GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS

Tarde del lunes, 11 de marzo de 2002
Crónicas de la prensa


Todos a hombros. 
Foto de Alberto de Jesús

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Fuente Ymbro, bien presentada y encastada.

Diestros: 

  • Óscar Sanz, petición y vuelta al ruedo.
  • Matías Tejela, dos orejas y ovación con saludo y aviso. 
  • César Jiménez, oreja y oreja.

Entrada: media plaza.

Crónicas de la prensa: ABC, El País, El Mundo, Ruedo Valenciano


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Feria de Fallas: Fuente Ymbro, manantial de bravura y casta

Concentrada en un par de horas nos han servido en bandeja de plata más bravura que en toda la Magdalena de Castellón. Culpables: los novillos de Fuente Ymbro, un manantial de casta y nobleza. Sobre sus hombros imaginarios abrieron la puerta grande Matías Tejela y César Jiménez, los dos novilleros más preparados de la terna, puestos y dispuestos; el mayoral compartió con ellos la gloria y el triunfo.

Pero fue «Volante», lidiado en segundo lugar, la joya de la corona y de la tarde, una auténtica máquina de embestir tras los engaños desde que vio la luz por toriles. Claro que si el cuarto no se lesiona en un violento volatín, discutiríamos a estas alturas cualidades de uno y otro. Pero lo que hay es lo que el capricho de la fortuna colocó en el camino de Tejela, que sus méritos contrajo. Porque a otro más verde lo habría desbordado «Volante» en las diez primeras arrancadas.

Matías se impuso desde los compases a la verónica, notables lances que desembocaron en una media de rodillas. Galleó con el capote a la espalda, en tapatías al paso, y se ciñó después por chicuelinas, como respuesta a otro quite de Jiménez por chicuelinas y tafalleras. El valiente principio, con una pareja de espaldinas en los medios, precedió a un firme planteamiento con la derecha, cuya mayor virtud estuvo en no permitir que el utrero tocará nunca la muleta y en bajar la mano con poder. Todo fue ligado y de menos a más, aunque las calidades con la izquierda no alcanzaran la misma altura. El final genuflexo, estéticamente extraordinario, sirvió para cerrar al astado en el tercio.

Algunas voces se escucharon solicitando un indulto que el presidente no estimó con recto criterio. Sin embargo, tras la estocada, enseñó raudo el pañuelo azul, poco antes de entregar las dos orejas al matador.

Ante el colorado quinto, un torito sin clase que echaba la cara arriba, Tejela lo sobó mucho hasta meterlo en la franela, pero se puso pesado en una labor tenaz e interminable.

César Jiménez se llevó un trofeo de cada oponente. Frente al noble tercero arrancó faena de rodillas por redondos y concluyó por circulares; aunque los muletazos más loables, por naturales, los obtuvo con el sexto, con el que superó con lucidez ciertas complicaciones.

Óscar Sanz no le encontró el temple al novillo que inauguró la corrida y contempló como el boyante cuarto se deslomaba en una pirueta en los albores de su segunda faena. El esfuerzo de acudir dos veces a portagayola se olvidó pronto.


El País. VICENTE SOBRINO. Operación casta y dos toreros a hombros

Salió el toro, aunque por edad era novillo. Salió el toro, digo, encastado, con temperamento, con genio. Más que brava, la novillada de Fuente Ymbro tuvo eso, casta y raza para dar, tomar y regalar. Movilidad, en todo caso. Porque ninguno de los seis claudicó en la muleta; todo lo contrario, se vienieron descaradamente arriba. Sólo el que hizo cuarto llegó como más apagado al último tercio, pero no por defecto de condición, sino por el tremendo porrazo que se pegó en el primer muletazo.

Novillada, en fin, con mucho que torear. De las que llaman la atención de todo el mundo. En el ruedo no cabía un despiste, porque se podía pagar caro. Y en el tendido, la afición se frotaba los ojos ante tan inesperado derroche de casta y raza.

