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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 12 de mayo de 2002
Novillada con picadores
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Novillos de
Los Guateles,
deslucidos y de poco juego. Diestros:
Entrada: dos tercios de plaza.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino, Diario de Sevilla,
EL Pais
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. Salvador
Vega, sin duda, hizo lo mejor
Después del aluvión de encastes señeros a que nos tiene acostumbrado
el emblemático mes de abril en la Maestranza, mayo suele ser más de
resaca, de espera, de haber si acaso la cosa cambia con el utrero
aunque la procedencia sea más de lo mismo, a lo mejor, puede que... Pero
ni por esas. La realidad es que la bien presentada novillada de Litri acusó
los mismos síntomas que casi todo lo anterior mente lidiado en esta
plaza. La tan cacareada ausencia de casta casaba a la perfección con la
manifiesta sosería, con la nula entrega en los engaños, con la ausente
emoción de sus cansadas y nobles embestidas. Y así una tarde, y
otra...
Y unos toreros a los que sólo les vale su disponibilidad, sus buenos
propósitos, ahí queda todo, en ese viaje que conduce a ningún sitio, a
ninguna parte, y que solo provoca un regusto amargo, una lógica desazón.
Una consecuencia espontánea de lo que pasó esta tarde en el ruedo
maestrante es la poca cuenta que el tendido echaba. Hubo que esperar casi
dos anodinas horas, a que devolvieran el sexto, a que saliera el que a
nadie le gusta, el que dejan para sobrero, para que aquello cambiara
con el inspirado toreo de Salvador Vega.
El diestro malagueño ya dejó atisbo de su buen gusto con el parado
primero. Su peculiar toreo de capa no está exento de verdad pero si
de una rara forma de rematar el lance. No obstante, su toreo es ajustado,
muy para adentro. Afortunadamente la suerte le hizo poder demostrarlo con
el sexto, con el que hubo conjunción de coincidencias entre toro y torero
que implicaron una y otra vez al sentimiento, al muletazo
profundo, hondo. Así lo hizo Salvador Vega en las tandas con la diestra.
Los redondos resultaron lentos, largos y de muleta acariciando el
albero. El natural tuvo empaque, y la estocada le sirvió para refrendar
todo lo hecho. Sin duda, hizo lo mejor.
Quizá uno de los mayores atractivos de la tarde consistía en la
presencia de Azuquita, y por tanto, en su sevillanas maneras de entender
el toreo. Pues en efecto, en tan singulares formas, a veces expresivo, a
veces negado en la técnica, en ese decir lo que no dice o se pretende
decir, reside buena parte de lo hoy visto. No tuvo Armando López un fiel
colaborador, ni con el manso segundo, ni con el parado quinto. Y como
estos artistas viven en un mundo en el que lo real es el nido de lo
imaginario, imaginó mucho e hizo muy poco. Una lástima.
No resulta habitual que al frío toreo de Reyes Mendoza se le uniera la
merma física producida, dicen, que por un desafortunado corte de digestión
tras la voltereta que le propinó el primer novillo. Así que por una u
otra causa no dio mucho de sí este cordobés en puertas del doctorado.
Escasos muletazos lentos y bien trazados es lo único destacable del
vertical toreo de Mendoza. Al soso cuarto le sacó algún que otro natural
largo, pero muy despegado. De todas formas, la misma incomunicación que
había entre toro y torero se daba también entre abajo y arriba. Es de
desear que todo cambie tras su próxima alternativa.
El
País. JUAN ORTEGA. Oreja
de consolación
Salvador Vega dio el patrás en
los lances de recibo al sexto y empezó la faena muy bien rodilla en
tierra, para descompasarla a base de pico con la
mano derecha, paseando entre series y salvándose por el sentido estético
más que por la profundidad, impedida por la incorrección del cite. La
oreja la pidió un público que necesitaba consolarse de tan poco, vamos
que el único espectáculo hasta el momento lo había dado la parada de
cabestros, que no hay otra en España más numerosa ni más bonita ni más
inútil. Salvador Vega hubo de pasaportar al novillo devuelto. Antes, en
el tercero, intentó lancear a la verónica, corriendo siempre la mano de
dentro y retorciendo el cuerpo. De su faena, basada en cuatro series con
la derecha, lo mejor fueron los remates, variados, que ejecutó con gusto.
