GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE
SAN JAIME
Tarde del domingo, 21 de julio de 2002

Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Puerto de San Lorenzo, desiguales de presentación.  

Diestros: 

Entrada: media plaza.

Incidencias: Antonio Ferrera sufre cornada en cara posterior lateral del muslo derecho que interesa piel y tejido celular subcutáneo, disecando el músculo sartorio y viscerando la masa muscular de los músculos abductores, fundamentalmente el abductor mayor, llegando hasta la cresta del fémur con dos trayectorias. una ascendente de 14 cm y otra descendente de 10 cm. Fue operado con anestesia general por el doctor Aragón y pasa al sanatorio Casa de la Salud. Pronóstico grave.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. VICENTE SOBRINO. Las dos caras de la fiesta

Las ganas de triunfo, y también las prisas, enviaron a Ferrera a la enfermería. Es lógico que torero en edad de merecer se comporte así, mas el precio que se arriesga a pagar es el de la cornada. Y la cornada llegó. Fue en el segundo de la tarde, un toro apenas picado a conciencia y que había asomado síntomas de flojedad. Sin embargo se vino arriba en banderillas y en la muleta sacó casta.

Ferrera se ajustó con él en los primeros muletazos para sacarlo fuera del tercio y emplazarlo en los medios. Allí, un valiente Ferrera quiso poder enseguida con el animal. Le bajó la mano y las ansias de asegurar cuanto antes el triunfo, le aceleraron. Se descubrió en un muletazo y el encastado toro le avisó. No tuvo opción en la segunda ocasión. Corrió la mano más de la cuenta y destempló al toro, que se lo llevó por delante.

La sangre le brotó inmediata del muslo pero Ferrera no quiso dejar inconclusa su obra. Cuando mató al toro se desmayó en brazos de las asistencias camino de la enfermería. Atrás había quedado la imagen de un torero valiente, a corazón abierto.

La corrida del Puerto, nada exagerada de tipo, tuvo muy buen fondo. Fue sólo cumplidora con el caballo, pero se creció a partir de banderillas, sumándose a la fiesta. Porque la corrida, que nunca perdió interés, fue la gran fiesta de las banderillas. Todo un abanico de pares, a cual más espectacular. Más sobrio pero seguro Esplá -los años no perdonan-; frenético Ferrera, en el único que pudo lucir, y portentoso, El Fandi. Se banderilleó por los adentros, en el tercio, en los medios; de dentro a afuera, de poder a poder... La moviola, corriendo hacia atrás. Y no faltó el par musical de El Fandi: el violín. Una fiesta de las banderillas.

Pero la corrida no fue sólo eso. Hubo más. Por ejemplo un quinto toro codicioso y encastado, y con mucho recorrido. En éste, El Fandi amasó una faena sincera. Desigual de temple, pero bien apuntalada desde el principio. De mucho calado. Vibrante y rotunda. También versátil y de juvenil provocación. Un pulso entre el encastado toro y la formidable respuesta del granadino.

En su primero, El Fandi se arrodilló de salida para recibir al toro con una larga y seguir de tal guisa por lances. Ese toro también estuvo encastado, se vino arriba en la muleta y El Fandi se le entregó. Pero la faena no tuvo redondez porque el toro fue acortando el recorrido y colándosele a El Fandi en alguna ocasión. Hubo algún susto en los rodillazos finales y esa labor quedó marcada como una lucha de poder a poder, entre el toro y el torero. Pero también dio la impresión de que El Fandi no terminó de gobernar al del Puerto de San Lorenzo.

