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Festejo de abono
Feria de San Miguel

REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del viernes, 26 de septiembre de 2003
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Parladé, bien presentados, nobles y de desigual juego. Destacaron 2º y 5º.

Diestros: 

  • Ferrera, de burdeos y oro. Metisaca en los bajos del que rueda el toro sin puntilla (silencio). En el cuarto, pinchazo y casi entera (silencio).
    Dávila, de verde y oro. Pinchazo y estocada (oreja). En el quinto, estocada (oreja con petición de la segunda).
  • Fandi, de azul y oro. Estocada (saludos). En el sexto, dos pinchazos, estocada y descabello (palmas).

Entrada: Menos de tres cuarto de entrada, en tarde de mucha calor

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, ABC, Diario de Sevilla


PortalTaurinoMANUEL VIERA.  Dávila Miura, poderoso y contundente

Tal vez, haya sido la tarde donde se ha podido apreciar toda la madurez de un torero que no se cansa de perseguir la verdad, su verdad, con su toreo. Cualquier defecto en las formas  de Dávila Miura, que los tiene,  es subsanado con creces por una multitud de aciertos que a la postre le hacen  ejecutar una tauromaquia auténtica, muy clásica y a veces espectacular.

Dávila no es inventor de nada. Pero no importa. Lo que sabe, lo que hace lo cuenta cada tarde aquí y allá, recorriendo las plazas con su toreo  a cuestas. Y hay quien lo admira. Hoy se ha visto. ¿O no?. El sevillano ha hecho un toreo poderoso, tremendo, contundente. Un toreo sin prisas, que requiere calma y humildad de pensamiento para conseguir el  largo y lento trazo del muletazo

Mereció la pena sentir tan escandalosa emoción transmitida por este torero con criterio y autoridad. Fue al noble segundo, un gran toro, al que Dávila Miura fue consiguiendo, paso a paso y en tiempo lento, con orden y armonía  hasta obtener la respuesta esperada, una faena  que caló en los tendidos sin discusión.  Tandas hilvanadas, lentas, ajustadas con la firma de buenos pases de pecho y bellos recortes. La estocada precedida de pinchazo no tuvo engaño. Con el quinto, otro toro noble aunque más parado, la ligazón y el temple fueron sus armas. Algunos enganchones debido más al toro que al torero no desmereció una labor justamente premiada con un nuevo trofeo.

Es posible, que perdida la rivalidad en el ruedo por simple pelea de “niños”, el interés de ver juntos a Ferrera y El Fandi haya disminuido. Un quite del primero al segundo en el tercer toro de la tarde así lo demostró. El espectáculo de las banderillas se ha venido abajo, nadie lo duda. Y sólo El Fandi calienta los tendidos con su peculiar forma de parear. 

Porque Ferrrera ni eso. Mal en abril y mal en septiembre. Discreto con las banderillas clavó al primero con más o menos acierto, pero estuvo vulgar con el cuarto. No está bien Antonio Ferrera. Su toreo no dice nada con el toro parado y noble, pero tampoco con el que va y viene sin asustar a nadie. Algún que otro pase con el esbozo del trazo al que abrió plaza fue lo único a destacar en su banal actuación. Al cuarto no le supo aprovechar las primeras arrancadas y su  intento de faena se diluyeron en un querer y no poder. Con la espada mal. 

Tampoco El Fandi tuvo su tarde a pesar de lograr con los palitroques los mejores momentos de su actuación. Pero no hubo redondez en un tercio que domina como nadie. Con la muleta dijo poco, casi nada, alguna que otra tanda  bien trazada con la diestra al noble cuarto, pero sin emoción. Con el sexto, un toro distraído y a su aire, poco o nada pudo demostrar en el trasteo. Firme con la espada en el primero, falló después en el sexto.   


El País. ANTONIO LORCA. Agotados

Los toros de Parladé nacieron cansados y llegaron a la plaza agotados. La verdad es que eran guapos y nobles hasta la desesperación; tan dóciles que daban lástima. Total, el toro de hoy, sin casta, ni codicia, ni agresividad, ni poderío, ni nada de nada.

Que conste que no hubo tercio de varas. Salieron los picadores, simularon altanería, picotazo va, picotazo viene, y se acabó. Tampoco hubo toreo de capa. Capotazos, sí, muchos pero burdas imitaciones.

