GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
Almería
Cádiz
Córdoba
Granada
Huelva
Jaén
Málaga
Sevilla

 

Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del viernes, 25 de abril de 2003
Corrida de toros

Dávila Miura. Pulsar para aumentar tamaño

FICHA TÉCNICA

Ganadería:   Toros de Juan Pedro Domecq, de juego muy pobre y faltos de raza. El sexto lidiado como sobrero.

Diestros: 

  • Finito, estocada casi entera y atravesada (silencio). pinchazo que escupe, puntilla (silencio).
  • Dávila, pinchazo sin soltar, estocada casi entera un poco caída (en paso de banderilla) (saludos desde el tercio). Dos pinchazos, un mete y saca, un pinchazo, aviso (silencio).
  • Juli, pinchazo sin soltar, estocada casi entera (saludos).  Media estocada, estocada casi entera (saludos).

Entrada: lleno en tarde de sol.

Banderilleros que saludaron: Curro Molina en el cuarto de la tarde.

Presidente: Gabriel Fernández Rey.

El Juli. Pulsar para aumentar tamañoEl Juli. Pulsar para aumentar tamaño

Eduardo Dávila Miura. Pulsar para aumentar tamañoEduardo Dávila Miura. Pulsar para aumentar tamaño

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, ABC, El Mundo, Diario de Sevilla

LOS PROTAGONISTAS 
Finito de Córdoba
Un lote para estar triste
“Ha sido una pena que la corrida de los Juanpedros sea tan desrrazada. El segundo mío que lo he cuajado con el capote parecía que iba ha servir,  pero se echó con cinco muletazos, y lo normal es que esto pase a los veinte . Mi primero no me dio opciones. Es para estar triste con este lote”
Dávila
Una corrida imposible
“La tónica de la corrida ha sido muy parecida, imposible triunfar con ella. El segundo de la tarde se apagó pronto y lo quidé en el caballo. Cuando iba a ligarle me ponía los pitones en los muslos. El quinto ha tenido mucho peligro me tiraba tornillazos siempre con la cara en las nubes”
Juli
Imposible triunfar con estos toros
“Me he llevado un lote muy difícil para poder triunfar con el. El primero ha tenido cosas buenas pero luego se ha rajado y era imposible levantar la faena. Con el sobrero he estado muy dispuesto y con mucha ilusión pero, no había nada que hacer. Espero que a la tercera vaya la vencida”
Realiza: Emilio Trigo

 


PortalTaurinoMANUEL VIERA.  El disparate inexplicable del toro de hoy

Quizá era demasiado. Oreja  por tarde de corrida es acostumbrar a la gente que acude a la plaza a demasiada monotonía. Por eso ayer se dieron unas cuantas, hicieron  felices a  los que la pidieron, y hoy,  marcador a cero y a empezar de nuevo. Y así ha sido. Se ha empezado por lo de siempre, por lo tradicional. Toros que todos  quieren, pero que después maldicen. Toros bonitos, bien hechos, muy serios algunos, pero que no necesitan ser picados,  se agotan, se caen, agonizan,  se mueren  sin necesidad de que les mate el frío acero.  Y, así, fue este otro disparate inexplicable del toro de hoy para el toreo de hoy.

No es fácil describir sobre el papel lo visto sobre el albero, porque nada se ha visto. Lo importante es el toreo, y nada de eso hubo debido a unos animales que sorprendieron por su absoluta ausencia de casta, por su debilidad manifiesta. Eso sí, lucieron la infinita bondad de la nobleza que solo sirvió para alimentar esperanzas después diluidas.  

Así que, con tan deseados ejemplares las aparentes ganas de Finito de Córdoba se vieron relegadas  a escasos derechazos desajustados, aunque bien trazados, al desrazado primer toro de la tarde. Más firme se mostró con la capa en el saludo al cuarto, un toro con aparente calidad, al que ni siquiera se le picó. Después, se tumbaría en el albero cuando ilusionaba Finito en los comienzos de faena. Algunos muletazos con la diestra  y un buen remate de pecho fue lo único que aguantó la noble y agonizante fiera que quiso morir sin necesidad de que Juan Serrano le introdujera la espada.  

