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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 11 de mayo de 2003
Novillada con picadores

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Utreros de Villamarta, deslucidos excepto el primero que fue bastante bueno. 

Diestros: 

Entrada: media entrada.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, ABC, Diario de Sevilla, El Mundo


PortalTaurinoMANUEL VIERA.  Para qué engañar o equivocar

La cosecha de novilleros que ilusionan no es muy abundante en esta campaña del 2.003. Son muy pocos, aunque algunos de los que se mueven en lo alto del escalafón atisben algunas esperanzas para llegar. Seleccionar a los que pueden interesar se hace difícil, pero puestos a analizar analicemos las cosas como fueron. Para qué engañar o equivocar. 

Curiosamente, Jarocho, me equivocó. A portagayola se fue nada más tocar el clarín anunciando la salida del primer novillo. La firmeza, el valor y el ir a por todas se vislumbró en la decisión. Después incluso funcionó muy bien en los inicios de faena. Dejó venir de largo al villamarta, matizó incluso las ideas más clásicas  de sus formas, pero todo fue banal. Los repetidos enganchones, su total desconfianza, su  falta de acople diluyó su efímero hacer en un querer y no poder. Desaprovechó, sin más, al más claro y más encastado novillo de la tarde. Con el cuarto nada cambió. Con montera calada quiso hacer un toreo con destellos de arte. Hubo intentos, pero fallidos. La apuesta de Jarocho por el toreo de pellizco ha estado falta de ambición y de ideas. Anodino toreo que no dijo nada ni le llegó a nadie.

Sólo el primer novillo citado hizo honor a su encaste. Los demás deambularon por el ruedo entre la flojedad y la mansedumbre en mayor o menor  escala. No fue buena, ni mucho menos, la novillada de Villamarta.

Lo más notable de la tarde lo hizo Octavio Chacón. Estuvo decidido con el noble, aunque flojo, segundo. Lo hizo con capote y muleta  aunque sin alcanzar las cotas deseadas. No obstante, demostró el gaditano valor y firmeza con un toreo ajustado, muy para adentro, animoso, y sobre todo intentando casi siempre la ligazón de los pases. Con el complicado quinto aguantó parones,  y no se descompuso cuando el novillo le buscaba una y otra vez las zapatillas.  Porfió  con la diestra hasta trazar buenos muletazos ligados con los de pechos. Y al natural no se amilanó ante la brusca paradas del manso. Esta vez, la espada no funcionó. De todas formas, le agradecieron el esfuerzo con larga ovación.

Sin demasiada convicción estuvo Paco Ramos con sus dos novillos. Con el flojo tercero, que permaneció en el ruedo a pesar de las protestas por su manifiesta invalidez, aunque después no se cayó, Ramos, inició faena por alto cuando el villamarta llevaba la cara por las nubes. El resultado a tan fallido comienzo  no se hizo esperar,  e imposible le fue al castellonense  hacerle bajar los pitones a la fiera  por debajo del estaquillador. Un metisaca de fea ejecución bastó para que el novillo quedara listo para el desolladero.  Con el sexto, transcurrió su tiempo en interminables series de pases  que acabaron aburriéndole y aburriendo a los que deseosos de descubrir  nuevas formas y que se dieron cita esta tarde en los abrasadores ladrillos de La Maestranza. 


Diario de Sevilla.  LUIS NIETO.  Octavio Chacón, valor y oficio

Llegan las novilladas y aficionados y espectadores afinan el olfato en busca de nuevos descubrimientos "¿Quién es ese Jarocho?"; pregunta alguien antes de hacer el paseíllo. El vecino tira de programa y con eficiencia afirma: -"De Madrid. Toreó 52 novilladas el año pasado".

-¿Y ese tal Chacón?

-De Prado del Rey, un pueblo de Cádiz. Toreó menos: 14 novilladas.

-¿Y Paco Ramos, el tercero?

-Toreó 39 novilladas. Es de aquí cerquita. Hijo de sevillanos, vive en Lora del Río, aunque nació en Onda, Castellón. ¡Ahhhh, una cosa más: Jarocho y Ramos debutan hoy en la Maestranza!

Algo había avanzado la parroquia en conocimientos cuando se dio cuenta de que la estadística y otras zarandajas no tienen nada que ver con la realidad. Y si no, ¡ojo al dato!, como diría Juncal.

Roberto Martín Jarocho, el más placeado, tuvo en suerte al mejor novillo del bien presentado encierro de Villamarta. Un dije. Un astado terciado, cómodo, precioso, que cumplió en los primeros tercios con bravura y, nobilísimo, embistió de dulce por ambos pitones. Jarocho, salvo su decisión al recibirlo a portagayola y en un quite por chicuelinas, naufragó sin paliativos. En los medios, mal colocado, sin dejarle la muleta puesta y con reiterados enganchones, aquel bombón, de nombre Devastado, se derritió al sol sin que lo paladease el torero. Con su otro oponente, noblote y parado, pecó de indecisión, con constantes cambios de terreno y la muleta retrasada.

