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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del miércoles, 10 de abril de 2002
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Mari Carmen Camacho y Gavira, algunos mansos, otros encastados (sobre todo el 3º, 4º y 5º), difíciles.

 

Diestros: 

Incidencias: se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento hoy del crítico taurino Joaquín Vidal.

Entrada: tres cuartos.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, ABC, Diario de Sevilla, El Mundo, ElDíadeAndalucía.com


PortalTaurinoManuel Viera. Miércoles 10 de abril de 2.002. Alegre, divertida y, a veces,  emocionante

A media mañana nos llegaba la noticia del fatal desenlace. Se fue uno de los críticos más polémicos y más leído de las últimas décadas. Joaquín Vidal nos dejaba en plena  feria de abril en la  Maestranza. Hombre elusivo de su intimidad y selectivo de sus relaciones escribía con el fundamento de su convicción, pero quizás su constante ironía no fuese otra cosa que una estudiada e inteligente provocación, de ahí su éxito. La Maestranza le homenajeó guardando un emocionante  minuto de silencio. Y aquí el recuerdo para el compañero.   
           En la plaza hay que estar en condiciones de disfrutar, predispuesto a pasarlo bien con los de abajo. Mantener un trato amistoso con lo que allí pasa, porque si no el tiempo se hace interminable. A diferencia de lo que ha sucedido otras tardes, la de hoy se aseguraba diferente, alegre, divertida  y emocionante solo por la puesta en escena de dos   matadores  en la suerte de banderillas. Y así ha sido. Si no es por la espectacular manera de clavar de Ferrera y El Fandi  estaríamos escribiendo ahora de la mediocridad de otra tarde de toros en Sevilla. La corrida de María del Carmen Camacho no ha sido buena, no tan mansa con el añadido primero de Gavira pero sí complicada, sin clase, apretando para los adentros, sin humillar. Todo un regalo para una terna que a su manera se ha justificado con más o menos acierto. Menos mal que lo que empieza como una fenomenal simpleza acaba seduciendo sin reservas, y fue esto último lo que consiguieron  Antonio Ferrera y David Fandila El Fandi con su estudiada puesta en escena con los garapullos.   

Ferrera tiene más coreografía y El Fandi demuestra más fuerza física, mas alardes de poder. Ambos han divertido y han emocionado con su buen hacer. Fueron pares de poder a poder, por los adentros, al quiebro, al violín, andando para atrás. Un verdadero espectáculo no sin verdad, que la hubo y mucha. Otra cosa es lo que pasó en el verdadero toreo, que casi no existió.    

Pepín Liria, ya se sabe, necesita un toro con movilidad, encastado, quizá con genio, para hacer su toreo fundamentado en una pelea sin cuartel, en un sobrenatural esfuerzo. Con el manso de Gavira le fue imposible ya que el toro se iba del engaño como alma en pena, y con el cuarto de Camacho, un toro que no le dejaba colocarse, que apretaba para las tablas por su escasa fuerza, se esforzó en un toreo vibrante que tuvo a veces la emoción del peligro y la cogida, que la sufrió aunque sin consecuencias.   

Es indudable que Ferrera vino a Sevilla a por todas. Queda dicho que gustó y divirtió con los palos. También se esforzó para gustar con capote y muleta aunque el lucimiento fuese escaso. Estuvo firme y dispuesto con el segundo, consiguiendo algunos muletazos buenos, sobre todos los naturales y los de pecho, pero con demasiada puesta en escena. Mediocre con la capa, lo intentó con el parado y complicado quinto, sobre todo en algún que otro natural de buen trazo pero con escasa emoción. Al final se le ovacionó con justicia.

Tal vez El Fandi necesitara de otro tipo de toro para ejecutar su particular tauromaquia basada en el valor. Faena con demasiados altibajos, con exceso de enganchones y desistiendo del toreo al natural al áspero tercero. Y con valor y muy dispuesto con el manso sexto, al que recibió con largas cambiadas de rodillas, para después volver a la misma posición en los inicios de faena. Lo mejor de toda su actuación un par andándole para atrás que levantó al público de los asientos.