De los seis, el segundo de la tarde fue todo un espectáculo en el tercio final. No fue bravo en varas -la novillada no peleó con estilo en el caballo-, incluso salió despistado del segundo puyazo, desentendido de él. Novillo incluso al que se le podía calificar de mansito. Pero una verdadera máquina de embestir a la muleta. Tuvo fijeza, prontitud, se comía el engaño. Y, además, por los dos pitones. Novillo para manos expertas y corazón dispuesto. Los que puso en práctica Matías Tejela. Ya se dejó ver en el torero quite por chicuelinas, pero faltaba el examen definitivo. Un examen de grado. De salir con notable alto o de suspenso y con la cabeza gacha. Apostó con seguridad el novillero. Firme, inteligente, le puso conocimiento a la lídia y no dudó en bajar la mano y poder con la pujanza del novillo. Controló la velocidad del animal, es decir, le respondió con temple. La faena, muy ligada, no tuvo pausas. No cabía respiro. Toda ella en el platillo. Donde no hay ventajas para el torero y sí mucho riesgo. Novillo para desbordar a cualquiera. El remate a esa vibrante labor fue una estocada, entrando lento y dejando el estoque en toda la yema. Triunfo legítimo. Y vuelta al ruedo para el encastado novillo.

El sexto, un toro en toda la regla, no llegó al mismo nivel que el segundo, pero le faltó poco. Tuvo incluso una mejor condición, pues fue el que con más estilo se empleó en el caballo, empujando, aunque con la cara alta. Otro novillo con el motor a tope y, también, de los que no perdonan un mínimo error. Había que aguantar las tremendas embestidas. César Jiménez, muy puesto y, sobre todo, con una seguridad pasmosa, también planteó la faena en la boca de riego. Faena de peso específico y con llegada al tendido. No era lo mismo ese mismo novillo por el pitón izquierdo. Por ahí resultó molesto.

Del resto de la novillada se combinó la casta, la raza, el genio y hasta algún punto de violencia. Pero todo dentro de un absoluto interés. Óscar Sanz dejó al descubierto sus carencias técnicas, su escaso bagaje. Salpicó muletazos con porte con otros momentos en los que se agobió. Su primero tuvo viaje por el derechjo y cortó por el izquierdo. El cuarto acusó el porrazo, pero tuvo una gran vocación de embestir. El quinto sacó genio. No tuvo entrega en la muleta, aunque su intensa movilidad propició que la muy larga faena de Tejela no perdiera interés. Una labor justificada, aunque sin limpieza.

El tercero también tuvo motor y raza. Manseó en varas y destapó en la muleta una pizca de genio, que hizo que César Jiménez no encontrara del todo el sitio. Se salió el torero de su estilo para levantar una faena que tuvo demasiados altibajos.


El Mundo. JAVIER VILLAN. Tejela y Jiménez a hombros

El señor presidente no lo dudó ni un instante. Casi a la vez sacó los tres pañuelos: los blancos, uno por cada oreja, y el azul para la vuelta al ruedo del novillo. El destinatario de los trofeos era Matías Tejela, que estuvo muy bien toda la tarde, aunque el quinto lo trajera de cabeza.

En realidad, hubo dos Matías Tejelas. Dada la brillantez exhibida en su primero, no debemos pasarle por alto los apuros en el segundo; en su descargo, que el novillo fue el más picante y con más dificultades de la tarde. Se demoró en exceso, sobre todo en unas manoletinas innecesarias, y le avisaron antes de entrar a matar.

Matías Tejela se había ganado a pulso dos orejas al principio.Toreó a la verónica con un braceo perfecto, bajas las manos y la pierna hacia adelante; en los medios, remató de rodillas.Galleó luego por rojerinas y enmendó ciertos desperfectos con una media verónica de alta escuela. Luego, combinó gaoneras con talaveranas y chicuelinas, y demostró una hermosa madurez con el capote.