La labor de Esplá, en los tres toros que mató, habría que juzgarla en su conjunto más que analizarla por detalles. Estuvo seguro y sobrio en banderillas. Lidiador aunque con poco reposo en el primero de la tarde. Con el cuarto, sosote y mansón, se enseñoreó por momento y en otros anduvo más ligero, aunque siempre con mucha llegada hacia la gente. Con el sexto, el otro toro apagado de la corrida estuvo simplemente correcto.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Dolor y gloria para Ferrera y El Fandi

Dolor y gloria, esencias de la Fiesta, confluyeron ayer en la arena de Valencia. Antonio Ferrera cargó con la cara más amarga, la más dura a pesar de que su sangre y el gesto de matar al toro hiriente se pagaran con dos orejas; El Fandi cobró idéntico premio sin pasar el sinsabor de la cornada. Otra vez los polos opuestos del espectáculo debían retratarse en la salida entre sirenas del extremeño y en la procesión entusiasta que izaría al torero granadino por la puerta grande. Pero Fandi no quiso alegría y abandonó el coso a pie en solidaridad con su maltrecho compañero. Un detallazo, sí señor.

A Ferrera le desgajó el muslo el ejemplar más terciado de la buena corrida de Puerto de San Lorenzo, cuyos astifinos pitones pertenecían a esa clase de astas cortas y certeras. Por dos veces había sido avisado el torero con genio y malas maneras en la muleta. Al tercer amago, voló en una voltereta seca y violenta. Cuando lo incorporaron, ya manaba el boquete sangre en abundancia, hasta calar la media. No quiso marcharse sin acabar la faena. El torniquete no evitaba la hemorragia, que transmitía una angustia asfixiante a los tendidos, sólo consolada por una estocada eficaz que desató la emotividad y la solicitud de las orejas. ¿Quién se negaría a concederlas?

Mientras trasladaban al herido a la enfermería, la película de la lidia se proyectaba en las mentes del público: la larga cambiada y el farol de rodillas, las chicuelinas y la replica de El Fandi por tafalleras; el par de Esplá, la moviola de El Fandi y el quiebro de Ferrera, con otro quiebro a la salida de la reunión, que puso la plaza en pie; después el arrojo y un ritmo trepidante marcado por un toro que se creció con nervio tras un castigo leve.

Fandi estuvo muy dispuesto con el tercero, al que saludó con una larga y verónicas de rodillas de trazo loable. En el tercio de banderillas destelló el violinazo de Fandila, que no se arrugó con la muleta ante el temperamento del enemigo, un cabroncete a izquierdas. La espada le privó de un mayor logro que una ovación..

Los trofeos cayeron con el santo quinto, ante el que Fandi quiso hacer todo bien. Asombraron de nuevo sus facultades con los palos más que su puntería, aunque conmovió el par al cambio, previo cite de rodillas. Durante la faena se vieron momentos templados y clásicos -el prólogo contuvo su aquel- frente a otros más efectistas, circulares invertidos, manoletinas y así. Media estocada arriba rubricó la cosa. Por encima de trofeos se sitúa esa pemanente progresión en sus formas.

Esplá tuvo su cruz en la cruceta del descabello. No se acabó de entregar por el buen pitón derecho del toro que abrió plaza; con los palos subrayámos la moviola de Fandi sobre las intervenciones de sus compañeros. Se superó y se asentó el maestro alicantino con el notable cuarto, que rompió hacia adelante en las sabias manos de Boni, perfecto en la brega y en el oportuno quite que desahogó la apurada salida de un apurado par por los adentros de su matador. De nuevo, a la hora de matar y rematar falló. El sexto fue el más toro y a la vez el que antes se apagó. Luis Francisco Esplá se repitió mucho con las zarpas a lo largo de la tarde, salvo en el mencionado embroque por los adentros.

Parte facultativo: Antonio Ferrera fue operado en la enfermería de una «herida en cara posterior lateral del muslo derecho, que interesa piel y tejido celular subcutaneo, disecando el musculo sartorio y discerando los músculos adductores, fundamentalmente el mayor, llegando hasta la cresta del fémur, con dos trayectorias una ascendente con catorce centímetros de extensión superficial y otra descendente de 10 centímetros de extensión. Pronóstico grave».

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