El Mundo. Javier Villán. Un minuto de silencio y tristeza

De los famosos silencios de La Maestranza, ese minuto de ayer, fúnebre y recordatorio por Joaquín Vidal, es el que más me ha conmovido: un minuto de silencio y muchos años de gloria.Y de valentía; que, aunque ser escritor no entrañe tanto riesgo como ser torero, requiere también cierto valor. Escritor y periodista, se entiende, como Joaquín Vidal. Malos tiempos éstos en los que la independencia tiene que ser considerada como excepcional y valerosa.

Maldita Feria de Abril. Hace cuatro años murió Paco Apaolaza y ayer ha muerto otro amigo. Maldita Feria de Abril, aunque ni abril ni Sevilla, ni La Maestranza tengan la culpa. Siniestra Feria perfumada de azahares y de incienso, engalanada de pasodobles y amortajada de responsos.

Después de ese minuto de silencio, apenas hubo más; sólo los silencios impuros, silencios perdonavidas de la vulgaridad de una faena. Silencio para Pepín Liria, tras ocho golpes de descabello que parecieron ocho alfilerazos en la testuz del toro. Pepín Liria es un corazón de león atemperado por el inevitable paso de los años de alternativa y el bienestar. Hizo lo que pudo con el manso de Gavira: encerrarse en tablas y sacarle algunos muletazos con fórceps.

Coherencia absoluta de los organizadores del tinglado; el día anterior la corrida de Gavira había sido un muestrario de mansedumbre perversa, ayer, para recomponer el diezmado encierro de Maricarmen Camacho, más Gavira. Y, para sobrero, otro de idéntico hierro que no llegó a salir. ¡Toma del frasco!

Emoción en los quites de Ferrera y en el de El Fandi. Y emoción a raudales en banderillas. Le ofreció los palos Ferrera a El Fandi y éste clavó espectacularmente; y Ferrera le hizo un quite a cuerpo y luego improvisó una coreografía de quiebros ante el sorprendido animal.

Ferrera dio sensación de torero y, además, pulcro en todo momento.Incluso en un desarme. Ferrera puso todo en su sitio, menos la espada. Fuerte y levantado el tercero en el capote y las banderillas.Devolución de cortesías banderilleras. Y fuerte llegó el toro a la muleta. El Fandi no acertó ni a bajar el trapo ni a correr la mano ante un toro que llevaba la cabeza alta y sólo se doblegó ante un soberbio estoconazo a la segunda. No sé cómo serían los toros rechazados, pero la mitad de los que pasaron era una novillada, una corrida en escalera, de la que el cárdeno claro cuarto era el peldaño más bajo. Bonito, pero anovillado y sin remate, como los dos siguientes.

El Fandi hizo un quite salvador a Alfredo García, que salió apuradísimo de un par. Pepín Liria se pasó el tiempo corriendo y sin sitio.Y una vez que decidió pararse haciendo de tripas corazón, el avieso cárdeno se lo echó a los lomos, afortunadamente sin más consecuencias que el susto. Creyó Pepín que había tumbado a su enemigo de la estocada, esperó confiado y sonó un aviso.

Torerísimo y exquisito con el capote Antonio Ferrera en el quinto, y atlético y torero con las banderillas. Sólo en el ruedo, hallando toro en todos los terrenos sin ayuda de nadie. Así banderillea un matador. De haber mantenido el tono con la muleta, hubiera puesto La Maestranza boca abajo. El animal tenía las de Caín y la muleta de Ferrera ni supo ni pudo enmendar su malévola condición.Arriesgaba, sin razón, naturales a cambio de gañafones. Faena valiente y temeraria en exceso. Y estocada de efectos retardados con aviso.

