo y media
(silencio).
- Alfonso Romero, estocada
perdiendo la muleta y tres descabellos (silencio); pinchazo y casi
entera desprendida -aviso- (silencio).
-
Jesús Millán, dos
pinchazos y un bajonazo (división de opiniones); estocada (ovación).
Entrada: dos tercios de entrada.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, ABC, Diario de Sevilla,
El Mundo, ElDíadeAndalucía.com
PortalTaurino. Manuel
Viera.
Decepción sin paliativos
Es obvio que el placer de acudir a una plaza de toros está relacionado
con una buena climatología, es decir sol, mucho sol y ausencia de frío y
agua. Y abajo, en el ruedo, mejor aun que la temperatura sea
elevada, señal inequívoca de que lo que allí sucede llega al público
en máxima ebullición. En realidad, todo es tolerable arriba, en la
grada, cuando abajo el toreo hierve. Otra cosa es cuando en ambos sitios
hay penurias y carencias, y esto último es lo que nos trajo esta primera
corrida de toros del ciclo continuado de feria de Sevilla. Frío invernal
y nulo toreo. Hasta ese principio placentero que se siente en el inicio de
una tarde de toros, se esfumaba conforme transcurría la lidia. Una lidia
nada coherente en las diferentes suertes. Sé picó mal y se lidió peor,
salvo la excepción de unos buenos pares de banderillas de poder a poder,
aunque su colocación no fuese demasiado ortodoxa. De hecho,
premiarlos con las notas musicales del pasodoble torero fue algo
exagerado.
Y a lo que voy. Los esperados toros de los herederos de Cuadri
han decepcionados sin paliativos. Su buena presencia, su seriedad, y
hechuras no casaba con su comportamiento. Hasta aburría su aplomo,
la reserbona espera, su nula bravura. Sólo el corrido en tercer lugar
despertó los ánimos. Su galopar, su prontitud en el caballo, su tranco
de bravo, fue aprovechado, a medias, por Jesús Millán. La emoción que
transmitía, el toro, a los tendidos sólo fue conjunta con la del torero
cuando este encadenó una serie bien trazada con la diestra. Después
se quedó el toro y se quedó el torero. El bajonazo con la espada hizo
que las opiniones se dividieran mientras se ovacionaba al pupilo de Cuadri
en el arrastre. Con el sexto, otro toro pronto en banderillas y con
aceptable son en los inicios de muleta, no logró el diestro de Zaragoza
el deseado acople pese a las ganas por agradar que demostró toda la
tarde. La estocada, que tiró a toro sin puntilla, fue quizás lo mejor.
Y no hubo más. Sólo unas verónicas muy asentadas, lentas y
majestuosas de Luís de Pauloba al primero cabe destacar de la labor del
diestro de Aznalcollar. Después todo quedaría en un querer y no poder
del torero. Parado y reservón, hizo que Pauloba se desconfiara en los
intentos de toreo al natural, el pitón menos malo del toro de Cuadri. Con
el cuarto nada pudo hacer que matarlo con prontitud. La fiera, se le coló
de mala manera en los primeros lances con la capa. Después sembraría el
desconcierto, y el miedo, en banderillas por su condición, parece ser, de
estar reparado de la vista. Pauloba con muchas precauciones lo mató como
pudo.
Es cierto que se esperaba con ganas a Alfonso Romero, su buena
temporada anterior creó expectación en su tarde sevillana. Pero su toreo
quedó inédito. Porfió sin demasiada convicción con el parado segundo,
y lo intentó con voluntad al natural con el soso quinto sin
conseguir nada para recordar.
El Mundo. Javier
Villán. El corazón de las sombras
Descargaron las nubes su carga de adrenalina, sus malos humores y el
aguacero se quedó en resabios de frío. Salió el sol y el ruedo de La
Maestranza era como una moneda de oro; una moneda antigua, irregular y
desgastada por el uso. Se aplaudió la salida del primer cuadri; y un olé,
desde el corazón de las tinieblas, estalló con la primera verónica de
Pauloba. Hace años que Luis de Pauloba vive en el corazón de las
tinieblas, un toro le rompió la luz. Mas, a veces, ésta se recompone y
se reconstruye en un lance a la verónica. Ayer fueron tres. Tres
capotazos de saludo, abierto el compás, bajas las manos, firmes las
zapatillas en la arena. Fue el máximo esplendor de la tarde.
