GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS

Tarde del miércoles, 14 de marzo de 2001
Crónicas de la prensa

Imágenes del festejo

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Partido Resina (bien presentados pero flojos; 1º inválido, pitado en el arrastre, 2º colaborador, 3º inválido, 4º inválido pitado en el arrastre, 5º sobrero de Fermín Bohórquez, deslucido y 6º flojo pero encastado), para 

Diestros: 

Entrada: tres cuartos de plaza.

Incidencias: La presidenta del festejo, Amparo Renau, ha sido abroncada al finalizar el festejo.

Crónicas de la prensa: ABC, El País, El Mundo


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Valencia. Dos pablorromeros para la esperanza

El nombre de Pablo Romero siempre provoca en el aficionado nostalgias de tiempos idos. La belleza de sus toros sigue vigente; la entereza, no. Pero aun así dos pablorromeros hicieron concebir esperanzas de que algún día quizá... Segundo y sexto merecieron ser desorejados; primero y cuarto pedían dos monumentos; tercero y quinto clamaban por una reprimenda por su terciadísima presentación.

¿Por qué aquellos que ofrecían sus orejas se fueron con ellas al inútil desolladero? Juan José Padilla, que se había despellejado las rodillas en cuatro largas cambiadas, una a portagayola, no entendió del todo al engatillado toro, cuyo pitón izquierdo era un lujo. Padilla probó sus mieles en una buena serie, y cambió de mano absurdamente. Se puso encimista y asfixió la embestida. Cuando regresó al natural, poco o nada había ya que sacar, y además marró con la espada. Antes, los derechazos, muy al hilo, guiaron con largura las embestidas nobles, algo altas. De toda la lidia, sobresalieron las verónicas de recibo.

INJUSTICIA

Al otro pablorromero que salvó la cara por sus hermanos, el sexto, le supo Raúl Blázquez dar las distancias adecuadas, y aunque no humilló nunca, le templó las bondades. Mejor partido obtuvo sobre la derecha que por naturales. El toreo de cierre, a dos manos, le salió perfecto. Mató con fe, pero hete aquí que se encontró con la injusta negativa de la «señá» presidenta, que anda por devolver el crédito ganado el año anterior. A doña Amparo alguien debería explicarle además que para cambiar el tercio no hace falta esperar a que el torero remate el saludo, que lo hace usted eterno en general. Dos vueltas al ruedo recompensaron en parte el disgusto del joven valenciano, que en su primera faena había sufrido excesivos enganchones.

Quien sí tocó pelo fue Padilla. Al franco sobrero de Bohórquez, quinto bis, le cortó una oreja. Bulló con los palos: el par de la moviola, el del molinillo y otro de dentro a fuera hicieron las delicias del respetable, que ya había aplaudido con ganas dos al cuarteo y otro al violín en el toro anterior. De acá para allá condujo al toro de su tierra, a media altura. Los alardes de rodillas, los desplantes y la estocada caída le dieron el trofeo. Por cierto, que sus recias patillas se peleaban con el terno rosa salmón y oro, tan poco cuajado de bordados que la taleguilla parecía un pijama.

Óscar Higares careció de lote, lo cual no justifica una actuación tan desgarbada ni haber empezado por bajo su labor al flojo cuarto ni las precauciones excesivas con el que abrió plaza, aunque mirara como los malos de las películas.


El País. JOAQUIN VIDAL. Disformes y chungaletas

Los toros de Partido de Resina (antes Pablo Romero) salieron con el tipo disforme y con el temperamento chungaleta. Parece mentira, con la fama que traían.

A esa ruina que salió la llamaban corrida torista, y al compromiso de lidiarla, gesta. Y a nadie se le puso la cara colorada por eso. O tempora, o mores.

En fin, que salió, efectivamente, la corrida torista y pudo apreciarse que se trataba de un mascarada. Es decir, que de toro, nada:novillo y gracias; de fiereza y fundamento, menos aún: borreguez y pare usted de contar. Y del tipo propio de los afamados pablorromero, ni aproximación siquiera.