Igual suerte corrió Dávila Miura con el apagado segundo. Algunos lances sin demasiado carisma y un más que esperanzador inicio de faena. Los muletazos con la diestra fueron rematados con buenos de pecho, pero cuando el sevillano quiso  trazar  el toreo al natural, pierde el engaño, se descompone el toro, y lo peor,  también el torero. Los intentos por remontar el vuelo resultaron vanos. Dávila,  brindó al público la faena al quinto y a los medios se fue en busca del cite de larga distancia. Los continuos enganchones de la tela orientaron al juanpedro  convirtiéndolo en un animal violento que no se dejaría matar. Todo un calvario pasó Eduardo Dávila Miura para terminar con la vida de tan “deseada” fiera.

Y no corrió mejor suerte Julián López El Juli, no. Más centrado que en anterior comparecencia en esta plaza destacó en  banderillas al tercero. Al que toreó de muleta en tandas de derechazos lentos, acompasados y bien rematados. No sucedió lo mismo en los intentos de toreo al natural. Rajado y agotado el lustroso jabonero se fue a tablas y dejó a El Juli sin ninguna otra opción de triunfo. Al madrileño le devolvieron el sexto por invalido. Y no invalido, pero sí flojo y  su aire apareció el sobrero, del mismo hierro ganadero, al que El Juli cuidó en varas, mandó a sus peones poner banderillas, y se fue decidido, muleta en mano, en busca del triunfo. Pues pases y más pases, anodinos, opacos, sin  atisbo de una pizca de buen toreo. Toro a su aire y torero que tendrá que esperar unos días hasta volver a esta plaza  para intentar hacer de lo difícil lo fácil. 


El País. ANTONIO LORCAEl toro artista, por los suelos

La ganadería de Juan Pedro Domeq es el orgullo de ganaderos, toreros y nuevos ricos. En este país, cualquiera que hace dinero compra una finca de matojos y una punta de vacas de juampedro para presumir en los tentaderos, donde se bebe y a los animales no se les hace ni caso.

Es el orgullo de ganaderos, porque son toros exigidos por las figuras en las grandes ferias. El propietario mismo canta a los cuatro vientos las cualidades de sus toros artistas.

Y el orgullo de los toreros. Todo el que se ve vestido de luces sueña con torear un día un juampedro. Y el que un año triunfa en una plaza importante -tal es el caso de Dávila en la feria pasada- se muestra implacable: "Yo, juampedro".

Pues ésta es una de las grandes mentiras de nuestro tiempo. Esta ganadería, con su propietario a la cabeza, es uno de los exponentes más claros de la decadencia del toro bravo.

Y para muestra, un botón: los de ayer, de bonita cara, rodaron por el albero como una pelota, presos de una total invalidez, sin casta, sin bravura, sin nada. Sólo el sobrero empujó con genio en un puyazo; el resto prácticamente no notó ni el picotazo de la vara. El primero era un armario sin sangre; el segundo aguantó dos tandas en la muleta y Dávila las aprovechó para dar pases acelerados y de escasa factura; el tercero embistió otras dos y El Juli, fuera de cacho, trazó muletazos insulsos; el cuarto se echó a mitad de faena; el quinto, sin fijeza, anduvo como alma en pena, y el sexto permitió que El Juli diera toda una lección del pegapasismo moderno.

Y se acabó el arte. Seis toros, seis, para la basura. Salían de chiqueros con alegría y veinte segundos más tarde doblaban pezuñas, manos y panza al completo. Estarán drogados, apuntó alguien en el tendido. Hombre, por favor, como mucho estarán borrachos, le espetó otro. Y el interpelado contestó: ¿Y el alcohol qué es lo que es?

Qué sabe nadie lo que le ocurre a estos toros. Y quien lo sepa seguro que no va a decir ni pío. Mientras tanto, los aficionados se desesperan y los toreros fracasan. Porque los tres de ayer fracasaron en toda regla. Para empezar, la tristeza se contagia, y después, ninguno fue capaz de aprovechar las escasísimas embestidas de sus oponentes. Finito intentó justificarse con unas verónicas aceleradas y se estrelló con dos mulos. El segundo se echó descaradamente en la arena cuando intentaba estirarse con la derecha. Dávila Miura quería juampedro y comprobó que su pases no dicen nada cuando el toro no tiene casta. Su toreo careció de alegría y del arrebato que demostró en la feria pasada. En el quinto, pasó un quinario con la espada, lo que es un borrón importante para quien viene con aires de figura. Y El Juli, que tampoco es un dechado de arte, puso un buen par de banderillas a su primero y dio muchos pases a su lote sin hondura ni dominio. Quizá le tocaron en suerte los dos toros que más aguantaron en pie, pero sólo le sirvió para evidenciar sus carencias.