El tercero de Cuadri creó un ambiente de ocasión grande: en varas,
banderillas, en la apertura de la faena de muleta que, al final, se quedó
en muy poco. Jesús Millán: de la luz a las tinieblas, de la pasión a la
frialdad. Hilvanó decorosamente Millán dos tandas de derechazos y,
cuando la plaza le sonreía y la banda le homenajeaba, se fue a cambiar la
muleta. Calló la música y, a partir de ahí, Millán no dio una a
derechas. Ni a izquierdas.Trató de arreglar las cosas con las
inevitables, aunque siempre prescindibles, manoletinas. Y aquello ya no
tenía arreglo. Y, para colmo, el infame bajonazo a la última.
La tarde retornaba a sus orígenes sombríos, al corazón tenebroso del
peligro sin grandeza, del desorden sin futuro. El cuarto cuadri topaba a
ciegas, se le vencía a Pauloba con la irracionalidad furibunda de las
fuerzas incontroladas. El peonaje, sobre todo Rafael Guerrero, trabajaba a
fondo. El manso, acaso burriciego, hizo hilo en banderillas con Miguel
Arcos que se estampó contra la barrera y se libró de la cornada por azar
o milagro.
Tarde de pasiones, gloria y malos tragos para la peonada. A Gregorio
Cruz Vélez también le había perseguido el segundo, vengativo y
enfurecido, hasta el burladero, sin hacer caso de trampas ni capotes. Cruz
Vélez se salvó por los pelos. En cambio a Francisco Rodríguez le
tocaron la música tras el segundo par y, en unión de Jesús Arruga, fue
obligado a desmonterarse. Malos tragos también para Luis de Pauloba casi
toda la tarde entre la espada y la pared, entre las buidas astas y las
tablas en muchas ocasiones.Doblaba el violento cuarto a las ocho de la
tarde y el alma de Pauloba andaba entre tinieblas, incertidumbres y
sobresaltos.
Se presentó Alfonso Romero en La Maestranza. Se presentó pero no
estuvo presente ni con el incierto segundo ni con el complicado quinto.
Chispazos, cuando bajó la mano, de ese toreo de olor, sabor y color que
lleva dentro y demuestra muchas veces. En general, Alfonso Romero no halló
ni el sitio, ni el toque, ni el tiempo.
A Jesús Millán la cuadrilla le preparó siempre esos momentos en los
que el triunfo se presagia como inevitable. El tercero, Jesús Arruga,
volvió a desmonterarse y con la plaza a su favor, Jesús Millán se echó
de rodillas. Aguerrido y penitente el maño, no sé si con ánimo de hacer
penitencia por el anterior toro perdido o para calentar el ambiente, gélido
a esas alturas de la tarde.Gélido el toro y distraído. Y Jesús Millán
pisando terrenos procelosos y abruptos. Entregado el joven torero.
Entregado, enrabietado y tratando de arrebatarle al toro cuadri los
muletazos que no había conseguido sacarle al otro. Medios muletazos para
una media arrancada; casta torera de quien quiere ser algo en esto del
toro. Para esas ambiciones conviene que no se le vuelva a marchar un toro
encastado como su primero. Ya se sabe: toro encastado, toro agraviado.
Como siempre, o casi siempre, que salta al ruedo el toro de lidia con
todos sus atributos. En un arranque de raza y amor propio, Jesús Millán
se tiró a matar y fulminó al animal de un estoconazo. Del corazón de
las tinieblas, Millán resucitó a la luz. Pero los dioses, tenebrosos o
iluminados, son implacables y crueles. Ojalá a Jesús Millán no le pasen
factura por ese toro de Cuadri agraviado que no debió irse al desolladero
con las orejas puestas.
Diario de Sevilla. Luis
Nieto.
Nadador salva a la corrida de Cuadri del naufragio
Todo apuntaba a que sería casi imposible que se
celebrase el espectáculo por el mal tiempo, los reventas, por la mañana,
cuando caían chuzos de punta, se arrojaban como depredadores a
potenciales clientes, pero se obró el milagro y el sol se asomó tímidamente
para alumbrar el cromatismo del paseíllo que hicieron Luis de Pauloba,
por el lesionado Fernández Meca, y los debutantes Alfonso Romero y Jesús
Millán.
