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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE SAN JAIME
Tarde del domingo, 20 de julio de 2003
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Corrida de toros de Valdefresno,
desiguales de juego.Diestros:
Incidencia: Matías Tejela sufre «fractura de colles en la
intersección de los huesos del cúbito y radio del brazo izquierdo, de
pronóstico grave».

Cogida de Matías Tejela
Entrada: un tercio de entrada.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC, El
Mundo
  
Fotografías de Francisco
José Ferrís
El País. VICENTE
SOBRINO. La calidad de Uceda Salva la tarde
Brindado el tercer toro al público, Tejela citó de lejos con la
muleta en la derecha. Allá que se fue el de Valdefresno, con velocidad
pero sin definir el viaje. Tan de pronto se encontró Tejela con el toro,
que no le dio tiempo a reaccionar. Le cogió de lleno, sobre el muslo
derecho, y al caer el peso de su cuerpo descansó sobre el brazo izquierdo
del torero. Con gestos de dolor, e impotente, Tejela abandonó el ruedo.
La corrida, de pronto, quedaba convertida en un mano a mano entre Juan
Mora y Uceda Leal.
Antes de ese toro, la corrida tampoco tuvo un comienzo prometedor. El
primero de la tarde, justo de trapío y bajo, negó su pelea con el
caballo. Con la muleta y entre las rayas, Mora probó mucho a ese toro.
Pero tardón, el de Valdefresno tampoco acabó por entregarse. Lo sacó
fuera del tercio Mora y tampoco se convenció. Esforzado pero sin
convencerse, optó por la brevedad y montó la espada antes de lo
previsto.
El toro que envió a Tejela a la enfermería tuvo seriedad, sobre todo
por delante. Tampoco fue un ejemplo de bravura, todo lo contrario.
Descubrió sin reservas su mansedumbre en el último tercio, pues no tardó
nada en buscar los terrenos de toriles. Pero ahí lo entendió Juan Mora,
que poco a poco fue ganando en confianza. Primero fueron simples bocetos
los que dibujó con la mano derecha, con el toro al paso y sin entregarse,
pero también muy cómodo en esa zona del ruedo.
Una buena serie en redondo sobre la derecha levantó el vuelo de la
faena, que sin llegar a tener altura pareció coger cuerpo. Con toro y
torero acomodados en los adentros, otra serie con la mano izquierda
enriqueció una labor de chispazos. Mas acobardado el toro, que se marchó
de la muleta en clara huida, dejó sin remate una labor de buenos apuntes.
Alterado el orden de lidia por la cogida de Tejela, Mora despachó el
segundo de su lote en quinto lugar. Fue uno de los toros más cómodos de
la corrida, pero casi en idéntico tono de juego que el resto. Flojeó de
salida, por lo que se escucharon algunas protestas. Y, también mansito,
pasó sin pena ni gloria por el primer tercio. Sin entrega en la muleta,
la faena quedó muy pronto convertida en un diálogo para sordos. A la
poca condición del toro respondió Juan Mora con vanos intentos, vacíos
de contenido y de confianza.
El toro más manso de la corrida fue el segundo de la tarde. Tres
llegadas al caballo y tres clamorosas huidas sin disimulo. Un animoso
Uceda, que había recibido a ese toro con una larga de rodillas, apuntó
torería en los primeros compases de una faena que acabó frustrada por la
mansedumbre del toro. Protestón y defendiendo su parcela, el de
Valdefresno le volvió la cara a la muleta de Uceda. Distraído a la
salida de cada pase, fue otro toro que buscó el abrigo de toriles. La
faena quedó en simple proyecto. Grandón, alto y vasto fue el segundo del
lote de Uceda. Sin clase, con la cara alta y al paso, sus intentos fueron
estériles.
El sexto fue el buen toro de una muy mansa corrida. Justo de fuerzas,
se encontró también con un muy buen torero. Ese toro que salvó la
perdida tarde, se encontró con un pletórico Uceda. La faena, mecida y
mimada, sólo tuvo el color de la calidad. Matizada con mucha torería,
Uceda consintió una enormidad al toro. Hubo torería en los remates y
siempre un acento de calidad excepcional. La estocada, muy bella de
ejecución, puso un remate feliz a una tarde que amaneció frustrada.
ABC. ZABALA DE LA SERNA.
Grave lesión de Tejela y
faena valiente, cabal y de gusto de Uceda Leal
A la temporada lo único que le faltaba ya
es la baja de una de las jóvenes promesas de mayor proyección: Matías
Tejela. La fractura sufrida ayer en su muñeca izquierda requiere de un
tiempo de recuperación de dos a tres meses, lo que significa, prácticamente,
el adiós definitivo a los ruedos en este año 2003. Pero ya se sabe que
las carnes y los huesos de los toreros son de otra pasta y que las técnicas
médicas avanzan a velocidad de vértigo. Ojalá que todo ello le lleve a
Tejela ante la cara del toro lo más pronto posible. La desgracia ocurrió
después de que el tercero se le arrancase de improviso cuando se disponía
a brindar. Entonces lo muleteó genuflexo, con la montera en la mano
derecha junto con la espada simulada, y la muñeca todavía suelta y
torera. Se fue a los medios, ofreció la faena al público y allí citó
de lejos; el toro no obedeció y se llevó por delante a Tejela con un
golpe seco.
