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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del martes, 29 de abril de 2003
Corrida de toros

Eduardo Dávila Miura en Sevilla. Pulsar para aumentar imagen

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Torrestrella, de diferente presentación y juego desigual Los dos mejores, el 3º y 6º. lote de Dávila Miura. 4º, 5º y 5º bis sobreros. 5º y 5º bis, sobreros de Fermín Bohórquez y 5º bis. 

Diestros: 

  • Rivera, estocada entera tendida y trasera (palmas). Pinchazo, estocada entera (silencio).
  • Ferrera, pinchazo sin soltar, estocada entera baja y delantera (silencio). Goyetazo alevoso (silencio).
  • Dávila, media trasera, aviso, descabello (vuelta). Estocada entera (oreja).

Entrada: lleno.

Presidente: Gabriel Fernández Rey.

Incidencias: Dávila Miura sufrió en su primero un revolcón sin consecuencias.

Eduardo Dávila Miura. Revolcón. Pulsar para aumentar imagen

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla

LOS PROTAGONISTAS 
Rivera
“Me voy muy decepcionado
“Pensaba que la corrida se iba a mover, o al menos mi lote. Me voy muy decepcionado de la corrida, ha sido una pena. Sobre todo porque mis toros no han dicho nada, como el cuarto, peligroso y sin transmitir, me hizo pasar un mal rato. Contento en lo personal, pero  Sevilla se merece más”.
Antonio Ferrera. Pulsar para aumentar imagenFerrera
Antonio Ferrera
“Se me han roto los esquemas”
“No he podido hacer nada con mi lote. Vienes con muchas ilusiones, pero los toros te rompen los esquemas. Pensaba que la corrida de Torrestrella iba ha salir más enrazada y con más motor. El sobrero muy peligroso y con sentido y el otro muy parado. En septiembre si se puede”.
Dávila
Dávila Miura“ Ha merecido la pena al final”
“Me voy muy contento, porque al final ha merecido la pena. El último ha tenido calidad y sobre todo ha aceptado que lo toree muy despacito. He dado otra dimensión de mi  toreo, más reposado y templadito. Mi primero  era muy violento y complicado. He estado muy dispuesto toda la tarde”.
Realiza: Emilio Trigo

PortalTaurinoMANUEL VIERA.  Dávila Miura: Valentía, ganas y triunfo

Una vez más, la entrega de un torero da sus frutos artísticos. En esta ocasión la valentía y las ganas de Eduardo Dávila Miura le han dado el triunfo. Y no es este el único mérito de este torero, aunque tal vez sea el más valioso, sino también sus formas clásicas, sus maneras de sentir el toreo. Porque aunque Dávila Miura sea un torero honesto consciente de sus propias limitaciones ejecuta una tauromaquia profunda, acompasada, hilvanada, muy atractiva y del gusto de los más exigentes. El lento recorrido de su muleta, en las tandas de toreo fundamental al sexto toro de la interminable tarde, fue convincente de su enorme capacidad de temple. 

El triunfo de Dávila Miura ha sido merecido. Ha sido lógico. Nada más, pero nada menos. Si algún pero hubiera que poner, sería la tardanza en descubrir el buen pitón izquierdo del torrestrella. Supo a poco lo eximio de tan profundo toreo. Pero lo hecho, hecho está. Ahí queda. Aunque la incansable entrega y la dura porfía desnivelaran a favor la balanza sobre la intensidad de la faena. El sevillano se la jugó con el complicado y encastado tercero. Le plantó cara, y a base de valor y un esfuerzo desmedido doblegó la complicada embestida de la fiera, que no dudó en alcanzarlo y voltearlo de forma espeluznante. Un susto que no llegaría a mayores consecuencias. La desmedida entrega del torero caló hondo en el público que le obligó, tras la media estocada y el descabello, a dar una merecida vuelta al ruedo. Lo realizado al noble sexto tuvo más contenido y por lo tanto más cargados sentimientos, sobre todo, en el toreo al natural, largo, lento, acompasado y ligado. La verdad en la ejecución de la suerte de matar le sumó puntos para la justa concesión de la oreja.

