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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 29 de septiembre del 2002
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Torrestrella, desiguales de presentación

Diestros: 

Entrada: tres cuartos de entrada.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, El País, Diario de Sevilla


PortalTaurino. MANUEL VIERA.  Se buscan toreros

A estas alturas de la temporada se buscan toreros. Sí, se buscan toreros imaginativos capaces de emocionar, de levantar al público de los asientos. Toreros capaces de iluminar la tarde de toros, a pesar del toro que les sale de chiqueros, de dejarse la piel ante la fiera con ansia de triunfo. Y sobran acomodados, nombres sin más, cansados y atorados, opacos, sin contenido en lo que hacen en estos últimos coletazos del oficial año taurino. Se buscan toreros, porque algunos de los vistos aquí en el ruedo maestrante, aunque lo son no lo parecen. 

A pesar  de que Manuel  Caballero estuviera a punto de alcanzar el triunfo con el repetidor “torrestrella” lidiado en segundo lugar. Un animal que repetía con noble embestida en la muleta aunque sin terminar de humillar.  Caballero intercaló lentos lances a la verónica con regulares capotazos, para después ligar tandas de buenos pases con el engaño adelantado y a media altura. Hubo ritmo en los muletazos al natural que se sucedieron lentos y mandones con la rúbrica de excelentes pases de pechos. Terminó faena  relajado con la diestra, cambios de mano y ayudados. El fallo con la espada le privó de una merecida oreja que cambió por una gran ovación.

No hubo más en la penúltima corrida de la temporada sevillana. El complicado viaje del quinto toro hizo desistir a Caballero demasiado pronto, abreviando con un certero macheteo por la cara. Lo demás no tuvo color ni sabor.

La desigual presencia de los “torrestrellas” se tapó por los astifinos pitones que lucían sus cabezas. Después hubo toros que se pararon en los primeros campases de la lidia, como el primero. Otros complicaron demasiado el quehacer de los toreros, como el peligroso quinto y sexto y el encastado tercero. El noblote cuarto aburrió en los opacos engaños de Finito de Córdoba.

Cierto es que a Juan Serrano le tocó un animal  gordo y parado, y otro noblote y soso  sin malas ideas. Aburrió con el primero, y cansó con el cuarto al más tolerante de los públicos con un toreo al hilo del pitón, dubitativo y sin una pizca de autenticidad. Mal, muy mal, conformista y sin idea estuvo este cordobés de adopción en la recta final de la temporada.

Ya se sabe que en este epílogo de la campaña de toros el cuerpo no admite esfuerzos y la mente no los autoriza. Debe ser así porque Francisco Rivera Ordoñez estuvo cumplidor aunque poco técnico con el encastado tercero, pero no se enfadó. No le pudo a la complicada fiera propicia para emocionar y desorejar. Rivera Ordoñez gustó con la capa en los lances a la verónica y se justificó con la muleta sin más. Plaza tan importante bien  merece un mayor esfuerzo de quien está capacitado para hacerlo. Con el sexto le pidieron prisa en terminar, y no dudó en hacerlo. 

Y se acabó. Porque, ¿que otros méritos hemos visto en el ruedo para recordarlo aquí y ahora?. Quizá la raza torera de Joselito Gutiérrez en banderillas tras un revolcón espeluznante. Una buena vara de Manuel Muñoz y algún que otra par de ortodoxa ejecución.  Demasiado poco.


El País. ANTONIO LORCA. Un gran torero

El grande en cuestión no figuraba en los carteles con letras de molde. El grande aparecía con letras pequeñitas en el programa de mano y vestía un traje azul marino y plata. Pertenece a la cuadrilla de Rivera y se llama Joselito Gutiérrez. Un gran torero, sí señor. Un pedazo de torero vestido de plata.