Pero juampedro seguirá mandando. Y volverá el próximo año a la feria de Sevilla, y se pelearán las figuras y los nuevos ricos seguirán comprando puntas de vacas. Así es la vida...


Diario de Sevilla.  LUIS NIETO.  Se aburrieron hasta los vencejos

No sólo los banderilleros plantean conflictos a los matadores y les amenazan con huelgas. Ayer, los toros artistas de Juan Pedro Domecq, descastados, salieron de manos caídas y de embestidas sositas. Salvo el quinto, que se sublevó propinando multitud de tornillazos y un sexto, difícil y manso. El albero maestrante, con sobrero incluido, se convirtió en una huelga de toros artistas –así los denomina su criador–, bien por su flojedad o bien por su mala condición. Con estos ejemplares, los toreros más decididos fueron Dávila Miura y El Juli, con un Finito de Córdoba acomodaticio, que propició que se le pegara muy duro en el caballo a sus toros.

Salta el primero, soso, y Finito que se contagia. Derribo en el primer tercio porque colocan de manera nefasta al astado. Luego, no hubo más. En el cuarto, al que le dieron fuerte en varas, hizo el esfuerzo. Afloró el torero fino con el capote en verónicas rítmicas y de compás abierto. Deslumbrante una media improvisada cuando le hizo un feo amago el toro cuando lo llevaba al caballo. Curro Molina fue muy ovacionado en banderillas, aunque prendió sin mucho ajuste. Tras dos tandas, el animalito se echó. Finito lo castigó con otra tanda inmisericorde, mientras el toro no podía ni con el rabo.

Dávila Miura quiso hacer muy bien las cosas en su lote ¿Su primero?…con nobleza, pero justito de motor. El sevillano, triunfador de la feria del año pasado, ganó terreno en los lances de recibo y se lució en una media templada en un quite. Hubo suavidad en el manejo de la tela roja, especialmente por el pitón izquierdo. Pero no alcanzó emoción el trasteo, desigual, que fue a menos. En gran medida, por la sosería del animal, que se quedó cortísimo.

Otra historia fue el pegajoso e incómodo quinto. Dávila, en las afueras, luchó con una oleada tremebunda de tornillazos que frenaron su esfuerzo, con algún susto de por medio.

El Juli dio una imagen mejor que la del domingo pasado. Se desenvolvió sin aquella aceleración. El jabonero tercero, muy tardo, se lo puso difícil. El madrileño se lució en un quite por chicuelinas más rafalleras, bien rematado con una media. En banderillas destacó en un tercer par atlético que cerró con un recorte para clavar en una loseta. Con la franela se entregó en una labor en la que se rajó pronto el toro, que enfiló descaradamente las tablas.

El sexto fue devuelto al perder las manos. El sobrero, un jabonero, altote, fue pólvora mojada desde que flojeó de salida. Manseó en varas. Ante las malas condiciones del toro, El Juli no banderilleó, lo que desagradó al público, que se lo ratificó con unas palmas de tango. En las afueras, El Juli, con la derecha, logró una buena tanda y sufrió una seria colada en la segunda. Con la zurda debió estar ojo avizor ante la agilidad de cuello del animal. Fue labor más de aguante que de lucimiento.

Uno piensa, como el maestro Pepe Luis, que el marco de la Maestranza es inigualable. Vencejos que sobrevuelan con arte sobre el rubio albero. Sonidos de campanas. La Giralda, enhiesta, asomando hasta su bello escote almohade para empaparse de lo que sucede. Y arriba, como artesonado de lujo, el cielo azul más bonito que conozco. Pero cuando se tuercen las cosas, como ayer, y el aburrimiento y hasta el hastío cuelgan su estandarte, la Maestranza parece otra. Ya en el cierre de la función, con los focos amenazadores, parecía tornarse en plomizo el cielo, la Giralda demudaba su vestido de marfil y se encajaba otro grisáceo. Y hasta los vencejos, sí, los vencejos, siempre omnipresentes, decidieron ascender y hasta alejarse en vuelos mustios. Y es que la tarde…

Ganadería. Corrida de Juan Pedro Domecq, en general bien presentada y escasa de motor y de fuerzas. El primero, soso. Segundo, noble, el mejor, aunque le faltó mayor transmisión. Tercero, tardo. Cuarto, flojísimo, se echó a mitad de faena. Quinto, pegajoso y violento, fue el peor. Y el sexto, como sobrero, manso y difícil.