Y con la muleta, igual; péndulos muy ajustados, pases de pecho, redondos con total quietud. Los naturales, ligeramente acelerados aunque perfectos de trazo. De haber toreado más despacio a este segundo novillo, la faena, engarzada en sus distintas fases con molinetes, pases de pecho y adornos, hubiera sido irreprochable.Remates de ayudados por bajo y por alto antes de la estocada que fulminó al excelente novillo de Fuente Ymbro.

Súbitamente, tras la pañolada del palco, justificadísima, y la ovación a novillo y novillero, se había creado el ambiente de los grandes acontecimientos. No ocurrió del todo, mas la tarde ya estaba a medio encarrilar.

Se arrancó César Jiménez muy decidido con el capote; siguió arrancado con la muleta y, de rodillas, le fue ganando terreno al novillo hasta más allá de la raya. La codicia de éste le obligó a ponerse de pie cuando ya se había hartado a torear de hinojos. Fue desarmado, lo mismo que lo había sido Oscar Sanz y lo fue luego Matías Tejela.Aunque esto también les ocurra a los maestros, que tengan cuidado los novilleros. Dicen que perder la muleta o el capote es como perder el fusil ante el enemigo; o la bandera, que es peor. Porque las banderas son el honor de las patrias y el honor, según dijo el clásico, es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios.

No le afectó esto demasiado a César Jiménez y, tras recuperarse, toreó con sentimiento y desparpajo al natural. Y para cuadrar al novillo dibujó toda una teoría del ayudado por alto y por bajo. El honor torero estaba recuperado, y con creces, cuando mató al de Fuente Ymbro, a la segunda; o en especial, teniendo en cuenta las inciertas dificultades del animal. Y se recuperó definitivamente en el sexto.

Esta vez Jiménez no se llevó al novillo a los medios andándole de rodillas; lo citó en el platillo, aguardó de hinojos, aguantó y corrió la mano con seguridad y templanza. Luego, enhebró una faena con el principal mérito del poderío, la autoridad y el sentido de los terrenos; Jiménez se colocó en el sitio y demostró su avanzada madurez.

Oscar Sanz tuvo el santo de espaldas y el lote menos propicio.No fue bastante su insistente voluntad en el primero ni los riesgos que corrió en el cuarto. Este se pegó la gran costalada y las pocas fuerzas que le quedaron las empleó en darle a Oscar Sanz un revolcón. Sanz tuvo que mimarlo para que no se le desfondara del todo y antes de tiempo. Desconsiderado el de Fuente Ymbro, no agradeció el detalle; y por dos veces estuvo a punto de echárselo a los lomos.