Se disponía Joselito a banderillear al tercero de la tarde, un toro encastado y con muchos pies. Le ganó terreno en la carrera y, en el momento del embroque, lo prendió por la entrepierta, lo levantó en volandas y lo despidió contra el suelo, donde lo buscó con saña pero sin hacer sangre. Joselito se levantó blanco -no era para menos-, pero enrabietado y con el valor intacto. En lugar de arrugarse, se vino arriba; cogió otro par y esperó su turno. Asentó las zapatillas, citó con gallardía, se dejó llegar los pitones hasta la misma chaquetilla y colocó un magnífico par de banderillas de poder a poder que llevó el clamor a los tendidos. Sonó la música en honor de un torero de los pies a la cabeza que se jugó el tipo sin necesidad y que dictó una lección de arte y valor, de vergüenza, de amor propio, de auténtica figura.

Éste fue el momento más intenso de la tarde. ¿Por qué no hubo más? Que pregunten a las tres figuras modernas que aparecen en los carteles con letras de molde y que se arrugan ante la primera dificultad.

La corrida de Torrestrella no fue cómoda, y los toreros no están hechos para las dificultades. Así que, con las complicaciones de algunos toros y la falta de recursos y de ambición de los toreros, no quedó nada para el recuerdo.

Caballero hizo lo menos malo. Toreó sin apreturas al único que embistió como la tonta del bote; y no entusiasmó a nadie. Bien en algunos pasajes con la izquierda, un cambio de manos elegante y algún largo pase de pecho. Una actuación entonada, que es como decir que no dio el paso adelante que el toro requería. El otro se coló -¡huy!- y el torero se afligió -¡oh!-. Trasteo por la cara y adiós, muy buenas.

Eso fue lo que hizo Rivera toda la tarde. Su lote no fue fácil, pero él no puso a contribución ni una de las normas básicas de la tauromaquia. Muleta retrasada, fuera de cacho, cortando permanentemente el viaje, y muchas precauciones. Así es imposible.

¿Y Finito? Sin ganas ni recursos; descorazonado y sonámbulo. Por allí anduvo, como de vuelta de todo, y toreó sin estilo ni hondura a su primero, que era un buey de carreta. El otro necesitaba un torero más dispuesto. Vamos, necesitaba un torero, y no a Finito.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Un Caballero recio, pero sin espada

En el segundo festejo de la Feria de San Miguel, el albacetense Manuel Caballero rozó el éxito en una faena recia, bien armada, con temple y bellos pasajes a un gran toro de Torrestrella; una faena que malogró por el fallo a espadas, algo inusual en el diestro manchego.

Casi lleno en una tarde de calor sofocante. Ambiente. Una ganadería de lujo, triunfadora de la pasada Feria de Abril, y una terna interesante. Pero ni por esas. Por cierto, no hubo toreo de capa auténtico, hondo y de verdad. En cuanto a la materia prima, fallaron, en gran medida, los toros de Álvaro Domecq, que envió varios ejemplares fuera de tipo; desde el primero, gigantón, con una romana que pasaba de los 600 kilos al frentudo sexto, sin cuello. En juego, la excepción corrió a cargo del Tímido, segundo, que fue todo lo contrario a la hora de embestir.

Ese segundo, bien armado, negro de pinta, cumplió en varas y acometió con nobleza a los engaños. En su bravura, acabó resistiéndose a morir en los medios. Manuel Caballero realizó una faena inteligente, en la que exigió al toro poco a poco, tanto en terrenos como en entrega. Toda ella con firmeza, técnica y las zapatillas atornilladas. Así, el inicio fue junto a rayas, con dos pases y un cambio de mano de bella plasticidad. En los medios, la primera serie resultó armoniosa. Por el izquierdo sacó hasta cinco naturales, bajando la mano, rematados con un gran pase de pecho. En esa exigencia mayor para el toro, la siguiente tanda fue en el platillo, con tres naturales con la planta erguida y la muleta mandona. Y otra más, al natural, breve, con otro pase de pecho a la hombrera contraria. Se vislumbraba premio. Probablemente, una oreja. Pero se esfumó. Caballero, casi siempre muy seguro con la espada, pinchó en esta ocasión. Entró de nuevo y…estocada defectuosa. Precisó de un descabello. Ovación merecida que recogió en los medios.

