Banderillero que saludó: Álvaro Guisasola, de la cuadrilla
de Calita, en el 6º.
Presidente: Anabel
Moreno.
Tiempo: nublado, con algún chaparrón y rachas de viento
al al principio.
Entrada: menos de tres cuartos de plaza.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino, Diario
de Sevilla, ABC.
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LO
MEJOR Y LO PEOR
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Por Carlos
Javier Trejo
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Extraordinaria novillada de "El Torreón", propiedad del maestro César Rincón, aunque desiguales de presencia, derrocharon embestidas de lujo para que la terna pudiera sacar mejor partido del obtenido. Sólo Salvador Barberán obtuvo premio en el 5º, y podría haber cortado otra en el 2º de no fallar a espadas. El 2º de la tarde fue el mejor del encierro, y Barberán cuajó un sensacional inicio, firmó los mejores muletazos de la tarde aunque en sus faenas no llegó a alcanzar la nota que merecían sus astados. Calita posee un buen concepto del toreo, plantas muy firmes, mano baja y los quiere llevar largos, apunta muy buenas maneras, esperemos verle con más bagaje.
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Una pena que la terna no haya estado a la altura de una novillada tan completa como esta. La actitud de gran parte de la plaza increpando a la presidenta una vez más una decisión acertada es algo a tener en cuenta. Bronca motivada en gran parte por la actitud del novillero al dar la segunda vuelta sin que nadie lo pidiera. Barberán ha tenido un lote de Puerta del Príncipe. Muchas veces se echa de menos a alguien en el callejón, llámese apoderado o asesor artístico, que pusiera en los novilleros algo más de sentido común. En cuanto a Pedro Carrero, después de apuntar buenos detalles en la faena del 4º, no fue capaz de recuperar tono del lucimiento tras un desafortunado desarme.
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Crónicas
de la prensa
ABC.
FERNANDO
CARRASCO. Barberán esculpe el toreo al natural
Macizos, rotundos, lentos a más no poder. Así surgían los naturales de la muleta de Salvador Barberán en el quinto de la tarde ayer en la Maestranza, mientras el extraordinario novillo de El Torreón se afanaba, con un temple exquisito en sus embestidas, por coger el engaño. Pero el espigado novillero algecireño mecía la franela con suavidad excelsa, esculpiendo cada natural, cincelándolo con extremo gusto.
Fue una faena en la que siempre supo llevarlo toreado, alargando las embestidas, haciendo que el animal fuese tras el engaño y acabase por detrás de su cadera, siempre la franela barriendo el albero. A mitad de la misma hubo un desarme pero el joven torero no se descompuso. Sabía que el astado seguía en sus trece y que repetiría cuando lo citase. Y así fue. Todo medido, con parsimonia. Una faena a la altura de la gran embestida del novillo de César Rincón. Se volcó en la estocada y la plaza se volvió blanca. La presidenta sacó un pañuelo. La gente pedía la segunda. Con fuerza. Pero ella que nones. Se arrastró el animal en medio de una gran ovación seguida de una enorme pitada por tan poca sensibilidad mostrada. Muchas veces, la categoría de una plaza no está en dar una oreja de más o quitarla, sino en la sensibilidad de aquellos que se suben al palco. Barberán esculpió el toreo al natural. Al menos, que le quede ese consuelo al chaval.
No sólo fue bueno ese quinto, sino que Rincón envió a Sevilla una novillada que embistió, caso de los lidiados en segundo y cuarto lugares. Y el primero se quedó inédito por mor del viento reinante. Tampoco desmereció el tercero, quizá algo más apagado. La oveja negra salió el último lugar, rajado y sin querer pelea. Pero una muy buena novillada.
Con buen son
Barberán también alcanzó cotas muy altas en el primero de su lote, segundo de lidia ordinaria. Otro novillo con una embestida muy buena. Si el segundo se lo brindó a su mentor, el matador de toros José Luis Galloso, este primero fue al respetable. La altura del muchacho no es un handicap, ya que corre muy bien la mano y le acompaña el vaivén del cuerpo. Estuvo templado ante este astado, que se desplazó con franqueza y buen son. Barberán esgrimió sus mejores armas para tirar del animal y llevarlo cosido a la muleta. Quizá debió perderle un pasito entre muletazo y muletazo para ganar en hilazón. Los detalles de los remates gustaron mucho, sobre todo los cambios de manos finales. Gusta este muchachos de bajar mucho la mano, algo que luce más su quehacer. En esta ocasión, la espada no se alió con sus buenas intenciones y sólo pudo ser aplaudido.