Y sobre lo demás... que nadie se lleve a engaño. Lo que pasó esta tarde en La Maestranza es la realidad simple y clara de cómo está esto. La flojedad en el toro es un endémico mal que nadie sabe, quiere o pude atajar. Que serios, bonitos y mimados toros de unos de los ganaderos con más credibilidad en la Fiesta rueden por los suelos, es un enigma sin definir. Y ante estos se estrellan los que necesitan un animal pujante para que luzca su particular toreo

Rivera Ordoñez quiso ayer, pero no tanto hoy. Las muchas ganas demostradas el domingo se desvanecieron esta tarde. Quizá porque no vio animales propicios para conseguir su objetivo. Pausado y seguro aunque con menor entrega estuvo con el parado primero. Y desilusionado con el sobrero lidiado en cuarto lugar. Los templados trazos carecieron de emoción por la sosería de las embestidas. Al natural ni le pasó. A Rivera Ordoñez se le fue la feria sin alcanzar el triunfo deseado y necesario.

Lo que ha distinguido sustancialmente a Antonio Ferrera de otros toreros ha sido su ambición, su desmedido valor, su capacidad para el espectáculo -no exento de verdad- en el tercio de banderillas, su entrega, su firmeza con la espada... Pues todo lo aquí escrito le ha faltado a Ferrera en Sevilla. Se mostró desigual e inseguro con los garapullos -destacó el par al quiebro- y tuvo demasiadas dudas con capote y muleta. Con el noble y flojo segundo se desanimó tras el primer desarme. Y tras los excesivos tiempos muertos provocados por la devolución al corral de los toros inválidos, con el descastado sobrero de Bohórquez lidiado en quinto lugar disimuló su falta de ganas con falsos intentos de agradar. De un feo metisaca terminó con el toro y también con su pobre y particular feria. 


El País. ANTONIO LORCAVergüenza nacional

Si alguien tenía alguna duda, ayer quedó claro y evidente que esta fiesta la han convertido en una vergüenza nacional, en un engaño sin precedentes, en un fraude sin límites. Los taurinos se han empeñado en acabar con el espectáculo y lo van a conseguir antes de la jubilación.

Han acabado con el toro, han enseñado a los toreros una falsa tauromaquia y se burlan del público con una desfachatez de juzgado de guardia. Pero la mentira es tan burda que el público, paciente y bendito, ya se está cansando de tanta estafa.

La corrida fue una ruina. Toros tullidos, borrachos o enfermos, muertos en vida, de los que presumen ganaderos de postín que crían fama y se echan a dormir. Es difícil entender que un toro salga de chiqueros con la fuerza aparente de un tren y a los veinte segundos ruede por el albero como una pelota. Pero si eso no ocurre ni con un perro, ni con un gato, ni siquiera con una gallina, ¿quién puede explicar que ocurra con un animal poderoso y agresivo? Alguien está mintiendo como un bellaco.

Mienten los ganaderos y la empresa, pero también mienten los toreros. ¿Quién ha enseñado a torear a estas llamadas figuras? ¿Cómo se puede venir a la Maestranza con la lección aprendida del toreo cuajado de precauciones, sin amor propio, fuera de cacho, sin cruzarse nunca, sin cargar la suerte y sin ligar los pases? Eso es una pantomima, pero no es el toreo.

Hasta el público, cansado después de tres horas de hastío insoportable, engañó a Dávila Miura concediéndole una oreja de un toro noble y de largas embestidas, que llevaba los trofeos colgando, y el sevillano se limitó a acompañar el viaje sin orden ni concierto, a excepción de tres naturales que dibujó su oponente. Mal sin paliativos Dávila, en ése y en el anterior, sin ideas, embarullado, desconfiado y nervioso.

