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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE VALLADOLID
Tarde del martes, 9 de septiembre del 2003
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Luis
Algarra,
de juego desigual.
Diestros:
Entrada: casi lleno.
Crónicas de la prensa:
El País
El País.
TOMAS CANO. Todos en hombros
Los tres salieron por la Puerta del Toro, pero menos lobos, Caperucita.
A Javier Conde le fue regalada la segunda oreja y a El Juli, en su
segundo, bien pudo conformarse con una vuelta al ruedo (que los toreros de
ahora no dan si no es con pelo en las manos). Cabe decir también que las
dos orejas concedidas a Valverde fueron excesivas, pero lo de éste es
otro cantar que merece la pena ser explicado.
Resulta que su primero fue devuelto por cojo y sustituido por un
sobrero. Pero hete aquí que el dicho sobrero apenas salió, desencajó la
puerta de arrastre, contigua a la de toriles, y cruzó la plaza como un
venado y fue a estrellarse contra un burladero, entregando así su cuerpo
a las mulillas. ¿Resultado? Que salió el cuarto, luego el quinto y, por
último, el sexto, segundo de Valverde, con lo cual el torero se quedaba
con un solo toro. Por esto, aupado por la plaza que le vio en inferioridad
de oportunidades, llegaron esas dos orejas. Luego, la empresa regaló un
toro más, para que el salmantino tuviera oportunidad de matar también
dos, con lo cual el asunto duró dos horas y media, que es una barbaridad.
Resumiendo: que los toros, de los llamados comerciales, golosinas de
torero, pasaron por el peto milagrosamente, a entrada por cabeza, sin que
a ninguno le partieran un pelo. Aun así, traspiés por aquí, tropezón
por allá, caída un poco después... Los pilares de El Pilar parecieron
de mantequilla y el de Fraile, igual.
Así, el toreo fue una entelequia. Voluntarioso y reiterativo, El Juli;
un tanto afectado y como de puntillas, Conde, y ambicioso de palmas,
Valverde. Una salida en hombros multitudinaria parece dar a entender que
ayer se dio en Salamanca la corrida del siglo, pero no. Ya digo: menos
lobos, Caperucita.
Se impone tratar de conseguir que los toros salgan con tres o cuatro
orejas y un par de rabos por lo menos, puesto que las orejas cada vez
significan menos
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