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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del jueves, 19 de junio de 2003
Corrida del Corpus
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Los Bayones,
cinqueños, serios, cuajados y de enorme
volumen resultaron nobles y
flojos, aunque con la movilidad necesaria para aprovechar sus
embestidas. Los mejores segundo y quinto. Los dos de Murube demasiados
parados.
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Diestros:
Entrada: media plaza.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, ABC.
PortalTaurino. MANUEL
VIERA.
Valderrama: todo un maestro
Toda una lección de perdurable toreo, perdurable y abundante, es la
que ha dado esta tarde en La Maestranza Domingo Valderrama. El
diestro de Utrera quizá se vea así mismo como un torero en
gran medida desaprovechado o, incluso, como un perdedor. Un perdedor que
nunca ha tirado la toalla y que todavía sigue en la dura pelea por
llegar. Porque Valderrama nunca llegó, hace tiempo que se quedó anclado
en el fondo de sus deseos. Hoy, en la plaza, desde los primeros lances de
capa, Valderrama, buscó la expresividad en sí. Fue único en detalles y
técnico como nadie en los necesarios recursos. En su toreo hubo
transparencia, honradez. Interesó verlo y más sentirlo por su carga de
verdad, por su fuerza. Entregó placeres a la vista y dio rienda suelta a
sus sentimientos plasmando en el ruedo destellos de una soberbia inspiración,
sobre todo cuando ejecutó el muletazo con la gracia y la sevillanía
del que canta por alegrías.
En suma, el toreo de Valderrama está más vivo que nunca. Lo demostró
con el quinto de los Bayones, al que hizo tomar el engaño con una
clara intención: transmitir esa sensación de emoción que provoca lo
autentico. En la cadena de pases con la diestra había la coherencia
necesaria como para hilvanar con enorme lentitud semejante toreo.
Toreo hecho a mano y no producido en serie como se ve en tantas y
anodinas tardes de toros. Valderrama dio terminación manual a lo
ejecutado en el ruedo, aunque la intensidad de la emoción bajara con la
izquierda. Aunque la faena al segundo se viniera abajo por un inoportuno
desarme y la espada cayera en los bajos. Polemizar sobre los
despojos que le entregaron al final importa poco. Lo válido, lo
importante son esas formas que envuelven un toreo lleno de matices de
principio a fin. Toreo de auténtico maestro
La tarde no tuvo más, sólo el insoportable calor en los
tendidos. Los toros de los Bayones, cinqueños, serios, cuajados y de
enorme volumen resultaron nobles y flojos, aunque con la
movilidad necesaria para aprovechar sus embestidas. Los mejores segundo y
quinto. Los dos de Murube demasiados parados.
Marcos Sánchez Mejías, falto de ilusión y con mínimo valor, poco
hizo. Despachó al primero sin apenas intentos de agradar con la muleta. Y
terminó con el flojo cuarto de Murube con solo algún que otro esbozo de
muletazo por fuera y sin ajuste.
Fernández Pineda, muy mermado físicamente, no se acopló con el
molesto sobrero de Murube lidiado en tercer lugar. Ni le cogió el aire al
flojo, aunque noble, sexto.
El
País. ANTONIO
LORCA.
Triunfo de Valderrama
Hubo brillantes chispazos de torería y todos los protagonizó Domingo
Valderrama, un torero de buenas maneras y enorme corazón que,
inexplicablemente, está en el dique seco.
Le concedieron las dos orejas de su segundo toro por una faena que fue
la emocionante confirmación de su sello de torero artista y valiente. El
toro, de enorme presencia, embistió con templanza y le permitió una
labor torerísima basada en pases por ambas manos de gran empaque y
belleza. Las tres tandas de redondos fueron muy jaleadas por su hondura, y
citó, después, por naturales con la muleta recogida y dibujó dos largos
y profundos ligados perfectamente con el de pecho. Su tarjeta de
presentación la había mostrado al comienzo de faena de muleta de su
primero. Se dobló por bajo con gran decisión, genuflexa la pierna
derecha, en pases largos con el toro embebido; recuperada la verticalidad,
dibujó un precioso cambio de manos y cerró la tanda con un hondo pase de
pecho que emocionó a los tendidos.
La ilusión que derrocha este torero le falta a Sánchez Mejías, que
dice que ha vuelto para triunfar, pero pocos se lo creen. Sobre todo,
después de la imagen de absoluta tristeza que dejó ayer en La
Maestranza. En su primero se mostró como un torero que no cree en su
futuro: no se colocó una sola vez para citarlo y todo quedó en
probaturas de las que producen más lástima que desaprobación. Y la
primera impresión la corroboró en el quinto. Nada.
Pineda salió mermado de facultades a causa de una reciente lesión en
el pie izquierdo. Su labor no pasó de voluntariosa. Es torero de buen
corte, pero ha toreado muy poco y no le han respetado los toros. No brilló
nada ante su soso primero, y mejoró sensiblemente en el otro, al que toreó
con quietud y largura con la mano derecha.