Aprendió, sin duda, de su compañero Rivera, soporífero, como un pegapases cualquiera. A Ferrera le tocó bailar con el lote más feo y puso bien dos pares de banderillas: uno, al quiebro, y otro, de poder a poder. Ah, y suyas fueron unas verónicas templadísimas y dos medias de cartel a su primero, que con tanto fiasco se olvidaba lo mejor.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETO.  La decisión de Dávila Miura

Muchos espectadores llegaron con la hora justa y con el primer toro en el ruedo, aún desfilaban varios de ellos, molestando a sus vecinos de localidad. La tarde no levantó vuelo hasta el último acto. El festejo, con tres sobreros, alcanzó las tres horas de duración. Una aberración. De hecho, un nutrido grupo arrojó la toalla tras la devolución del quinto toro y no vivieron el triunfo, a secas, de Eduardo Dávila Miura en el sexto toro.

A Dávila le correspondió, sin duda alguna, el mejor lote. El tercero, con movilidad y un buen pitón derecho. En ambos casos, como virtud más reseñable, el sevillano sacó su generosidad para dejar ver a sus toros, para torearlos allí donde más pesaban, en los medios. El colorao tercero ya le avisó en la capa de que tenía malas pulgas por el pitón izquierdo, en una colada escalofriante. Dávila abrió faena en el mismo platillo con la mano diestra que creció en intensidad, con una tercera serie de cuatro derechazos de firme trazo y uno de pecho superior. Con la izquierda no pudo con el vendaval de tornillazos que le lanzó el astado. En un descuido, cuando miraba al tendido, el toro lo enganchó, lo lanzó por los aires, lo recogió y le dio una paliza tremenda, de la que se levantó con la taleguilla rota. La impresión caló en el ánimo del respetable. Y, como premio, dio una vuelta al ruedo.

En el último acto, ya de noche, camino de las tres horas, Dávila consiguió hacerse el ánimo. Este ejemplar, por el contrario al tercero, tuvo un buen pitón izquierdo. Sin embargo, con el derecho, se venció en exceso en el capote. El torero, con la franela, anduvo a medio gas con la derecha, por esa mala condición del astado. Con la izquierda formó un alboroto. Una serie, con cuatro naturales y el de pecho, hizo rugir a la plaza. Otra segunda, con un natural larguísimo acompañado de otro pectoral con empaque fue excelente. Pero Dávila se equivocó al cambiarse de mano la franela. Y por el derecho el toro le tropezó la muleta y deslució la obra. Ahí se le acabó la cuerda al animal. Ya no quiso nada más cuando volvió sobre la zurda. El puntillero levantó al toro tras una estocada, pero éste se volvió a echar. Le concedieron un trofeo, cuando en los tendidos se mascaba un premio de dos orejas.

Rivera Ordóñez estuvo entonado con la muleta, por el pitón derecho, ante el flojito que abrió plaza. Por el izquierdo el toro, parado, no quiso nada. El cuarto se devolvió tras ser picado. En su lugar, un astado alto, que se dejó pegar sin más en varas, esperó en banderillas y se quedó cortísimo en el último tramo. Rivera, a base de sobarle, le ganó la partida y le arrancó una meritoria tanda con la diestra.

Antonio Ferrera, como en su tarde anterior, consiguió sus mejores momentos con las banderillas. Con el segundo, que no se entregó, dibujó auténticas verónicas y un par de medias. Con los palos, puso la plaza en pie cuando clavó el tercer par al quiebro y volvió a cambiar al toro a cuerpo limpio en un recorte muy torero. La labor de muleta estuvo preñada de altibajos. Comenzó con un desarme. Tuvo un pico alto en una serie diestra con poso y se vino abajo pronto, con el inconveniente del molesto calamocheo del toro por el lado izquierdo. Ferrera tuvo que tragar paquete. Devolvieron al quinto por inválido. Al quinto bis, de Bohórquez, por derrengado -que abrió un portón del 9 de un testarazo-. Y con el que hizo tris, también de Bohórquez, se volcó con arrojo en banderillas y su labor con la muleta no tuvo relieve.

En la anochecida refulgía el terno de Dávila Miura, cuando salía sonriente de la Maestranza. Una vuelta al ruedo y una oreja. Premios a su decisión, que pudieron y debieron ser superiores.



