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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del lunes, 15 de agosto de 2005
Corrida de la Virgen de los Reyes


Dos vueltas al ruedo para Iván García

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Marqués de Domecq (bien presentados, justos de fuerza).

Diestros: 

  • Juan Manuel Benítez. Estocada caída (saludos desde el tercio); pinchazo, estocada (aplausos).
  • Antonio Fernández Pineda. Pinchazo, meteysaca, esctocada contraria, aviso, 3 descabellos (aplausos); pinchazo, meteysaca, estocada, aviso, 5 descabellos (saludos desde el tercio).
  • Iván García. Estocada en su sitio (vuelta al ruedo); pinchazo, estocada tendida (vuelta al ruedo).
Incidencias: se guardó un minuto de silencio por la muerte del maestro Manolo Vázquez.

PresidenteJuan Murillo.

Tiempo: caluroso.

Entrada: menos de media plaza.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, Diario de Sevilla.


Crónicas del Festejo

PortalTaurinoMANUEL VIERAIván García, la difícil naturalidad

Se dan en muchas tardes de toros millares de pases innecesarios. Esta fue una de ellas. Tantos pases banales no dicen nada, más bien cansan, aburren y provocan el bostezo. Eso sí, la superficialidad de estos muletazos es jaleada y ovacionada al final de lidia, como si de algo virtuoso y brillante se tratara. ¿Por quién? Por lo seguidores del torero en cuestión, y hoy, sobre todo, por la cantidad de turistas que ocupaban las gradas de La Maestranza. Desagradable comportamiento en una plaza poco acostumbrada a tan discordante bulla.

Lo bueno de la tarde arrancó con la salida del tercero. A portagayola se fue Iván García. Larga cambiada en el saludo y otra más en el tercio. Esperanzador inicio del madrileño que clavó después banderillas con la difícil naturalidad de las cosas bien hechas. Sin aspavientos, sin puesta en escena, García, dejó los tres palos en lo alto con perfecta ejecución. Todo un ejemplo de cómo se debe banderillear. El toreo del debutante constituyó una faena de trazo irreprochable, de exquisita colocación, con muletazos templados e hilvanados, aunque algo despegado, y con escasa emoción. No la tenía, claro, la embestida del parado toro. Los mejores naturales los trazó, sin embargo, con el sexto. Todo un acontecimiento en la calurosa tarde. Iván García lo dejó sin picar, lo banderilleó con igual técnica y parecido resultado, y lo toreó después de forma sencilla y clara. Es decir: despacio, ligado y bien rematados los diestros muletazos. Una lástima que cuando la faena cogía altura con la zurda llegó la lesión del toro. De todas formas prometedor debut del rubio torero en esta plaza. 

Sépase, ante todo, que los toros del Marqués y Casa Domecq, serios y de aceptable presentación, le fallaron las fuerzas, mansearon, buscaron las tablas y, para colmo, el que más muletazos aguantó, el sexto, se partió una pata en la postrimería de la faena de muleta. Sólo este combinó la empalagosa nobleza con una pizca de casta. Los demás mejor para el matadero.

La capacidad de comunicación del toreo de Juan Manuel Benítez siempre ha estado ahí, en su trazo preciosita, en el encanto del remate. Quizá por esto le cueste tanto crecerse ante la adversidad del toro. Su primero fue un noble buey que no se sostenía en pie. Dibujó pases más de ensueño que reales y poco más pudo hacer. El cuarto se le rajó tras un buen inicio de faena. Un natural de mano baja queda como único recuerdo de una tarde que, ni le quita ni le da. 

El toreo de Fernández Pineda, siempre elegante y refinado, en no pocas ocasiones deviene insustancial. Hoy con tan blandos y parados animales quedó demostrado. Con el noble primero le costó un mundo enlazar más de dos muletazos. Pases y pases con mejor o peor trazo, pero sin fondo. Acortó distancias en un intento de conseguir el favor de la gante. Mató fatal. Con el descastado quinto, al que prologó faena con pase cambiado por la espalda, se eternizó sin esperanza en un trasteo sin contenido y carente de la más mínima emoción. Con la espada peor imposible.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETOIván García se gana la repetición


Los cabales y lo guiris, en una tarde infernal, se pegaban precisamente por eso, por el agua. Llegaba el vendedor con ese vozarrón y gritaba: "Agua, agua, agua" y el personal se levantaba de sus asientos. El agua, ya digo, se agotó de inmediato en una tarde abrasadora, como se agotaron las embestidas de los toros de Marqués de Domecq. Pero quien no se agotó –y debió sudar lo suyo, especialmente al juguetear en banderillas con su lote– fue el debutante Iván García, que se presentaba como matador de toros en la Maestranza. El rubio torero madrileño, al que ahora le apoya José Antonio Campuzano, quien tiene un aire en lo físico a Espartaco, aportó alegría en los tres tercios. Además de recibir a su primer astado, de rodillas, a portagayola, manejó bien el capote, prendió con seguridad banderillas, se empleó a fondo con la muleta y mató con decisión.

Iván García se la jugó en una larga cambiada, frente a toriles, de rodillas, de la que salió muy apurado. Lanceó bien a la verónica. Prendió los rehiletes con acierto y cosechó muchas palmas cuando jugueteó, en los adornos, delante de la cara del toro. Con la muleta, en los medios, realizó una labor interesante desde el punto de vista técnico, en la que sacó el máximo provecho a un toro protestón y sin clase.

Con el manejable sexto, Iván García consiguió cotas importantes en su faena. Dando sitio al toro, cuajó dos series templadas con la diestra y una, muy asentado, al natural. La faena, de gran altura, acabó ahí, ya que el animal se rompió la mano derecha. Atacó con gran decisión en la suerte suprema en un primer intento que quedó en un pinchazo en lo alto, para matar de estocada entera en el segundo viaje. Aunque el público pidió un trofeo, que mereció el torero, el presidente lo denegó. Dio una vuelta al ruedo entre una gran ovación del público.

Juan Manuel Benítez no tuvo un lote propicio para el triunfo. Ante el que abrió plaza, un borrego que resultó flojo y parado, aunque noble, realizó una labor encimista y sin frutos, en las rayas.

Con el cuarto, Benítez destacó en un par de tandas iniciales con la diestra, ante un oponente distraído y de deslucida condición, que se rajó pronto y se refugió en tablas. 

Antonio Fernández Pineda se esforzó lo suyo, sin conseguir nada positivo. En su debe hay que anotar que estuvo muy desacertado con los aceros. En su primero, después de un prometedor comienzo, no pudo lucirse con un astado soso, que fue a menos. Lo intentó en la distancia larga y en la corta, en una labor de excesivo metraje.

Ante el bravucón quinto, que en ocasiones se quedaba muy corto y en otras entraba rebrincado, realizó una labor tesonera, iniciada con un pase por la espalda. En el quinto descabello, hizo ballesta el verduguillo que saltó y casi alcanza a un espectador de barrera. Se mascó la tragedia, como hace unos años sucedió en una novillada nocturna en esta plaza.

En la tradicional corrida de la Virgen de los Reyes, el madrileño Iván García descubrió algunas de sus cualidades en su debut. Es un torero al que conocíamos y que tiene posibilidades para ascender peldaños en el escalafón. De momento, ayer se ganó a pulso la repetición en la Maestranza.

 

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