El resto fue historia menor. El propio Caballero, con el peligroso quinto sólo pudo estar pundonoroso. El toro manseó en varas y cortó en banderillas. Luego, se coló con peligro por ambos pitones. Voluntarioso, el torero recibió un fuerte golpe en el pecho a cambio de una estocada, tras un pinchazo.

Finito, con el elefante primero, atacado de kilos -nada menos que 620-, fue protestado por su flojedad. Bronca al usía por no devolverlo. El animal escaseó tanto en fuerzas como en casta. Finito, tras un desarme inicial, se justificó con el típico trasteo de enfermero.

El cuarto fue el único que acudió con alegría al caballo y brilló Manuel Muñoz a la hora de picar. Aunque noblón, le faltó recorrido. Finito, que precisamente tampoco estuvo muy inspirado, se descubrió con un par de dudas en los pases de tanteo. El trasteo fue insulso.

Saltó el tercero, un toro con pimienta, y Rivera Ordóñez, en el primer lance, tuvo que tomar el olivo, tras un desarme electrizante. Su banderillero Joselito Gutiérrez fue volteado de manera aparatosa. Afortunadamente no lo empitonó y el torero giró angustiosamente, cabeza abajo, colgado de la pala del cuerno izquierdo. Le había dado ventajas en la carrera y el animal apretó muchísimo. El torero de plata, con raza, prendió un gran par por el pitón derecho en otro envite. Un gesto de los que un aficionado jamás olvida. Las palmas echaron humo y en su honor sonó merecidamente la música. Rivera se jugó el pellejo por el peligrosísimo pitón derecho, por el que se le revolvió como un rayo en varias ocasiones. Y no quiso verlo por el izquierdo.

El feo sexto rehusó la pelea con el caballo, se revolvió por el izquierdo y propinó hachazos por el derecho. Rivera, sin opción a lucimiento, cortó pronto.

En la tarde quedó como recuerdo la inteligente y bella faena de Manuel Caballero con el único garbanzo bueno del encierro. Un Caballero importante y recio, pero sin espada.


La opinión de la terna:  Finito de Córdoba, Manuel Caballero y Fran Rivera
Por Emilio Trigo.


Finito de Córdoba: “La corrida en general ha sido una pena”

 ¿Ha sido un lote con escasas  opciones?

En general ninguna, el primero muy parado y sin clase y el segundo con peligro arrollando mucho, muy mirones y además muy bastos. La corrida en general ha sido una pena.La gente en Sevilla lo que quiere es ver el toro en armonía, nadie dice nada cuando ve a un toro en tipo. Luego embestirá o no, pero por lo menos se está delante de otra manera.

¿Piensas que el primero tenía que haber sido devuelto?

Hombre, era el primero de la tarde y luego el volumen que tenía... no podía con su cuerpo por lo kilos. La verdad que esta decisión depende mucho de las opiniones personales... quién sabe.


Manuel Caballero: “Me he sentido muy a gusto. La pena ha sido la espada” 

El segundo ha sido el único toro de la tarde que se ha dejado, pero tampoco terminó de humillar nunca.

 Si, ha habido que taparle cosas pero al menos ha sido un toro que se ha dejado torear y lo he toreado muy a gusto, me he sentido muy bien. La pena ha sido el pinchazo, si no, le corto la oreja. He basado mi faena en el temple y siempre en los medios. Me ha hecho disfrutar ese toro.

Por lo demás, la corrida no ha servido.

Efectivamente, ha sido una corrida mala. Me da rabia la espada que me ha privado del triunfo. Las  estadísticas en estas plazas tan importantes cuentan mucho pero también cuenta el regusto de torear un toro a gusto como lo he hecho hoy.


Fran Rivera: “No son toros para Sevilla”

Hay poco que contar con un lote malo.

El tercero de hoy me buscaba para meterme para dentro, se revolvía y el último de la tarde no tenía un pase. La verdad que no son toros para Sevilla, no tenían hechuras, es una pena y luego han sacado genio y cosas muy malas.

Mi primero tenía mucho peligro. Ha sido un toro con mucho genio, muy manso y lo que hacía era desarrollar y buscar, amagar. En fin, vienes con toda la ilusión del mundo y... para qué hablar más.

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