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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE SAN JAIME
Tarde del martes, 23 de julio de 2002
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Torrestrella,
correctos de presentación, cumplidores en varas, nobles en general pero sin
terminar de romper. El primero, bravo y encastado, fue el mejor.Diestros:
- Matías Tejela,
casi entera, trasera y desprendida (saludos); pinchazo y estocada
algo trasera y desprendida (silencio); estocada trasera de efectos
fulminantes, (una oreja).
- José
María Manzanares, pinchazo y estocada (saludos); media
perpendicular y atravesada y un descabello (saludos); casi entera
-aviso- (ovación).
Entrada: más de media plaza.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
El País. VICENTE
SOBRINO. Ni asomo de rivalidad
Se presumía competencia en el ruedo y al
final cada uno fue a lo suyo. Sólo en el primero de la tarde se atisbó
espíritu de rivalidad: hubo un quite de Manzanares con el remate de una
gran media tras unas limpias tafalleras, saltó como un resorte Tejela y
repitió el mismo quite, aunque en esta ocasión el remate consistió en
una larga cordobesa. Ahí terminó la competencia. Desde ese momento
ninguno de los dos se vio espoleado por el otro. Ni siquiera en el sexto,
cuando la tarde se decantaba a favor de Tejela, Manzanares respondió al
quite de su presunto competidor.
Los mano a mano siempre fueron sinónimo
de competencia, no tienen otro sentido. Éste, con Tejela y Manzanares, se
montó sobre esa base en teoría consecuente. Pero sobre el ruedo, apenas
existió.
La novillada de Torrestrella fue dije de
presencia: agradable para los toreros, correcta y muy bien hecha. Seis
novillos casi de probeta para asegurar el triunfo. Y esa novillada no falló,
al menos no con rotundidad. Le faltó, quizás, un punto de entrega en la
muleta, pero fue noble y cómoda de torear. Incluso hubo novillos que
tuvieron clase a la hora de empujar en el caballo. Otra cosa es que los
dos novilleros la aprovecharan como debían. Esa es otra historia.
La única oreja la cortó Matías Tejela
en el quinto. Este novillo fue de los de menos clase del lote. Pero
novillo de ida y vuelta a la muleta sin mayores problemas. La faena de
Tejela, desigual, estuvo muy trabajada desde el principio. Cuando el
temple fallaba, el novillo se descomponía, de ahí tan irregular trasteo.
Sólo al final esa labor pareció más maciza. Los circulares invertidos
de la última fase le dieron nivel popular. Tejela no le acabó de
encontrar el sitio al bravo primero, el mejor de la novillada. La faena
prometió más de lo que en realidad fue. Se echó siempre muy encima al
de Torrestrella y todo quedó en un proyecto inacabado. La faena al
tercero también tuvo altibajos. Tan pronto subía de tono como bajaba
irremediablemente.
El nuevo Manzanares tiene plaza, y planta,
y empaque. Pero es un proyecto. Su primera faena fue de apuntes, de
detalles, sobre todo en los remates. Pero faltó cohesión, es decir,
ligazón. Si el segundo fue novillo muy noble, aunque un punto rebrincado,
el cuarto y sexto tuvieron menos entrega. Aquél tomaba la muleta muy
remiso, y éste ni se rompió ni se entregó. La faena al cuarto tuvo
formas pero no fondo: estuvo centrado pero sin brillantez. Con el sexto
pareció desilusionarse muy pronto y anduvo como muy inconformista.
Al final, tan espectante novillada dejó
un sabor agridulce. La competencia presumida no apareció por ningún lado
y el nuevo Manzanares, con la plaza a su favor, pasó por Valencia sin
terminar de seducir.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA.
Camino hacia ninguna parte
Así no. Ya se puede tener mucha clase y más elegancia, que con semejante
espíritu conformista, sin arriesgar un alamar, el viaje acaba en nada, en
ninguna parte. José María Manzanares cuenta con el sello de lo distinto,
con la marca de la calidad. Cadencia, temple y personalidad, sí señor,
con ellas se alía Manzanares, indudable. Pero vuelvo sobre las líneas
que ya escribí a principios de temporada: una carrera no se empieza por
donde otra terminó. Porque entre sus características se halla una serie
de resortes que no corresponden a un novillero. Ese no cruzarse casi
nunca, ese esconder demasiadas veces la pierna de vaciar la suerte o tocar
los toros hacia afuera no conduce más que al vacío.
La novillada, preparada a modo, noble pero falta de un punto de fuelle
y de otro par de ellos para humillar, no presentó ninguna dificultad
insalvable ni a Tejela ni a Manzanares, que anduvieron como dos figuras
con tres cortijos. Y eso que el prólogo del festejo hizo concebir
ilusiones: a un quite por faroles del madrileño le replicó el alicantino
por templadas tafalleras y una media como un cartel de toros. Hubo
contrarréplica de aquél, también por Tafalla. ¡Coño!, un mano a mano
reñido, un duelo al sol, una rivalidad entre dos promesas con futuro, un
espejismo.
Matías Tejela, que toreó con una fractura, corrió la mano derecha
con largura y ligó en un par de series que hacían concebir esperanzas.
Y, de repente, le perdió la distancia y la faena principió a decaer
demasiado rápido. El paso por el pitón izquierdo, por donde el utrero
descolgaba menos, acabó de desmontar la historia.
Al tercero, un zapato gacho de pitones, Tejela no le encontró el
temple más que en una tanda a derechas, mientras que ante el bondadoso
quinto el arrebato novilleril por fin le hizo reaccionar. Volvió por sus
fueros. Abrió faena de hinojos con una trebolina y pronto presentó la
izquierda. Bien y todavía mejor sobre la diestra. Sólo un pequeño
barullo de ideas al final, que si cierro por circulares invertidos, y le añado
derechazos y todavía le doy bernardinas, desentonó de la notable labor.
Una oreja compensó en una pequeña parte la ocasión perdida.
A Manzanares le sucedió ídem de ídem con el agravante que no llegó
a desperezarse del halo conservador. Constancia de las muchas cualidades
que atesora dejó con el flojito segundo, ideal para que dibujara un
arranque a media altura superior, un cambio de mano inmenso, naturales
soberbios de cadencia y templanza, algunos pases de pecho cumbres,
ayudados por alto marca de la casa. En conclusión, un recital de buenas
formas, de cosas extraordinarias que motivaron una reacción estupenda del
personal. Si agarra la estocada en el primer volapié en lugar de en el
segundo, no se le escapa la oreja.
Pero desde entonces, nada. O poco. Ante el colorao quinto, el más
basto en todo, constatamos su otra cara: abuso de la muleta en uve,
siempre en la pala del pitón, la pierna escondida. Y así tiró del
enemigo con largura, sin exponer nada. El sexto se vino muy abajo, dentro
de su nobleza. Manzanares no apretó el acelerador. Si con esta novillada,
aun con matices, y este público expectante y a favor, no da ni una vuelta
al ruedo, medite, que igual se está equivocando de camino.
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