Seguramente será ya hora de que se deje decir el latiguillo 'antes Pablo Romero'. Pablo Romero fue lo de Partido de Resina, es verdad, pero los nuevos dueños han metido ahí en vacas, en sementales, en matrimonios o en parejas de hecho lo que les haya parecido conveniente, y el fruto de tales amores tiene muy poco que ver con el cuajo, el enmorrillamiento, la fosca faz, la severa encornadura y ese aire propio de las mejores familias, característicos de los Pablo Romero.

Partido de Resina fue antes Pablo Romero y el resto de las ganaderías tuvieron también un antes y un después sin que ello justifique que puedan llevar el nombre ancestral por estandarte. Todas vienen del bos taurus primigenium y milenios adelante, del palacio de Cnosos, del toro de Creta, del buey Apis, y no por eso se habrían de anunciar 'antes, Apis'.

Comercialmente, en cambio, da resultado. Ahí debe de estar el busilis. Se vio en Valencia. Saltó a la arena el primer ejemplar de Partido de Resina antes Pablo Romero, y aunque presentaba el trapío justo y una cara que atufaba a novillo, el público lo recibió con una calurosa ovación.

Luego el toro empezó a caerse...

El toro primero y todos los de Partido de Resina (antes Pablo Romero) empezaban a caerse en cuanto tomaban los primeros capotazos. Y ya no paraban de caer. Una sensación de fraude crónico favorecido por una prevaricación endémica se adueñó del ambiente. Allá, en los tendidos (sólo entre quienes pensaban, por supuesto), el que menos sospechaba que le estaban robando la cartera.

Y la presidenta de la corrida, entretanto, llamándose andana. Su nombre es Amparo Renau mas para el oficio se llamaba andana. Hasta que a la altura del quinto de la tarde - un esmirriado pocas chichas que se despanzurraba a cada embestida-, la indignación generalizada en los tendidos hizo temer que acabara desembocando en un conflicto de orden público, y tras mucha demora decidió devolverlo al corral.

El sobrero, de Fermín Bohórquez, mostró a la concurrencia cómo luce un toro hecho y derecho. Su seriedad y corpulencia servía para establecer términos de comparación y dejaba en ridículo toda la novillada de Partido de Resina antes Pablo Romero que había estado saliendo.

El Bohórquez tampoco es que fuera ni la fiera de Creta, ni el Apis, mas dio cierta importancia a la faena que le aplicó Juan José Padilla, decorosa y tesonera, toda ella por derechazos y finalmente rodillazos, salvo una breve tanda de naturales que dio para el olvido, ayudándose con el estoque. Mató a la primera y le concedieron una oreja.

La presidenta, por el contrario, no le dio oreja alguna a Raúl Blázquez por su faena al sexto de la tarde, pese a que el diestro valenciano cobró asimismo una estocada, toreó mejor y tuvo mayor petición de oreja por parte del público. Agravio comparativo se llama esa figura, y una vez perpetrado, ya no valen ni los lamentos ni las reclamaciones.

El toro sexto había padecido la invalidez de todos, se comportó como borrego, y únicamente pudo trascender el entusiasmo que puso Raúl Blázquez para sacarle partido. A veces se excedió, como en un circular de varias vueltas que intercaló agarrado a los costillares. Pero no se crea que desentonó en absoluto con lo que venía aconteciendo. Padilla, que le antecedió, no paraba de pegar saltos, levantar los brazos atacado de triunfalismo y banderilleó tremendista, incluida la suerte del violín.

Óscar Higares se pasó el tiempo intentando pegar pases a sus inválidos pese a que el público le pedía ardientemente que los matara. Sería por si colaba, desde luego, y la especie de drogadicto, amorfo e inútil que le correspondió en segundo lugar, tuvo la osadía de brindárselo al público. El propio Raúl Blázquez se las daba para la galería con el tullido y atontado segundo, lo que protestó la afición. Higares recibió uno de sus toros a porta gayola, Blázquez y Padilla a los dos de sus respectivos lotes, y éste último, al toro que hacía segundo, le pegó de rodillas cuatro largas cambiadas para que supiera lo que vale un peine.