El Mundo.
JAVIER VILLÁN.
Se estrellaron 'juampedros' y toreros 

Cuidemos el lenguaje, que es el instrumento del cronista como la muleta y el capote lo son de los toreros. Además, los juampedros son toros de buena crianza y educadísimos modales.Me explico, por lo tanto, que se sintieran ofendidos cuando escribí en Fallas que «la corrida fue una mierda» y que estaban «afeitados y sin resuello». Consciente de los excesos de mi vocabulario, me atemperé en Castellón titulando, «Esplendor del borrego», que es expresión más fina y que mi amigo Enrique Aguilar, el puntal taurino de este periódico en Levante, celebró como hallazgo gramatical.

Así que, cuidadoso del lenguaje, no voy a decir que los juampedros de ayer fueran una mierda como las de Valencia y Castellón. Acaso un poco febles, o sea, carentes de esa grosera rudeza que da la fuerza y la agresividad de la embestida. Por el contrario, los juampedros de ayer eran de exquisita corrección y cortesía.Hasta en las caídas eran delicados los juampedros. Y no digamos en la suerte de varas, que no debiera aplicarse a toros de tan buena crianza. En consecuencia, los picadores dosificaban el castigo con cuidado. Pese a lo cual, los juampedros se pegaban la costalada bajo el peto y aledaños. O mejor debiera decir claudicaban penosamente. Los juampedros no eran fuertes, mas eran guapos y proporcionados. Y, a simple vista, limpios de pitones. 

Y seamos también educados, justos y benéficos con los toreros, pues sería descortés serlo menos que con los toros. Lo malo de Finito empezó desde el día de su bautismo torero cuando alguien, extremando la delicadeza, lo llamó Finito de Córdoba. No sé a quién se le ocurriría; pero llamándose Juan Serrano, hay que ser cursi a conciencia para rebautizarlo como Finito de Córdoba.

Al final pasa lo que tiene que pasar: que el nombre se sobrepone a la persona y Juan Serrano ha sucumbido a la cursilería de su apodo artístico. Eso le ocurrió ayer en el primero, mas en el quinto estuvo a punto de redimirse. Advirtiendo ciertas condiciones del animal, lo dejó sin picar, literalmente, y El Fino quiso reencontrarse con sus orígenes como Juan Serrano. Imposible de toda imposibilidad. Pese a estar sin picar, el juampedro se desfondó y acabó echándose dos veces, la última con las angustias irrevocables de la muerte. Aquí lo mejor fue, aparte el manejo del capote de El Fino, dos pares soberanos de banderillas de Curro Molina.

Dávila Miura se transfigura en La Maestranza o casi. Por razones telúricas o de paisanaje, Dávila Miura torea más despacio que en ninguna parte. Lanceó con suavidad a pies juntos y en el platillo esculpió dos tandas de redondos, una de ellas espléndida; el pase de pecho con el que abrochó, monumental. Fue todo, pues el quinto era un toro infumable y Dávila naufragó.

A Julián López, mientras banderilleaba, le tocaron el más hermoso solo de trompeta que escucharse pueda en una plaza de toros.Sólo por eso, mereció la pena que El Juli banderilleara. Después, en la segunda tanda de redondos, aseados y sin la carnalidad grosera de las apreturas, salvo uno, la banda volvió a inundarnos de hermosas fusas, semifusas, blancas y corcheas. Tiene fácil la música El Juli en La Maestranza.

El juampedro no debía de ser melómano, pues a partir de ahí se rajó cobardemente, huyendo a tablas sin pudor ni disimulo. El sobrero, sexto, cometió la descortesía de acosar a El Juli, colársele varias veces y tirarle un viaje que por poco lo desabarata. Ahí se acabaron las posibilidades de remontar la tarde. El juampedro sacó resabios maleducados y Julián López valentía y amor propio.