Fue la peor noticia de la tarde; la mala, la mansa e inocentona corrida
de Valdefresno; y la buena, que la hubo, la faena valiente, cabal y de
gusto de Uceda Leal a un toro noble, brutote y tardo, al que había que
esperar en cada muletazo a que rompiese. Uceda, que había saludado con
una larga cambiada de rodillas y había abierto faena por estatuarios, lo
fue puliendo sobre la mano derecha, tirando largo en los redondos de
mando. Dos tandas de similar corte antecedieron a unos naturales pletóricos
de clase, cumbre el tercero por el parón que aguantó y por cómo vació
después el muletazo; en la siguiente serie zurda se le frenó también
por abajo. Los elegantes derechazos últimos, con la embestida más
acoplada al trazo que en los preliminares, un par de cambios de mano de
cartel de toros y unos ayudados por alto de no menor intensidad y belleza
desembocaron en una efectiva estocada atravesada y en una merecida oreja,
que cerró una actuación de disposición y capacidad estoqueadora, salvo
un pinchazo.
El segundo le había durado menos y nada, apenas unas estéticas
dobladas y una tanda de derecha, y se rajó huidizo y cobardón, bajo la
lluvia que se precipitaba. El basto cuarto respondió a sus hechuras y
embistió zafio y tosco, lo cual excusa sólo en parte una brega de
excesivos y malos capotazos. Arrollabasiempre, queriéndose herir, por lo
que todo corrió a cargo del torero.
Juan Mora toreó a placer con el rajadito y humillado que había
partido a Tejela. Junto a tablas bordó redondos asolerados y un pase del
desprecio; sobre la izquierda se escupía del engaño. Lo poco que hubo lo
desperdició con la espada, su cruz durante toda la tarde, tanto con el
parado que rompió plaza, como con el quinto, que no humillaba y que sembró
dudas en el veterano matador, especialmente en las vanas intentonas al
natural.
El
Mundo. JAVIER VILLAN. Percance
de Tejela y oreja para Uceda
Un día tengo que hacer una crónica en sonetos, que en romance ya la
he hecho y eso está chupao. Y me gustaría hacérsela a Uceda o a Tejela;
o mismamente, y sobre todo, a Juan Mora, que es torero que a mí me gusta
mucho, y cuyas verónicas son solemnes como alejandrinos y sus muletazos sólidos
y profundos como endecasílabos. Iba a hacerle un soneto a Matías Tejela
tras resolver de improviso y primorosamente, cuando iba a brindar, unos
acosos imprevistos del de Valdefresno. Pero ese mismo animal se lo llevó
por delante, en el primer muletazo tras el brindis, y a mí el percance me
desbarató la inspiración. Peor fue para Tejela que sujetándose la muñeca
izquierda y con gestos de dolor evidente, tuvo que irse a la enfermería.
Dicen que un torero teme más las lesiones de huesos que las
cornadas.Así que se me desbarató el soneto, pues no es cosa de dedicar
14 versos a un percance por doloroso que sea. También a Uceda Leal se le
había desbaratado el arranque de faena, que prometía muchas excelencias;
pero descargó el chaparrón y la gente corría a la desbandada dejando
solo a Uceda y llevándose por delante su posible faena y mi posible
soneto.
Pero prometo que, aunque hoy me haya abandonado la inspiración, un día
contaré la corrida en sonetos. Y le brindaré la sonetil faena a Paco
Brines, poeta intimista y elegíaco, apasionado de las corridas, al que me
he encontrado ya repuesto de una fea cornada de su corazón hace meses.
Podría haberle echado versos a Mora en el tercero, aunque sólo fuera por
darle una alegría a Pepe Hernández, el doctor no el pintor, que en esto
de los toros hay mucho pepehernández, aunque no todos tan geniales como
el pintor ni tan competentes como el doctor de Murcia.
Mas Juan Mora volvió a pinchar, después de haber bordado el toreo en
redondo y de haber brillado también al natural, si bien, por la
izquierda, en exceso despegado y piconero. Salió otra vez el sol y volvió
el bochorno pegajoso y viscoso, mas la verdad eso no da para un soneto.
Para escribir una crónica de toros en seis o siete sonetos ha de ser un día
con mucha motivación y mucho intríngulis, porque si no, el verso no
sale. Y si sale, sale mal y a lo peor me pasa como a Federico Trillo, cuya
prosa jeroglífica, almibarada y castrense nadie entiende; y si la
entienden es peor.
Y yo quiero que me entiendan los mozospás, los banderilleros y los
monosabios, que son pueblo berroqueño y racial. Pero con estos toros de
Valdefresno, mansisosos y tontiblandos, no hay manera. Mora tiró por la
calle del medio en el primero y lo liquidó en un santiamén. Eso es de
agradecer, mas la fea manera con que entró a matar, no da para un endecasílabo
ni siquiera para un mal ripio. «Manda güevos», que decía Trillo, con
su prosa castiza de antes, que era más deleitosa que la de ahora cuando,
en vez de seguir explicando a Shakespeare, da partes de guerra y
estrategias de combate. Federico Trillo ha pasado de las tragedias
shakesperianas a la tragedia del Golfo, y su estilo literario ha
degenerado de Shakespeare a un falso Groucho Marx envilecido por Jiménez
Caballero. Manda huevos con estos toros babosas de Valdefresno y con el
percance de Tejela, que salía arrancado, y ha tenido que irse a la
enfermería posiblemente con un brazo roto.
Por esta indeseable peripecia, se han quedado solos Uceda Leal y Juan
Mora; un mano a mano a la fuerza, se dice en estos casos, pero ni mano a
mano ni nada. Toros imposibles, oscuros híbridos de mula y de burro con
cuernos que nada, o casi nada, tienen que ver con el toro de lidia. En el
sexto, Uceda sacó agua fresca de donde no había: estatuarios, naturales
y una encomiable voluntad de llevar al animal a media altura para que no
se le cayese.Tampoco esto daba para un soneto, aunque a Uceda Leal le
dieran una oreja; algo así como una flor en un desierto
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