Caía la noche, cerca ya de las 21.00 horas, y entre la espectacularidad banderillera del Fandi, los arreones del toro y los sobresaltos, un inmenso silencio se abatía sobre la algarabía de La Maestranza; era el minuto de silencio del inicio de la tarde, la muerte de Joaquín Vidal que se corporeizaba en las luces amortiguadas del crepúsculo.

Un silencio áspero, una forma de soledad, una voz callada para siempre. Va por usted, Joaquín Vidal, y que Dios reparta suerte a quienes continuamos en este valle y en esta Fiesta de lágrimas.


Luis Nieto, crítico taurino de Diario de SevillaDiario de Sevilla. Luis Nieto. Ferrera y Fandi saldan con nota su presentación

La corrida de Camacho quedó marcada por el estigma de la desaprobación desde el martes ya que, en el reconocimiento previo, de nueve toros, los veterinarios sólo aprobaron cuatro. Para completarla, ya se sabe… camiones a la finca ganadera gaditana para traer más toros. Pero ni por esas. Por primera vez, en lo que respecta a este ciclo abrileño, un encierro tuvo que ser remendado con otro astado de diferente ganadería; en este caso de Gavira. Pero no nos alarmemos, que las figuras están a la vuelta de la esquina; o sea, a partir de este mismo fin de semana y entonces… entonces, amigo, nos las colarán hasta en triples, estilo NBA. Si no, al tiempo. Hasta alguno de los de ayer, como el que cerró plaza, se tapó en su escaso trapío por la cara.

Debutaron en la Maestranza Antonio Ferrera y David Fandila El Fandi y, sin cortar orejas, dejaron unas credenciales en su presentación con nota alta. Con un pésimo encierro, lo lograron gracias al torbellino de entrega y acierto que consiguieron en el tercio de banderillas y con firmeza en el resto de la lidia. Ambos compartieron los palos en sus primeros toros. En sus segundos, banderillearon individualmente. Y pusieron la plaza en pie hasta en cuatro ocasiones en el segundo tercio. Los más aplaudidos, a cargo de Ferrera, fueron los dos pares en los que cuadró en la misma cara, con riesgo, y otros dos al quiebro. Por parte de El Fandi, un par de ellos a la moviola -corriendo hacia atrás- y uno al violín.

Liria no pudo lucirse con la capa en ninguno de su complicado lote. Al manso que abrió plaza le robó pases por ambos pitones junto a tablas, donde se refugió y aunque entró a matar con decisión, la estocada, entera, no hizo efecto por lo tendida. Precisó de ocho descabellos y recibió un aviso. Con el cuarto, que se revolvía con agilidad, el de Cehegín se peleó hasta que pagó el tributo de una voltereta electrizante sin mayores consecuencias.

Ferrera cumplió con la capa con el suelto tercero, que sufrió una tremenda voltereta, antes de que lo picara bien Dionisio Grilo. El toro se venció peligrosamente en la primera tanda, aseada, con la derecha. En la segunda, desarme. Por el pitón izquierdo tampoco rompió. Le sobró metraje a la faena, cumplidora. Con el peligroso quinto se creció. Verónicas de peso y un gracioso quite rematado con un delantal. Y con la muleta, soberbio. Quiso hacer las cosas bien, dando distancia, y el toro no tragó. A media distancia se la jugó en tornillazos, uno de ellos le alcanzó un codo. Y acabó entre los mismos pitones, jugándose el pellejo. No mató a la primera y esa faena firme, recia, acabó en una gran ovación.

El Fandi, atento siempre a la lidia, con dos quites al riesgo, también dejó huella por su decisión. Al segundo, con peligro, que le lanzó un hachazo tremendo de salida, le sacó pases aislados en una faena con el contrapunto de varios enganchones. Con el sexto, al que recibió con dos largas cambiadas de rodillas, pisó el acelerador. Con este astado, que se entableró y hasta aculó en tablas, comenzó una labor de rodillas que terminó con el torero desesperado ante la inmovilidad del cornúpeta.

Si las cosas no se tuercen, Ferrera y El Fandi son máximos candidatos para ese cartel de diestros-banderilleros que aseguran el éxito en este tipo de espectáculo. En la Maestranza saldaron con nota su presentación como matadores de toros.