ABCZABALA DE LA SERNA. Decepción en la sexta de abono

Lo que escribía Juan Pedro Domecq durante la corrida es un misterio insondable. Pero Juan Pedro escribía. Y mucho. ¿Qué escribiría sin levantar cabeza cuando las mulillas arrastraban al cuarto en medio de una bronca atronadora? El Potra se asomaba a las cuartillas y de reojo intentaba visualizar lo que diagnosticaba Juan Pedro sobre la muerte natural de su toro. ¿Infarto? ¿Problemas de hígado? ¿Dolor de cabeza? ¿Malestar general? ¿O simplemente mala vida? Llamándose «Pendón», a saber en qué aguas abrevaría.

Cuando el sobrero que hizo sexto manseaba estrepitosamente, Juan Pedro ya no anotaba nada. Pero don Miguel Criado seguía inquieto y con la incertidumbre de saber con qué había rellenado el ganadero la libreta completa. ¿Sería en un análisis pormenorizado de la brava pelea en los caballos o la descripción del poder y la bravura de los toros? En verdad la interpretación del juego de los juampedros no daba para mucho, mas su dueño no cesó de escribir. La gente en los tendidos lo comentaba. «¿Tú te has fijado lo que escribe Juan Pedro?». Y se hacían así con el codo. Javier Villán también se percató, aunque dudo que lo cuente ante el temor de persecución judicial.

Duraron segundo y tercero media faena con buen tono. Pero uno se apagó de pronto y otro se rajó. Esto son dos líneas y media; no salen las cuentas. Salvo que Juan Pedro le eche literatura y explique la corrida con labia hipnotizante. «El sexto se caía de purito encastado». Por ejemplo.

Imagino que entre tanto afán por escribir no se le pasaría que ayer contemplamos otro Juli en el ruedo. Un Juli con atisbos de recuperación, más ilusionado e ilusionante, deseoso por hacer las cosas bien. Justa, justísima, tenía la fuerza el jabonero tercero, que recibió un picotazo; en el siguiente encuentro, marró el piquero, chocó con el peto y se desplomó sobre el costado. No hubo segunda vara, pero el presidente cambió el tercio. El Juli, que había veroniqueado decidido, anduvo fresco en chicuelinas al paso y cerró un quite por Chicuelo y Villalta con una media verónica de nota. En banderillas, atacó de dentro a fuera y al cuarteo por uno y otro pitón con desigual resultado; hubo de ser en el tercer par cuando de verdad se arrancó por derecho y clavó en la misma cara.

Tanda maciza y ligada

Prologó la faena en la raya. Consciente de las limitaciones del toro, después de tres derechazos, le permitió recuperar aire. Volvió y cuajó una tanda maciza y ligada, rematada con un trincherazo de cartel. Y otra vez se paseó para que resollase ánimos el juampedro, al que se había sacado a los medios para evitarle las tentaciones de la querencia. Otros cuatro derechazos más duró. Abrochado un soberano de pecho, el animal se rajó; Juan Pedro escribía. Entonces quiso El Juli torear con la izquierda, pero era ya imposible. Cuando volvió a la diestra halló una actitud defensiva, de huida, y surgió un desarme. Molesto y andarín se puso el toro para matarlo. Cazó la estocada en cuanto logró cuadrarlo.

Ante el sobrero, Julián López volvió a estar por encima de la mansedumbre. Para más inri, en cuanto lo obligaba hacía por coger y sobre la zurda soportó una colada de ¡ay! Acertó al no banderillear. Resolvió breve, de media y descabello.

Dávila Miura tuvo en suerte al segundo, de bonitas hechuras, bajo de agujas. Duró la apertura por alto en los medios y dos tandas de derechazos, mejor la primera que la segunda, más acoplada y ajustada aquélla que ésta, cuando el toro le ganaba la acción. Se puso al natural, sobrevino un desarme y sanseacabó la pila del animal. Dentro del descastamiento, éste permitió estar, pero el castaño quinto, todo genio y derrotes violentos, le trajo por la calle de la amargura hasta la hora final. Dávila no estuvo especialmente ágil ni de ideas ni físicamente: demasiados enganchones se sucedieron mientras Juan Pedro todavía escribía.

Finito se topó con un toro grandón que embestía muy agarrado al piso. Uno y otro no salieron de las trincheras. Luego, con el cuarto, más terciado, movió el capote a la verónica con sumo gusto. Tres medias y otros recortes muy toreros precedieron a un notable tercio de Curro Molina, quizá más espectacular y menos puro que otras veces. Después el toro se murió, y Juan Pedro dale que te pego a la pluma.

Otras corridas de la feria