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Festejo
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del 21 de septiembre de 2008
Corrida de novillos

Calita. Foto de Diario de Sevilla
Calita destacó en la mansada de Los Millares

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Los Millares (bien presentados, mansos y sin fuerzas; 4º y 6º se dejaron).

Diestros:

  • Martín Núñez. Pinchazo y puntilla (silencio); estocada (saludos desde el tercio).
  • Miguel Tendero. Pinchazo, estocada tendida, aviso, descabello (saludos desde el tercio); estocada (saludos desde el tercio).
  • Ernesto Tapia ‘Calita’. Pinchazo, estocada desprendida, dos descabellos (silencio); estocada trasera (vuelta al ruedo).

PresidenteAnabel Moreno.

Tiempo: agradable.

Entrada: un cuarto de plaza.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino.com, ABC, Diario de Sevilla.

Crónicas de la prensa

ABC. FERNANDO CARRASCO.  La terna capea la mansada de Millares La Maestranza 

Buscaba la empresa Pagés dos triunfadores del festejo de ayer, para incluirlos en la novillada del próximo viernes y acompañar a Antonio Nazaré. Pero, claro, con lo que no contaban Eduardo Canorea y Ramón Valencia era con los novillos de Manuel Ángel Millares. Porque aunque estuvieron bien presentados, más que una oportunidad para la terna supusieron un suplicio: faltos de raza y casta; mansos hasta decir basta y sin romper nunca ni uno solo de verdad. Un regalito para los tres chavales, que capearon el temporal como pudieron y donde sobresalió Miguel Tendero, que fue quien mostró más y mejor oficio, así como disposición.

Martín Núñez, de Sevilla, presentaba con caballos ayer en la Maestranza, tuvo que desesperarse como nadie cuando fue viendo cómo iba a ser el primero de la tarde. Dejó dos verónicas y una media con buen gusto pero, a partir de ahí, el novillo se aquerenció en el burladero del 10, se negó a entrar al caballo y en cuanto podía se echaba. Hasta en cinco ocasiones, a lo largo de toda la lidia, dobló las manos para quedarse en el albero echado. Un manso infumable al que se empeñó en brindar. Craso error, chaval. Ni un muletazo en condiciones pudo dar.

A portagayola se fue a recibir al cuarto. Pasó apuros Martín Núñez tanto en esta suerte como en los lances de recibo posteriores, donde fue desarmado. Tenía pies el de Millares y embestía. Pero lo hacía con todo, cabeceando y llevando la cara por las nubes. Hay que agradecer al muchacho su disposición. Siempre en los medios, intentó construir faena, pero hubo demasiados altibajos, enganchones y vuelta a empezar. Para colmo, el novillo era mirón y se vencía, por lo que pudo llevárselo por delante en unas cuantas ocasiones. Está muy verde pero ganas demuestra, que es lo menos que se le puede pedir al que empieza. Mal con la espada, algo que debe corregir.

Quien más oficio mostró en la tarde de ayer fue el albacetense Miguel Tendero, que ya cortó oreja en las novilladas de abono. Su primero también se dio una vuelta de campana. El astado no se empleaba y aunque repetía, lo hacia sin fijeza ni franqueza. Empero, Tendero puso todo de su parte, se quedó quieto y tiró muy bien del novillo, sacándole lo que no tenía. Está puesto este novillero, que siempre le dejó la muleta en la cara para que no pensase. No fue lo mismo por el pitón izquierdo, donde ya estuvo demasiado parado. Estuvo muy por encima.

El quinto no mejoró las condiciones de sus hermanos y la lidia, hasta llegar al tercio de muleta, transcurrió sin nada destacable. Tendero se afanó por bajarle la mano al de Millares, que también protestaba mucho a la salida de cada muletazo. Firme el de Albacete le plantó batalla y, de nuevo, robó muletazos de mucho mérito. Muy encima de su enemigo, sobresalió otra vez el oficio y el valor del muchacho, que vio cómo el novillo acababa rajado y en tablas. Se fue recto detrás de la espada. Demasiado hizo para lo que tuvo delante.

El mexicano Ernesto Javier «Calita» tuvo un primer astado, tercero de la tarde, que se arrancó de largo en el primer puyazo. Luego blandeó y se dio un costalazo. Brindó al público un animal tardo y sin franqueza en sus embestidas, que cabeceaba y se defendía. El manito dio pases, muchos, pero no dijo nada. Así uno tras otro, iban sucediéndose los muletazos y alargándose la faena. Al final el de Millares emuló a los toros de Guisando y se negó en redondo a embestir más.