Antonio Lorca, crítico taurino de El PaísEl País. Antonio Lorca. Va por ti, Joaquín

enías que haberlo visto, Joaquín. Las cuadrillas, formadas y desmonteradas en el ruedo; el público, en pie; la música, callada. La Maestranza guardó un largo minuto de silencio en memoria de un gran hombre y muy reconocido periodista taurino. Era el sentido homenaje de Sevilla a tu figura. Para que veas, Joaquín: aquí se te quiere y se te respeta.

Déjame que te diga una cosa: en el palco 37 de esta plaza, tu localidad de siempre, ha quedado un vacío enorme. Tus vecinos de tantos años te van a echar de menos. Porque te quieren, ¿sabes? Como te van a echar de menos los buenos aficionados, la legión de admiradores de tu brillante prosa y esta vapuleada fiesta de toros, que tenía en ti al más ferviente defensor de su pureza.

Te va a echar de menos para siempre esta Maestranza, tan querida por ti, donde ayer se celebró una corrida de Camacho con toros feos, algunos muy mal presentados, descastados y con muy mala clase. A pesar de ello, el festejo no fue aburrido. Te recuerdo que estaba en el cartel tu admirado Pepín Liria, que vuelve otro año con más bríos que nunca. Y le acompañaban dos chavales nuevos en esta plaza: Ferrera y El Fandi. No parece que sean unos exquisitos, pero tienen un valor que produce auténtico miedo.

Comprenderás que hubo poco toreo. La verdad es que los toros no tenían un pase, pero no tuvieron más remedio que embestir a requerimiento de tres verdaderos héroes.

Mira, Joaquín: Liria se encontró con un toro violento y brusco que lo buscaba con saña en cada muletazo. Si supieras con qué gallardía afrontó el torero la adversidad... Si supieras con qué valor, con qué serenidad y con qué inteligencia sorteó Pepín la tremenda papeleta. No estuvo bien al matar, pero comprenderás que estaría exhausto. En su primero, el manso de Gavira, ya demostró que es torero de raza y se arrimó como si fuera un desesperado.

Ferrera y El Fandi son dos atletas que derrochan alegría y crean un espectáculo muy divertido en banderillas. En su primeros toros banderillearon al alimón y pusieron en pie a la plaza con sus carreras y pares variados, y también con su dominio y espectacularidad, no creas.

Volvieron a lucirse en este mismo tercio, ya en solitario, en sus segundos toros. Toreo, en cambio, hubo poco. Eso sí, se jugaron el tipo, se pusieron los pitones en las taleguillas, arrancaron algún muletazo estimable, aguantaron lo inaguantable, exprimieron a sus oponentes y divirtieron al público.

No te perdiste gran cosa, pero no lo olvides: eran tres valientes muy respetables.

Lo dicho: va por ti, Joaquín.

Hasta siempre, maestro.


ABC Zabala de la Serna. Cautivadores banderilleros

SEVILLA.Conocí a Joaquín Vidal en 1981, camino de los Sanfermines. Acompañaba yo a mi padre, y él se hacía acompañar de su hijo, hoy también periodista. Recuerdo del Joaquín de entonces la voz grave del fumador de tabaco negro y una amable simpatía para conmigo, un chaval de once años. Pasó el tiempo y perdimos el contacto y la relación, aunque en las duras madrugadas radiofónicas, durante casi cinco años, buscaba en «El país» los ricos textos de sus crónicas. Había que aprender con urgencia el castellano cabal, la prosa fluida, el verbo preciso, todo aquello que en la Facultad no enseñaban. Distinguíamos en la amanecida las plumas ágrafas de las cultivadas, y Vidal se encontraba entre éstas, por supuesto. Aunque disentía de la línea de su sección, admiraba la capacidad de sus escritos para atraer y atrapar tanto al aficionado como al profano en la materia. La escritura de J.V. captaba lectores por su calidad, por la fina ironía descriptiva, hija de la época trabajada en «La Codorniz». En el fondo, coincidíamos en la preocupación por los derroteros que ha tomado la Fiesta, las ganaderías de bravo y el toreo en sí. La Maestranza guardó ayer un minuto de silencio en su memoria, independiente y socarrona, que ya vuela libre del cuerpo que se nos pudre.

