Concentrada en un par de horas nos han servido en bandeja de plata más
bravura que en toda la Magdalena de Castellón. Culpables: los novillos de
Fuente Ymbro, un manantial de casta y nobleza. Sobre sus hombros
imaginarios abrieron la puerta grande Matías Tejela y César Jiménez,
los dos novilleros más preparados de la terna, puestos y dispuestos; el
mayoral compartió con ellos la gloria y el triunfo.
Pero fue «Volante», lidiado en segundo lugar, la joya de la corona y
de la tarde, una auténtica máquina de embestir tras los engaños desde
que vio la luz por toriles. Claro que si el cuarto no se lesiona en un
violento volatín, discutiríamos a estas alturas cualidades de uno y
otro. Pero lo que hay es lo que el capricho de la fortuna colocó en el
camino de Tejela, que sus méritos contrajo. Porque a otro más verde lo
habría desbordado «Volante» en las diez primeras arrancadas.
Matías se impuso desde los compases a la verónica, notables lances
que desembocaron en una media de rodillas. Galleó con el capote a la
espalda, en tapatías al paso, y se ciñó después por chicuelinas, como
respuesta a otro quite de Jiménez por chicuelinas y tafalleras. El
valiente principio, con una pareja de espaldinas en los medios, precedió
a un firme planteamiento con la derecha, cuya mayor virtud estuvo en no
permitir que el utrero tocará nunca la muleta y en bajar la mano con
poder. Todo fue ligado y de menos a más, aunque las calidades con la
izquierda no alcanzaran la misma altura. El final genuflexo,
estéticamente extraordinario, sirvió para cerrar al astado en el tercio.
Algunas voces se escucharon solicitando un indulto que el presidente no
estimó con recto criterio. Sin embargo, tras la estocada, enseñó raudo
el pañuelo azul, poco antes de entregar las dos orejas al matador.
Ante el colorado quinto, un torito sin clase que echaba la cara arriba,
Tejela lo sobó mucho hasta meterlo en la franela, pero se puso pesado en
una labor tenaz e interminable.
César Jiménez se llevó un trofeo de cada oponente. Frente al noble
tercero arrancó faena de rodillas por redondos y concluyó por
circulares; aunque los muletazos más loables, por naturales, los obtuvo
con el sexto, con el que superó con lucidez ciertas complicaciones.
Óscar Sanz no le encontró el temple al novillo que inauguró la
corrida y contempló como el boyante cuarto se deslomaba en una pirueta en
los albores de su segunda faena. El esfuerzo de acudir dos veces a
portagayola se olvidó pronto.
El País. VICENTE
SOBRINO. Operación casta y dos toreros a hombros
Salió el toro, aunque por edad era novillo. Salió el toro, digo,
encastado, con temperamento, con genio. Más que brava, la novillada de
Fuente Ymbro tuvo eso, casta y raza para dar, tomar y regalar. Movilidad,
en todo caso. Porque ninguno de los seis claudicó en la muleta; todo lo
contrario, se vienieron descaradamente arriba. Sólo el que hizo cuarto
llegó como más apagado al último tercio, pero no por defecto de condición,
sino por el tremendo porrazo que se pegó en el primer muletazo.
Novillada, en fin, con mucho que torear. De las que llaman la atención
de todo el mundo. En el ruedo no cabía un despiste, porque se podía
pagar caro. Y en el tendido, la afición se frotaba los ojos ante tan
inesperado derroche de casta y raza.
De los seis, el segundo de la tarde fue todo un espectáculo en el
tercio final. No fue bravo en varas -la novillada no peleó con estilo en
el caballo-, incluso salió despistado del segundo puyazo, desentendido de
él. Novillo incluso al que se le podía calificar de mansito. Pero una
verdadera máquina de embestir a la muleta. Tuvo fijeza, prontitud, se comía
el engaño. Y, además, por los dos pitones. Novillo para manos expertas y
corazón dispuesto. Los que puso en práctica Matías Tejela. Ya se dejó
ver en el torero quite por chicuelinas, pero faltaba el examen definitivo.
Un examen de grado. De salir con notable alto o de suspenso y con la
cabeza gacha. Apostó con seguridad el novillero. Firme, inteligente, le
puso conocimiento a la lídia y no dudó en bajar la mano y poder con la
pujanza del novillo. Controló la velocidad del animal, es decir, le
respondió con temple. La faena, muy ligada, no tuvo pausas. No cabía
respiro. Toda ella en el platillo. Donde no hay ventajas para el torero y
sí mucho riesgo. Novillo para desbordar a cualquiera. El remate a esa
vibrante labor fue una estocada, entrando lento y dejando el estoque en
toda la yema. Triunfo legítimo. Y vuelta al ruedo para el encastado
novillo.
El sexto, un toro en toda la regla, no llegó al mismo nivel que el
segundo, pero le faltó poco. Tuvo incluso una mejor condición, pues fue
el que con más estilo se empleó en el caballo, empujando, aunque con la
cara alta. Otro novillo con el motor a tope y, también, de los que no
perdonan un mínimo error. Había que aguantar las tremendas embestidas. César
Jiménez, muy puesto y, sobre todo, con una seguridad pasmosa, también
planteó la faena en la boca de riego. Faena de peso específico y con
llegada al tendido. No era lo mismo ese mismo novillo por el pitón
izquierdo. Por ahí resultó molesto.