El sexto rodó al menos dos veces por el albero maestrante antes de llegar a la muleta, resumiendo de esa forma lo que fue el lote enviado por Millares. Qué panorama. Bueno, pues el novillo se dejó algo más que los demás en el tercio final. Lo que son los misterios de la bravura -mansedumbre en este caso en el conjunto de la novillada-. Calita anduvo más entonado, con muletazos sobre la diestra estimables, si bien faltó continuidad. Dejó también algunos naturales. Vuelta a la mano derecha, resultó prendido de forma aparatosa. A partir de ahí tiró de rabia con el novillo ya quedado y sin pasar. Se justificó, que no es poco, y encima se fue detrás de la espada. Sobró la vuelta al ruedo, que la dio por su cuenta.


PortalTaurino.com. Emilio Trigo Nefasta novillada de Millares y vuelta para Calita 

Martín Núñez abrió la terna y se fue a recibir al manso a los medios porque el de Millares no quería ir a la jurisdicción de matadores. Allí Núñez le enjaretó un saludo cadencioso a la verónica bajando la mano y rematando con garbosa media. El podrido utrero se najó a tablas antes de ser picado y hasta se echó en terrenos de chiqueros para vergüenza de todos. El sainete ganadero era tremendo –incluido el del palco que lo dejó en el ruedo- después de la bronca del respetable y de cambiar el tercio de banderillas antirreglamentariamente con tan sólo dos palitroques en el lomo del astado. A pesar de todo, Martín Núñez brindó al público dejando ver las patentes ganas con la que afrontaba el compromiso, pero la realidad es que fue un escándalo que se pudo evitar. El astado acobardado en tablas con un torero jugándose los muslos, demostrando valor y casta, pero a la postre sin poder dar ni un muletazo. Otra mala actuación presidencial que manifiesta que pasa de los aficionados y de velar por la integridad de la fiesta. No puede ser que siempre…¡El ancho del embudo para el palco!. ¡Lamentable!. Con el cuarto se fue de rodillas a portagayola en un recibo muy ajustado. El novillo muy cuajado – un toro en otra plaza- hacia cosas raras con la vista, con la cara por las nubes, sin humillar nunca y para colmo manso durante toda su lidia. Estos defectos se pronunciaron aún más durante la faena de muleta que planteó en el centro del ruedo. Martín Núñez demostró valor sin afligirse, asentando las zapatillas y aguantando coladas del guasa sobre todo por el peligroso pitón izquierdo. Por ahí desarrolló sentido, buscando al joven sevillano en cada encuentro, algo que no le importó al chaval, porque continuó jugándosela sin aspavientos. Lo más artístico lo consiguió con la muleta en la derecha, imprimiendo recorrido y buen gusto en algunos redondos sueltos por la falta de continuidad en la embestida del desclasado que hizo cuarto. En resumen, claridad de ideas y actitud novilleril ante un lote funesto que no sirvió ni para el matadero. 

Calita, tercero en el cartel, fue el mejor parado artísticamente puesto que a la muerte del sexto paseó el anillo maestrante. Su primero, un astado al que no le sobraban las fuerzas y que para colmo, se pegó dos costalazos fortísimos. Este sí tenía unas hechuras decorosas aunque también era desrazado. Ernesto estuvo dispuesto ante un animal agarrado al suelo -como dicen en Méjico- al que le costaba mucho desplazarse. Con esto no pudo sacar partido a pesar de sus ganas y al final quedó por encima de otro complicado. El sexto tuvo algo de movilidad pero tampoco fue un prodigio de raza. Calita expresó su toreo fuera del tercio cogiendo la pañosa con las dos manos. Consiguió muletazos con buen son exigiendo al astado que tuvo varios parónes para echarle mano, algo que ocurrió en un natural, y que afortunadamente sólo quedó en un susto. La gran disposición con dosis de pinceladas y la buena estocada, fueron suficientes para dar la vuelta al ruedo. 

El segundo de Millares era más feo que el cartel anunciador de la temporada en Sevilla. Tendero con un material que tampoco colaboraba -pero al menos se desplazaba- estuvo firme con él. El joven albaceteño dejó ver que tiene oficio y puso en el albero su buena disposición y seguridad. Aguantó las miradas de su antagonista por ambos pitones y estuvo por encima del primero de su lote. A Tendero se le vio placeado ante otro mirón, el quinto. Miguel Ángel nuevamente demostró seguridad en su quehacer e instrumentó, sin ser una faena cuajada, oficio. Es cierto que su lote pareció el menos malo de todos, aunque la virtud fue del novillero porque los ayudó siempre. Pisó terrenos comprometidos, citando y dando el toque justo pasar sacar partido de donde no había nada y además se volcó en la suerte suprema. 

Al final, mala novillada de Millares y pobre balance en lo artístico con tan sólo una vuelta al ruedo para Calita en el sexto…Una tarde que no pasará a la historia.

 

 


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