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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Mañana del domingo, 21 de abril de 2002
Corrida de rejones

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Benítez Cubero, bravos y nobles en general.

Caballeros: 

Entrada: lleno hasta la bandera.

Crónicas de la prensa: El País, eldiadeandalucia.comDiario de Sevilla, ABC


Francisco Mateos, crítico taurino de www.eldiadeandalucia.comeldiadeandalucia.com. Francisco MateosMendoza y Cartagena le dan categoría al rejoneo

El rejoneo seguirá sumando adeptos de seguir con rejoneadores tan espectaculares como Hermoso de Mendoza y Andy Cartagena. El navarro le cortó dos orejas al quinto, un astado colaborador con el que realizó un trasteo perfecto, con emoción y vibración. Tras la retirada de Cagancho, la segunda estrella de la cuadra, Chicuelo, pasa a ser ahora la primera. Sólo le faltó a Pablo -o a cualquiera de sus compañeros- un detalle: haber invitado a compartir por colleras un par de banderillas a Javier Buendía.

Cartagena también tocó pelo y recibió el premio de las dos orejas del sexto. Más pausado y maduro, aun conservando la garra y la fibra de su nerviosismo juvenil, el jinete alicantino dejó dos banderillas al violín muy buenas, colocadas lentamente y saliendo de la cara del toro con varios giros consecutivos. En el centro del ruedo quebró otras dos veces y acabó su labor con dos cortas, la segunda al violín y muy cerrado en tablas. Tras pinchazo y rejonazo cortó el doble trofeo.

El portugués Moura logró una oreja del primero. Fue de los mejores en correr y templar al toro a dos pistas y a punto estuvo de ser cogido. Con un toro de pastueña embestida, clavó muy cerca y dejó quiebros lentos y marcando mucho los tiempos. Acertado en las rosas finales. Se le concedió una oreja, aunque tras petición minoritaria.

Javier Buendía, tras la anunciada despedida el 12 de octubre del pasado año que fue suspendida por la lluvia, toreó por última vez. Le tocó el peor toro con diferencia, manso y deslucido. Javier hizo un esfuerzo. Antes de recibirlo con la garrocha a portagayola lo brindó a sus cinco compañeros y a Sevilla, como muestra la imagen. Hubo banderillas al quiebro muy buenas y en su labor destacó la sobriedad y elegancia campera. Mató de dos pinchazos y medio rejón de muerte. Se bajó del caballo por última vez en una plaza de toros para besar el albero y dar una triunfal vuelta al ruedo.

Luis Domecq cumplió con el cuarto, excepto con el rejón de muerte y el descabello. Luis Valdenebro volvió a torear en la Maestranza no por méritos (el año pasado sólo dos festejos), sino por su condición de maestrante. Como es su casa, pues a exhibirse; bueno, eso creerá él.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO.  Triunfos de Pablo Hermoso y Cartagena y adiós a Buendía

Se presentó en público hace treinta años en Badajoz. Con un toreo campero y clásico, Javier Buendía convirtió la Maestranza en el patio de su casa, donde ayer mismo dijo adiós al toreo a caballo. Con la plaza llena y un sol que apretaba de lo lindo -es lamentable que por la mañana paguen por sombra los espectadores que se asan al sol- se retiró este veterano rejoneador sevillano de 50 años. Lo hizo en un festejo de gran altura, donde los triunfadores fueron Hermoso de Mendoza y Andy Cartagena y en el que estuvo magnífico Moura, quien hubiera conseguido al menos otro trofeo, si no falla en la suerte suprema.

Joao Moura estuvo soberbio ante el codicioso y noble toro que abrió plaza. Con Campopequeño dio auténticos muletazos en banderillas. Temple exquisito, la grupa del caballo fue muleta y con ella llevó prendido al astado con suavidad asombrosa.

Excelente toro el segundo, con extraordinaria nobleza y fijeza. Luis Valdenebro, por debajo del astado, realizó una labor discreta que tuvo que rematar el sobresaliente, con una gran estocada.

Buendía, lesionado de la mano izquierda, la de las riendas, cumplió en su adiós. Brindó la faena al último toro de su carrera a sus compañeros. Garrocha en la salida. Labor sobria y entonada que fue a más con un toro parado. En banderillas, de dentro afuera o una al estribo, de manera vibrante, fueron pasajes notables.

