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Feria de San Mateo
19-26 de septiembre 1999
Crónicas
de la prensa
**José Tomas
obtiene el trofeo Campo Grande al triunfador de la feria, autor de la mejor faena.
**El Juli, premio al mejor toreo de capa
Domingo, 19 de septiembre. Toros de Valdesfresno y uno, el 5º, de Moura
(inválidos), para Canales Rivera (silencio en
ambos), Uceda
Leal (silencio en ambos) y Manuel Amador (silencio en ambos). Menos de media entrada. Crónica de El Mundo.
Lunes, 20 de septiembre. Toros de Torrestrella (flojos y nobles), para El Cordobés (oreja y ovación), Rivera Ordóñez (ovación y silencio) y Dávila Miura (ovación; aviso y
ovación). Crónica de
El Mundo.
Martes, 21 de septiembre. Toros de Los Bayones (mansos e inválidos, excepto cuarto
y quinto. Primero bis, sobrero de Andrés Ramos, descastado y flojo), para César Rincón (silencio en ambos), Vicente Barrera (ovación y oreja) y De Mora (palmas y silencio). Crónica de El Mundo.
Miércoles, 22 de septiembre. Toros de Puerto de San Lorenzo (toros bien presentados
en general; destacó el codicioso cuarto), para Juan Mora (silencio y vuelta), Litri (pitos y bronca) y El Cordobés (oreja y aplausos). Crónica de El Mundo.
Jueves, 23 de
septiembre. Toros de Núñez del
Cuvillo (los dos primeros inválidos y mal presentados. Los demás, nobles, se dejaron
hacer, algunos con codicia), para Manuel
Caballero (ovación y oreja), Rivera
Ordóñez (pitos y división) y José
Tomás (dos orejas y dos orejas). Crónica de El Mundo.
Viernes, 24 de septiembre. Toros de El Torero (manejables en general, aunque faltos de
fuerza), para Ponce
(aplausos y dos orejas), Luguillano
(dos orejas y saludos) y El Juli (oreja en
ambos). Feria de San Mateo, sexta de feria. Lleno de "no hay billetes".
Sábado, 25 de septiembre. Toros de Montalvo (el primero bronco y áspero. El resto,
manejable, aunque sin calidad), para Manolo Sánchez (silencio tras dos avisos y
silencio), José
Tomás (ovación tras petición y ovación) y El Juli (oreja y dos orejas). Crónica de El Mundo.
Domingo, 26 de septiembre. Corrida de Rejones. Cuatro
toros de Luis Terrón; segundo, sobrero, de
Muñoz Hoyos, y quinto, de Hernández Jiménez, para Moura (vuelta), Hermoso de Mendoza (ovación), Paco Ojeda (silencio) y Sergio Vega
(vuelta). Octoavo y último festejo de feria. Tres cuartos de entrada.
Crónicas de la Prensa
El
Mundo. Edición del 26 de septiembre´99.
CESAR MATA. La emotividad de El
Juli
Emoción. Ese fue el argumento que puso sobre el albero del coso de Valladolid El Juli
para ganarse tres orejas y la Puerta Grande. La emotividad comenzó en su primer toro,
cuando el ejemplar de Montalvo lo cogió en el embroque del primer par de banderillas y lo
zarandeó de manera espeluznante en el suelo.
Sobre la arena lo revolcó durante unos segundos interminables, aunque la cornada no se
produjo.
El joven diestro fue llevado a la enfermería, donde fue atendido de varios varetazos
en un tobillo, en un muslo y en la zona lumbar. Sin embargo, El Juli se zafó de la
atención de los médicos y volvió al ruedo, dolorido, pero dispuesto a todo.
Así se ganó Julián López el cariño del público para lo que restó de festejo. La
efectividad con los aceros le sirvió para cortar el primer apéndice.
Con el que cerró plaza no bajó el tono emocional de la tarde. Estuvo El Juli entonado
en un quite por lopesinas que levantó al público de sus asientos. Después, toreó bien
al natural y completó la tarde con una buena estocada. El presidente, que anduvo severo
durante toda la corrida, no vaciló al concederle una segunda oreja discutible.
