El País. VICENTE
SOBRINO. Fin de fiesta triunfal
Las corridas de rejones tienen especial predicamento en Valencia, sobre
todo por la afición que existe al caballo. En este tipo de festejos la
plaza se llena de gentes llegadas de la huerta, donde el caballo ha sido,
por tradición y obligados elementos de labor, todo un dios. La afición
al caballo en los pueblos huertanos de esta tierra tiene su manifestación
popular en las 'corregudes de joies', carreras de caballos a campo a través,
donde los jinetes montan a pelo, y en el 'tiro y arrastre' competición en
que los animales son sometidos a pruebas de resistencia y fuerza. El
caballo, en fin, por trabajo o fiesta, es un protagonista especial.
A esa fiesta del caballo, que fue la última de feria, se sumaron también
varias comparsas de moros y cristianos de la cercana localidad de Torrent,
que dieron colorido especial a la tarde y también la amenizaron con
varias marchas tan peculiares de esta fiesta. El espectáculo, pues,
estaba servido en el tendido. Sólo faltaba que sobre el ruedo se
respondiera al mismo nivel. Y la fiesta en el ruedo también se dio.
Los toros de Luis Terrón, considerablemente afeitados para la ocasión,
tuvieron nobleza aunque les faltó el gas necesario para haber hecho más
emocionante la lidia a caballo. Y algunos, como el lote de Cartagena,
blandearon y perdieron el equilibrio en alguna ocasión. Más fue un
conjunto que no ofreció dificultades, colaboró y acomodó la actuación
de los caballistas.
La tarde fue para Pablo Hermoso y Andy Cartagena a partes iguales. No sólo
porque se repartieron idéntico número de orejas, sino también porque
sobre la arena igualaron en torería, recursos y llegada a la gente.
Ambos, Pablo y Andy, llevaron el clamor a los tendidos.
El torero navarro sacó en su primer toro a Roncal, Albaicín,
Danuvio y Mariachi, con los que el recital de monta y toreo fue
completo. Algo traseros le cayeron los dos rejones de inicio, en una labor
de acercamiento de Roncal que se trabajó mucho la llegada al toro.
En banderillas, el clima subió de tono: la torería la puso con Albaicín,
arriesgó con Danuvio y provocó al parado toro con Mariachi.
No llega a descordar a ese toro y le corta las dos orejas.
Con el quinto sacó a Monterrey de salida y a Fusilero en
las primeras banderillas, pero fue con Campogrande y otra vez con Mariachi,
donde de nuevo hizo que la gente vibrara. Se adornó y un par de las
cortas a dos manos rubricó tan importante actuación.
No le anduvo a la zaga Andy Cartagena. Su primera faena quedó algo
deslucida por las caídas del flojo toro, pero en banderillas, montando a Quite,
un bayo con alma de bailarín, llevó el entusiasmo a la gente. El
toro que cerró plaza tampoco estaba sobrado de fuerzas y Cartagena procuró
no atacarle demasiado de salida. Otra vez en banderillas levantó clamor,
esta vez montando a Esforzo y Manili. Dos pares al violín
fueron el remate a tan brillante labor. La suerte le fue esquiva a
Leonardo Hernández a la hora de matar. Al soso toro que abrió plaza lo
toreó con elegancia y sobriedad. Con el cuarto mantuvo un nivel alto,
arriesgando sobre todo en un par a dos manos por los adentros, aunque un
feo bajonazo echó por tierra el triunfo. Hermoso y Cartagena, por la
puerta grande.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA.
Cabalga Pablo Hermoso de Mendoza solo en la cumbre. En su magistral
soledad nadie le hace sombra. Y probablemente siga así. Pero al ritmo que
ha evolucionado y madurado Andy Cartagena tal vez tenga compañía en su
paseo por las alturas. O, por lo menos, alguien que le apriete, que
tampoco conviene superar en tanto a la competencia. Le pasaba a su paisano
Induráin, que igual se retiró harto de victorias sin oposición. Pablo y
Andy subieron ayer a ese podio imaginario que conforman los hombros de los
costaleros.
Hermoso es mucho Hermoso, aunque todavía uno echa de menos a «Cagancho».
La cuadra del navarro es amplia y un lujo bajo sus manos y espuelas de
oro. Enceló a su primero a base de empaparle de caballo. Calentó motores
con los rejones para entregarse luego con las banderillas, rotas las
distancias, embraguetado con el toro. A dos pistas había causado sensación,
que fue en aumento. Había momentos en que parecía imposible que no
alcanzaran las astas las cabalgaduras, valiente hasta decir basta y no tan
certero como otras ocasiones a la hora de igualar los arpones arriba.
Medio rejón tumbó literalmente a la bestia, tal vez descordada, no lo sé.
Faltó poco para lograr las dos orejas de una tacada.
La siguiente faena fue más técnica, sobrada, un punto fría, sin la
misma conexión. Hasta que el par a dos manos con las cortas levantó
pasiones. «Mariachi» volvió a ser protagonista y consiguió el trofeo
que abría la puerta grande.
Cartagena puso toda la emoción de su parte con el flojo tercero. Midió
el castigo y únicamente clavó un hierro. Cabalgó también de costado y
cautivó con los palos, en largos embroques que arrancaban en la otra
punta del ruedo, a casi galope tendido, hasta una distancia corta y
frontal, donde quebraba el viaje. No podía faltar el violín, y demostró
que también se arrima para hacer el desplante del teléfono que borda el
maestro estellés.
Se superó todavía más en el sexto, tal vez menos atemperado, más en
la línea espectacular que le ha mantenido en las ferias y dentro de la
que ha madurado. Al quiebro, por dos veces, hizo sonar de nuevo su violín,
en unos encuentros que pusieron la plaza en pie. «¡Torero, torero!» le
gritaban. Lástima que el retardado efecto del rejón de muerte le
obligase a usar el descabello en tres ocasiones. La oreja se sumó a la
anterior y subió al podio con Pablo Hermoso de Mendoza que ya está dicho
antes.
Leonardo Hernández abrió plaza, y por ello se encontró con un público
frío que no entró en una faena pulcra, clásica y cualitativamente
notable. Si ahora se mostró sobrado este gran jinete, luego, con el más
poderoso y encastado cuarto, estuvo más a merced del ritmo que impuso el
toro. Arriesgó en un par a dos manos por los adentros y se precipitó al
descabalgar: creyó que el rejonazo contrario y muy bajo había herido más
al ejemplar de Terrón, que le complicó la vida con el descabello.
El festejo estuvo arropado de una buena entrada, la segunda mejor
taquilla tras la pasada actuación de El Juli, aunque seguro que más
rentable. Hermoso y Cartagena se han incorporado a la lista de
triunfadores de esta feria de San Jaime, entre cuyos nombres figuran César
Jiménez, El Fandi, Ferrera, un Vicente Barrera que quiere volver por sus
fueros, como El Califa, el modesto José Calvo, Pepín Liria... O Juli,
que sin arrollar ha puntuado en un ciclo ganaderamente positivo.