Ruedo Valenciano. JORGE CASALS. Savia nueva con ansia de triunfo

El meollo para que la fiesta se mantenga en alza es el toro y cuando éste sale encastado, bravo, sin huir de gresca alguna y transmite al graderío, la fiesta se convierte en algo bello, intenso y emotivo. Hoy se ha visto lo que hacía muchos años no se respiraba en Valencia, hoy se ha visto un novillo que puede citarse como modelo de bravura y hoy se han visto a unos novilleros con ganas y en su sitio. Los novillos, de correcta presentación y muy astifinos han rezumado bravura y codicia por los costillares, los novilleros han querido y algunos han podido, no han desaprovechado oportunidad en quites, se han rebozado con los toros y han toreado como los mejores. Una gran gozada para los aficionados que han saciado el hambre de toreo que tenían y se han olvidado del frío que hacía en la plaza. Sin duda alguna la mejor faena de la tarde la ha cincelado con valor y buen conocimiento Matías Tejela ante un noble y encastado novillo que repetía con codicia y llegó al tramo final manteniendo el mismo nivel. El buen hacer de Matías nació con el capote, manejándolo con gusto y torería a la verónica y con valor en un quite por chicuelínas fundiéndose con el toro. Ahí empezó entonces a entregarse el público y ya se auguraba con los preciosos doblones al principio de muleta, una faena de ensueño. Atornilló las zapatillas en el suelo y empezó una faena de poder y con mucha técnica, construyendo una obra con las únicas armas que convencen en esta liza sin igual: valor, verdad, voluntad. Temple, seguridad y exquisitez empleó Tejela en la tela escarlata, sumándole a ello unos pases de pecho sacándose todo el toro por delante. Una faena que ha mantenido la intensidad del principio hasta el final, yendo a más y a mejor. Después de unos doblones para cerrar al toro, ha montado la espada y alguna voz salía del tendido pidiendo el indulto. Pero Tejela se fue a matarlo sin más y tuvo bastante con un solo viaje para ahondar el acero en la cruz del novillo. Dos trofeos para el novillero y la vuelta al ruedo muy merecida para el bravo novillo. En su segundo astado, un colorado alto de agujas y bien presentado, Tejela bajó el nivel. El burel carecía de clase y pegaba gañafones, se quedaba muy corto a consecuencia de esa falta de fuerza. Matías le sacó algún natural bueno, pero la faena bajó en intensidad. Lo mató de un pinchazo y una estocada entera. Que apunten los empresarios el nombre de Matías Tejela porque en ese chico se alienta un torero grande. Otro de los novilleros que salió por la puerta grande fue César Jiménez que vino a jugársela sin pensar en su alternativa, hecho que le honra. César cortó una oreja en una faena que inauguró con unos pases por alto, arrodillado, sin perder la compostura, sin crispar un solo músculo y que emocionaron al respetable. Por el lado derecho el toro protestó y se le coló dos veces, ante ello, el diestro se echó la muleta a la zocata y allí, tragando lo indecible imprimió bellos muletazos de inmejorable estética. La faena fue importante y cargada de valor ante un complicado novillo con genio. César epilogó el asunto con unos doblones cargados de torería y gusto. Mató de pinchazo y estocada y se ganó media puerta grande. La otra media se la ganó con un novillo cuajado y enmorrillado, que salió abanto y manseando. En este se jugó la vida El Chano, que se desmonteró tras ejecutar dos pares de banderillas volcando salero, valor, gusto y verdad. En el último par salió prendido de una manera muy fea pero afortunadamente sin consecuencias. El diestro empezó la faena con una seria vibrante al centro del ruedo, rodillas en tierra y aguantando mucho. Una faena en la que enganchó muy delante, dejando la muleta puesta y repitiendo. Una faena con mucha emoción y bien construida. Al final, César no llega a acoplarse bien con el toro y busca la espectacularidad de los circulares para calentar el graderío. Media estocada en lo alto, tardando el toro en morir y esculpiendo el más bello grupo digno de la gubia maestra de Benlliure.

Oscar Sanz no tuvo su tarde y acusó la falta de rodaje. Es una pena porque Óscar siempre ha triunfado en Valencia y hoy podía ser un trampolín importante para él. Bien es verdad que tenía ganas de triunfar y ahí están sus dos viajes a portagayola, pero se le vio a veces falto de oficio y muy engarrotado. No se acopló en su primero en el que sufrió muchos enganchones. Mató de buena estocada y la petición fue minoritaria. Pegó una vuelta a ruedo por su cuenta. En su segundo, ni el novillo tuvo la culpa ni su matador tampoco, mitad y mitad como el café con leche.

Ojalá podamos ver las corridas que quedan con la misma emoción que hemos vivido esta. Cuando hay toros, la fiesta sigue y nadie se acuerda de sus males. Ahí están dos novilleros buscando un nombre aureolado de triunfo y ahí está una ganadería con mucho picante. Un cóctel explosivo para empezar con buen pie la que se espera que sea la feria más importante de los últimos años.

 

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