GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE
JULIO
Tarde del sábado, 21 de julio de 2001
Crónicas de la prensa

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Daniel Ruiz, para el sexto, jugado de sobrero y premiado con la vuelta al ruedo, se pidió con insistencia el indulto.

Diestros: 

Entrada: casi lleno.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, Diario de Sevilla


El País JOAQUÍN VIDAL, Valencia.  Se desbocó el triunfalismo

La corrida de triunfalismo total. No pasa nada: siempre es así, en Valencia, cuando llegan figuras. Pero función adelante se fue desbocando y acabó en una explosión de histeria, con la plaza en pie de guerra e insultando gravemente a la presidenta, sólo porque se negó a indultar al sexto toro.

El peor insulto que se le puede decir a una mujer, eso le gritaban a coro. Una masa desgarrada, enloquecida, vomitando la grosería desde el anonimato. No era la plaza entera, naturalmente. Una parte nada más -aunque suficiente para tomar por las bravas el tendido y hasta la Bastilla- mientras el resto quería morirse de vergüenza.

Aquella barbarie estropeó una corrida la verdad es que impresentable y fraudulenta, mas divertida, y el resultado noticioso de que Joselito había cortado tres orejas y salía por la puerta grande. Mientras El Juli, que realizó un faenón de los que hacen época (o sea, para estarlo recordando hasta mañana o pasado), erró al final y fue incapaz de cortar las orejas valederas para la puerta grande y mojarle a Joselito una de las suyas.

El faenón se lo hizo El Juli al toro del pretendido indulto. Era sobrero sustituto de un avacado especimen que no se tenía en pie, remate escandaloso de una corrida inadmisible por chica, por blanda y por borrega, si bien hasta que apareció el no hubo en la plaza ni una sola protestas.

Olés y ovaciones, en cambio, continuamente. Olés y ovaciones ensordecedores, con motivo, o sin él; y, además, crecientes, porque el triunfalismo. en cuanto prende, crece como la espuma.

Joselito empezó su primera faena sentado en el estribo, al tercer pase se desplomó el toro y en tanto el pobre mordía el polvo bajo el estribo, la gente ovacionaba a Joselito, quizá para consolarlo en su perpleja soledad, y voceaba: "¡Música, maestro!".

A partir de ahí hizo Joselito una larguísima faena nada ligada, poco templada, reiterativa y sosa, incluyó manoletinas, mató pronto y le dieron una oreja.

Del cuarto toro le dieron las dos pues su faena transcurrió en medio de una auténtica apoteosis. No era para tanto, ya que no ligaba ni un pase, los daba cortos, si cuajaba alguno largo solía ser aprovechando el viaje. Mas el triunfalismo, que repudia análisis, matices y pensamientos, tolera aún menos que nada ni nadie en el mundo lo modere; y metido hasta la médula en la mayoría del público, exigió por estruendosa aclamación las dos orejas.

Vicente Barrera, que estuvo bien, toreó cen su estilo, limpio y digno, mejor al quinto que al segundo, si bien a este le cortó la oreja y al otro no, por su desigual manejo de la espada.

El tercer toro, corto de arrancada e incierto, tiraba derrotes y El Juli abrevió una faena que empezó con valentía. Y cuando salió el sexto, sobrero, echó el resto.

Hubo en éste un tercio de quites memorable. Venía el caso del tercer toro, cuando Joselito entró por verónicas y El Juli le pegó un baño por gaoneras. Ahora sería al revés. Quitó El Juli por zapopinas y Joselito le pegó el baño serpentineando gaoneras que le salieron perfectas. Sin embargo no acabaría aquí la competencia y El Juli se tiró de rodillas para marcarse unos faroles d e infarto. Y ún entró después Barrera, por gaoneras para no irse de vacío.

El toro, que tomó bravo una varita y un picotazo, embistió estupendamente a las banderillas de El Juli (muy vulgar, dicho sea hablando en plata ) y al faenón que siguió. Pases enormes dio El Juli, los primeros ligados en la tarde. Pases de todas las marcas. El buen toreo mejoró al toro y fue entonces cuando se produjo la petición de indulto. El Juli no entraba a matar ni a la de tres, por si el indulto llegaba. Y al negarlo la presidenta, pues el toro no merecía semejante distinción, montó la espada y -¡gran sorpresa!- se echó fuera cobrando una puñalada trapera.

Y allí vinieron la bronca a la presidenta, los insultos, la histeria y el desmadre. Y la fiesta acabó como el rosario de la aurora.

ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Feria de San Jaime: El «megapollo», la pasión y Joselito

El «megapollo» antiglobalización parecía haberse desplazado desde Génova hasta Valencia y por poco queman la plaza con la presidenta dentro. Y es que la intensidad de la lidia del sexto bis había encendido la mecha de la euforia. Y El Juli prendió la llama de la pasión y la polémica al pretender indultar al extraordinario ejemplar de Daniel Ruiz, y la «presi» que no, que mates, tío. Y Juli que seguía empeñado en perdonarle la vida al amigo/toro, que aún embestía con largura y con la boca cerrada por ambos pitones. Y eso que le habían cuajado un tercio de quites de rivalidad inolvidable. Porque a las malabarísticas zapopinas de Julián respondió Joselito con las no menos difíciles y también mexicanas crinolinas. A éstas contrarreplicó el torero de Velilla de San Antonio enrabietado con unos apretados faroles de rodillas. El público, en pie; y Barrera, de miranda. Menos mal que El Juli le invitó a participar con elegancia y caballerosidad. A pesar de que el capote no es el fuerte del valenciano, salió del paso con una digna intervención por gaoneras. Y de todo, que mucho hubo, las verónicas de El Juli en el saludo casi que fueron lo mejor, aunque no tan vistosas.