El aforo, sin apreturas, en torno a media plaza, y el ruedo, gracias al
nuevo drenaje de este año, casi en aceptable estado de revista, pese a la
abundante agua caída.
Sin viento y con mayor determinación de la terna quizás la corrida
hubiera lucido de otra manera. Pura hipótesis. En cualquier caso,
Nadador, el tercero de la tarde, salvó del naufragio al festejo y a la
propia ganadería por su gran juego.
Ese Nadador, encastado, levantó la tarde. Fue un toro que cumplió en
el capote. Acudió presto y de lejos en varas. En banderillas llegó con
alegría. Se entregó en el último tramo de la lidia y tuvo franqueza por
el pitón derecho. Toro con mucho brío y transmisión que fue ovacionado
en el arrastre. Jesús Millán, que lo recibió con decisión a la verónica,
no llegó a domeñarle en su plenitud. Apertura torera y faena a menos,
con una buena tanda con la diestra y una segunda más asentada. Pero por
el izquierdo, tras un desarme inicial, se vino el andamiaje de la faena
abajo. El toro, siempre exigió más.
Más decidido estuvo en el sexto el torero maño con un toro que se
quedaba corto y salía con la cara alta de las suertes. Comienzo de
rodillas, arrojo y una gran estocada. Precisamente, lo más brillante del
festejo llegó de la mano de los peones de Millán en ambos toros.
Francisco Javier Rodríguez, Jesús Arruga y Carlos Casanova pusieron al público
en pie en ambos toros por su autenticidad en la suerte de banderillas, en
la que prevalecieron las agallas de los toreros.
Pauloba, que se estiró bien en un par de bellas verónicas y una media
ante el que abría plaza, al que picaron mal, sufrió un serio achuchón
al vencerse el toro por el pitón derecho. No sacó más el sevillano del
parado animal.
Con el cuarto llegó la guerra. Un toro listo y muy peligroso, al que
no pudo sacar un pase de lucimiento, un animal que cortó siempre y puso
en apuros al matador y al banderillero Miguel Arcos, al que estuvo a punto
de cornear en un par de ocasiones. El presidente cambió el tercio con sólo
dos banderillas, incumpliendo el reglamento, a cambio de la integridad de
los toreros. Los de luces daban a entender que tenía problemas de visión
este toro que, en cualquier caso, fue un marrajo.
Por su parte, el murciano Alfonso Romero se peleó con el segundo, de
mal estilo, que peleó a cabezazos en varas y perdió en un par de
ocasiones las manos. Imposible el lucimiento. Y susto, gran susto cuando
el toro, en banderillas, estuvo a punto de coger a Cruz Vélez, al que
salvó su compañero Mellinas de una cornada cantada. Romero cumplió en
los lances de recibo y tardó en descubrir las embestidas a medio gas del
astado de Cuadri.
El público salió aterido de frío, tras dos horas y media de un
espectáculo que no llegó a naufragar del todo por Nadador, un gran toro
de Cuadri, ganadería que retornó sin éxito a la Feria de Abril después
de tres décadas de ausencia.
El País. Antonio
Lorca. Salió el toro serio
Salió el toro serio y se puso firme hasta el de los refrescos. Hacía
treinta y seis años que no venía a la feria la ganadería de Cuadri y su
paso por la actual ha quedado ya en el recuerdo. Sobre todo, en el
recuerdo de los tres toreros y sus cuadrillas, que no olvidarán el mal
rato pasado. También en el recuerdo de los buenos aficionados, porque
tuvieron la oportunidad de deleitarse con las más bellas estampas de la
seriedad y el trapío, sentir la emoción del toro bravo, y sufrir con el
peligro extremo de un animal violento.
Pero esto es lo que tienen los toros Los toros auténticos, se
entiende. Unos salen bravos y encastados; otros, mansos; otros, broncos;
pero todos te obligan a permanecer atento porque lo que sucede en el ruedo
encierra el máximo interés. ¿Queda claro por qué las figuras no
quieren ni oír hablar de toros? Para estas corridas hacen falta toreros
con valor y casta, con recursos, con sangre en las venas, auténticos héroes.