Pedro Carrero luchó contra las inclemencias climatológicas en su primero y contra la gente huyendo hacia las gradas para resguardarse de la lluvia. Este que abrió plaza metía la cara pero no terminaba de humillar y salía algo suelto. No le pudo plantar batalla más allá de las rayas de picar por el viento. Muletazos sueltos tan solo. Mal con la espada.
El cuarto se emplazó de salida pero luego fue a más, tanto en el caballo como en el tercio final. Carrero, en cambio, al revés: comenzó con buen son, sobre todo una tanda zurda, llevando muy toreado al animal, que tomaba el engaño con nobleza. Siguió por ese pitón pero llegó el desarme y a partir de ahí no le cogió ya el aire a su enemigo. Una pena, porque debió sacarle mayor partido.
El mexicano Ernesto Javier «Calita» dejó detalles en su presentación con los del castoreño en la Maestranza, pero no remató. Su primero se le quedaba algo debajo y donde sobresalió fue en algunos naturales. La faena resultó discontinua y para colmo, anduvo con la espada fatal.
El sexto, escrito está más arriba, fue el peor. Se rajó muy pronto después de colársele al inicio de faena. Esfuerzo baldío del manito, que sólo dejó algún detalle.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. Salvador Barberán, al natural
El espectáculo, como la tarde en lo climatológico, fue una mezcla de sensaciones. Ora un muletazo con fibra con la diestra; ora un puyazo en lo alto; ora un natural hondo. Ahora, el viento; en el otro novillo, la lluvia; luego el sol. Y así transcurría la tarde, sin que rompiera el festejo. Los novilleros Pedro Carrero, Salvador Barberán y Ernesto Javier Calita, con sólida base técnica, conocedores del oficio, apenas llegaban a emocionar al público con una noble novillada de El Torreón, muy justita en trapío en su conjunto. Pero saltó el quinto, un dije, negro mulato, y Barberán se creció con Faenerito y en lugar de una faenita apañada, como habíamos vivido hasta entonces, hizo una buena faena al natural. Por fin, el sol arriba, sacando brillo al amarillo albero de abajo, mientras por los tendidos saltaban las ovaciones como una catarata de emociones entre tanda y tanda, entre serie y serie con novillo con clase, que fue ovacionado en el arrastre.
La faena, que brindó a su apoderado, José Luis Galloso, con altibajos, comenzó con mal pie por el pitón derecho, con algún enganchón. Con la zurda, centrado, alargó bien los muletazos en otra serie que cerró con un buen pase de pecho. En otra, con muletazos ceñidos, fue desarmado en un muletazo. De nuevo, tomó altura, con una serie de nota, rematada con un molinete y un pase de pecho ligado. En la siguiente, espatarrao exageradamente, algo antiestético, tiró muy bien del animal. El epílogo, con muletazos por bajo, fue de altura. El novillero se tiró de verdad en un volapié en el que dejó una estocada algo desprendida y contraria que fue determinante para conseguir el único trofeo de la tarde. El público llegó a pedir incluso la segunda oreja y el novillero algecireño, muy arropado por una gran legión de partidarios, dio dos vueltas al ruedo, la segunda por su cuenta; pero la presidenta, María Isabel Moreno, estuvo muy acertada y sin contagiarse de las alegrías, colocando el listón a la altura de una plaza de primera, como es la Maestranza, la denegó. Con el capote no hubo nada. Bueno, sí, un desarme. Y con la diestra, tampoco consiguió cotas altas. La oreja fue el premio justo.
Con el segundo novillo, un jabonero que era un llaverito, noble y de escaso brío, Barberán consiguió los mejores momentos con la diestra. Comenzó con dos tandas entonadas. Luego, un desarme al natural, rompió el encanto. La mejor serie fue la última, que cerró con un soberbio pase de pecho y un pase del desprecio. Dos pinchazos y una estocada caída emborraron la labor.