El Mundo.
JAVIER VILLÁN.
Dávila Miura se salvó de la quema 

Otra vez, en el último minuto, un torero estuvo a punto de dar la vuelta a una tarde que no había por donde cogerla y medio salvó un espectáculo plúmbeo, lamentable y triste: Dávila Miura. 

La verdad es que Dávila había estado batallador y guerrero toda la tarde, aunque sólo a última hora logró reconciliarse con su destino. Ello sucedió gracias a un encastado y noble toro, el sexto, que con el tercero fue lo mejor de Torrestrella: Dávila se llevó el lote. Merced, sobre todo, a dos tandas de naturales, el torero sevillano cortó una oreja muy meritoria. Dávila enganchó en los medios a este toro, primero por la derecha y luego por la izquierda, ligando muy bien los muletazos y aguantando a pie firme. Dávila se salvó, pero su salvación apenas afecta a Torrestrella.

El torero sevillano pasó muchos malos tragos en la lidia de su primero, y justo es que se le recompensara ese calvario en el sexto. Se premiaba así, posiblemente, además de esos naturales, el palizón que había recibido antes y el remiendo de la taleguilla hecha trizas. Pero eso no amilanó al sevillano. 

Los torrestrella tampoco rompieron y eso es mala cosa. El cuarto y el quinto se escachifollaron en el ruedo, o salían ya escachifollados y vieron pañuelo verde. Los torrestrella eran chicos, con cara de adolescentes sin maliciarse todavía por el pecado de resabio, y mucho menos por el pecado de lujuria, cosa harto improbable, según la moral campera del toro de lidia. 

Todo el mundo sabe que los toros mueren vírgenes, salvo aquellos pervertidos por el pecado nefando de sodomía, culpa horrenda que estigmatiza al toro en la dehesa. Al sodomizado se lo pasa por la piedra casi toda la manada y entonces se convierte en un toro torvo y lleno de resentimientos. Ese toro suele ser muy malo en la plaza. De esos, según mi sincero y leal saber y entender, no hubo ayer ningún torrestrella, aunque en estas cosas nunca se sabe. 

Si nos fiamos de lo visto, hubo más inocencia que perversión.El tercero era un torillo con cara de ternera perpleja. Era bizco del izquierdo, o sea que no tenía los «cuernos de lira», como los santos y consagrados bueyes de Pedro Berruguete, evocados el otro día. A propósito de la lira, un asistente al simposium de Berruguete, el eminente neurocirujano Herrero Vallejo, me sugiere que haga la transcripción taurina, que no hice por considerarlo innecesario, de la expresión «cuernos de lira»: veletos, un poco engatillados, levemente cornipasos.

Dicho esto y constatado el fracaso de los torrestrella, digamos que, a estas alturas de la peli, el único enigma que queda por resolver en las toradas lidiadas y por lidiar es el planteado el otro día por Zabala de la Serna y que yo no puedo resolver, pues he vuelto a Quevedo y no leo a los contemporáneos: ¿qué escribe Juan Pedro Domecq en sus «cuadernos del burladero»? A la vista de los resultados de esta temporada -Valencia, Castellón, Sevilla y Barcelona- los apuntes de don Juan Pedro Domecq deben de ser tan ineficaces como las libretas de fútbol de Van Gaal.

Hay encastes cuya flojera y mansedumbre no nos sorprenden, pero es doloroso comprobar que esa degradación está llegando también, o ha llegado, al hierro más honorable y fiable de la casa Domecq: los torrestrella de don Alvaro. Con este material, lo mejor que hizo Rivera fue la ejecución de la estocada en el primero. Lo mejor del cuarto, nada. 

Algo bueno hubo también en el que abrió plaza: dos pares de banderillas de Joselito Gutiérrez. Por lo que respecta a Antonio Ferrera, no sale favorecido de esta Feria de Abril, sino tocado y con nubarrones en su cielo torero. Y aquí sí que no hay disculpas ni vetos que valgan. Ha tenido dos corridas y ni siquiera en el primer toro del Ventorrillo brilló especialmente, con ser ésta su mejor faena. Con los toros de ayer se puede estar profesional, mal o regular. Ferrera estuvo regular.