Del resto de la novillada se combinó la casta, la raza, el genio y
hasta algún punto de violencia. Pero todo dentro de un absoluto interés.
Óscar Sanz dejó al descubierto sus carencias técnicas, su escaso
bagaje. Salpicó muletazos con porte con otros momentos en los que se
agobió. Su primero tuvo viaje por el derechjo y cortó por el izquierdo.
El cuarto acusó el porrazo, pero tuvo una gran vocación de embestir. El
quinto sacó genio. No tuvo entrega en la muleta, aunque su intensa
movilidad propició que la muy larga faena de Tejela no perdiera interés.
Una labor justificada, aunque sin limpieza.
El tercero también tuvo motor y raza. Manseó en varas y destapó en
la muleta una pizca de genio, que hizo que César Jiménez no encontrara
del todo el sitio. Se salió el torero de su estilo para levantar una
faena que tuvo demasiados altibajos.
El
Mundo. JAVIER VILLAN. Tejela
y Jiménez a hombros
El señor presidente no lo dudó ni un instante. Casi a la vez sacó
los tres pañuelos: los blancos, uno por cada oreja, y el azul para la
vuelta al ruedo del novillo. El destinatario de los trofeos era Matías
Tejela, que estuvo muy bien toda la tarde, aunque el quinto lo trajera de
cabeza.
En realidad, hubo dos Matías Tejelas. Dada la brillantez exhibida en
su primero, no debemos pasarle por alto los apuros en el segundo; en su
descargo, que el novillo fue el más picante y con más dificultades de la
tarde. Se demoró en exceso, sobre todo en unas manoletinas innecesarias,
y le avisaron antes de entrar a matar.
Matías Tejela se había ganado a pulso dos orejas al principio.Toreó
a la verónica con un braceo perfecto, bajas las manos y la pierna hacia
adelante; en los medios, remató de rodillas.Galleó luego por rojerinas y
enmendó ciertos desperfectos con una media verónica de alta escuela.
Luego, combinó gaoneras con talaveranas y chicuelinas, y demostró una
hermosa madurez con el capote.
Y con la muleta, igual; péndulos muy ajustados, pases de pecho,
redondos con total quietud. Los naturales, ligeramente acelerados aunque
perfectos de trazo. De haber toreado más despacio a este segundo novillo,
la faena, engarzada en sus distintas fases con molinetes, pases de pecho y
adornos, hubiera sido irreprochable.Remates de ayudados por bajo y por
alto antes de la estocada que fulminó al excelente novillo de Fuente
Ymbro.
Súbitamente, tras la pañolada del palco, justificadísima, y la ovación
a novillo y novillero, se había creado el ambiente de los grandes
acontecimientos. No ocurrió del todo, mas la tarde ya estaba a medio
encarrilar.
Se arrancó César Jiménez muy decidido con el capote; siguió
arrancado con la muleta y, de rodillas, le fue ganando terreno al novillo
hasta más allá de la raya. La codicia de éste le obligó a ponerse de
pie cuando ya se había hartado a torear de hinojos. Fue desarmado, lo
mismo que lo había sido Oscar Sanz y lo fue luego Matías Tejela.Aunque
esto también les ocurra a los maestros, que tengan cuidado los
novilleros. Dicen que perder la muleta o el capote es como perder el fusil
ante el enemigo; o la bandera, que es peor. Porque las banderas son el
honor de las patrias y el honor, según dijo el clásico, es patrimonio
del alma y el alma sólo es de Dios.
No le afectó esto demasiado a César Jiménez y, tras recuperarse,
toreó con sentimiento y desparpajo al natural. Y para cuadrar al novillo
dibujó toda una teoría del ayudado por alto y por bajo. El honor torero
estaba recuperado, y con creces, cuando mató al de Fuente Ymbro, a la
segunda; o en especial, teniendo en cuenta las inciertas dificultades del
animal. Y se recuperó definitivamente en el sexto.
Esta vez Jiménez no se llevó al novillo a los medios andándole de
rodillas; lo citó en el platillo, aguardó de hinojos, aguantó y corrió
la mano con seguridad y templanza. Luego, enhebró una faena con el
principal mérito del poderío, la autoridad y el sentido de los terrenos;
Jiménez se colocó en el sitio y demostró su avanzada madurez.
Oscar Sanz tuvo el santo de espaldas y el lote menos propicio.No fue
bastante su insistente voluntad en el primero ni los riesgos que corrió
en el cuarto. Este se pegó la gran costalada y las pocas fuerzas que le
quedaron las empleó en darle a Oscar Sanz un revolcón. Sanz tuvo que
mimarlo para que no se le desfondara del todo y antes de tiempo.
Desconsiderado el de Fuente Ymbro, no agradeció el detalle; y por dos
veces estuvo a punto de echárselo a los lomos.