La corrida de Cuadri no fue buena en conjunto. En general, adoleció de
casta y recorrido en la embestida, pero no permitió el aburrimiento. Hubo
un toro bravo y encastado, el tercero, que le tocó a Millán y lo
aprovechó a medias en la muleta tras veroniquearlo sin reposo. Hizo una
buena pelea en el caballo, y propició un vibrante tercio de banderillas
de la mano de dos buenos toreros: Francisco Jesús Rodríguez y Jesús
Arruga. El animal llegó con ganas de pelea a la muleta, con fijeza y la
cabeza humillada, pero el torero, que no es un exquisito, lo toreó con
rapidez, sin profundidad ni temple. El toro acudió con brío en tres
tandas de derechazos, y se vino abajo cuanto el torero cogió la muleta
con la zurda. A esas alturas, la plaza todavía esperaba el milagro que no
se produjo. Adiós toro bravo y adiós oportunidad. A Millán, que estaba
de suerte, le tocó otro, el sexto, que también ayudó a los
banderilleros Carlos Casanova y otra vez Arruga a saludar tras otro
emocionante tercio. El torero comenzó garboso de rodillas y, cuando se
puso de pie, retrasó la muleta y abusó del pico. El toro se dio cuenta y
le dijo que ahí te quedas, se aburrió y se acabó la función.
La salida del primero fue todo un espectáculo. Es lo que suele ocurrir
cuando no se está acostumbrado a ver toros. De preciosa lámina, oteó el
horizonte y se mostró desafiante. La plaza, como es lógico, rompió en
una fuerte ovación. Pauloba lo recibió con tres vibrantes verónicas
que, a la postre, serían lo único destacable de su actuación. El toro
se volvió tardo, miraba en demasía y el torero no se confió. Prefirió
Pauloba no dar el paso adelante y quedar como un torero triste y
desangelado. Y el cuarto se las hizo pasar canutas. Fue un toro violento,
bronco, experto en regates, que provocó el pánico en el ruedo. Ponía
los pitones en las nubes en cada capotazo y persiguió con saña a los
banderilleros. Pauloba se lo quitó de encima con rapidez y todavía no se
habrá repuesto del susto.
Y Alfonso Romero estuvo a punto de pasar absolutamente desapercibido si
no se envalentona con el quinto, se coloca en el sitio adecuado y arranca
meritorios derechazos y naturales sin continuidad. Con el segundo sólo
pudo estar voluntarioso porque fue el más blando, pegajoso y parado de la
tarde.
Hizo mucho frío después de un día lluvioso. Pero quedará el
recuerdo del toro serio, de juego irregular, sí, porque nadie dijo que
Cuadri guarde la esencia de la bravura.
ABC. Zabala de la
Serna. Un solo toro no redime el
pobre regreso de Cuadri a Sevilla
Ladran los perros, señal de que cabalgamos. Pero
los aullidos histéricos del crítico irracional del diario teóricamente
razonable chirrían en los tímpanos como zarpas de acero en una pizarra.
Posada, Posadita, Pesadate, torero fracasado y periodista amargado,
pataleaba ayer porque ABC había adelantado los carteles de San Isidro.
Cuando te madrugan una noticia duele, supongo. De ahí a la reacción
torticera de querer denunciar un falso favoritismo de la empresa de Madrid
para con nuestro periódico va un mundo y una vil calumnia. Porque aquí,
en la primicia que escuece a Pesadete -queda bautizado- y a su trepadora
pupila o lo que sea, la única arma inconfesable que existe es trabajo y
trabajo, mucho trabajo, e infinidad de llamadas a apoderados, toreros y
taurinos para hilvanar las combinaciones isidriles. Si en lugar de perder
el tiempo removiendo este o aquel jurado para que le premien malos
escritos se dedicase a hacer periodismo, o al menos a aprender a juntar
letras decentemente, igual su diario daba algún día una noticia taurina.
Mientras, Pesadete, sigue desperdiciando papel y destilando bilis, que lo
tuyo sí que no tiene nombre.
Pero hablemos de toros. O mejor dicho, de un toro. Porque el esperado
regreso de los cuadris a Sevilla no se redime ni por «Nadador», tercero
en la lidia, el único que rememoró pasadas glorias de la ganadería
onubense. Treinta y tantos años habían transcurrido desde que Cuadri no
se anunciaba en Sevilla hasta ayer. Imagino que por ello se esmeró en la
presentación, irreprochable. Toros hondos, lustrosos, serios en conjunto,
badanudos, intactos de cuerna. Que no se movieran apenas fue otro cantar,
¿achacable a los muchos kilos? Los cuadris tienen sobrada caja para
soportarlos, y además ahí estuvo el primero de Millán, el mencionado «Nadador».