Y de muleta no estuvo sobrada la tarde. Lo mejor surgió de las manos de Dávila Miura, aunque no fue para tirar cohetes. Su labor en el primero fue aseada, bonita y pinturera, pero de escaso fondo por la nula codicia del animal. Le dieron una oreja por una faena que, como mucho, fue de vuelta al ruedo. Una tanda de derechazos largos y hondos a su segundo, el toro de más brío, fue lo mejor de la tarde. Comenzó por el lado izquierdo y su toreo resultó rápido y sin reposo; se dejó enganchar la muleta al final y mató con prontitud. Le pidieron las dos orejas -¡Maestranza, quién te ha visto y quién te ve!- y la cordura del presidente impidió lo que hubiera sido una auténtica desvergüenza. La Puerta del Príncipe debe ser para las grandes ocasiones. Ferrera y Fandi sólo se lucieron, más el segundo en banderillas. Muleta en mano, ambos resultaron superficiales y espesos.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETO.  Dávila, inteligencia y temple

En un festejo en el que la corrida de Parladé, deslucida, bien presentada y de desiguales hechuras, dio escasas oportunidades para el lucimiento por su escasa falta de motor, el sevillano Eduardo Dávila Miura se impuso con inteligencia y temple a su lote, el mejor, y salió a hombros por la puerta de cuadrillas, tras cortar por méritos propios una oreja a cada uno de sus toros.

Un espectáculo que llegaba precedido por el enfrentamiento entre Antonio Ferrera y El Fandi. Ambos espadas-banderilleros no compitieron en el segundo tercio. En este sentido, aquello fue como un funeral. En lugar de un ruedo hirviente de pasión y competencia entre ambos, semejaba una riña del dúo Pimpinela; mirando cada uno para un lado. Pero lo peor fue la ausencia de esa competencia entre ambos en banderillas, que supuso un jarro de agua fría para el público.

Dávila ya dejó entrever el momento dulce por el que atraviesa cuando al distraído y manejable segundo le realizó una faena medida y templada que brindó a Manolo Vázquez. En las afueras, abrió la labor con un ramillete de muletazos al natural envueltos en ligazón. Ya en los medios continuó con otra tanda de buen pulso, ligando, con un cambio de mano y un pase de pecho soberbio. El pasodoble sonó a gloria. Con la izquierda hizo un esfuerzo supremo con el toro ya apagado. Sacó una buena tanda. Y cerró con un circular que ligó a una trincherilla y un pase de pecho, todo ello engarzado con buen ritmo. Mató de una estocada tras un pinchazo para ganar el primer trofeo. Un trofeo que lanzó a la banda de Tristán, que hizo sonar el pasodoble a las mil maravillas y yo diría que no sólo motivó al torero, sino hasta al público para que la faena fuera un éxito y aflorara la nevada de pañuelos en esta calurosa tarde septembrina.

Con el alto largo y engatillado quinto, que como el resto de toros no se entregó en los primeros tercios, Dávila planteó en las afueras la faena, tras una primera tanda con la diestra en la que sometió totalmente al animal. Una faena que nos recordó a la del pasado sábado en Morón por su inteligencia a la hora de tapar la salida al toro y evitarle que huyera. Por el mejor pitón, el derecho, consiguió otra tanda con ligazón, muy emotiva, que rindió al público. Sin duda, faltó toro para que la faena hubiera alcanzado la altura suprema para las dos orejas que pidió parte del público, tras una estocada eficaz. El presidente, en su sitio, premió con un apéndice la capacidad de un Dávila que continúa siendo muy generoso con los toros, dándoles siempre ventaja.

Los toros no permitieron lucimiento ni en el toreo de capa ni en banderillas. Además, no hubo competencia, como hemos señalado, entre Ferrera y El Fandi en este tercio. Ferrera pasó de puntillas. Ante el que abrió plaza, un toro manejable, pero que se rajó pronto, arriesgó mucho en banderillas, fundamentalmente en un tercer par en el que se jugó la barriga. La labor, en los medios, fue a menos como el toro, que acabó rajado.

Con el cuarto, que acabó parado, cosechó la mayor ovación en un par al quiebro por los adentros. La faena careció de hilván y el público se desentendió de inmediato.

El Fandi dejó como mayor huella su entrega. Muy desigual en banderillas ante el rajado tercero, prendió como colofón un par al violín, que fue muy ovacionado. En las afueras, logró con la muleta dos tandas macizas y limpias con la diestra. Por el pitón izquierdo, con el toro reticente, a la labor le faltó precisamente limpieza. Mató de estocada y fue ovacionado.

El sexto, muy musculado y con dos velas inmensas, acudió distraído y sin clase al capote. Como el resto, no se entregó en varas y tuvo dificultades para banderillas. El Fandi prendió un segundo a la moviola y un tercero al violín, al cuarteo, muy meritorios. Fue imposible el lucimiento con la franela ante el descastado animal.

En la anochecida, tercera salida a hombros de Eduardo Dávila Miura por la puerta de cuadrillas. Una vez más rozó la Puerta del Príncipe. En este caso, les faltaron cuerda y motor a sus toros.


