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Feria del Pilar
ZARAGOZA
Tarde del viernes, 15 de octubre de 2004
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Cinco
toros de San
Martín y uno que saltó en
primer lugar de José
Luis Osborne, desiguales de presentación, todos mansos con
peligro a excepción del 2º que se dejó en la muleta.
Diestros:
Entrada: más de media entrada.
Crónica de la prensa:
PortalTaurino, ABC, El
País
PortalTaurino.
JAVIER
SESMA. La casta
de Padilla y la muleta de Cortés
Con más de media entrada se han lidiado
cinco toros del hierro "Ganadería de San Martín" y uno más,
que salió en primero lugar, del de "José Luis Osborne", todos
desiguales de presentación y mansos con peligro, a excepción del segundo
que fue bueno para la muleta.
Juan José Padilla
estuvo siempre por encima del ensabanado de Osborne, pareando con
facilidad y pisando terrenos comprometidos en la muleta. Tanto fue así
que el toro lo prendió dos veces, hiriéndole una de ellas. No obstante
permitió que su cuadrilla le pusiera un torniquete y continuó su lidia
hasta acabar con él. Se corrió turno y salió a matar el sexto,
después de ser operado en la enfermería. Con él estuvo de
nuevo valiente y encastado, tratando de sacar faena donde no la había,
hasta que el público le pidió que lo matara. Fue ovacionado con
fuerza en sus dos oponentes.
Antón Cortés
se presentaba como matador de toros en el coso de La Misericordia y venía
decidido a triunfar como sea. A su primero lo aguantó en los dos
primeros tercios realizándole después una soberbia faena de muleta -fue
el único que se dejó en toda la tarde- que falló con la espada, que
sigue siendo su asignatura pendiente. En el cuatro poco pudo
hacer si no estar firme con él y brindarlo al público, hasta convencerse
de que lo único que podía sacar de él es un viaje a los dominios del
Dr. Val Carreres. Fue ovacionado en su primero y aplaudido en el otro.
Serafín Marín
no tuvo ninguna opción con sus mansos, que desarrollaron peligro y
llevaban siempre la cara por las nubes. Tan mala suerte tuvo que hasta se
le murió de un infarto el primero de sus toros en mitad de la faena de
muleta. El catalán estuvo a punto de abrirse la venas. El público
silenció su labor en las dos ocasiones.
ABC. ANGEL G. ABAD. La
garra de Juan José Padilla, herido, destaca en la octava corrida del
Pilar
La garra de Juan José Padilla, tras resultar herido en el primer toro
de la tarde, y la buena labor de Antón Cortés al mejor toro de San Martín,
han sido las notas más destacadas del octavo festejo de la Feria del
Pilar; tarde en la que el tercer astado del festejo se murió de un
infarto, en el momento en el que Serafín Marín engarzaba la segunda
tanda. Padilla resultó cogido en la parte superior interna del muslo
derecho (orificio de entrada de diez centímetros y salida de cuatro)
cuando iniciaba la faena de muleta al complicado toro de Osborne, que
remendó la corrida de San Martín. A pesar de encontrarse herido, el
diestro, tras realizársele un torniquete, permaneció en el ruedo hasta
dar muerte al toro. Tras ser atendido en la enfermería de la cornada,
salió para matar al cuarto de la tarde. Se lidiaron cinco toros de San
Martín y uno de Osborne. Corrida bien presentada y de variada capa. Juan
José Padilla, ovación y ovación; Antón Cortés, ovación y palmas.
Serafín Marín, silencio y en ambos.
El País TOMÁS
BLANCO. Una de bueyes
Una tarde más y van todas iguales. La empresa presentó otro infame
encierro, otra limpieza de corrales. Animales sin trapío, descastados,
mansos, con hechuras de bueyes de carretas y, para colmo, enfermos. El
tercero se murió mediada la faena. Cuando saltó el sexto, desde la
delantera de la grada del cinco le reconocieron: "El buey de Pepito",
gritaron. La afición no entiende nada: toros de media casta en plaza de
primera.
Abrió tarde Juan José Padilla, al que por primero le tocó el
remiendo del festejo, que lució las mismas condiciones de los titulares.
Pasado el trance de las banderillas, el jerezano plantó cara por ayudados
por bajo, siendo enganchado y volteado al iniciar el remate. Estoqueado el
de turno, pasó a la enfermería, de donde regresó para pasaportar a su
segundo. La merma física la solventó a base de voluntad y ganas de
agradar, cosa que leagradecieron ovacionándole fuertemente.
A Antón Martín le tocó por suerte el único manejable del espectáculo.
El de Albacete hacía su presentación. Su presencia era esperada con
ilusión por parte de los aficionados. Su personal concepto del toreo,
cadencioso, fino y agradable, encajó rápido en los tendidos. Faena bien
estructurada, basada más en redondos que por naturales, rematando las
series con gusto, siendo todo ello fuertemente ovacionado. No se le tuvo
en cuenta que ni pisara sitio ni cargara la suerte. En el otro se estrelló
contra la sosería y las malas intenciones del buey de turno.
Serafín Marín alegró a la concurrencia con variado capote. Cambió
de tercio montera en mano, brindando al público. Su inicio, prometedor a
base de series por redondos, caló en los tendidos. La sorpresa llegó
cuando mediada la cuarta serie el toro se derrumbó muerto. La impresión
que causó tal circunstancia entre los asistentes fue tremenda. El torero,
lógicamente cariacontecido, recibió desde el tercio la ovación con que
le premiaron su esfuerzo. En el que cerró festejo, entregó voluntad y
deseos pero sin resultado. A los bueyes no se les puede torear. Los
aficionados confían su última carta a Victorino Martín, ganadero del
festejo de hoy.
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