Nadie había dicho, ciertamente, que ésta fuera a ser la corrida del arte, de manera que semejantes formas no causaron ninguna sorpresa. Sin embargo sí se anunció lo de Partido de Resina (antes Pablo Romero) como la parte torista de la feria y lo que soltaron fue novillo chungo, con un tipo disforme ajeno a su presunto encaste, atontado, podrido, y quien sabe si encefalopático espongiforme o víctima de la drogadición.


El Mundo. JAVIER VILLÁN. Los "pablorromeros", por el suelo

Los hermosísimos pablorromeros se cayeron. Los pablorromeros, hoy Partido de Resina, estuvieron varios años fuera de circulación por invalidez manifiesta y total. Jaime de Pablo Romero recuperó y apuntaló, en parte, la ganadería en decadencia; pero la verdad es que los pablorromeros siguen sin andar muy católicos y vuelven a las andadas; mejor dicho, a las caídas. Yo no sé si el desplome de la cabaña brava es cosa de enfermedad, de manipulación genética o de fraudes más inmediatos. Llevamos algunos lustros achacando el desastre ganadero a pócimas y a ensayos de cruces de sangre, a la búsqueda del toro apacible y tontorrón. Así que no nos jodan el invento, porque si ahora todo va a ser culpa de encelópatas espongiformes, vendrán los taurinos acusados de farmacópatas y nos pondrán; y a exigir reparaciones a su honor en entredicho. No se puede decir de este agua no beberé y ese cura no es un padre; ni negaré yo la posibilidad espongiforme. Eso hay que discernirlo como en las vacadas de manso y obrar con implacable consecuencia. Pero a ver si van a aprovechar los taurinos una peste bíblica, un mal universal, para quitarse de encima todos los muertos que nos han colado de matute estos años. El ser humano, y mucho más el ser taurino, es capaz de hallar coartadas en cualquier punto y circunstancia.

Mal Higares en el primero. Y, para colmo, lo atravesó en primera instancia, lo pinchó después hasta cuatro veces y lo descabelló a la segunda maniobrando en plan matarife. Cuando llegó el cuarto, mediado, por lo tanto el sucedáneo de corrida con muchas pesadumbres, y sin más gloria que la frágil y efímera de Padilla en el segundo, había pasado una hora y un cuarto. El ritmo de la tarde, tan cansino como el de los toros, amenazaba con precipitarnos, de seguir así, a las dos horas y media; circunstancia que se cumplió a rajatabla. El cárdeno ceniciento acabó sumiendo en la desesperación a Higares. El quinto, ni mejor ni peor que sus hermanos, lo devolvió la señora presidenta en un acto supremo de heroísmo; y como el desahuciado se negaba a volver a los corrales, Alberto Martínez lo metió a punta de capote. El sobrero de Bohórquez, engatillado y largo, tenía más poder y más aspereza. Brindó Padilla a El Soro que, por cierto, ponía banderillas bastante mejor que él; El Soro salió al ruedo emocionado, arrastrando la gabardina como si fuera un capote. Si en el segundo Padilla había sido un torero sensible, ahora era el torero tosco, con vocación de luchador de catch. El bohórquez no era el postrado pablorromero al cual Padilla dio cuatro largas de rodillas, cambiadas y tormentosas; y otra larga, de pie, a guisa de molinete. Quite por chicuelinas muy ajustadas y el toro por los suelos. Ahí se agotó el pablorromero, que salió del caballo para el arrastre. Tuvo una virtud Padilla en éste: les puso templanza y pulso a algunos naturales y a dos tandas de derechazos, aunque pinchara feamente en metisaca y matara a la ultimísima.

Pedía tranquilidad Raúl Blázquez al público cada vez que el toro medía el suelo con su maltrecho cuerpo. Pero no es tranquilidad lo que se necesita para ir a la plaza de Valencia, sino resignación. A la cuarta, Blázquez consiguió atravesar feamente al pablorromero. Se redimió el valenciano un poco en el sexto, el único que se mantuvo en pie; le cogió el aire a la nobleza del animal y se recreó citando de lejos. Nunca humilló el pablorromero, el único que escapó al desastre general, aunque embestía con inocencia. Circunstancia que aprovechó Raúl Blázquez para engancharle en algunos muletazos que propiciaron una generosa petición de oreja.

 

 

 

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