ABCZABALA DE LA SERNA. Dávila Miura cortó dos orejas en la primera de la Feria de San Miguel en la Maestranza

No le cambió el semblante a Francisco Teja cuando la plaza demandó el segundo trofeo para Dávila Miura tras finiquitar al quinto de la tarde. Se mantuvo impertérrito, pétreo, sin un solo gesto. Sólo rompió la rigidez para señalar con el dedo índice que sólo era una oreja la que concedía. Debió recorrerle un escalofrío a Eduardo cuando arrastraron al toro. A las puertas de la del Príncipe. Había templado a su primero y mostrado su poderío y firmeza ante el quinto. Una y una. Dos. O sea, sin Puerta del Príncipe. Otra vez el señor Teja como protagonista. Bueno, pues qué bien. Lo malo, cómo se habrá levantado esta mañana el sevillano. Y cómo pasó la noche.

El caso es que Dávila cuajó una tarde importantísima en la Maestranza. Para ser sinceros, fue el único protagonista del festejo. Bueno, y sus dos toros de Parladé. El segundo de la tarde porque tuvo nobleza y recorrido. El quinto por la raza y la acometividad. Al primero de ellos lo templó extraordinariamente y al segundo le pudo, lo sometió y le cuajó series firmes y largas.

Relajado y gustándose

No había acontecido nada al torear de capa a ese segundo, que tomó dos puyazos traseros y que, aunque derribó, no se empleó en demasía. Pero llegó con son a la muleta. Brindó al público Eduardo y tras pasarlo por alto, ya fuera de la raya de picadores, el temple comenzó a florecer en series diestras en las que hilvanaba los muletazos con gusto, relajando, sin tirones. No le obligaba, no podía, por lo que la faena tuvo mayor mérito, sobre todo por esa forma de pulsear las embestidas. Se enroscaba al noble enemigo en los de pecho. Pero el temple, lo que es el temple, alcanzó cotas insospechadas cuando tomó la muleta con la zurda. Sobre todo en una primera. Profundidad y lentitud. Otra más, más corta en cuanto a muletazos pero intensa, muy intensa. Los cambios de mano elevaron el tono, lo mismo que unos ayudados por alto. Se había consumado la obra, sólo medio emborronada por un pinchazo previo.
Aseado con el capote ante el quinto, vio Eduardo que el de Parladé se venía pronto. La muleta en la izquierda desde el comienzo. Tres series, tres, en las que citó de largo, se dejó venir el burel y vació la embestida llevando la pañosa larga, suave. Hasta allí que iba el astado buscando la franela. Se quedaba en el sitio y engarzaba uno y otro. Luego la firmeza y el mando con la diestra. Durabilidad que tuvo el parladé. Bajaba la mano el sevillano y los muletazos surgían plenos, poderosos, exultantes. Sobró la tercera, cuando el toro se paró más. Se tiró con fe, de verdad, a matar. Estocada un punto contraria y toro al albero. La demanda del segundo trofeo fue amplia. No lo entendió así el señor Teja. Una y una,  dos. Se quedó Dávila Miura sin la del Príncipe.

Antonio Ferrera y El Fandi no intercambiaron banderillas. Ambos cumplieron con el expediente en sus toros. Mejor el granadino, sobre todo en el sexto, donde las facultades físicas fueron sobrecogedoras.

Ni «guerra» ni ná de ná

O sea, que todo quedó en las declaraciones del día antes. Ni se miraron. Cada uno a lo suyo.

Ferrera se las entendió en banderillas con un toro aculado que, luego, resultó noble en la muleta. Le faltó un punto de vibración al animal, la misma que al torero, que dio muchos pases por ambos pitones sin decir mucho. Aguantó más por el izquierdo, donde se «olía» el peligro sordo.
Vulgar estuvo con los rehiletes en el cuarto, salvo un par al quiebro muy arriesgado. Se vino de largo el de Parladé en dos ocasiones. Pero como la gaseosa, se le fue el gas muy pronto. Muchos pases y poco para el recuerdo.

Tranco tuvo el tercero al que El Fandi le puso hasta cuatro pares de banderillas. Tuvo codicia en las primeras acometidas pero se fue diluyendo poco a poco. En esas primeras series el granadino ligó aunque algo acelerado. Empero, con la izquierda pecó de desplazar hacia afuera al toro, que se fue yendo poquito a poco a tablas en busca del refugio. De más a mucho menos todo.

Más lucido fue el tercio de rehiletes ante el sexto, con dos soberbios pares corriendo hacia atrás. Este toro fue el más apagado, parado casi desde el principio. No rompió nunca y Fandi atacó en corto para desistir enseguida. No había material, torero.