Ruedo
Valenciano. JORGE CASALS. Savia
nueva con ansia de triunfo
El meollo para que la fiesta se mantenga en alza es
el toro y cuando éste sale encastado, bravo, sin huir de gresca alguna y
transmite al graderío, la fiesta se convierte en algo bello, intenso y
emotivo. Hoy se ha visto lo que hacía muchos años no se respiraba en
Valencia, hoy se ha visto un novillo que puede citarse como modelo de
bravura y hoy se han visto a unos novilleros con ganas y en su sitio. Los
novillos, de correcta presentación y muy astifinos han rezumado bravura y
codicia por los costillares, los novilleros han querido y algunos han
podido, no han desaprovechado oportunidad en quites, se han rebozado con
los toros y han toreado como los mejores. Una gran gozada para los
aficionados que han saciado el hambre de toreo que tenían y se han
olvidado del frío que hacía en la plaza. Sin duda alguna la mejor faena
de la tarde la ha cincelado con valor y buen conocimiento Matías Tejela
ante un noble y encastado novillo que repetía con codicia y llegó al
tramo final manteniendo el mismo nivel. El buen hacer de Matías nació
con el capote, manejándolo con gusto y torería a la verónica y con
valor en un quite por chicuelínas fundiéndose con el toro. Ahí empezó
entonces a entregarse el público y ya se auguraba con los preciosos
doblones al principio de muleta, una faena de ensueño. Atornilló las
zapatillas en el suelo y empezó una faena de poder y con mucha técnica,
construyendo una obra con las únicas armas que convencen en esta liza sin
igual: valor, verdad, voluntad. Temple, seguridad y exquisitez empleó
Tejela en la tela escarlata, sumándole a ello unos pases de pecho sacándose
todo el toro por delante. Una faena que ha mantenido la intensidad del
principio hasta el final, yendo a más y a mejor. Después de unos
doblones para cerrar al toro, ha montado la espada y alguna voz salía del
tendido pidiendo el indulto. Pero Tejela se fue a matarlo sin más y tuvo
bastante con un solo viaje para ahondar el acero en la cruz del novillo.
Dos trofeos para el novillero y la vuelta al ruedo muy merecida para el
bravo novillo. En su segundo astado, un colorado alto de agujas y bien
presentado, Tejela bajó el nivel. El burel carecía de clase y pegaba gañafones,
se quedaba muy corto a consecuencia de esa falta de fuerza. Matías le sacó
algún natural bueno, pero la faena bajó en intensidad. Lo mató de un
pinchazo y una estocada entera. Que apunten los empresarios el nombre de
Matías Tejela porque en ese chico se alienta un torero grande. Otro de
los novilleros que salió por la puerta grande fue César Jiménez que
vino a jugársela sin pensar en su alternativa, hecho que le honra. César
cortó una oreja en una faena que inauguró con unos pases por alto,
arrodillado, sin perder la compostura, sin crispar un solo músculo y que
emocionaron al respetable. Por el lado derecho el toro protestó y se le
coló dos veces, ante ello, el diestro se echó la muleta a la zocata y
allí, tragando lo indecible imprimió bellos muletazos de inmejorable estética.
La faena fue importante y cargada de valor ante un complicado novillo con
genio. César epilogó el asunto con unos doblones cargados de torería y
gusto. Mató de pinchazo y estocada y se ganó media puerta grande. La
otra media se la ganó con un novillo cuajado y enmorrillado, que salió
abanto y manseando. En este se jugó la vida El Chano, que se desmonteró
tras ejecutar dos pares de banderillas volcando salero, valor, gusto y
verdad. En el último par salió prendido de una manera muy fea pero
afortunadamente sin consecuencias. El diestro empezó la faena con una
seria vibrante al centro del ruedo, rodillas en tierra y aguantando mucho.
Una faena en la que enganchó muy delante, dejando la muleta puesta y
repitiendo. Una faena con mucha emoción y bien construida. Al final, César
no llega a acoplarse bien con el toro y busca la espectacularidad de los
circulares para calentar el graderío. Media estocada en lo alto, tardando
el toro en morir y esculpiendo el más bello grupo digno de la gubia
maestra de Benlliure.
Oscar Sanz no tuvo su tarde y acusó la falta de
rodaje. Es una pena porque Óscar siempre ha triunfado en Valencia y hoy
podía ser un trampolín importante para él. Bien es verdad que tenía
ganas de triunfar y ahí están sus dos viajes a portagayola, pero se le
vio a veces falto de oficio y muy engarrotado. No se acopló en su primero
en el que sufrió muchos enganchones. Mató de buena estocada y la petición
fue minoritaria. Pegó una vuelta a ruedo por su cuenta. En su segundo, ni
el novillo tuvo la culpa ni su matador tampoco, mitad y mitad como el café
con leche.
Ojalá podamos ver las corridas que quedan con la misma emoción que
hemos vivido esta. Cuando hay toros, la fiesta sigue y nadie se acuerda de
sus males. Ahí están dos novilleros buscando un nombre aureolado de
triunfo y ahí está una ganadería con mucho picante. Un cóctel
explosivo para empezar con buen pie la que se espera que sea la feria más
importante de los últimos años.