José Tomás perdió con los aceros lo que previamente se había ganado toreando al
natural. En sus dos toros cuajó tandas hondas, profundas y ligadas con la mano izquierda,
en la que basó su labor; los pitones, tan cerca como acostumbra a hacerlo el madrileño.
Sin embargo, estuvo algo más enganchado en el quinto, un morlaco que cabeceaba en exceso.
Con la espada, poco contundente José Tomás.
Manolo Sánchez tuvo un lote con muy escasas condiciones. El que abrió plaza, bronco,
le jugó una mala pasada al ponerse andarín con la espada en el cuerpo. Antes, el diestro
estuvo lidiador, con pocas concesiones a la galería. El cuarto fue un ejemplar sin
calidad al que Sánchez dio una faena pulcra, lo que permitía el animal
El
Mundo. Edición del 24 de septiembre´99. CESAR
MATA. Toreo en estado puro
Con José Tomás llegó el toreo a esta feria. Cortó cuatro orejas, que debieron ser
dos, una en cada toro, aunque tan desmesurada ración de apéndices vino a equilibrar el
desproporcionado listón creado con las orejas hasta entonces concedidas.
Estuvo entregado José Tomás, pasándose los toros rozando los muslos, cruzándose,
dando el pecho, pero sus faenas no fueron para enmarcar. Lances acompasados con el capote
y un ceñido quite por chicuelinas advirtieron al público de las intenciones con las que
venía José Tomás.
A Manuel Caballero se le fue de las manos, y de las muñecas, el toro que abrió plaza.
Las francas embestidas fueron las mayores virtudes del astado, al que el torero de
Albacete no logró templar. Condujo Caballero sin convicción las embestidas del toro y la
faena se acabó diluyendo. Atropellado, sin reposo estuvo en el cuarto Caballero, un toro
al que cortó una oreja sin excesivo mérito.
Quiso Rivera Ordóñez predisponer en su favor a los aficionados con tres largas
cambiadas de rodillas con las que recibió al de Núñez del Cuvillo que le tocó en
suerte como primero de su lote.
Tras un tosco manejo del capote, a modo de edredón, el toro se derrumbó en
banderillas, actitud que se volvió a repetir al intentar acudir por segunda vez a la
muleta. Abrevió Rivera Ordóñez y lo pasaportó con una estocada después de señalar un
pinchazo en lo alto. Despegado, material y anímicamente, toreó de modo atropellado al
codicioso quinto, al que logró sacarle una serie pulcra por la derecha.
La transparencia del toreo de José Tomás brilló ayer de manera luminosa. Con el
blando tercero tuvo más fácil José Tomás templar y ligar, siempre con verdad, con
serenidad y sin estridencias. No había casi toro, pero el diestro echó el resto.
Las manoletinas, en las que los cuernos casi se fundían con la taleguilla, pusieron la
guinda a una buena faena que rubricó con un soberbio y eficaz estoconazo.
Con el sexto, Tomás se mostró algo acelerado, aunque la faena fue creciendo en
intensidad. Pudo definitivamente al toro, en series ligadas de naturales en las que bajó
la mano e hizo entregarse al burel. Violento el astado, el torero tuvo que acoplarse a esa
brusquedad para poder, después, someterla y endulzarla.
El
Mundo. CESAR MATA. Edición del 23 de septiembre´99. Un gran toro del
Puerto
Qué pena de cuarto toro, el mejor del encierro de Puerto de San Lorenzo. Qué pena que
Juan Mora no se fajara con él, no provocara que el toro, de presencia y trapío
irreprochables, no se entregara. Y no es que estuviera mal el torero de Plasencia, pero
pudo estar mejor.
También con la espada se echó en falta una mayor decisión, aunque el toro, con la
cara alta, no le puso fácil al matador enterrar el estoque.
El toro, con gran fijeza, tenía una generosa arboladura, y su comportamiento encastado
dio lugar a la única faena en la que el torero logró conectar con los tendidos, con
pases que intentaron tener mando pero que, la mayoría de las ocasiones, resultaron
enganchados.
Juan Mora dejó que los picadores abrieran a su primero varias vías sangrantes.
Exangüe, con briznas de genio y rajado sin disimulo, el del Puerto de San Lorenzo se
negó a humillar y a abandonar el abrigo de las tablas. Así las cosas, abrevió Mora con
una estocada caída.
