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Festejo
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del jueves, 25 de julio de 2002
Final del Ciclo de Novillada de Promoción

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Los Guateles (bien presentados, con juego. El peor, el 4º, manso).

Diestros:

  • Antonio Nazaré. Estocada tendida y varios descabellos tras dos avisos (aplausos), estocada tendida y varios descabellos (palmas).
  • Vicente Varela. Tres pinchazos, media estocada y varios descabellos tras dos avisos (palmas), media estocada tras aviso (vuelta al ruedo).
  • Manuel Felipe. Dos pinchazos, media estocada (vuelta al ruedo) y media estocada, varios descabellos tras dos avisos (palmas).

Entrada: menos de media.

Presidente: Fernando Carrasco.

Banderillero que saludó: Rafael Guerrero, en el 6º.

Incidencias: un espectador resultó herido en el brazo izquierdo al saltarle el descabello, en el 6º.

Crónicas de la prensa: Diario de Sevilla


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Arena, albero y desierto

Resulta que los tres finalistas, que nos dieron la de cal en sus anteriores compromisos, ofrecieron la cara opuesta, la arena, en la final. Lo hicieron en el albero maestrante. Y por lo que les vimos en cuanto a recursos, muy escasos, ante una novillada de Los Guateles en la que predominaron las complicaciones, el premio bien pudiera quedar desierto.

Antonio Nazaré, desceñido en el capote, no llegó a cruzarse en la muleta con un novillo aceptablemente presentado y noble. Sufrió varios enganchones. Le faltó dominarle y se eternizó para cuadrarle. Mal con los aceros.

El cuarto, altito, esperando con peligro en banderillas, manseó. El nazareno no consiguió nada de relieve en una faena compuestita.

Vicente Varela tuvo el peor lote. Su primero, un torete en trapío, desarrolló peligro, especialmente por el pitón derecho. Por el izquierdo, por el que punteaba, el torero no se acopló. Mató mal.

El quinto, más pequeño, flojísimo, se derrumbó en el primer pase. Noble, se quedó cortito por la flojedad. Del esbozo de faena surgieron dos buenas tandas con la zurda, lo mejor del festejo. La música dejó de sonar cuando el chaval sufrió un achuchón. Al final, en la faena predominó la voluntad sobre el acierto.

Manuel Felipe, con el tercero, bien presentado, silleto, que dio buen juego, sufrió algún enganchón en una labor fuera de cacho. Logró una entonada tanda con la izquierda. No mató bien.

Con el complicado sexto, de nuevo citó mal colocado, lo que hizo que el novillo acusara algunos problemas. Mató pésimamente. En uno de los nueve descabellos, el verdugüillo saltó como una ballesta, hiriendo a un espectador de la tercera fila en el brazo izquierdo. Se le clavó la cruceta entera. Tras pasar por la enfermería, estaba previsto que cirujanos especialistas le recompusieran los destrozos musculares en el Hospital Virgen del Rocío.

Todo al revés en un festejo en el que llegó la de arena en el rubio albero sevillano, en una final en la que el premio se diluyó. Arena, albero y… desierto. Desierto, al menos, por resultados artísticos y premios.

Hay que evitar tintes de portátil

Ojalá continúe por muchos años la apuesta que hace la Maestranza y la empresa Pagés por el ciclo de novilladas de promoción. Una vez escrito esto, es preciso señalar algunos defectos que han tenido lugar en esta última edición.

En primer lugar, debería haberse evitado la diferencia de trapío de las novilladas; especialmente entre la de Martelilla, con el listón por arriba, y Guardiola o Rojas en el polo opuesto. El volumen y pitones para estos incipientes toreros pesa mucho más que para un espada forjado.

En segundo lugar, la presidencia de los cuatro festejos debería haber recaído en un mismo equipo. Las diferencias de criterios a la hora de otorgar trofeos entre la seriedad de Juan Murillo, el primer día, y la manga ancha de Fernando Carrasco, en el tercero, es tan dispar que produce agravios comparativos en la concesión de trofeos y en otros aspectos, como los avisos.

En tercer lugar, el jurado apostó por quienes cortaron orejas. Varios toreros -Ortiz de la Torre, Roberto Galán, Benjumea, Viruta, Barquinha…- estuvieron a más altura que el seleccionado de la tercera novillada, Manuel Felipe. No entraron en la final por el baremo del trofeo. Era lo más socorrido para el jurado; que lo tuvo realmente difícil a la hora de elegir. Pero si el jurado selecciona en función de los premios, su función es prescindible: con saber quién ha cortado más orejas… Claro, que eso beneficiaría al torero que llevara más gente a la plaza y se impondría el partidismo.

Sin duda, con mejorar en esas tres premisas, la plaza de la Maestranza no perderá su identidad y los espectáculos, aunque sean de promoción, no restarán categoría a un coso que en la tercera novillada llegó a tomar, por momentos, tintes de espectáculo de portátil.

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