Después, Julián López se creció aún más y toreó casi perfecto en series ligadas y a cámara lenta. Sobre la mano zurda, crujió el toreo, de veras. Arrastraba la tela por el albero hasta donde ya ni la cintura ni el brazo daban más de sí. Y allí mismo volvía a enganchar la embestida por delante. La plaza era un hervidero entonces, antes de que un trincherazo se fundiera con una cadena de redondos y un cambio de mano de primor. Aquí debió matar, pero se puso farruco en busca del indulto, tan de moda en nuestros días, y siguió ya en un tono menor. La gente se echó encima del palco. El único reparo que cabía ponerle al toro de Daniel Ruiz era que en varas lo habían mimado. Claro que eso no era culpa del toro, que luego duró y duró, como el conejito de Duracell. La jefa de la cosa ni le perdonaba la vida ni enviaba los avisos. Al final, El Juli cambió una faena de dos orejas y puede que rabo por su tozudez o generosidad, que ambas lecturas caben. Mató mal y sólo le dieron un trofeo. La polémica está servida.

Joselito estuvo en don José, o sea, en torero. Y si obtuvo una oreja del primero, noble y parado, a base de insistir desde el hilo del pitón, del cuarto consiguió dos, porque hizo el toreo por momentos y porque doña Amparo Renau tenía la mano tonta. Sólo el principio de faena valió más que la anterior completa. Y corrió la mano con gusto y clasicismo, desmayado y sentido. La estocada baja empañó la obra, de las más auténticas que le hemos visto en los últimos tiempos.

Barrera, mal con el bondadoso primero, como si se le hubiera olvidado torear, realizó un esfuerzo con el más complicado quinto, que fue, junto al tercero, de los más peligrosos.


Diario de Sevilla. BARQUERITO. El Juli a punto de indultar a un toro de la divisa de Daniel Ruiz

El final de corrida, con un sexto toro sobrero de Daniel Ruiz para el que se pidió sin éxito el indulto con un entusiasmo incontenible y digno de mejor causa, fue una traca de tal calibre que todo lo sucedido hasta entonces pasó de golpe a ser anecdótico: los cinco toros previos, que hicieron de todo un poco y de distinta manera, un sexto natural protestadísimo por falta de trapío -que no de cara- y devuelto tras reclamo plebiscitario y el hasta entonces generoso y excesivo saldo de cuatro orejas. Tres para Joselito y una para Barrera.

Desde el principio todo se estuvo celebrando con desatada euforia: una sobria y ligera faena de Joselito, muy bien rematada con la espada, a un buen primer toro de corrida que sangró mucho en varas y acusó tres estrellones en tablas; un trasteo de poco gobierno de Barrera con un interesante segundo que tuvo por mayor problema el puntear mucho por el pitón derecho; la reñida pelea de El Juli con un complicado tercero que, antes de rajarse, pegó violentos trallazos en embroques al salto; la firme y elegantona faena sin ligazón de Joselito a un cuarto de notable son; y el desigual cuerpo a cuerpo de Barrera con un quinto que, por falta de fuerzas, se quedó muy corto y rebañó buscando.

Más euforia que ninguna otra cosa se desató cuando, en el tercero de la tarde, Joselito salió desafiantemente a quitar -tres lances a pies juntos- y El Juli replicó muy felinamente con un ajustado y valiente quite intercalando talaveranas y caleserinas que provocó un clamor.

Tras la devolución del sexto, fino de puntas y cabos pero toro lomiliso y sin rematar que salió tumbado del primer puyazo y claudicó tras el segundo, se soltó el sobrero. Un toro atigrado, caribello, abierto de pitones, corto de cuello y manos, algo cabezón y con mucha culata. Con él llegó la explosión de volcán. El Juli lo toreó templado a la verónica -media de remate excelente- y con alegría en una espectacular quite por zapopinas. Joselito volvió a salir en su turno para quitar por crinolinas, mal logradas pero jaleadísimas y El Juli replicó esta vez aún más fieramente por faroles de rodillas y remató con media excepcional. Tres pares de banderillas, con un tercero soberbio en los medios y a cuya salida El Juli se adornó haciendo el teléfono con singular desparpajo.

La faena, abierta con dos estatuarios en el platillo, entró en estado de lucidez y gracia enseguida. En tromba. Con la diestra, primero, en dos tandas de cinco y siete muletazos ligados de gran limpieza. Con la zurda, luego, para repetir en abundancia y temple. Y, luego, el caracoleo de toreo en circular, con cambios de manos, airosas salidas y el toro tan incansablemente traído en la mano que ardió Troya. Fue en el tramo final de la faena cuando empezó a correrse la petición de indulto. Hasta volaron almohadillas al ruedo mientras El Juli buscaba la igualada. Un ojo en el toro y otro en el palco. La presidenta se llamó andana. Con la decisión tomada de no perdonar la vida al toro, tampoco contó el tiempo para enviar el aviso debido. La plaza enloqueció. Si veían a El Juli montar la espada, protestaban con energía. La indiferencia del palco se castigó con una ira enfurecida. Y, en fin, con el ruedo sembrado de almohadillas, El Juli agarró al fin una estocada trasera que bastó. La negativa de la presidenta, tan pródiga antes, a conceder la segunda oreja fue acogida con una bronca indescriptible que se mezclaba con las ovaciones para el toro en el arrastre y, luego, para el propio Juli. Entre cariacontecido y exultante a la vez. Y sorprendido, como cualquiera, por los acontecimientos.

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