Miguel Báez, Litri, sin duda, tuvo el peor lote, pero su actitud de desidia, su
constante duda en la cara del toro y su ineficacia con los engaños no tienen la menor
justificación.
Un bajonazo evitó que El Cordobés saliera a hombros. Hubiera obtenido un apéndice,
de rebajas, pero que sumado al que consiguió en el tercero de la tarde, también
facilón, le hubiera concedido el honor que hasta ahora no ha conseguido torero alguno en
esta feria.
Su primero, manso, se dejaba torear, pero El Cordobés no estaba muy por la labor de
tomar riesgos innecesarios. Con una media pasaportó al toro, y lo intrascendente del
trasteo se premió con un apéndice.
Porfía y cercanía de los pitones ante el rajado sexto le valieron a Manuel Díaz para
meterse a los tendidos en el bolsillo.
Consuegra.- Toros de Antonio San Román y Los Millares. Pepín Liria, silencio y dos
orejas; Miguel Abellán, ovación en ambos; El Juli, silencio y dos orejas.
El
Mundo. Edición del 22 de septiembre´99.
CESAR MATA.
Insumisos de la bravura
En estos tiempos de súbitos cambios ideológicos, transfugismos y cambios de chaqueta
al relance, la feria de Valladolid sigue en su línea de intransigente coherencia. Ayer,
por tercera vez, otro bodrio indigerible. Esta vez de la mano de los toros de Los Bayones,
con la desinteresada colaboración del cuasiretirado César Rincón, Vicente Barrera y
Eugenio de Mora.
No embiste el toro mulo, el inflado y pajizo de barriga, no embiste, tampoco, el de
hechuras correctas y presentación en tipo. No embisten porque las hechuras no procuran
raza, ni casta.
La bravura, la fuerza y la casta, siguen en búsqueda y captura. El público, mientras
tanto, sigue acordándose de empresa Martínez Uranga. Hombre, la empresa contrata las
corridas, pero quien selecciona las vacas y sementales, quien alimenta al toro, y quien lo
prepara para que llegue a la plaza es el ganadero. Cada cosa en su sitio.
César Rincón vino a despedirse y nadie se acordó de su digna trayectoria, de sus
servicios prestados a la tauromaquia porque anduvo errante por el ruedo. Precavido,
temeroso, el colombiano no se centró con su lote y se fue ante la indiferencia de los
espectadores. El primero de la tarde, de Los Bayones, fue devuelto por su manifiesta
invalidez. Salió, como sobrero, un toro de Andrés Ramos, al que tampoco le sobraban
fuerzas. Aspero y descastado, tras intentar dos naturales Rincón decidió el astado que
su hábitat natural eran las tablas y allí se refugió antes de que lo finiquitara tras
pinchazo hondo y descabello.
Codicioso, aunque blando, se le fue a César Rincón el cuarto de la tarde. Mostró el
toro raza y genio en la embestida, un punto de violencia que había que limar base de
poder y de consentir. Problemas, pero no irresolubles. Pero César Rincón no estaba para
esfuerzos ni gestas.
Mejor estuvo Vicente Barrera ante el segundo que ante el quinto, aunque en esta última
faena se le concediera una oreja, gracias a la petición de los espectadores, que andaban
ansiosos de imaginar éxitos y razones para no perder la afición.
Un buey noblote y soso era el segundo, ante el que Barrera puso voluntad y gusto, pese
a lo imposible del lucimiento ante tal enemigo. Recibió como compensación una ovación,
aunque con la espada se fue a los bajos.
Un amasijo de pases fue la faena al quinto. Sólo al final de la lidia se centró
Vicente Barrera y suavizó el manejo de la muleta, que hasta entonces había marcado
trazos rectilíneos llenos de brusquedad.
Pasó de las dudas y la aceleración a encontrar el tempo de los pases. Así las cosas,
enterró el estoque trasero y tendido, lo cual no perjudicó la prejuzgada decisión de
los aficionados de pedir la oreja.
Eugenio de Mora trasteó sin pena ni gloria a su lote. Mansos y sosos, tampoco
merecieron mayor esfuerzo. El sexto se dejó caer antes de que De Mora lo matara a
estoque. No quiso recibir un honor que no merecía.