No sé qué hubiera escrito hoy Joaquín de las ovaciones que oímos en la Maestranza durante los tercios de banderillas que protagonizaron Ferrera y El Fandi, atléticos y espectaculares, arriesgados y bullangueros, cautivadores y muy poquito ortodoxos. Las preparaciones de los pares, floridas y barrocas, los saltos, las carreras... Y repito que su mérito tienen, porque además divierten al gentío. Pero uno concibe las suertes de otra manera: los pasos previos despacio, dejándose ver, dando el pecho, la salida airosa, elegante...

El Fandi domina la marcha atrás como los chinos los puñales. Tanto, que al sexto le arreó estopa en dos pares así, en la misma cara. Los tendidos se volcaron, en pie una vez más, como en el tercio ante el segundo, cuando Fandila volvió a interpretar la moviola y Ferrera, un par al cambio que desató un entusiasmo que se mantuvo ya fueran como fuesen las reuniones o los cuarteos.

Antonio Ferrera resolvió luego con aplomo y seguridad las muchas complicaciones que desarrolló la corrida de Camacho, que no paró de moverse, mucho y con mal estilo. Tragó ricino con el primero de su lote, por ambas manos. Faena de valiente. Se le nota curtido en la dura lucha, que le ha valido para forjarse. De nuevo estuvo resolutivo con capote y muleta con el quinto.

Pepín Liria pasaportó con los pitones en el corbatín a un manso imponente de Gavira que sólo quería tablas y al violento y terciado torete ensabanado que hizo cuarto. La arriesgada lidia de este último, que embestía con la cara arriba, pareció proyectada a cámara rápida. Salió indemne de una voltereta.

A El Fandi se le vio embarullado con el largo tercero, que tampoco humillaba. Al sexto lo recibió con dos largas y verónicas de rodillas y le presentó batalla en sus terrenos, cerca de la madera, donde se aculó en una inamovible querencia. No le faltó nunca disposición y voluntad.


Francisco Mateos, crítico taurino de www.eldiadeandalucia.comeldiadeandalucia.com. Francico MateosLos bravos fueron los toreros

La Feria de Abril no ‘rompe’. Es una frase hecha, pero más cierta que la puñeta. No hay manera de que un torero corte una oreja; ora por manejar mal la espada, ora porque los toros no dan juego. Los toros de Camacho fueron una sucesión reiterada de mansedumbre y descastamiento, porque los únicos bravos que hubo fueron los tres diestros, que se la jugaron sin reservas.

Liria se justificó más de lo que debía con el rajado primero; entró a matar muy derecho y salió rebotado. Y en el cuarto, de igual comportamiento, fue hasta volteado de mala manera. Muy firme y muy seguro, se pegó un arrimón ingrato en Sevilla.

Ferrera y Fandi, los dos debutantes de la terna, compartieron tercio de banderillas en sus dos primeros toros de lote. Fue lo más espectacular de la tarde. Vibrante y emocionante los pares de poder a poder, al quiebro, en carrera hacia atrás, al violín, recortes a cuerpo limpio... Buen cartel forman los dos en mano a mano para recorrerse España entera haciendo las delicias de los públicos.

Ferrera estuvo valentísimo con el segundo y se la jugó sin cuentos. Aguantó coladas, parones y miradas. Valor a prueba de... mansos reservones. El quinto engañó en el primer muletazo al arrancarse desde los medios de largo, porque después se vino abajo y comenzó a recortar el viaje y defenderse.

Y el granadino El Fandi, pues un calco. Voluntad en tercero y sexto e intentos de agradar, pero cuando no hay toro es muy difícil.

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