ABCZABALA DE LA SERNA. Dávila Miura palia en parte la enésima decepción

Dávila Miura palió a última hora la enésima decepción. Tres tardes seguidas de sopor, cuatrocientos ochenta minutos clavados en la riñonada, sumidos en la desesperación. Y los cabestros de la inutilidad otra vez abonando el ruedo, que no hacen otra cosa. Cualquier día brota aquí el césped del Sánchez Pizjuán o del Ruiz de Lopera, para que nadie se moleste.

Dávila es la constancia personificada, la fuerza de voluntad, la voluntad en sí misma. No desfallece el tío en su afán de agradar, de superarse, de no rendirse ni siguiera ante las limitaciones de su físico. La sigue y la consigue. La suerte, digo. Hace ahora un año, más o menos, «Ojitos», también de Torrestrella, cayó en sus manos; ayer, «Cubano», otro buen toro aun sin alcanzar las excelencias de aquél. Cumplió en el caballo; Ignacio Rodríguez lo hizo con el castoreño calado y el palo por delante, en dos puyazos en lo alto. En el tercio final, «Cubano» rozaba los límites. Estaba en ese borde de escarbar y medio quererse ir en alguna ocasión o romper hacia adelante. Y rompió, abriéndose mucho en la muleta poderosa del nieto de don Eduardo. Al trazo largo de los derechazos, conjuntados en un par de series, siguió el rugido que provocaron los naturales inacabables, ligados, forzada la figura, pero muy cantados. ¿Faltó una tanda más, la tercera zurda, o cambió de mano a tiempo para cerrar la faena? Dávila estuvo bien en Dávila, claro. Ahora, ¿qué toro se necesita para que un torero corte las orejas? Falló el epílogo de la faena: a pies juntos el torrestrella denotaba cansancio de embestir. La estocada atravesada le otorgó una justa oreja, a pesar de que el puntillero casi se interpone en el camino.

El lote había sido el suyo con el tercero, al que le faltó algo de temple, sobre todo por el pitón izquierdo, por donde arreaba a oleadas descompuestas. Ya lo cantó en el principio de faena con una colada terrorífica. Superó Dávila Miura una fase diestra y desordenada, e hizo por reunirse más y arreglar el conjunto. Intentó el toreo zurdo y sufrió las inclemencias del enemigo como si de un ciclón se tratase. Recuperado el resuello y vuelta a la mano de la cuchara, le perdió tontamente la cara: la voltereta y la posterior paliza en el suelo pusieron el nudo en la garganta de la Maestranza. Las astas le buscaron con saña y genio el rostro, el cuello, el corazón. No hubo que lamentar más que la rotura de la taleguilla. Medio espadazo trasero y tendido y un descabello le impulsaron a pasear el anillo, como premio a la sobriedad y reciedumbre de sus derechazos.

Tras esta lidia se rompió el ritmo de la corrida. Devolvió el presidente al cuarto. El sobrero, del mismo hierro, parecía noble pero sin tranco a derechas; intocable a izquierdas. Rivera Ordóñez, que el otro día cuajó una torera actuación, no se cruzó ni una vez y tiró líneas constantemente. Pudo sacar más partido. Ni eso con el paradote primero, con el que Joselito Calderón se exhibió en un par de nota. Lo mejor, el extraordinario volapié.

Rivera, que había destacado tres jornadas por su atención a la lidia, ayer, cuando era director de la misma, se inhibió durante la faena de Ferrera al sobrero «tris», un manso peligroso, y se fue de charla con picadores y monosabios en el lado opuesto de la plaza. Feo detalle en alguien que procura, además, cuidarlos siempre.

Antonio Ferrera tuvo la fortuna de espaldas. El cuajado y hondo segundo se desfondó y la consecución de sobreros murubeños no le acarreó nada bueno. En la memoria queda el vuelo de las verónicas con que recibió al que inauguró su lote y las repetidas medias, precisamente ahora que todo el mundo remata con revoleras. En banderillas se lució al quiebro y se la jugó con el quinto, que le midió mucho. Lo despenó de un triste metisaca.

Otras corridas de la feria