El
Mundo. Edición del 21 de septiembre´99. CESAR MATA.
Espejismos y un buen toro sin
faena.
La oreja que cortó ayer El Cordobés no dejó de ser un espejismo de lo que corrió
durante la corrida. Incluso fue un espejismo de lo que sucedió en la propia faena que fue
premiada con el apéndice solitario. El usía se dejó llevar por un ataque de generosidad
y descolgó el impoluto pañuelo que concedía honores a una labor intrascendente.
El error del palco no se repitió en el cuarto, cuando tras una nueva faena superficial
y de corte populista, nueve décimas partes de la plaza no pidieron el trofeo. Entonces el
presidente hizo caso a la mayoría.
El tercero de Torrestrella tenía temperamento, casta justa y movilidad. El motor del
toro, su carácter encastado, hizo que hubiera transmisión, y que el torero sevillano
conectara con los tendidos nada más comenzar la faena de muleta, que inició en los
medios.
Dos series por la derecha tuvieron la virtud de crear tensión emocional gracias a la
movilidad del toro, que acudía a los engaños con codicia, aunque le costaba repetir
conforme avanzaba la serie. Un parón del toro, que no era el primero, le costó a Dávila
Miura una colosal voltereta de la que salió indemne cuando toreaba sobre la mano
izquierda.
Pero lo que pudo ser una oreja de cierto valor se convirtió en una letanía de
pinchazos.
El Cordobés pasó sin pena ni gloria. Soso y noble, su primer oponente no se prestaba
a lucimiento alguno. Con el cuarto, de cierto genio y mayor codicia, no llegó a
acoplarse.
Con cierto desánimo pasó Rivera Ordóñez su primer capítulo en esta feria. No
compensó la falta de raza de sus oponentes, y, por contra, se sumó con su labor a la
sosería endulzada de su lote.
El ejemplar lidiado en segundo lugar tenía la movilidad suficiente como para haber
intentado algo más allá de lo que hizo Rivera Ordóñez, que no pasó con la izquierda
de amagar el inicio de un natural. Falta de espíritu demostró también en el quinto, un
toro que fue a menos.
En líneas generales, la corrida de Torrestrella contrarió a quienes se fijan en las
hechuras para averiguar la condición del toro. Aunque el tercero del encierro fue, de
largo, el mejor, la mayoría blandeó en exceso.
El
Mundo. Edición del 20 de septiembre´99. CESAR MATA.
Bostezo en seis capítulos
Prófugos de la bravura, pródigos de mansedumbre, los toros de Valdefresno, justos de
cara e inválidos, convirtieron la primera del abono en un largo bostezo de seis
capítulos.
No le tembló el pulso al presidente Luis Gómez Rico a la hora de mandar a los
corrales al toro que abría plaza. Era, sí, un peligroso precedente, pero obligado.
También devolvió al quinto, que camino de los chiqueros mostraba un estado preagónico.
En su lugar salió una sardina de Joao Moura, con dos puñales para tapar su mínima
presencia.
Canales Rivera, que se presentaba, se fue de vacío pese a mostrar voluntad. Con un
imposible primero, se mostró intrascendente en el cuarto, al que recibió con una larga
cambiada de rodillas.
Sin calidad
Hurtó Uceda Leal algún muletazo al manso segundo. Embestía el astado sin calidad,
queriendo golpear la tela, lanzando hachazos defensivos. Con el de Moura intentó dibujar
muletazos, pero la falta de fuerzas impedía al toro seguir el engaño, pese a que metía
la cara con codicia, aunque frustrada. Abrochó su faena con un soberbio estoconazo, lo
más brillante de toda la corrida.
Una serie pulcra por la derecha y una tanda ligada de naturales fueron el balance de
muleta que cosechó Manuel Amador ante su primer oponente, el menos armado del encierro.
Pinchó, al igual que en el sexto. Este era feo de hechuras, alto, un mulo que arrastraba
640 kilos de cárnica debilidad. Hastiados los aficionados después de tanto
despropósito, decidieron pedir «¡toros!». El animal se dejó pegar en el caballo y
Manuel Amador simuló una faena, no exenta de precauciones. De todos modos nada había que
hacer, por lo que nada se le reprochó.
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