Los redondos no llegaron a conformar series y la única vez que intentó
el toreo al natural le salió tropezado.
Reyes Mendoza que, por la cercanía de su alternativa, debe tener la
cabeza a pájaros, picó levemente al primero, aquejado de escasez de
fuerza y de alguna cojera, lo que hizo que llegara defendiéndose y
terminara agrediendo hasta voltear al matador, que resolvió con dos
tandas de naturales adelantando el engaño y equivocando el trazo hasta
dejarlos sin contenido. En el cuarto dio un curso de mala colocación,
dejando al novillo a su aire, huérfano de mando. Habrá de corregir el
rumbo si quiere llegar a puerto.
Azuquita lidió, es un decir, a un segundo manso y huidizo, reservón
en el último tercio, con el que vimos a un novillero más compuesto ante
el espejo que impuesto ante la fiera, toreando más en línea que en
redondo y sin saber medir el tiempo. Abrió la faena del quinto por
posturitas muy del gusto de sus partidarios y siguió por prevenciones que
dieron al traste con la embestida clara y bonancible del novillo, que tuvo
una pésima suerte en el sorteo. Danzó por delante en un amago de cite al
natural, pero sólo consiguió el aburrimiento del novillo que, harto,
dimitió. Sobraron muchas chicuelinas .
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Vega, salvador del festejo
Vega, Salvador, protagonista y salvador del festejo
como triunfador ante una infumable novillada de Litri y si no es por la
apuesta, fuerte, serena y arriesgada de Salvador Vega, el público hubiera
salido de la plaza agotado y hastiado. Porque los novillos de la casa
Litri, bien presentados, fueron infumables, a excepción de un sobrero,
que saltó en sexto lugar.
Vega lanceó sin temple al tercero, con el que se marcó un quite por
gaoneras, tan ajustado como insulso. Pero con la franela se mostró
voluntarioso con un animal topón. Sacó con la derecha la serie más
mandona de la primera parte de la novillada y mató de estocada caída.
Cuando anochecía, el público bostezaba por culpa de la descastada
novillada de Litri. Saltó el sexto que, aunque no tenía problemas, fue
protestado por el respetable. El presidente lo devolvió sin motivo
alguno. Como anécdota, la parada de cabestros, inoperante como casi
siempre, no convenció al toro para meterle en toriles y el espada de
turno, Salvador Vega, lo mató en el ruedo con permiso de la autoridad. En
su lugar salió el sobrero, de nombre Fantasía, que aunque no resultara
así su juego, lo pareció por agravio comparativo con los anteriores.
Reticente, fue el único novillo que medio embistió con franqueza. Vega
consiguió lo mejor del festejo gracias a un despliegue de oficio, tesón,
firmeza y también buen toreo. Si los lances de recibo fueron más bien de
tanteo que de lucimiento, la faena, en las afueras, tuvo calado de
principio a fin. La apertura fue muy torera. Los mejores pases los dibujó
con la diestra, especialmente en dos tandas. Uno de los pases, enganchado
adelante y rematado muy atrás, fue kilométrico y despacioso. Por la
izquierda, cuando lo intentó, recibió serios hachazos y desistió. El epílogo
fue un toreo por bajo precioso. Le concedieron una generosa oreja, pues
además de una estocada precisó de dos golpes de verduguillo.
Reyes Mendoza fue volteado por el que abrió plaza, que lo cogió por
el pitón derecho, peligroso. El novillo llegó paradote y sin transmisión
y el cordobés sacó una tanda aceptable por cada pitón. Al cuarto, en un
trasteo serio, le aguantó miradas aviesas y hachazos.
El trianero Azuquita tampoco tuvo lote para lucirse. Lo intentó por
todos los medios con el segundo, que se defendía. Primero dando
distancia; más tarde, metiéndose entre los pitones. Aquello era material
de desecho. Peor lo tuvo con el quinto, un mulo con cuernos.
A la pésima novillada de Litri le robó el titular Salvador Vega,
quien salvó un infumable y descastado encierro gracias a su claridad de
ideas y una apuesta auténtica.
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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