El otro debutante, Paco Ramos, pasó inadvertido. Con su primero, un toro en trapío, que fue protestado por su flojedad de remos y se quedó cortísimo, esbozó una labor por alto, cuidando al animal. En el sexto, faena sosa, en correspondencia con el deslucido animal.

Quien ganó la pelea fue precisamente el torero menos placeado, Octavio Chacón, que, sin duda, es el más puesto.

-Pero hombre, ¿qué me dice?

Pues que el escalafón de novilleros está al revés. Que algunos de los que ocupan los primeros puestos ponen dinero por torear y ya ve usted...

A Octavio Chacón le daba consejos desde el callejón José Luis Galloso, magnífico referente. Y me dio la impresión de que no vio sus indicaciones a la hora de matar. Y Chacón, en el quinto, cuando ya tenía cortada una oreja, se quedó sin premio por marrar con la espada. Novillo vareado y justito de motor. El gaditano, aseado con el capote, comenzó su faena con buenos muletazos por bajo. En los tercios tiró muy bien con la diestra en varias series meritorias y con garra, en las que obligó con muleta poderosa y buena cintura. Y hasta le sacó una tanda muy comprometida por el reticente pitón izquierdo, a base de tesón. El gaditano, en sus ganas, le replicó con un quite por gaoneras muy ceñidas a Jarocho. Y en su primer novillo, el segundo de la tarde, manejable, que se revolvía por el izquierdo, fue enganchado por ese pitón, sufriendo un desgarrón de la taleguilla, en una labor voluntariosa.

Octavio Chacón se llevó de calle la tarde y, gracias a su solidez, voluntad y oficio, además de valor, convenció al respetable que se dio cita en la primera novillada picada del abono en la Real Maestranza de Sevilla.


ABCFERNANDO CARRASCO. Sólo la disposición y la firmeza de Octavio Chacón

La vuelta de los festejos en la Maestranza, tras la recién terminada Feria de Abril, no aportó mucho. Sólo se puede contabilizar la buena disposición del gaditano Octavio Chacón, que sacó mayor partido del que tenían sus dos oponentes, mostrando firmeza y temple en muchos momentos. Lo demás, poco. Bueno, sí. Un novillo, el primero, de los que se sueñan puedan tocar en una plaza como la Maestranza. Novillo para encumbrarse y salir lanzado. El madrileño Jarocho se perdió en un mar de dudas e indecisiones que le hicieron naufragar cuando debería haber cortado las dos orejas.

Se había ido a recibirlo Jarocho a portagayola, para luego lancear con voluntad pero escaso acierto. Lo vio claro el chaval, que brindó a la concurrencia y citó de largo. Allá que se fue el de Villamarta, para repetir una y otra vez. Empero, no le cogió el aire el madrileño, que dio infinidad de muletazos por ambos pitones, pero o salían enganchados o desplazados hacia fuera. No dijo nada del otro mundo ante el cuarto, otro novillo noblón aunque sin terminar de romper. (Silencio en ambos).

Ya queda dicho que quien solventó la papeleta con oficio y disposición fue Chacón. Estuvo bien manejando el capote ante su primero y dejó muletazos de buen trazo, aunque faltó cierta ligazón. Pero no se le puede poner un pero a esa disposición, ya que sacó más partido del que parecía podía tener el novillo. Estuvo contundente con la espada.

Mejor salieron las verónicas de recibo al quinto, al que Octavio Chacón lanceó reposado. De nuevo su labor estuvo presidida por la firmeza. Mucha cabeza puso en su quehacer mientras el de Villamarta acortaba las embestidas y se quedaba más corto de recorrido. Pero salieron muletazos, sobre todo al natural, de muy buen gusto y ejecución, donde el temple también apareció. Lo emborronó con los aceros. (Ovación y ovación tras aviso).

Al igual que Jarocho, Paco Ramos se presentaba en el coso del Baratillo. Presentación ésta que no dijo mucho. Su primero, que perdió las manos cuando salió del caballo, fue muy protestado y la faena del castellonense tuvo que transcurrir siempre a media altura. El que cerró plaza resultó de salida bronco y violento. Intentó Ramos someterlo por bajo pero el de Villamarta no rompió nunca y la faena, además de larga, se fue diluyendo. Se eternizó con la espada. (Silencio y silencio tras dos avisos).

Con media entrada larga, se lidiaron novillos de Villamarta, noblones y justos de fuerzas.