El madrileño Pedro Carrero se mostró muy frío con el noble y soso primero, un jabonero que salía suelto en cada muletazo. Para más inri tuvo en contra al viento. Con los aceros, mal. Con el cuarto, un colorao que se entregó en el caballo y al que picó muy bien Francisco María, dio la impresión de torero estilista. Faena pulcra, con una primera parte en la que faltó gracia y mordiente. Y una segunda, con una serie al natural notable. Pero todo se vino abajo tras un desarme en la siguiente. En esta ocasión mató al primer envite.
El mexicano Ernesto Javier Calita, que acaba de saltar al escalafón de novilleros con picadores, y llegaba con un solo festejo con los del castoreño, dio buenos muletazos, con fibra, con la diestra, al manejable tercero. Faltó una pizca de brío al novillo y ligazón en el toreo del antiguo alumno de la Escuela de Sevilla para llegar a calentar al respetable. Con el sexto, el de mayor trapío del encierro y que se rajó pronto, labor correcta. En banderillas, destacó Álvaro Guisasola.
La novillada del maestro César Rincón -propietario de la ganadería El Torreón- tuvo el denominador común de la nobleza, cualidad no siempre bien aprovechada. Dentro de esa mezcolanza de lo acontecido en el ruedo, la pasión y las sensaciones más fuertes llegaron en el quinto lugar, con Salvador Barberán al natural.
PortalTaurino.com.
Emilio
Trigo.
Los novillos por encima de Barberán y Carrero
Salvador Barberán tuvo un astado que tenía buenas condiciones para el triunfo, pero por el que jamás apostó Salvador. El burel embestía con el hocico besando el albero y repitiendo constantemente, pero Barberán se dedicó a dar mantazos y enganchones. Una faena de más a menos que brindó a los presentes y en la que sólo destacó al inicio con la pierna genuflexa en el tercio. Nunca terminó de entender la bondadosa embestida del buen segundo de la tarde. ¡Que pena de novillo! Con el quinto Salvador continuó sin enterarse de que podía arreglar su futuro inmediato y se dedicó a pegar muletazos con enganchones durante la primera mitad de su labor.
Hasta que el espigado algecireño no se confió ante el gran novillo que le tocó en suerte, no desarrolló su toreo tan personal con aires gitanos, dando recorrido al muletazo con la derecha y hondura al natural. Eso pasó de mitad faena hacia para adelante, cuando todo el mundo había visto las buenas cualidades del animal. Además de estar muy por debajo de su oponente, hay que reprocharle su actitud provocadora con demasiado descaro al dar dos vueltas al ruedo por la cara, y le recordaremos a Barberán que sus dos novillos eran para comprar una finca y haber salido en figura, después de llevarse unos de los mejores lotes de varios años atrás. Su material era para salir por la Puerta de Príncipe con cuatro orejas y sólo se lleva una, que más bien se la ha cortado el propio novillo. Se dedicó a componer la figura y se olvidó de torear de verdad. ¡Que lástima!
La tarde era desangelada con nubes grises que amenazaban agua, con un viento fuerte del norte muy frío y más lógica de enero que de la primavera sevillana.
De esta guisa se inicio la novillada con un Pedro Carrero que no pudo confiarse ante el que abrió plaza por culpa de las huracanadas rachas de viento y la presencia del agua. Debido a la intensidad con la que soplaba el viento y con los engaños como cometas de playa, no se puede enjuiciar al madrileño, ni al novillo. Carrero no se entendió con otro buen novillo de Rincón que metía la cara con bastante claridad. Bien avanzada su labor le cogió el son a la embestida por el pitón derecho, en una solitaria tanda y cantó, aún más, las facultades al respetable, que tributó una fuerte ovación al torito en el arrastre. Este cuarto metió los riñones en el caballo y apretó por dos veces a su picador, un novillo bien hecho, sin estridencias y bajito.
Calita, un joven alumno de la escuela de taurina de Sevilla, se presentaba con un escaso bagaje en la Real Maestranza. Una novillada picada era su currículum hasta el día de hoy y se le vieron formas ante el complicado tercero, pero no pasó de correcto. Con el que cerró el festejo dejó ver otra vez su concepto del toreo en cositas sueltas, pero el de El Torreón terminó rajado. Ernesto Javier aún verde porfió con su oponente, pero se llevó el lote menos bueno de todos.
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