Luis Domecq estuvo muy centrado con el manejable cuarto. Con mucha entrega, brilló en varias suertes, como en un par a dos manos. Pero lo que iba para éxito quedó en silencio tras el borrón a la hora de matar.

A Hermoso de Mendoza le tropezó el benítezcubero a Roncal. Con Chicuelo puso la plaza de pie. Curiosamente lo más aplaudido fue el caracoleo del caballo en la cara del toro. Pero lo mejor, sin duda, llegó con Danubio, un caballo veterano y muy torero, que le ofreció el pecho al toro a escasos centímetros. Tras clavar unas rosas por los adentros, mató de rejonazo y ganó dos merecidas orejas.

También fueron merecidos los trofeos que consiguió Andy Cartagena ante el sexto, manso, noble y con tendencia a tablas. El joven benidormí derrochó sabiduría lidiadora, a la que sumó su habitual espectacularidad. Con Guitarra puso la plaza bocabajo, especialmente en dos banderillas al violín. Un par de quiebros o una corta por los adentros, clavada al violín, dejaron con la boca abierta al público.

Buen nivel ayer en la Maestranza el segundo y último festejo de rejones, en el que el éxito lo amarraron Hermoso de Mendoza y Andy Cartagena y donde dijo adiós Javier Buendía, un torero sobrio y de trayectoria intachable, con tres décadas a sus espaldas al servicio del rejoneo.


Antonio Lorca, crítico taurino de El PaísEl País. Antonio LorcaDanubio, digno sucesor de Cagancho

La noticia estuvo, quizá, en la emotiva despedida de Javier Buendía después de que se aplazara por la lluvia el pasado 12 de octubre en esta misma plaza, pero la extraordinaria actuación del caballo Danubio, de la cuadra de Hermoso de Mendoza, lo convirtió en el auténtico protagonista de la mañana. Si Buendía ha debido esperar siete meses para decir adiós, bien puede esperar unas líneas para que se rinda homenaje a otro torero, un dignísimo sucesor del mítico Cagancho, que ayer alcanzó la apoteosis junto a su rejoneador. Danubio fue elegido no hace mucho mejor caballo torero de la temporada pasada, y a fe que volvió a demostrarlo por su valentía y serenidad ante la cara del toro. Mendoza lo utiliza para las banderillas, y es todo un espectáculo verlo torear de frente, desafiando a su oponente con la cara, como hablándole al oído, para salir airoso en cada lance. Su actuación fue brillantísima y fue el artífice de un nuevo triunfo de Mendoza, que resultó arrollado en los rejones de castigo, aunque volvió a demostrar que está en un momento de forma extraordinario.

Buendía tuvo la mala fortuna de encontrarse con el único toro manso y rajado del encierro, lo que le impidió una despedida triunfal de la plaza que ha sido testigo de tardes inolvidables. Es un maestro consumado y superó con experiencia su mala suerte. Dio una emocionante vuelta al ruedo en la que recibió el cariño de sus paisanos.

Andy Cartagena emocionó a los tendidos con un rejoneo espectacular y valiente, que alcanzó su punto culminante con las banderillas largas y cortas al violín.

Moura es un rejoneador con solera que emociona al templar al toro con el caballo andando de costado, y crea así una bella estampa torera. Tanto templó y tan despacio que el caballo casi se sienta en el albero y sufre un percance.

El resto de la corrida fue de tono menor. La actuación de Domecq, correcta, pero fría, quizá porque su toro se rajó en algunos momentos de la lidia, y el rejoneador falló con estrépito a la hora de matar. Lo de Valdenebro es otro cantar: torea muy poco y se le nota demasiado.


ABC. FERNANDO CARRASCO. Hermoso y Cartagena, el recital del toreo a caballo

Dijo adiós Javier Buendía, un trozo de la historia del rejoneo de los últimos treinta años, y lo hizo como siempre estuvo, en maestro. Y a la satisfacción de dejar en todo lo alto una carrera cuajada de triunfos memorables, sobre todo en esta plaza, se unió, no podía ser de otra forma, el homenaje de su compañero Pablo Hermoso de Mendoza, que ayer cuajó otra de sus actuaciones memorables en la Maestranza. Desde el callejón, Buendía tuvo que alegrarse, y de qué manera, de la lección que el navarro -y sin «Cagancho»- dictó en el coso del Baratillo. Dos caballos, «Chicuelo» y «Danubio», obraron este nuevo triunfo que viene a ratificar, por si quedaba alguna duda, que estamos ante el mejor rejoneador del momento y uno de los más importantes que ha dado este arte del toreo a caballo.