La verdad es que Jesús Millán se mostró dispuesto durante toda la fría
tarde, desde el firme saludo a la verónica. En las lidias de sus toros se
vivieron los mejores momentos, con la excepción de las verónicas de
Pauloba. La cuadrilla entusiasmó. Rodríguez y Arruga provocaron la música
con los palos, aunque al cronista quien de veras le gustó fue Carlos
Casanova con el capote, breve y preciso, sin un capotazo de más ni de
menos. Sus compañeros se desmonteraron, y este Arruga que no se encoge
repitió en el sexto, dejándose ver mucho; Casanova no encontró toro en
la última reunión y, por tanto, no remató un buen par anterior.
Poder y mando
El cuadri se arrancaba con testiculina, y así continuó en la
muleta. Millán se dobló con él y dibujó un pase de la firma perfecto.
Sobre la derecha, tras una primera tanda ligero y precipitado, se centró.
Y bajó la mano con poder, que era lo que solicitaba el enemigo. Poder y
mando, que apretaba lo suyo. Prefirió seguir por derechazos y cuando cogió
la izquierda sacó poco y un desarme: se metía por dentro el cuadri. Esta
fase al natural, por donde insistió, desmoronó lo hecho, en colaboración
con el mal manejo de la espada. Se privó de un premio mayor. El sexto se
frenaba, con la cara arriba. Millán no se dio mucha coba y arreó un
contundente espadazo.
Pauloba se estiró en unos lances y se estrelló contra un mármol y
contra un cuarto que o no veía por el ojo izquierdo o tenía más guasa
que quien yo me sé. Sembró el terror y el caos.
Alfonso Romero despachó a todo un tren de casi 600 kilos que no se
desplazaba; ante el quinto obtuvo algunos estimables muletazos cerca de
las tablas. A este paso, lo secarán pronto.
eldiadeandalucia.com.
Francico
Mateos. Nuevo jarro de agua fría
La corrida de toros onubense de Cuadri fue un nuevo jarro de agua fría,
que para eso estamos de lluvia en este inicio del abono abrileño. Casi 30
años después de su última corrida, volvían a favor de un público que
estaba deseando ver lo más mínimo en los toros para engrandecerlo. Así,
se aplaudió en la primera mitad de la corrida cada cosa que hacían los
toros, aunque fuera malo, que era lo más. La gente estaba de parte, sin
duda, de los astados. Pero la realidad fue bien distinta.
Pauloba apuntó alto en los lances de salida, pero se le fue el gas al
torero de Aznalcóllar al poco tiempo. Torea poco el sevillano y no debe
dejar escapar estas oportunidades, aunque sea con ganado malo. Este
primero, en cambio, a pesar de ser reservón, no se vio por completo
porque el fino torero no terminó de confiarse. El cuarto sembró no el
miedo, sino el pánico, sin justificación para tanto, nada más que se le
coló al matador en los lances de recibo y lo echó contra las tablas.
Matador y cuadrilla perdieron un poco los papeles. Capotes volando, por el
albero, banderilleros lanzándose de cabeza al callejón, palos puestos
entre los pitones,... Pauloba no se confió, lo muleteó brevemente por la
cara y montó la espada. El toro era peligroso, reservón, pero tampoco
era un asesino declarado.
El primero de Alfonso Romero acusó pocas fuerzas en los primeros tercios,
blandeando de los cuartos traseros. Esperó mucho en banderillas y llegó
a la muleta reservón, defendiéndose y con escaso recorrido. Al quinto le
faltó transmisión y tranco; se justificó el murciano.
Jesús Millán no estuvo acertado en el tercero. Fue el único toro
posible. El astado era pronto, con recorrido, galope y transmitía mucho.
Los banderilleros, con tres pares buenos, le pusieron al maño la gente a
punto. Millán lo sacó para los medios, donde luciría más el toro, con
la muleta por delante, pero tras los dos primeros muletazos ya no se
colocaba bien y asfixiaba al animal, sin cogerle la distancia. Así, la
faena tuvo demasiados altibajos. Era toro de 20 muletazos vibrantes en los
medios, jugándosela, con la distancia adecuada, estocada y oreja al
canto; Millán obtuvo división al saludar. En el último, que se movió
pero sin decir nada, se justificó.
|
|
|
 |
|

|
|

|
Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
|
|
|