ABC. FERNANDO
CARRASCO. Triunfo de Domingo Valderrama en la Maestranza en la corrida del Corpus
Soberbio por medido, templado y distinto. Soberbio porque no se limitó a una faena al uso, sino que le imprimió un aire distinto. Ya está bien de series muleteriles diestras y siniestras -en todos los sentidos-; ya estamos hartos del toreo clónico y repetitivo hasta la saciedad; de faenas que no se terminan nunca y de pegapases sin ton ni son que acaban aburriendo al que inventó el toreo.
Soberbio Domingo Valderrama. Soberbio. Sin tapujos lo digo. Y aunque hoy en muchos contubernios se discutan las dos orejas que le cortó al quinto -no sé si muchos de estos sabrán que era la segunda corrida esta temporada del torero de El Torbiscal-, no se le puede negar que Domingo lo hizo todo con una naturalidad, parsimonia y enjundia que a más de uno de los llamados figuras se le saltarían los colores.
«Tempo» perfecto
No pudo hacer prácticamente nada con el capote. El de Los Bayones, un burraco grande como él solo, no se empleó en el caballo y le dio un susto a Agustín González en banderillas al apurar éste uno de los pares. Un mastodonte que se vino para la muleta del pequeño gran torero que, por bajo, lo fue llevando con mimo y suavidad. Tomó la muleta con la diestra el sevillano, se apartó, le dio sitio, lo colocó andándole y, echándosela de lejos, ligó una serie templadísima, sentida, pausada, de un ritmo candecioso y pulcro, perfectamente rematada con el de pecho. Hirvió la plaza. Domingo se despegó de nuevo, dejó respirar al de Los Bayones y de nuevo desde la distancia lo llamó para que el astado se viniese. Otra serie diestra de igual factura, quizá con cierto desacople en algún muletazo pero rematada con torería y firmeza. Muleta a la izquierda, después de aplicar a la perfección el «tempo» de descanso al toro. Vació la embestida el torero, que se lo dejó venir de nuevo. El astado estaba a punto de rajarse, aunque Domingo lo mantuvo fuera de la raya de picadores. Remate airoso con un abaniqueo armonioso para cambiar la espada, alegrarle las embestidas postreras con recortes sevillanos y pintureros e irse detrás del acero. Media arriba, en buen sitio. Dos orejas pedidas con absoluta mayoría. Después de lo que se ha visto en lo que llevamos de temporada, una delicia. Porque fue una faena medida y fuera de todo tópico. Ahora, que vengan los conspícuos y disientan. Me importa un bledo. Yo dijo lo que vi y vieron los que están hartos del toreo mecánico de las llamadas figuras de relumbrón.
Soberbio Domingo Valderrama; soberbio
Pudo haber obtenido otro triunfo de clamor ante su primero, segundo de la tarde, el otro toro que sirvió de la corrida. Había estado alegre y afanoso con el capote y muy torero en los doblones iniciales con el toro, que repetía. También le dio distancia y lo llevó toreado, aunque pecó de dejarse enganchar la muleta en varias ocasiones. Tanto es así que a la segunda serie se produjo un desarme y, a partir de ese momento, la faena se vino cuesta abajo, decreciendo en calidad. No cejó en su empeño Domingo de sacarle partido al de Los Bayones, pero no acabó de redondear y hubo muletazos sueltos pero sin redondear la obra. El bajonazo resultó infame, torero.
Marcos Sánchez Mejías no se confió en ningún momento. Su primero, el buey Apis en versión cabaña brava, iba y venía sin más, desplazándose pero sin emplearse. Marcos, precavido en demasía, no quiso confianza ninguna desde que tomó la muleta y se dedicó, en un visto y no visto, a pasarlo por el lado derecho para machetearlo a las primeras de cambio y deshacerse de él sin el más mínimo pudor.
Ante el cuarto, de Murube. no dijo absolutamente nada porque si su enemigo era incierto y no se entregaba, el sevillano no pasó de porfión y tesonero, pero sin mostrar confianza. Aquí duró más la faena, pero el público acabó pitándole.
Mermado de facultades
Fernández Pineda toreó infiltrado y volvió a infiltrarse tras estoquear a su primero. Acudió mermado de facultades y se notó demasiado. No se pueden obviar las ganas por no perderse un compromiso de esta magnitud, pero cuando no se está al cien por cien, es mejor no engañarse. Porque por mucho esfuerzo que se haga la factura puede ser peor.
Tras devolvérsele su primero, con el sobrero de Murube anduvo desconfiado y precavido por aquello de no saber si podría salir con bien en un aprieto. La sosería de su enemigo no propició que aquello saliese bien. Se le notó demasiado preocupado por la lesión.
Con mejor talante estuvo ante el sexto. Al menos, más dispuesto, dejando algunos muletazos de buen trazo hasta que el de Los Bayones se desinfló y recortó. Aguantó algún que otro parón el de La Puebla. Ahora hay que recuperarse del todo de la lesión.
Ahora viene la pregunta del millón: ¿le servirá este triunfo a Domingo Valderrama para torear más? Si hay justicia en el toreo, deberíamos ver su nombre en muchos más carteles a partir de ahora.
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