Tuvo Pablo una actuación no sólo medida y conjuntada, sino extraordinariamente pulcra, certera, exornada con el toreo a caballo más arriesgado, por cercano a los pitones de su oponente, que se pueda ver. Porque el navarro hizo diabluras a lomos de «Chicuelo», clavando a la primera y arriba, para luego girar una y otra vez en la misma cara del astado de Benítez Cubero. Lo mismo con «Danubio», un equino que le busca siempre el cara a cara al toro. Un espectáculo difícil de superar. Maestro de maestros es ya Pablo Hermoso que, para rematar la mañana, dejó un rejón efectivo. Dos orejas sin discusión alguna y tributo, al fin y al cabo, a su amigo y compañero Javier Buendía.

Lo mismo que disfrutó, lo sabemos, con la espectacularidad de un jovencísimo Andy Cartagena, heredero del más efectista y arrollador rejoneo de su tío, el recordado Ginés. Y es que ayer le salió todo perfecto a Andy. Tuvo también un toro que colaboró y el chaval se empleó a fondo. Primero en las banderillas a una mano, consiguiendo momentos espectaculares con «Guitarra», dejando los rehiletes arriba y girando hasta cuatro veces seguidas delante de la cara del toro. Luego, las banderillas al violín, todo un prodigio de agilidad y facultades físicas, a la par que destreza. También yendo de una punta a otra de la plaza, en cabalgada vertiginosa para quebrar en un palmo de terreno y clavar arriba. Pero rizó el rizo en las cortas y, arriesgando una enormidad por los adentros, al hijo de tablas, dejó dos extraordinarias, sobre todo la segunda, al violín. Plaza en pie. Pinchazo y rejón fulminante. Dos orejas por abrumadora mayoría. Se alegraría Javier Buendía.

Una lección más

Porque Javier, que ayer actuó lesionado en su mano izquierda, volvió a estar no sólo a la altura de sus mejores tardes, sino que además puso la mesura y la medida, como en las faenas importantes, en su toro. El de Pallarés le costó un poquito más desplazarse, pero ahí salió a relucir la maestría de Javier, que siempre tiró de su enemigo para hacerle todo en los medios. Las banderillas a una mano, que había brindado a Alvaro Domecq Romero, dejaron la impronta de la solera de un torero con treinta años de experiencia. Fue siempre de frente, lo mismo que en las cortas, para dejarlas arriba. No hubo aspavientos ni escenografía. Sólo rejoneo del puro, el que siempre ha hecho Javier Buendía. Una pena que no matase a la primera. La vuelta al ruedo sirvió para rendir el homenaje a quien forma parte de la historia del rejoneo.

Abrió plaza el portugués Joao Moura, que tuvo enfrente a un noble y colaborador toro de Pallarés. Desde el principio Moura lo templó, tanto en los rejones de castigo -siempre en el centro del ruedo- como en las banderillas a una mano. Perfecta la sincronización con «Campopequenho», cabalgando a dos pistas y de costado, como con «Horizonte», quebrando en el mismo centro de la plaza. Todo le salió perfecto, como la suerte de la rosa. Dos pinchazos emborronaron algo su labor, que fue premiada con la oreja.

Luis Valdenebro tuvo un toro excepcional de Pallarés, que embistió siempre al primer toque y con fijeza. Hasta tres rejones de castigo, fácil y sin apreturas, dejó el sevillano, para luego gustarse con las banderillas a una mano pero, sobre todo, en dos pares a dos manos de muy buena calidad. Lo peor, el rejón de castigo. Incluso tuvo que salir el sobresaliente. Pero meritoria actuación de Valdenebro.

También tuvo labor conjuntada, a más, Luis Domecq. Más paradito, al principio, su enemigo, el jerezano supo templarlo de salida para, luego, ofrecer un extraordinario tercio de banderillas, tanto a una mano como en un par en el que llegó siempre dando los pechos del caballo. También las cortas tuvieron vibración. La suerte suprema supuso un auténtico calvario para Luis, que utilizó en infinidad de ocasiones el descabello. Pudo haber obtenido un triunfo importante.

Sevilla vivió ayer, en la despedida de Javier Buendía, el recital del toreo a caballo, encarnado sobre todo en el magisterio de Pablo Hermoso de Mendoza y la juventud arrolladora de Andy Cartagena.

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